Historia

Colonialidad, subalternidades y emancipaciones en Nuestra América. Apuntes para problematizar el lado oscuro del Bicentenario

Los pueblos miran a veces como su libertad a lo que suele no ser
sino una disputa de reemplazo entre las estirpes de sus amos
René Zavaleta Mercado
 
La irrupción indígena, y en menor medida de afro-americanos, en el cada vez más convulsionado escenario de Nuestra América simboliza el retorno de lo largamente reprimido. Si la esencia de una nación es –al decir de Ernest Renán– el olvido y el error histórico, entonces esta contundente e iracunda presencia de los pueblos y comunidades originarias, a lo largo y ancho del continente, viene a resquebrajar aquella imagen homogénea y armónica que se pretendió imponer tras cada uno de los procesos independentistas vividos durante 1810. Esa supuesta bisagra histórica no fue tal para los grupos subalternos y pueblos oprimidos por el poder colonial, que continuaron siendo considerados “menores de edad” en términos jurídicos y, por lo tanto, plausibles de ser tutelados y segregados por los Estados emergentes. Más aún, como veremos en este artículo, aquel grado cero en muchos casos significó un avasallamiento mayor de sus territorios y derechos más elementales.

Los orígenes de la teoría de la revolución permanente: Nueva evidencia documental

Este artículo se basa en un libro sobre la teoría de la revolución permanente que publicamos recientemente junto con el profesor Richard B. Day de la Universidad de Toronto, titulado Witnesses to Permanent Revolution: The Documentary Record (Brill, 2009). Antes de la publicación de este volumen existía una brecha de más de medio siglo en la historiografía, entre el Mensaje del Comité Central a la Liga de los Comunistas, escrito por Marx y Engels a fines de marzo de 1850, y el libro de León Trotsky Resultados y Perspectivas, escrito en la cárcel en los primeros meses de 1906. Trotsky fue el defensor más brillante de la revolución permanente desde la primera revolución rusa en 1905, pero de ninguna manera el único. Los documentos que reunimos en este volumen, la mayor parte de ellos traducidos por primera vez al inglés del alemán y del ruso, demuestran que Trotsky fue uno de varios participantes en un debate internacional que tuvo lugar entre 1903 y 1907, y que implicó a numerosos teóricos marxistas europeos de primera línea, tales como Karl Kautsky, Rosa Luxemburg, Franz Mehring, David Riazanov y Parvus (Alexander Israel Helphand).

Difusión y recepción de los Grundrisse en el mundo

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Introducción
1858-1953: 100 años de soledad
 
Después de haber abandonado los Grundrisse en mayo de 1858 para dedicarse a trabajar en Una contribución a la crítica de la economía política, Marx usó fragmentos de los primeros para componer este último texto, pero luego casi dejó de hacerlo. En realidad, si bien tenía la costumbre de citar a sus propios estudios previos, incluso transcribiendo párrafos enteros de ellos, ninguno de los manuscritos preparatorios para El capital, con excepción de aquellos de 1861-1863, contienen referencia alguna a los Grundrisse. Éstos quedaron entonces entre todos los demás borradores que no tuvo ninguna intención de utilizar, ya que lo absorbió la necesidad de resolver problemas más específicos que los tratados en dichos textos.

El Bicentenario y las incertidumbres político-culturales de la izquierda

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La performance ante la conmemoración del Bicentenario de la Revolución de Mayo (1810-2010) es un termómetro de precisión útil para medir la energía cultural y política de la izquierda en la Argentina de hoy. Y lo que ese termómetro nos muestra es poco halagador. No quiero sembrar desesperanza. Sólo me anima la voluntad de despejar los velos que abrigan nuestra incomunicación con el enigma de regresar a la disputa por la hegemonía, esto es, la producción de un discurso de alcance “nacional” entendiendo así un relato que interese a amplios sectores de la población y no las perspectivas minoritarias con que se hartan los grupos pequeños. Porque la incapacidad para ofrecer un relato propio y alternativo de la historia nacional es la expresión de la insolvencia para plantear una política convincente desde la izquierda. Es innecesario oponer un “pesimismo de la inteligencia”, que nos mostraría impiadosamente lo que hay, a un “optimismo de la voluntad” por el cuál seguiríamos luchando a pesar de todo.
Notas anticipatorias de estas líneas, leídas por aquí o allá, me revelaron el rechazo de la izquierda por unas pocas ideas que parecen aguafiestas. Se me reprochó que cuestionaban “temas importantes”. Pero hay cosas que deben ser dichas aunque disgusten al conformismo. Reconocer la desnudez de nuestros pies en el desierto quizá ayude a calzar las suelas que nos permitan dar los primeros pasos en el reverdecer de la esperanza. 
 

Bicentenario: Démosle las armas a los negros, a los pobres y a los pueblos

 

...Ven a los indios formar
el escuadrón...
Y aprontar los morenos,
el corazón.
De fogón en fogón
se oye la voz:
–¡Si la patria me llama,
aquí estoy yo!...
“A don José”
 
Rubén Lena
 
I ¿Qué historia contamos y para qué?
 
Este 25 de Mayo de 2010 fue una ocasión especial para reflexionar profundamente sobre el pasado, el presente y el futuro de nuestras luchas. Es importante, para empezar, plantearnos una serie de preguntas y problemáticas que sirvan de disparadoras de un análisis histórico, político e ideológico riguroso y movilizador. ¿Qué había que festejar este 25 de Mayo? ¿Cuál es el discurso tradicional y la ideología oficial estatal argentina instituida sobre el Mayo y “la Patria”, y qué influencia –y que consecuencias– ha tenido y tiene este discurso en todas las esferas de la vida social, especialmente en los ámbitos comunicativo y educativo? Y sobre todo, es bueno preguntarnos, ¿hasta dónde nos animamos a revisar nuestra historia, y hasta dónde nos animamos a avanzar en el debate histórico, político y pedagógico? Y, ¿qué alternativas podemos empezar a sembrar, a regar y a desplegar? 

Marx, el jacobinismo negro y la experiencia subalterna de la modernidad. El caso de la revolución anti -esclavista de Saint-Domingue

La revolución de Saint-Domingue es la primera del continente americano que combinó una revolución económico-social que transformó la estructura de clase de la sociedad, la revolución de los esclavos contra las formas no libres de trabajo, y una revolución política de independencia o anticolonial. Esta revolución en dos etapas tomó la forma de revolución republicana en 1794 y de guerra de independencia 1804. Su culminación es el establecimiento de Haití como nación independiente. Dentro del espacio americano la única que puede contrastarse en esta dualidad de sentidos es la revolución norteamericana pero, como afirma Barrington Moore, ésta no puede concebirse consumada sino mediante dos actos separados por un largo período de noventa años. Primero la independencia de la dominación colonial en 1776, que el autor clasifica como una revolución política o anticolonial; luego la guerra civil en la cual se termina con esa “institución particular”, la esclavitud de los afroamericanos, en 1865[1]. No sólo por la separación de casi un siglo sino por la inversión de los acontecimientos, revolución social y revolución de independencia en la primera, por contraposición a revolución de independencia y culminación de una revolución económica social dirigida desde el Estado de la segunda, muestra la complejidad de la recepción de la revolución burguesa en el espacio americano. 

Indigenismo colonial

¿Desde dónde y cuándo viene la denominación de “indio e indígena”? ¿En qué contexto histórico y político apareció? ¿Qué prácticas y qué intereses políticos, económicos, culturales e ideológicos estuvieron detrás de este calificativo? ¿Qué significado político y social tuvo en la colonia?

Para esto, el punto de partida es Europa, cuando Colón realiza su expedición como parte del proyecto invasor de la corona y cuando se topa por primera vez con aquellos territorios y habitantes de lo que hoy sería Centro y Sur América, entonces habló de “descubrimiento de estas Indias”[1], porque desde que emprendió su empresa hasta su muerte, él creyó haber llegado al continente asiático y a la India. Es decir, a partir de ahí, nace la idea de la India como un territorio supuestamente descubierto y la idea de un “indio” como una cosa supuestamente descubierta.

Por ello, no podemos asumir aquel equívoco histórico del “descubrimiento” como un simple hecho de fe; al contrario debemos recontextualizarlo y reexaminarlo como un hecho histórico colonial, con un claro protagonismo de las élites políticas y religiosas de la corona española y del Vaticano que construyeron una estrategia en conjunto, para emprender un proceso de dominación del mundo andino. 

Pensar la Nación: a propósito del Bicentenario de la Revolución de Mayo

Autor(es)

Es común advertir en la militancia de izquierda dificultades un tanto desmedidas a la hora concebir una nación no liberal y no burguesa. Por cierto, después de la última dictadura y de más de un siglo de relatos militaristas y reaccionarios sobre la nación, se ha tornado difícil formular una idea de nación no emparentada con lo más abyecto. Existe, además, toda una cultura política en sectores de la izquierda argentina reacia a la idea de nación. A algunos de los militantes más veteranos muchas veces la dialéctica les quedó trunca y les resultó complicado conjugar lo general con lo concreto, lo internacional con lo nacional, más allá de que el mismísimo Trotski rescatara el patriotismo de los oprimidos. 

En los militantes más jóvenes, el rechazo de lo nacional puede reflejar no sólo la impronta de viejas tradiciones, sino también el impacto de la experiencia neoliberal: el economicismo, la falta de referentes históricos, el culto a la técnica, la reivindicación de una condición desterritorializada y el desprecio por la política. También, en el caso de los jóvenes, el rechazo de lo nacional suele ir acompañado por el repudio de los grandes relatos históricos.

El Bicentenario y las incertidumbres culturales de la izquierda

Autor(es)

 
 
Ni reír ni llorar, comprender.
Spinoza
 
 
El Bicentenario es un termómetro de precisión útil para medir la energía cultural y política de la izquierda en la Argentina. Y lo que ese termómetro nos muestra es poco halagador. No quiero sembrar desesperanza. Sólo me anima la voluntad de despejar los velos que abrigan nuestra incomunicación con lo real. Es innecesario oponer un “pesimismo de la inteligencia”, que nos mostraría lo que hay, a un “optimismo de la voluntad” por el cuál seguiríamos luchando a pesar de todo. Notas anticipatorias de estas líneas, leídas por aquí o allá, me revelaron el rechazo de la izquierda por unas pocas ideas que parecen aguafiestas. Se me reprochó que cuestionaban “temas importantes”. Pero hay cosas que deben ser dichas aunque disgusten al conformismo. Reconocer la desnudez de nuestros pies en el desierto quizá ayude a calzar las suelas que nos permitan dar los primeros pasos en el reverdecer de la esperanza.
 

La revolución en Haití y su legado para el porvenir de la emancipación: Un punto de vista histórico-filosófico

Autor(es)

Este trabajo analiza el proceso de la Revolución Haitiana entre 1791 y 1804 en su significación para el pensamiento y praxis críticos en el momento del bicentenario. El tema será abordado en dos registros. El primero será un recorrido de los principales rasgos de la larga lucha de liberación en lo que hoy se conoce como Haití, en el marco del ciclo revolucionario que siguió a la Revolución Francesa de 1789, pero de rasgos tan propios en la situación colonial. El segundo registro será una reflexión sobre las modalidades de representación histórica habituales en la historiografía de las revoluciones y en la idea filosófica de la historia.

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