Prestipino acaba de cumplir 88 años el 1º de mayo. Este filósofo hace honor a la “Tesis 11”. Titular de la cátedra de Filosofía de la Historia de la Universidad de Siena por muchos años, hoy la vida lo encuentra peleando activamente contra la discriminación de los inmigrantes, como lo encontró a los 25 años la expulsión de Libia por su actividad en la Unión Sindical y, de vuelta a su Sicilia, participando en el movimiento campesino por la tierra.
Asume deliberadamente la impronta de Gramsci. Su vasta obra constituye una resignificación de su dialéctica y sus categorías.
En la página web de Herramienta se halla una exhaustiva reseña de su pensamiento y su obra.
Dada tu larga trayectoria en la tradición marxista, como militante político y como pensador (si es que ambos aspectos se pueden distinguir)¿puedes hacernos un sintético “balance” de la misma?
En estos últimos tiempos mi trabajo teórico-político es fragmentario y conjuga intereses heterogéneos. “Dejadme entonces poner juntas cada cosa como vienen. El orden se hará después” (...) “la cosecha debe al menos ser segada, para recogerla en gavillas no dejarán de llegar días propicios” (así escribía Goethe, en su Viaje a Italia). A mí me faltarán los “días propicios”, ya es demasiado tarde. ¿Es posible “poner juntas” dos cosas en apariencia incompatibles: una teoría trascendental “supra-histórica” del pasado humano y la contingencia de una “sub-crónica” de nuestro presente cultural-político y económico-social? En mis últimos escritos se encuentra esa tentativa, acentuando ora el lado teórico, ora el debate interesado por el presente político. En otros trabajos precedentes he interpretado, libremente, la filosofía de Gramsci con una particular atención dirigida a la versión gramsciana de la dialéctica, versión en la cual la derivación hegeliana del método-sistema dialéctico y su “inversión” en el pensamiento de Marx arriban a desarrollos originales, porque un módulo que se presentaba como unívoco y, en su univocidad, recurrente, deviene en cambio poliédrico y variable en función de los tiempos históricos, de las relaciones entre opuestos o entre distintos y de los cotejos entre los diversos caracteres nacionales. Pero la dialéctica como lógica filosófica en Gramsci tiene el objetivo de comprender, sobre todo, el presente (y de descubrir las estrategias idóneas para su posible transformación). Estudiar el pasado es, para él, interrogarse sobre el presente. En mis trabajos busco definir también los tiempos pasados en sus itinerarios conclusos y dar un nombre a las “grandes épocas” en las que pensaba Marx en algunas de sus anotaciones al margen del El Capital. Pensar filosóficamente los tiempos históricos con la ayuda de Gramsci para mí significa, ahora, llamar “dominio” al primado de la economía en la época primitiva y al de la cultura en la época moderna; llamar “hegemonía” al primado de lo económico social pre-moderno o al primado “intelectual y moral” en el futuro trans-moderno. Y significa dialectizar la relación histórica entre cuatro “città” que, haciendo eco libremente a las sucesiones históricas propuestas por Sorel (un autor que influyó sobre el joven Gramsci) podría denominar la cité économique, la cité sociale, la cité savante y la cité morale.