Este artículo se basa en un libro sobre la teoría de la revolución permanente que publicamos recientemente junto con el profesor Richard B. Day de la Universidad de Toronto, titulado Witnesses to Permanent Revolution: The Documentary Record (Brill, 2009). Antes de la publicación de este volumen existía una brecha de más de medio siglo en la historiografía, entre el Mensaje del Comité Central a la Liga de los Comunistas, escrito por Marx y Engels a fines de marzo de 1850, y el libro de León Trotsky Resultados y Perspectivas, escrito en la cárcel en los primeros meses de 1906. Trotsky fue el defensor más brillante de la revolución permanente desde la primera revolución rusa en 1905, pero de ninguna manera el único. Los documentos que reunimos en este volumen, la mayor parte de ellos traducidos por primera vez al inglés del alemán y del ruso, demuestran que Trotsky fue uno de varios participantes en un debate internacional que tuvo lugar entre 1903 y 1907, y que implicó a numerosos teóricos marxistas europeos de primera línea, tales como Karl Kautsky, Rosa Luxemburg, Franz Mehring, David Riazanov y Parvus (Alexander Israel Helphand).
La revolución de Saint-Domingue es la primera del continente americano que combinó una revolución económico-social que transformó la estructura de clase de la sociedad, la revolución de los esclavos contra las formas no libres de trabajo, y una revolución política de independencia o anticolonial. Esta revolución en dos etapas tomó la forma de revolución republicana en 1794 y de guerra de independencia 1804. Su culminación es el establecimiento de Haití como nación independiente. Dentro del espacio americano la única que puede contrastarse en esta dualidad de sentidos es la revolución norteamericana pero, como afirma Barrington Moore, ésta no puede concebirse consumada sino mediante dos actos separados por un largo período de noventa años. Primero la independencia de la dominación colonial en 1776, que el autor clasifica como una revolución política o anticolonial; luego la guerra civil en la cual se termina con esa “institución particular”, la esclavitud de los afroamericanos, en 1865[1]. No sólo por la separación de casi un siglo sino por la inversión de los acontecimientos, revolución social y revolución de independencia en la primera, por contraposición a revolución de independencia y culminación de una revolución económica social dirigida desde el Estado de la segunda, muestra la complejidad de la recepción de la revolución burguesa en el espacio americano.
¿Desde dónde y cuándo viene la denominación de “indio e indígena”? ¿En qué contexto histórico y político apareció? ¿Qué prácticas y qué intereses políticos, económicos, culturales e ideológicos estuvieron detrás de este calificativo? ¿Qué significado político y social tuvo en la colonia?
Por ello, no podemos asumir aquel equívoco histórico del “descubrimiento” como un simple hecho de fe; al contrario debemos recontextualizarlo y reexaminarlo como un hecho histórico colonial, con un claro protagonismo de las élites políticas y religiosas de la corona española y del Vaticano que construyeron una estrategia en conjunto, para emprender un proceso de dominación del mundo andino.
Es común advertir en la militancia de izquierda dificultades un tanto desmedidas a la hora concebir una nación no liberal y no burguesa. Por cierto, después de la última dictadura y de más de un siglo de relatos militaristas y reaccionarios sobre la nación, se ha tornado difícil formular una idea de nación no emparentada con lo más abyecto. Existe, además, toda una cultura política en sectores de la izquierda argentina reacia a la idea de nación. A algunos de los militantes más veteranos muchas veces la dialéctica les quedó trunca y les resultó complicado conjugar lo general con lo concreto, lo internacional con lo nacional, más allá de que el mismísimo Trotski rescatara el patriotismo de los oprimidos.

Este trabajo analiza el proceso de la Revolución Haitiana entre 1791 y 1804 en su significación para el pensamiento y praxis críticos en el momento del bicentenario. El tema será abordado en dos registros. El primero será un recorrido de los principales rasgos de la larga lucha de liberación en lo que hoy se conoce como Haití, en el marco del ciclo revolucionario que siguió a la Revolución Francesa de 1789, pero de rasgos tan propios en la situación colonial. El segundo registro será una reflexión sobre las modalidades de representación histórica habituales en la historiografía de las revoluciones y en la idea filosófica de la historia.