Epistemología

No es lo mismo resistir para sobrevivir que resistir para transformar el mundo. La Escuelita Zapatista: ¿desafío epistemológico?

 
A Ernesto Godoy
 y Luis Villoro
 
 
 
1.
No estoy muy seguro de lo que voy y puedo decir al respecto de la Escuelita Zapatista. Todavía estoy asimilando la experiencia, y no sé si algún día lo haré con todas sus consecuencias. Por el momento, no quisiera detenerme en la extraordinaria manifestación organizativa del zapatismo en la realización del evento; en los votanes y las votanas[1] que nos acompañaron; en los jóvenes que estuvieron a cargo de las sesiones donde se expusieron los temas centrales de la concepción zapatista sobre el mundo, la revolución, la autonomía, sus maneras de producir relaciones sociales desde abajo, etc.; ya que este trabajo se extendería notablemente. En todo caso, quisiera, más bien, expresar unas breves reflexiones sobre lo que he alcanzado a entender acerca del modo de producción del conocimiento que los zapatistas nos mostraron en la Escuelita. Y lo haré en términos muy sintéticos, comenzando por destacar que los protagonistas del evento fueron las comunidades zapatistas –los 1700 votanes y votanas que nos acompañaron son de las comunidades– y que tres compañeras y tres compañeros, todos muy jóvenes, educados ya en el sistema autónomo de educación zapatista, fueron los que tuvieron a su cargo las exposiciones en el CIDECI,[2] Universidad de la Tierra (Chiapas), lugar donde estuve.

Crítica de la violencia en la historia y la memoria

In Memoriam
Daniel Bensaïd
 
 
Preludio sobre la violencia
 

Crisis y ceguera sistémica. El “hoyo” epistemológico.

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¿Existe una crisis económica? Nadie lo duda. Y los gobiernos se empeñan en formar consensos para paliar la situación y restablecer la normalidad, es decir, la inversión de capital y el crecimiento del Producto Interno Bruto, aun éste sea en su mínima expresión. Todas las mañanas los políticos se levantan con el ánimo de ser informados de indicios de desatascamiento de la maquinaria económica. Y, ante la impotencia del Estado para racionalizar el funcionamiento de la maquinaria enloquecida, consultan a sus asesores económicos como los reyes lo hacían en otros tiempos con magos y brujos. Son incapaces de darse cuenta que son parte del mismo juego perverso, una de cuyas reglas básicas es moverse en un campo visual restringido, al borde de la ceguera.

 

Ciencias sociales y teología. Un adorno epistemológico

La urgencia de un debate: el mi(ni)sterio de la ciencia (y técnica)
 
Enero de 2008 fue un mes que presenció la reapertura de un viejo debate: la lógica de las ciencias sociales. El problema que nos incumbe, como en toda discusión sobre lógica de la ciencia, es la relación sujeto – objeto (Adorno, 2003). Este problema no es tan sólo de carácter gnoseológico, o al menos eso es lo que está aquí en discusión (Adorno, 1973a, 2003 y 2005). El Ministro de Ciencia y Técnica de la Nación, Dr. Lino Barañao, lo ha dejado claramente expreso[1]. Es un problema que delimita entre lo que es y lo que no es ciencia: teología (metafísica) versus ciencia. Esta separación, como lo han demostrado Nietzsche, Adorno y Foucault, es un problema de poder. De modo que nos enfrentamos a un problema de carácter dual: el modo en que producimos conocimiento, sus efectos sociales y políticos (poder) (Foucault, 1992; Adorno, 2005). Y fue este tema el que nuevamente se puso sobre el tapete en enero de 2008, a partir de las propias palabras de Barañao.

Epistemología y teoría del conocimiento

La introducción de la última obra filosófica que publicó Bertrand Russell, sin duda una de las grandes cumbres de la filosofía del siglo XX, comienza así:

Para el sentido común científico es obvio que sólo se conoce una parte infinitesimal del universo, que hubo épocas incontables en las que no existió ningún conocimiento y que, probablemente, habrá incontables edades futuras sin conocimiento; cósmicamente y causalmente, el conocimiento es un elemento sin importancia en el universo. Una ciencia que omitiera mención de su ocurrencia sólo padecería, desde el punto de vista impersonal, de una insignificante imperfección.

Crítica de la ciencia vulgar. Sobre epistemología y método en Marx

 

[...] toda la concepción de Marx no es una doctrina sino un método. No ofrece dogmas hechos, sino puntos de partida para la ulterior investigación y el método para dicha investigación.

Carta de Engels a Sombart, marzo de 1895[1]

[...] advertiré que yo entiendo por economía política clásica toda la economía que [...] investiga la concatenación interna del régimen burgués de producción, a diferencia de la economía vulgar, que no sabe más que hurgar en las concatenaciones aparentes [...].

Marx, El Capital, t. 1, p. 45 (nota a pie de pág.)

Toda reflexión científica, de manera abierta u oculta, se realiza a partir de ciertas concepciones, sea sobre la realidad, sobre qué significa conocer y cómo alcanzar conocimiento, sobre la relación individuo-sociedad, y muchos otros. Ellas definen el horizonte de visibilidad de la reflexión, los problemas y preguntas que se plantea, lo que ilumina y lo que queda a oscuras.

El Fin de la ciencia y la anticiencia

Aunque existen diversas versiones del fin de la ciencia, criticaremos la más reciente (J. Horgan, 1996), según la cual está muy próximo el fin del progreso científico hacia teorías o paradigmas radicalmente distintos.

Mostraremos que tal extrema propuesta está fundada básicamente en dos tipos de argumentos: 1) el desarrollo científico ya ha alcanzado la verdad o está muy próximo a lograrlo, quedando sólo futuras tareas de mejor conocimiento, nuevas aplicaciones y corrección de detalles, y 2) tal desarrollo sólo puede dar en el futuro beneficios cada vez menores, por lo que la sociedad perderá interés en apoyar la investigación científica.

Piaget, las ciencias y la dialéctica.

Entrevista a Rolando García.

Antonio Castorina.

 
Antonio Castorina: Para comenzar quisiéramos conocer su opinión ante la crisis de la epistemología. Es decir, de qué modo usted interpreta las dificultades aparentemente insalvables que han sido planteadas dentro de “la versión heredada” o positivismo lógico y los intentos de superarla, particularmente en la llamada epistemología “naturalizada” y en el relativismo del programa “fuerte” de la sociología del conocimiento científico.    
Rolando García: La crisis del pensamiento filosófico sobre la ciencia arranca de las relaciones entre la filosofía kantiana y el avance del conocimiento científico, particularmente cuando surge la teoría de la relatividad de Einstein. En ese momento se pensó que se podría modificar un poco la concepción kantiana para compatibilizarla con la relatividad.

¿Ciencias sociales criticas? Notas en torno a un articulo de Dussel ¿Un nuevo criterio epistemológico de demarcación?

En Herramienta 9 Enrique Dussel ha publicado un provocativo y estimulante artículo –”El programa científico de Carlos Marx (ciencia social funcional y crítica)”–, en el que defiende la posibilidad –y la necesidad– de establecer un “tercer criterio epistemológico de demarcación”; criterio que permitiría diferenciar a las ciencias sociales funcionales de las ciencias sociales críticas. Como es sabido, los criterios de demarcación aceptados por los epistemólogos son dos, a saber: a) aquel que permite distinguir a la ciencia de la pseudociencia; b) aquel que deslinda a las ciencias naturales de las ciencias sociales.

El programa científico de investigación de Carlos Marx (Ciencia social funcional y crítica).

Autor(es)

 Intentaré mostrar epistemológicamente que el programa de investigación científica de Carlos Marx responde a las definiciones standard de ciencia social, si se entiende con claridad la diferencia entre las ciencias sociales “funcionales” -siempre necesarias, en alguna medida- y las ciencias sociales “críticas” -cuestión que propongo ahora para ser discutida-. Abordaremos el tema en dos partes. En la primera, indicaré someramente la problemática de lo que denomino el “tercer criterio de demarcación” -debo aceptar que sólo se habla por el momento de los dos primeros en la epistemología standard-. En la segunda parte, abundaré en un ejemplo, en el de Marx, para mostrar cómo este economista “crítico” desarrolló un programa de investigación estrictamente científica si se acepta la compleja propuesta de un “tercer” criterio de demarcación.[1]

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