Marxismo

¿Subestimó Marx el carácter fetichista del valor de uso? Sobre valor y poder en general

 
 
Por tanto, las mercancías y las cosas en general solo tienen un valor
en cuanto representaciones del trabajo humano; no en cuanto son
cosas de por sí, sino en cuanto son encarnaciones del trabajo social.
Karl Marx
 
En el comienzo del libro primero de El capital, Marx profundiza en la explicación de un fenómeno cuya denuncia atraviesa toda su obra a partir de los Manuscritos de París, a saber: el hecho de que en la sociedad burguesa el trabajo se encuentre enajenado en el valor de sus productos. A diferencia de la economía clásica, Marx no se contenta con el descubrimiento de que el trabajo es la fuente de eso que aparece como una propiedad objetiva de las cosas; él pretende mostrar por qué los productos del trabajo se presentan como objetos con valor propio, y probar que esto no es algo natural o inevitable. Subraya entonces que el pleno desarrollo del fenómeno del valor solo se da históricamente en un tipo de sociedad cuya producción es predominantemente una producción de mercancías. Una sociedad así supone dos condiciones básicas: 1) que los diversos medios de producción no aparezcan unificados como propiedad del conjunto de la sociedad, sino fragmentados como propiedad privada de productores particulares; 2) que los diferentes productores privados, al no poder elaborar por sí mismos todo lo que requieren para satisfacer sus múltiples necesidades, tengan que llevar al mercado una cantidad del propio producto para intercambiarla por una cantidad equivalente de producto ajeno.

El marxismo republicano y El capital de Carlos Marx

 

El orden de El capital, escrito por los filósofos españoles Carlos Fernández Lira (1959) y Luis Alegre Zahonero (1977), logró el Premio Libertador al Pensamiento Crítico del año 2010 otorgado por el Ministerio del Poder Popular para la Cultura de la República Bolivariana de Venezuela. La obra de más de más de 600 páginas es una audaz lectura -y reinterpretación- de El capital de Carlos Marx. El libro fue publicado en el 2010 en España por la editorial Akal y en el 2011 por la editorial venezolana El perro y la rana.

A propósito del linchamiento de David Moreira

 
I
Desde hace un par de años y en especial en nuestros días, ha adquirido difusión pública una práctica relativamente novedosa en Argentina: el linchamiento de ladrones. Los comienzos de 2014 han estado atravesados por un reguero eruptivo de intentos de linchamiento, cuyo climax se alcanzó con el asesinato de un joven trabajador, en la intentona de su, tal vez, primer delito. David Moreira robó una cartera y fue linchado por gente que cree haber actuado en un hecho de restitución de valores morales esenciales y que lo defiende con ánimo de gesta patriótica, con argumentos de regeneración racial o con resignación cristiana, tal cual apareció en los comentarios de notas periodísticas en la web o en facebook. El joven había cumplido los 18 años; antes de siquiera acceder al estatuto jurídico de sospechoso de robo, había trabajado como albañil y en una panadería.

La violencia en el teatro de los muertos: pérdida, duelo y memoria en el teatro

 
Dispositivos de estimulación y actividad de la memoria
 
Inicialmente, en nuestros estudios sobre el teatro de Postdictadura, al tratar el problema de los desaparecidos y las consecuencias de la dictadura 1976-1983 en la democracia a partir de 1983 hasta el presente, propusimos el concepto de “el teatro de los muertos” para definir una tendencia muy extendida de la escena argentina: el teatro crea dispositivos, de diversa morfología, que operan como estimuladores de la evocación de quienes ya no están entre nosotros. En este sentido, siguiendo a Hugo Vezzetti (2002), hemos señalado que el teatro de Postdictadura opera como un constructo memorialista (Dubatti, 2006, entre otros trabajos). Esos dispositivos de estimulación (más que de comunicación) hacen que los muertos se presentifiquen en la memoria del espectador aunque no se esté hablando explícitamente de ellos. Cada espectador, cada público proyecta a partir de esa estimulación (que opera por construcción de ausencia o de vacío a ser llenado, como es el caso del personaje de Godot en la pieza beckettiana) aquello que lo involucra, lo compromete, lo desvela. Cada espectador, cada público, proyecta sobre esa ausencia sus propias preocupaciones, deseos, construcciones subjetivas. En la Argentina los muertos habitan la conciencia de los espectadores de la Postdictadura, y el teatro y otras formas artísticas se encargan de invocarlos. En el teatro argentino basta con dibujar una silueta para que ésta invoque, recuerde, presentifique, llame, estremezca con las resonancias del pasado que regresa en cada espectador de manera diversa. En el teatro de Postdictadura que hemos visto en los últimos 30 1años, hemos podido reconocer este procedimiento en piezas de Javier Daulte, Rafael Spregelburd, Ricardo Bartís, Eduardo Pavlovsky, Gonzalo Demaría, Mario Cura, Rodolfo Braceli, Marcelo Bertuccio y muchísimos otros.

La génesis del derecho en la obra madura de György Lukács. La violencia y la determinación histórico-social del derecho

 
Al analizar una serie de complejos parciales del ser social, Lukács presenta, en cierto momento de su análisis acerca de la reproducción, consideraciones de gran importancia sobre la génesis del derecho. Frente a la tradición filosófica de discusión sobre la esfera jurídica, la manera en la que el autor lidia con el problema aparece como un tratamiento bien peculiar e inusitado: Lukács describe el derecho como una de las formas ideológicas específicas. Dado que, tradicionalmente, varios autores presentan una definición similar, esta comprensión no constituye propiamente el elemento inusitado de sus reflexiones; la novedad consiste, sin embargo, en el modo en que el autor comprende la ideología y analiza la génesis del complejo social del derecho.

“Manos arriba, ¡no disparen!”: Ferguson en el centro del escenario

Autor(es)

 
Los grandes medios de comunicación se volcaron en masa sobre Ferguson, Missouri, por un motivo: la comunidad negra salió a las calles luego del asesinato policial de Michael Brown, y se negó a obedecer las órdenes de abandonarlas. Esta actitud ha inspirado a las acciones solidarias que tuvieron lugar en todo Estados Unidos e internacionalmente, incluyendo a los jóvenes latinos, asiáticos y blancos junto a los afroamericanos.

Lenguas del exilio. El concepto de Historia en Marx y la interpelación benjaminiana a éste

Introducción
 
El concepto de historia es un punto problemático en el pensamiento de Marx. Objeto de innumerables interpretaciones y cuestionamientos, constituye al mismo tiempo una tensión en el conjunto de su obra.
Los diversos marxismos del siglo XX[1] se han encontrado atravesados por dicho debate de manera explícita o implícita y han disputado la interpretación del “catecismo” en este plano. Dada la extensión del tema y la infinidad de autores que lo han abordado, nos proponemos abarcar la temática desarrollada desde el pensamiento de Marx, a partir de lo que sin dudas constituye una de las propuestas más heterodoxas y lúcidas al respecto: el pensamiento de Walter Benjamin.

Marxismo, política y religión de “un marxista convicto y confeso”: Michael Löwy lector de José Carlos Mariátegui

Este artículo dividido en dos partes tiene como objetivo presentar y sistematizar la evolución de la lectura peculiarmente crítica de Michael Löwy sobre el pensamiento de José Carlos Mariátegui. En un primer momento, el sociólogo franco-brasileño realiza un análisis predominantemente anclado en la figura política de Mariátegui, destacando su pensamiento como expresión más vigorosa y original frente al cuadro histórico de surgimiento del marxismo en América Latina. En un segundo momento, bajo la nítida influencia de “Sobre el concepto de la Historia” de Walter Benjamin –punto de inflexión que altera su visión del mundo marxista–, la comprensión de Löwy con relación a la obra mariateguiana es (re) dimensionada. Ella aproxima el pensamiento del periodista peruano a la corriente romántico-revolucionaria –distanciándolo de manera resuelta del ideario positivista y del “culto supersticioso de la idea de Progreso” – en la cual la dimensión espiritual, ético-social y religiosa de la lucha revolucionaria asume vital importancia. Tal lectura amplía el espectro de análisis del conjunto de la obra de Mariátegui, lo que puede suscitar lecturas comparativas aunque inexploradas, principalmente en el dominio de la sociología de la cultura y de la religión.

Todo verdadero conocimiento provoca remolinos.
Walter Benjamin
 

Apuntes sobre la hermenéutica mariateguiana

Autor(es)

 

Fue leyendo a Mariátegui y después
a Lenin que encontré un orden permanente
de las cosas.
José María Arguedas
 
 
La interpretación mariateguiana es, invariablemente, interpretación-transformación, jamás es una “cosmodicea”. José Carlos Mariátegui no deja de honrar la unidad interna de un método que tiene por objeto revolucionar la sociedad. En Mariátegui, el marxismo (o si se prefiere, el “materialismo histórico”) no se escinde de su aplicación y su historicidad, no se diluye en la acción de enraizarse y hacerse realidad, y se preserva de la disonancia cognitiva, al tiempo, que incrementa su dinamismo epistemológico. Tal como señalara Roberto Armijo:
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