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La introducción de la última obra filosófica que publicó Bertrand Russell, sin duda una de las grandes cumbres de la filosofía del siglo XX, comienza así:
Para el sentido común científico es obvio que sólo se conoce una parte infinitesimal del universo, que hubo épocas incontables en las que no existió ningún conocimiento y que, probablemente, habrá incontables edades futuras sin conocimiento; cósmicamente y causalmente, el conocimiento es un elemento sin importancia en el universo. Una ciencia que omitiera mención de su ocurrencia sólo padecería, desde el punto de vista impersonal, de una insignificante imperfección.
[...] toda la concepción de Marx no es una doctrina sino un método. No ofrece dogmas hechos, sino puntos de partida para la ulterior investigación y el método para dicha investigación.
Carta de Engels a Sombart, marzo de 1895[1]
[...] advertiré que yo entiendo por economía política clásica toda la economía que [...] investiga la concatenación interna del régimen burgués de producción, a diferencia de la economía vulgar, que no sabe más que hurgar en las concatenaciones aparentes [...].
Marx, El Capital, t. 1, p. 45 (nota a pie de pág.)
Toda reflexión científica, de manera abierta u oculta, se realiza a partir de ciertas concepciones, sea sobre la realidad, sobre qué significa conocer y cómo alcanzar conocimiento, sobre la relación individuo-sociedad, y muchos otros. Ellas definen el horizonte de visibilidad de la reflexión, los problemas y preguntas que se plantea, lo que ilumina y lo que queda a oscuras.
Aunque existen diversas versiones del fin de la ciencia, criticaremos la más reciente (J. Horgan, 1996), según la cual está muy próximo el fin del progreso científico hacia teorías o paradigmas radicalmente distintos.
Mostraremos que tal extrema propuesta está fundada básicamente en dos tipos de argumentos: 1) el desarrollo científico ya ha alcanzado la verdad o está muy próximo a lograrlo, quedando sólo futuras tareas de mejor conocimiento, nuevas aplicaciones y corrección de detalles, y 2) tal desarrollo sólo puede dar en el futuro beneficios cada vez menores, por lo que la sociedad perderá interés en apoyar la investigación científica.
Entrevista a Rolando García.
Antonio Castorina.
Intentaré mostrar epistemológicamente que el programa de investigación científica de Carlos Marx responde a las definiciones standard de ciencia social, si se entiende con claridad la diferencia entre las ciencias sociales “funcionales” -siempre necesarias, en alguna medida- y las ciencias sociales “críticas” -cuestión que propongo ahora para ser discutida-. Abordaremos el tema en dos partes. En la primera, indicaré someramente la problemática de lo que denomino el “tercer criterio de demarcación” -debo aceptar que sólo se habla por el momento de los dos primeros en la epistemología standard-. En la segunda parte, abundaré en un ejemplo, en el de Marx, para mostrar cómo este economista “crítico” desarrolló un programa de investigación estrictamente científica si se acepta la compleja propuesta de un “tercer” criterio de demarcación.[1]
El profesor Sokal visitó Argentina por invitación de la Secretaría de Extensión Universitaria de la Universidad de Buenos Aires. Entre las actividades que desarrolló se destaca la conferencia que diera ante un público que colmó la capacidad del Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, el día 15 de mayo de 1998.