Teoría crítica

Poder simbólico y fabricación de grupos: cómo reformula Bourdieu la cuestión de las clases

 
 
La reformulación en Pierre Bourdieu de la cuestión de las clases ejemplifica las características más sobresalientes de su teoría sociológica en conjunto, de manera que una lectura detallada de sus principales escritos sobre el tema es un camino directo para que el lector se adentre en el núcleo de su proyecto científico.[1] Esta reelaboración destaca los desplazamientos conceptuales claves efectuados por el sociólogo francés en un esfuerzo por reformular y resolver una de las cuestiones más desconcertantes de la historia y la teoría social, y al hacerlo, por forjar herramientas para dilucidar las políticas más generales de la creación de grupos: la alquimia sociosimbólica mediante la cual un constructo mental, que existe en abstracto en la mente de personas individuales, se convierte en una realidad social que adquiere veracidad existencial y potencia histórica fuera y más allá de ellas. Aquí destaco seis características interrelacionadas de la reelaboración bourdiana del concepto de clase que amplían, fusionan y corrigen enfoques clásicos para conformar un marco distintivo.

Capital simbólico y clases sociales

 
Introducción
 
En esta breve pero densa pieza, escrita para un número especial del journal L’Arc dedicado al historiador medieval Georges Duby (cuya gigantesca obra Bourdieu admiraba y se basaba por su escrupulosa genealogía de la estructura mental y social de la tríada feudal de caballero, cura y campesino[1]), Bourdieu resume y clarifica la tesis central de La distinción en el momento en que estaba completando su libro. Este artículo es valorable por (1) exponer directamente la concepción de Bourdieu de la “doble objetividad” del mundo social y resaltar la constitución recursiva de estructuras sociales y mentales; (2) acentuar la capacidad performativa de las formas simbólicas y sus múltiples niveles de implicación en luchas sociales sobre y a través de las divisiones sociales; (3) sugerir paralelismos seductores y diferencias obstinadas entre el “estructuralismo genético” de Bourdieu y tanto la visión literaria de Marcel Proust como la microsociología marginalista de Erving Goffman –dos de sus favoritos “pares antagonistas”. En resumen,  este artículo ilumina cómo Bourdieu mezcló el materialismo sensual de Marx, las enseñanzas sobre clasificación de Durkheim (extendidas por Cassirer), y las ideas de Weber sobre jerarquías de honor en un modelo sociológico de clase totalmente propio.
 
Loïc Wacquant
Noviembre de 2012
 
Ser noble es desaprovechar; es una obligación de aparecer; es estar sentenciado, bajo pena de degradación, al lujo y al gasto. Incluso hasta diría que esta tendencia a la prodigalidad se afirmó a sí misma a comienzos del siglo XIII como una reacción al ascenso social de los nuevos ricos. Para distinguirte de los canallas, debes desclasarlos mostrando que eres más generoso que ellos. El testimonio de la literatura es conclusivo en este punto: ¿qué opone al caballero del advenedizo? El último es tacaño, mientras que el primero es noble porque gasta todo lo que tiene, alegremente, y porque se está ahogando en deuda.
Georges Duby, Hommes et structures du Moyen Âge, 1973.
 

Walter Benjamin y José Carlos Mariátegui: gestos para refundar una teoría crítica subalterna

Este artículo es un avance de un proceso de investigación más amplio, cuyo objetivo es plantear un análisis en paralelo de las producciones de dos filósofos del siglo XX: Walter Benjamin (1892-1940) y José Carlos Mariátegui (1894-1930). En esta ocasión, nos detendremos en lo que podríamos denominar nudos epistemológicos del pensamiento de los dos autores. Entendemos que ambos tienen aportes específicos para hacer a la tarea actual de fundar una epistemología política subalterna. Sea para abordar críticamente los pares relacionales sujeto-objeto / conocimiento-verdad, o para sumergirnos en una perspectiva de análisis dialéctica, con un método que se auto comprende “marxista” y no excluye saberes exógenos sino que, por el contrario, los pone a dialogar entre sí. En los dos casos, creemos que sus producciones pueden ser parte de la señalética que nos dé indicios para pensar el camino más general de reconstrucción de una teoría crítica. Teoría que esté a la altura de los desafíos actuales, es decir, que nos habilite para aprehender un mundo en transformación y dislocado de los marcos de referencia de aquellas regiones del conocimiento científico occidental que nos lo revelan como obsoleto y excluyente.

José Carlos Mariátegui, La crítica de las vanguardias y la conquista de la realidad

“Mi presencia en el Perú debe tener un objeto.
Si lo pierde, nada la justifica”
José Carlos Mariátegui
 
En su artículo dedicado a la figura de Rainer Maria Rilke (1927), Mariátegui advierte el  peligro metodológico implícito en la aplicación de “categorías estéticas” en torno al análisis de obras particulares, en la medida en que presupondrían, para el crítico, el riesgo de configurar una abstracta estructura homogénea que no respete la cualidad de las obras que le sirven de base. Sin embargo, el autor de La escena contemporánea es consciente de que “no se puede prescindir de ellas para enjuiciar con cierto orden la poesía y el arte de esta época caótica.

Elogio del pensamiento crítico

Quien quiera hoy día combatir la mentira y la ignorancia y escribir la verdad, tiene que vencer, por lo menos, cinco obstáculos. Deberá tener el valor de escribir la verdad, aun cuando sea reprimida por doquier; la perspicacia de reconocerla, aun cuando sea solapada por doquier; el arte de hacerla manejable como un arma; criterio para escoger a aquellos en cuyas manos se haga eficaz; astucia para propagarla entre éstos. Estos obstáculos son grandes para aquellos que escriben bajo la férula del fascismo, pero existen también para aquellos que fueron expulsados o han huido, e incluso para aquellos que escriben en los países de la libertad burguesa.
(Bertolt Brecht)[1]

Althusser y el arte: Hacia la búsqueda del desajuste

El mundo teatral, o más generalmente estético,
no deja nunca, por esencia, de ser el lugar
de una discusión y de un combate donde resuena,
sorda o brutalmente, el ruido y las sacudidas de las
luchas políticas y sociales de la humanidad.
L. Althusser
 
Introducción
“Soy extremadamente ignorante sobre todas las cuestiones del teatro. Tengo algunos pequeños conocimientos en filosofía y en política. Conozco un poco a Marx y a Lenin. Eso es todo” (Althusser: 1968, 1). Considerando estas palabras, pronunciadas por el propio Althusser en un debate realizado en 1968, resultará un desafío abordar sus conceptualizaciones en torno al arte y al teatro: son pocos los textos que hacen referencia a estas temáticas, lo que se suma a la complejidad del pensamiento de Althusser y a algunos cambios en las posturas que sobre estos temas ha tenido a lo largo de su vida. Este trabajo no pretende entonces presentar un desarrollo acabado ni definitivo sobre estas problemáticas sino simplemente introducir algunos hitos en este recorrido. Se intentará asimismo establecer algunas conexiones entre sus ideas acerca del arte y su producción teórica más general.  

La economía libre y un estado fuerte: notas sobre el Estado

 

I
El neoliberalismo llego definitivamente a
su fin cuando estalló la crisis del 2008
(Ceceña, 2009: 33).
 
Tradicionalmente, se considera que el neoliberalismo emergió como secuela de la profunda crisis de principios de la década de 1970. De acuerdo con Altvater, por ejemplo, “comenzó con el fin del sistema de Bretton Woods de tasas de cambio fijas en 1973 y la consecuente liberalización de los mercados financieros en la Gran Bretaña de Margaret Thatcher” (2009: 73). Al neoliberalismo se lo asocia con un régimen específico de acumulación capitalista, caracterizado por el dominio del capital financiero sobre el capital productivo.[1]En general, al neoliberalismo se lo asocia también con un Estado débil que es incapaz de resistirse a las fuerzas del mercado. O sea, el Estado neoliberal funcionaría como un Estado que facilita al mercado.

El marxismo y el consumo

El consumo ¿es una nueva forma de apropiación del trabajo ajeno?
 
 
Dedico este trabajo a Leandro Ferreyra, con quien aprendí a leer El Capital. Aun no sé si bien o mal.
 
 
Importancia política de la pregunta
 

Pesimismo y emancipación política en el pensamiento de T. W. Adorno

A menudo se descarta o desprecia el pensamiento de Adorno tildándolo de pesimista. Cuando se trata de cifrar los límites y alcances del pesimismo adorniano, el debate entre los especialistas parece oscilar entre dos posiciones, una histórica y otra omnihistórica. La lectura histórica establece que el pesimismo de Adorno obedecería a causas contingentes, determinadas y potencialmente superables -aunque sea de forma oscura y vaga-. Según esta lectura Adorno se habría vuelto pesimista ante el desarrollo del fascismo y de las múltiples y perfeccionadas formas de dominio de la sociedad de masas, tanto más sutiles cuanto difíciles de combatir. La lectura omnihistórica, en cambio, establece que Adorno era pesimista de modo ineluctable y generalizado porque su concepción de la naturaleza humana lo era.

Al mismo tiempo, el problema del conflicto político -ligado al del pesimismo- resulta central para el marxismo hoy. De un lado, el marxismo es a menudo blanco de las críticas contra la “metafísica de la subjetividad”, sean o no de cuño posmoderno. Como intentaremos mostrar, tanto Jorge Dotti como Miguel Abensour cargan las tintas contra el carácter presuntamente absolutizante y sujeto-céntrico del pensamiento político marxista. Según estos autores, la crítica marxista del Estado estaría transida peligrosamente por supuestos no sólo utópicos, sino también -y peor aún- antropocéntricos y totalistas. Esos supuestos, se dice, conducen a la persecución paranoide de la diferencia antes que a la liberación de lo hombres. 

En torno al materialismo de Gramsci

Autor(es)

§1. En un importante ensayo, Francisco Fernández Buey1 traza un lúcido cuadro de las peripecias de la noción de materialismo en el pensamiento de Antonio Gramsci, desde sus precoces escritos juveniles hasta los Cuadernos de la cárcel, para concluir que aún en sus textos más maduros, Gramsci no logró trascender –superar­– del todo el lastre del idealismo filosófico en el cual se formó inicialmente. Por ello, no puede menos que concluir lapidariamente al respecto: “[...] no puede considerarse al Gramsci de los Cuadernos un materialista en sentido propio.”2 Y los planteamientos gramscianos que aduce en apoyo de esta conclusión3 no admiten discusión posible.
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