En el momento en que se está redactando este artículo, dos grandes crisis sacuden al capitalismo y hunden a las Bolsas: crisis de la deuda soberana en Europa, suspense sobre el techo de la deuda en los Estados Unidos. Es probable que los gobiernos afectados consigan recuperarse del golpe, justo al borde del abismo. Pero estas tensiones extremas muestran que la crisis, tres años después de su estallido, está lejos de haber terminado y que su factura, después de haber sido transmitida a los presupuestos públicos, se presenta hoy a los pueblos. La intención de este artículo es repasar la trayectoria reciente del capitalismo y examinar sus implicaciones en el período abierto por la crisis.
En la primavera de 2010, los grandes bancos europeos, encabezados por los bancos franceses y alemanes, convencieron a la Unión Europea y al Banco Central Europeo que el riesgo de default de la deuda pública de Grecia ponía en peligro sus balances. Los grandes bancos europeos habían recibido una fuerte ayuda en el otoño del 2008, cuando la quiebra del banco Lehmann Brothers en Nueva York llevó la crisis financiera a su paroxismo. Luego del salvataje, no depuraron todos los activos tóxicos de sus cuentas. Y a pesar de todo siguieron haciendo colocaciones de alto riesgo. Para algunos, el más mínimo default de pago significaría la quiebra. En mayo 2010 se montó un plan de salvataje con un ribete financiero y otro de drástica austeridad presupuestaria y acelerada privatización: fuertes reducciones de los gastos sociales; disminución de los salarios de empleados públicos y reducción de su cantidad; nuevos ataques a los sistemas jubilatorios, fuesen por capitalización o por repartición. Los primeros países en aplicarlo, como Grecia y Portugal, quedaron atrapados en una infernal espiral cuyas víctimas inmediatas son las capas populares y los jóvenes. Esta política afecta a un número cada vez mayor de países en Europa occidental y mediterránea, después de haber asolado a los países bálticos y balcánicos. El costo del salvataje del sistema financiero europeo y, con él, del sistema mundial, se impone a los trabajadores, a la juventud y a las capas populares más vulnerables.
Au printemps de 2010, les grandes banques européennes, au premier chef les banques françaises et allemandes ont convaincu l’Union européenne et la BCE, que le risque de défaut de paiement de la dette publique de la Grèce mettait leur bilan en danger. Elles ont demandé d’être mises à l’abri des conséquences de leur gestion. Les grandes banques européennes ont été fortement aidées à l’automne 2008 au moment où la faillite de la banque Lehman Brothers à New York a porté la crise financière à son paroxysme. Depuis leur sauvetage, elles n’ont pas épuré tous les actifs toxiques de leurs comptes. Elles ont pourtant continué à faire des placements à haut risque. Chez certaines le moindre défaut de paiement signifierait la faillite. En mai 2010, un plan de sauvetage a été monté, avec un volet financier et un volet d’austérité budgétaire drastique et de privatisation accélérée: fortes baisses des dépenses sociales ; diminution de traitements des fonctionnaires et réduction de leur nombre ; nouvelles atteintes aux systèmes des retraites, que ceux-ci soient par capitalisation ou par répartition. Les premiers pays, tels la Grèce et le Portugal, à les avoir appliquées ont été pris dans une spirale infernale dont les couches populaires et les jeunes sont les victimes immédiates. Elle concerne de mois en mois un nombre plus important de pays en Europe occidentale et méditerranéenne, après avoir ravagé les pays baltiques et balkaniques. C’est aux travailleurs, à la jeunesse et aux couches populaires les plus vulnérables qu’on impose le coût du sauvetage du système financier européen et partant du système mondial.
Durante los años 90, el Estado argentino desarrolló el marco jurídico propicio para la expansión sin precedentes de la inversión extranjera directa en el sector minero, iniciando un acelerado desarrollo de la minería metalífera a gran escala en el país. No obstante, este contexto de estabilidad y crecimiento halló su primer “obstáculo” a mediados de 2002, cuando el profundo proceso de movilización social transcurrido en Esquel (Chubut) culminó con la sanción de una ley provincial que prohibía la minería a cielo abierto con cianuro en determinadas zonas de la jurisdicción, impidiendo la radicación de la empresa minera Meridian Gold/El Desquite, y abriendo un período de incertidumbre que puso en entredicho la legitimidad y continuidad de esta actividad en el país a partir de 2003.
El debate sobre la centralidad del trabajo inmaterial y de su fuerza transformadora tomó cuerpo en los últimos decenios e influenció muchas tesis de la economía política y de la sociología del trabajo. El eje central de este debate muestra una línea de raciocinio algo mecanicista: transformaciones en las calificaciones profesionales, en el contenido del trabajo y en la producción habrían alterado la lógica de producción de mercancías, poniendo en jaque a la “ley del valor”, dada la imposibilidad de medición de los productos inmateriales.
O debate sobre a centralidade do trabalho imaterial e de sua força transformadora tomou nos últimos decênios volume e influenciou muitas teses da economia política e da sociologia do trabalho. O eixo central desse debate indica uma linha de raciocínio algo mecanicista: transformações nas qualificações profissionais, no conteúdo do trabalho e na produção teriam alterado a lógica da produção de mercadorias, colocando a “lei do valor” em xeque dada a impossibilidade de mensuração dos produtos imateriais.
Las caras de la crisis son efectivamente muchas. Podemos hablar de crisis financiera, de crisis de sobreproducción y sobre acumulación mundial, de crisis alimentaria, crisis energética, crisis geopolítica-militar, crisis tecnológica, crisis del sistema mundial de Estados, crisis ambiental y urbana, crisis civilizatoria...