Reseñas de libros

Feminismos Populares. Pedagogías y Políticas, Claudia Korol (Comp.)

 
Ed. Chirimbote. Ed América Libre. Ed. El Colectivo, 2016.
 
¿De qué hablamos cuando hablamos de lo popular? ¿Qué quiere decir adosado como adjetivo a algo tan complejo e inagotable como es el (o los) feminismo(s)? La polisemia de popular se aproxima en nuestro imaginario a lo nac&pop, pero también, a un paraguas semántico en el que nos nombramos como clase trabajadora con una amplitud que podría incluir campesinxs, precarizadxs, desocupadxs, sujetxs racializadxs. Esta amplitud puede hacer que se difuminen los matices y las especificidades de las luchas comprendidas dentro. Pero, en este libro, popular es algo más. Es la construcción de poder – con perspectiva feminista como componente ineludible del anticapitalismo – que estos relatos proponen.

Marxismo crítico en México. Adolfo Sánchez Vázquez y Bolívar Echeverría, de Stefan Gandler

 


Trad. George Ciccariello-Maher y Stefan Gandler
Prólogo de Michael Löwy
USA: BRILL, Historical Materialism Book Series, 2015, 467 pp.

Écologie et libération. Critique de la modernité dans la théologie de la libération, Luis Martínez Andrade

 
París: Van Dieren Éditeur, 2016, 279 p.
 
La liberación entre teología, marxismo y ecología
 
La relación entre los movimientos sociales y/o políticos potencialmente anticapitalistas y las religiones siempre ha sido permeada por la tensión, que surge del ímpetu cada vez más “profano”, sobre todo a partir del siglo XIX, de las tentativas de transformar el mundo y de cambiar la vida. Generalmente concebidos como instrumentos para la lucha y, tal vez para la superación “concreta” y racional del orden establecido, estos movimientos a menudo se esforzaban por desmarcarse ante las elucubraciones “idealistas” que se visualizaban en las utopías religiosas. El marxismo, no por casualidad llamado “materialismo histórico”, constituye quizá el punto más alto de esta “racionalización” del conflicto (de clases) contra la “irracionalidad” capitalista, intentando localizar las condiciones de posibilidad “objetivas” para la superación del sistema, en oposición a las hipóstasis normativas de las utopías (religiosas o no) del pasado.

Hegel

 
Herramienta publicó recientemente mi libro Lo que usted siempre quiso saber sobre Hegel y no se atrevió a preguntar, que propugnaba una interpretación de la obra de Hegel desde la “izquierda hegeliana” y, al mismo tiempo, buscaba introducir a los lectores a los aspectos más desafiantes del pensamiento de ese autor. ¿Por qué leer a Hegel? ¿Por qué, en 2016, los activistas políticos deberían volver sobre una obra, ciertamente compleja, que apareció por primera vez en 1807?
Mi perspectiva es que, a pesar de las diferencias entre la situación política de Europa en 1807 y la de Latinoamérica en 2016, los activistas radicales tienen mucho que ganar de un enfoque en lo que considero son términos hegelianos. Este breve artículo se propone explicar mi punto de vista y ofrecer una sucinta introducción a las propuestas que aparecen expuestas con más detalle en mi libro.

El obrador de Aldo Casas. Sobre Aldo Casas Karl Marx, nuestro compañero (Buenos Aires: Herramienta, 2016; de próxima aparición)

Autor(es)

 
Desde la muerte de Carlos Marx, hemos asistido al despliegue interminable de una extensa serie de marxismos. Se habló y se habla de un marxismo engelsiano, leninista, trotskista, estalinista, maoísta. También de un marxismo soviético, chino, eurocéntrico, occidental, latinoamericano; o de uno escolástico, mecanicista, legal, funcionalista, estructuralista, historicista o analítico. A lo largo de la historia se identificaron marxismos economicistas o humanistas, productivistas o culturalistas, deterministas o subjetivistas, dogmáticos o heréticos, ortodoxos o heterodoxos, cerrados o abiertos, gélidos y calidos.
C. Wrigth Mills habló de un marxismo “creativo”. Ernst Bloch identificó una corriente cálida del Marxismo. José Carlos Mariátegui propuso una traducción fecunda del marxismo a la realidad de Nuestra América: un “marxismo mestizo”. Pier Paolo Pasolini habló de un “marxismo visceral”, que era un componente básico de su empirismo herético y mágico. Jean Paul Sartre definió al marxismo como “una filosofía hecha mundo” y como el “horizonte insuperable de nuestro tiempo”. Michael Löwy habló de un “marxismo romántico” llamado a corregir los desaciertos de la ilustración y, retomando a Mariátegui (entre otros pensadores marxistas), le adosó a los fundamentos racionales del marxismo los derechos de la tradición y el sentimiento. Más recientemente se planteó una diferenciación entre los marxismos del siglo XIX, el XX y el XXI. Hasta se ha perpetrado el anacronismo que sugiere un “marxismo dieciochesco”, modernizador y cientificista.

De los regresos a Marx

 
El más mediático regreso a Marx en lo que va del siglo ha sido un pseudoregreso. Fue el de Pikkety con El Capital del siglo XXI, quien confesó que nada tenía que ver con el autor de la célebre obra. Un poco más acá, y con menos prensa y sin el matiz provocativo del economista francés, el filósofo alemán Joseph Vogl escribió un sugerente El espectro del capital.
Ello solo justificaría la aparición del trabajo que me ocupa: De regreso a Marx, nuevas lecturas y vigencia en el mundo actual (Editorial Octubre, 2015), editado por Marcello Musto y traducido por Francisco T. Sobrino.
Porque la apelación al teórico crítico más célebre del capitalismo en dos asuntos que conmueven hoy al mundo, en la desigualdad, uno, y en la crisis teórica y fáctica del capital financiero, el otro, aunque sesgada no puede eludirlo. Tal como inicia Musto su trabajo: “Pocos hombres han conmovido al mundo como lo hizo Karl Marx”. Y este libro es una panorámica de esa conmoción.

La insurrección como restauración: El kirchnerismo (2002-2015).

Autor(es)

 
Por Iván Kitay 
 
 
Buenos Aires: Prometeo Libros, 2015, 304 págs.
 
¿Qué fue el kirchnerismo? Esta pregunta se ha formulado innumerables veces en los últimos años. Sin embargo, en la mayoría de los casos, ha sido respondida con lo que el autor de este libro llama “método (oportunista) propio de los tenderos”. Este método consistiría en la ponderación de las continuidades y rupturas (con el menemismo), de manera tal que la conclusión resulta del mero promedio aritmético de una suma de hechos seleccionados más bien arbitrariamente. El trabajo aquí reseñado intenta, en cambio, proveer una conceptualización totalizadora que dé cuenta del significado histórico del kirchnerismo dentro del desarrollo reciente de la lucha de clases en Argentina. En este sentido, la principal tesis que el autor argumentará a lo largo de sus páginas es que el kirchnerismo expresó la recomposición de la acumulación y la dominación capitalistas luego de la crisis resultante del ascenso de las luchas sociales que culminara en la insurrección popular de fines de 2001. En una propuesta original que se sirve tanto de los aportes del marxismo abierto como de la teoría de la derivación del Estado capitalista, el autor hace énfasis en los modos en que aquella insurrección persiste en la forma que asumió la posterior restauración del orden burgués. En este sentido, se puede decir que este trabajo continúa algunas líneas de indagación y argumentaciones ya planteadas en La Hegemonía Menemista (Prometeo, 2008), que trata sobre el período inmediatamente anterior (1989-2001). Además, se nutre de y dialoga con otras producciones del Programa de Investigación Acumulación, dominación y lucha de clases en la Argentina Contemporánea, 1989-2011, que este autor dirige en el Centro de Investigaciones Sobre la Economía y la Sociedad de la Argentina Contemporánea (IESAC) de la Universidad Nacional de Quilmes.

Karl Marx y Friedrich Engels. Los grandes hombres del exilio

 
con la colaboración de Ernst Dronke
 
Trad. de Laura Sotelo y Héctor A. Piccoli. Prefacio y notas de Laura Sotelo
Buenos Aires: Las cuarenta, 2015, 232 páginas
 
Con la edición de Los grandes hombres del exilio (1852) el lector de habla hispana accede a un escrito de ocasión en el que se expresa el carácter radical con que la crítica de Marx considera las circunstancias históricas posteriores al período revolucionario de 1848. El exilio territorial al que es sometido Marx desde 1849 constituye la consolidación de una condición respecto de la cual Los grandes hombres del exilio parece representar una respuesta: la del exiliado de la revolución. Escrito desde y sobre el exilio, entonces, la parodia de los grandes héroes del período revolucionario que se cierra con el golpe de Estado de Louis Bonaparte puede leerse como una contracara, anticipo y complemento del análisis histórico que Marx desarrollará, en términos históricos más amplios, en El 18 Brumario de Louis Bonaparte. En este sentido, el análisis de Marx, Engels y Dronke despliega una perspectiva del período posrevolucionario que (por cuanto define los contornos de aquellos héroes que requieren de la derrota revolucionaria para constituirse como figuras representativas de formas de gobierno futuras, inalcanzables), promueve, al mismo tiempo, una referencia a su propia condición de exiliados. Esta perspectiva crítica de la derrota es la que distingue el modelo de revolucionario que se desprende de la parodia de los “héroes de la derrota” (14).

György Lukács, Derrotismo y dialéctica. Una defensa de Historia y conciencia de clase

 
Traducción y cuidado de la edición: Francisco García Chicote y Martín Ignacio Koval
Buenos Aires: Ediciones Herramienta, 2015, 205 páginas
 
La publicación de la primera edición en castellano de este texto lukácsiano ofrece una herramienta valiosa para los estudios marxistas. El texto central es la respuesta de György Lukács a las críticas de las reseñas de Historia y Conciencia de Clase –de aquí en más HCC– escritas en 1924 por László Rudas y Abraham Deborin. El texto en cuestión fue hallado a mediados de los años ’90 en los archivos moscovitas de la Comintern y publicado originalmente en 1996 en húngaro y alemán. Se estima que fue escrito alrededor de 1925-1926 y el título del mismo: “Chvostismus und Dialektik”, como señalan los cuidadores de la edición, recoge el primer término del ruso jvost –“cola”, “zaga”– empleado por Lenin para denunciar el desconocimiento de la posibilidad objetiva del instante revolucionario de parte de los “economistas” que irían a la zaga del movimiento obrero, tanto en cuestiones de política organizativa como de conciencia de clase. Lukács recoge este término para referirse precisamente a las posturas de sus críticos, que terminan proponiendo una concepción mecanicista –derrotista–de la historia que no deja lugar para la acción del proletariado y desconoce el lugar del partido.

Mujeres bravas al frente de movimientos sociales, de Graciela Pedraza

 
Entrevistas de Graciela Pedraza
Córdoba: Comunicarte, 2015, 216 páginas
 
Este libro contiene doce entrevistas a militantes sociales que informan sobre otros tantos movimientos –muchos de ellos invisibilizados para los que vivimos en Buenos Aires–, que no forman parte de la “sociedad del espectáculo”. Se presenta en realidad una doble invisibilización. Una debido a que las luchas de estos movimientos no se encuentran ligadas al conflicto clásico entre capital y trabajo, que para algunos es el único conflicto válido. Por otro lado, debido a que son dirigidos por mujeres.
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