El año 2011 comenzó con una serie de atronadoras explosiones de ira de los pueblos árabes. ¿Va a dar inicio, con la primavera, una segunda fase del despertar del mundo árabe? ¿O bien estas revueltas van a ser pisoteadas y finalmente abortadas, como sucedió en el primer momento evocado en mi libro L’éveil du Sud (El despertar del Sur)? En el primer caso, los progresos registrados en el mundo árabe serán necesariamente parte del movimiento de superación del capitalismo y el imperialismo en todo el mundo. Su fracaso mantendría al mundo árabe en su estado actual de periferia dominada, que le impediría erigirse en agente activo de la configuración del mundo.
Cualquiera que sea el desenlace de las protestas, levantamientos y revueltas que conocen actualmente los países del Magreb y Oriente Medio, una cosa es segura: el mundo del petróleo ya no volverá a ser el mismo. Todo lo que ocurre en estos momentos no es más que el primer temblor de un terremoto que sacudirá a nuestro mundo hasta lo más profundo.
Durante todo el siglo transcurrido desde el descubrimiento de petróleo en el sudoeste de Persia antes de la primera guerra mundial, las potencias occidentales han intervenido repetidamente en Oriente Medio para asegurar la supervivencia de gobiernos autoritarios consagrados a la producción del «oro negro». Sin esas intervenciones, la expansión de las economías occidentales después de la segunda guerra mundial y la riqueza actual de las sociedades industrializadas serían inconcebibles.
Sin embargo, esta es la noticia que debería acaparar las primeras planas de todos los periódicos del mundo: el antiguo orden se hunde y con su desaparición asistiremos al final de la era del petróleo barato y abundante.
Contrariamente a la mayor parte de las predicciones, el levantamiento egipcio ha sido iniciado y dirigido por coaliciones –con partidos políticos, asociaciones y redes internet- dominadas por fuerzas laicas y democráticas. Las organizaciones islámicas o sus miembros individuales han participado en pie de igualdad con grupos que no tenían más que una importancia marginal antes del levantamiento y grupos más cercanos a los disidentes de Europa del Este de 1989 que de los partidos de masas o las “élites revolucionarias habituales” en las revoluciones sociales.
Enero, 2009
Los editores de las revistas abajo mencionadas manifiestan públicamente su más firme y vehemente repudio a la operación de exterminio desencadenada por el Estado de Israel contra el pueblo palestino en la Franja de Gaza. Es innegable que la política genocida de Israel cuenta con el apoyo directo del imperialismo norte-americano y las demás potencias imperialistas. Entendemos que para hacer posible una paz duradera en Medio Oriente se impone que el gobierno de los Estados Unidos y las demás potencias imperialistas pongan fin a su política intervencionista en la región y que la legítima reivindicación histórica de la creación del Estado libre e independiente de Palestina se transforme en concreta e inmediata realidad.
Frente a las atrocidades en curso, los editores de las revistas que abajo firman manifiestan su más viva e irrestricta solidaridad con la heroica resistencia del pueblo palestino.
A los niños palestinos de Gaza
El pueblo siquiera tenía un nombre. O sí, pero nadie lo recordaba. Pueblo de Strupsk lo llamaban, porque Strupsk venía a ser la ciudad grande a la que pertenecía el pueblo. Casi todos judíos viviendo con tres o cuatro familias polacas que odiaban a los judíos. Polonia.
En esos días hermosos del invierno, Sarita veía al abuelo -zeide- preocupado. Ella no dejaba de ser feliz. Con sus doce años musicales, amaba la escuela precaria, los árboles con sus cuerpos impresionables a nuestros sentidos, la hierba que trepa por las paredes de los pozos a la que su abuela -bobe- usaba en infusión como medicamento cuando se acercaban los días de tos. Cantaba. Miraba a los jóvenes judíos con la inocencia útil de esas bolsas de cuero que se asían a las sillas de los caballos para meter el mástil de la bandera. Florecía. Para algo tenía doce años cautivos bajo el nombre de Sara.
La resolución adoptada por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas el 11 de agosto de 2006 no ha satisfecho ni a Israel ni a Washington ni a Hezbollah. Esto no significa que sea "justa y equilibrada", sino sólo que es la expresión temporal de un impasse militar. Hezbollah no ha logrado infligir una derrota militar mayor a Israel, posibilidad excluida de todas formas por la desproporción de las fuerzas en presencia, igual que había sido imposible a la resistencia vietnamita infligir una derrota militar decisiva a los Estados Unidos.
El objetivo de este trabajo es rastrear los fundamentos del muro que el Estado de Israel erige sobre tierra palestina en la construcción de una memoria colectiva hegemónica por parte del sionismo. Memoria que se ha edificado sobre el olvido y la negación del otro, del palestino, de aquel que mayoritariamente habitaba la región antes de la proclamación del Estado de Israel. Olvido del saqueo, la apropiación de tierras y la expulsión del pueblo palestino.
El estudio de la imposición de esta memoria colectiva hegemónica permite comprender no sólo el sentido de la edificación del muro, sino que también explica la impasibilidad con que los israelíes aceptan -casi sin resistencia- su construcción.
Invierno de 2002
A pesar de los esfuerzos de Israel para restringir la cobertura mediática de su invasión a las ciudades y campos de refugiados de Cisjordania, las informaciones y las imágenes se han filtrado, de todas maneras, poco a poco.
Internet ha provisto centenares de relatos de testigos, así como las fotos que lograron algunos de ellos. Las televisoras árabes y europeas han hecho lo mismo, pero en las cadenas televisivas de los Estados Unidos o no está disponible o es bloqueada, e incluso hábilmente negada.
Esta documentación ofrece la prueba impresionante de lo que ha sido verdaderamente la campaña de Israel, de lo que en realidad siempre fue: la conquista irreversible de la tierra y de la sociedad palestina.
Abril de 2002
¿Cuál es el verdadero objetivo del actual ataque contra los palestinos?
La brutal ofensiva militar que conduce actualmente el ejército israelí contra los palestinos (llamada, en la neo-lengua orwelliana típica de Israel, "Operación Muro Defensivo") marca el inicio de una nueva etapa en el largo proceso que apunta a destruir al movimiento nacional palestino encarnado en los combatientes de la Intifada y, como lo declaró Haidar Abdel Shafi al periodista Yossi Algazi del diario Haaretz el 2 de abril, "a liquidar la existencia del pueblo palestino en la tierra Palestina". Este objetivo estratégico del Estado judío sionista se corresponde con los intereses imperialistas de los Estados Unidos que quieren eliminar del Medio Oriente (y del tercer mundo en general) cualquier movimiento político o régimen nacionalista independiente que, por definición, representaría un obstáculo a la globalización capitalista en la región.
El horror espectacular que ha golpeado a Nueva York (y en menor grado a Washington) ha sido el preludio de un nuevo mundo de atacantes invisibles, desconocidos, de misiones de terror sin mensaje político, de destrucción sin sentido.
Para los residentes de esta ciudad herida, la consternación, el miedo y la continua sensación de shock e indignación, se mantendrán seguramente durante mucho tiempo, así como también la genuina tristeza y aflicción que semejante carnicería ha impuesto tan cruelmente a tantos.
La información nacional por televisión, desde luego, ha llevado el horror de esos terribles gigantes con alas a cada hogar, sin concesiones, insistentemente, no siempre de manera edificante. La mayor parte de los comentarios ha subrayado y seguramente amplificado, lo que era de esperar y por cierto predecible, lo que siente la mayoría de los estadounidenses: la terrible pérdida, la cólera, el ultraje, un sentido de vulnerabilidad violada, un deseo de venganza y de castigo irrestricto. Más allá de las expresiones formales de pesar y patriotismo, los políticos y expertos acreditados han repetido diligentemente que no seremos derrotados, ni disuadidos, ni detenidos, hasta que el terrorismo sea exterminado. Esta es una guerra contra el terrorismo, dicen todos. ¿Pero dónde, en qué frentes, con qué objetivos concretos? No se ofrecen respuestas, excepto la vaga sugerencia de que el Oriente Medio y el Islam es lo que "nosotros" estamos enfrentando, y que hay que destruir el terrorismo.