Economía

Los atolladeros de la economía latinoamericana

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Al concluir el año 2011 reaparecen los nubarrones sobre la economía latinoamericana. El brusco agravamiento de la crisis global augura un freno del crecimiento que aumenta el nerviosismo. Durante el último quinquenio el producto bruto regional mantuvo un ritmo ascendente del 5% anual, a pesar de la desaceleración registrada en el 2009. La recuperación posterior se prolongó durante el 2011, que finalizaría con un incremento de 4,4% del PBI. Hay previsiones de otro aumento del 4,1% para el 2012, pero nadie sabe cuánto durarán los escudos protectores frente a la nueva turbulencia internacional.
Los neoliberales advierten contra la recaída y proponen recortar el gasto público para reforzar las defensas. Aunque la deuda pública y privada es muy inferior al promedio de los países desarrollados, promueven la contracción para asegurar las acreencias de los banqueros. Sus convocatorias a la austeridad expresan esta prioridad de los financistas. 

Una crisis sin fondo

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En el momento en que se está redactando este artículo, dos grandes crisis sacuden al capitalismo y hunden a las Bolsas: crisis de la deuda soberana en Europa, suspense sobre el techo de la deuda en los Estados Unidos. Es probable que los gobiernos afectados consigan recuperarse del golpe, justo al borde del abismo. Pero estas tensiones extremas muestran que la crisis, tres años después de su estallido, está lejos de haber terminado y que su factura, después de haber sido transmitida a los presupuestos públicos, se presenta hoy a los pueblos. La intención de este artículo es repasar la trayectoria reciente del capitalismo y examinar sus implicaciones en el período abierto por la crisis. 

La vulnerabilidad del sistema financiero, la ilegitimidad de las deudas públicas y el combate político internacionalista por su anulación

             (version française)

En la primavera de 2010, los grandes bancos europeos, encabezados por los bancos franceses y alemanes, convencieron a la Unión Europea y al Banco Central Europeo que el riesgo de default de la deuda pública de Grecia ponía en peligro sus balances. Los grandes bancos europeos habían recibido una fuerte ayuda en el otoño del 2008, cuando la quiebra del banco Lehmann Brothers en Nueva York llevó la crisis financiera a su paroxismo. Luego del salvataje, no depuraron todos los activos tóxicos de sus cuentas. Y a pesar de todo siguieron haciendo colocaciones de alto riesgo. Para algunos, el más mínimo default de pago significaría la quiebra. En mayo 2010 se montó un plan de salvataje con un ribete financiero y otro de drástica austeridad presupuestaria y acelerada privatización: fuertes reducciones de los gastos sociales; disminución de los salarios de empleados públicos y reducción de su cantidad; nuevos ataques a los sistemas jubilatorios, fuesen por capitalización o por repartición. Los primeros países en aplicarlo, como Grecia y Portugal, quedaron atrapados en una infernal espiral cuyas víctimas inmediatas son las capas populares y los jóvenes. Esta política afecta a un número cada vez mayor de países en Europa occidental y mediterránea, después de haber asolado a los países bálticos y balcánicos. El costo del salvataje del sistema financiero europeo y, con él, del sistema mundial, se impone a los trabajadores, a la juventud y a las capas populares más vulnerables.

La vulnérabilité du système financier, l’illégitimité des dettes publiques et le combat politique internationaliste pour leur annulation

       (versión en español)

Au printemps de 2010, les grandes banques européennes, au premier chef les banques françaises et allemandes ont convaincu l’Union européenne et la BCE, que le risque de défaut de paiement de la dette publique de la Grèce mettait leur bilan en danger. Elles ont demandé d’être mises à l’abri des conséquences de leur gestion. Les grandes banques européennes ont été fortement aidées à l’automne 2008 au moment où la faillite de la banque Lehman Brothers à New York a porté la crise financière à son paroxysme. Depuis leur sauvetage, elles n’ont pas épuré tous les actifs toxiques de leurs comptes. Elles ont pourtant continué à faire des placements à haut risque. Chez certaines le moindre défaut de paiement signifierait la faillite. En mai 2010, un plan de sauvetage a été monté, avec un volet financier et un volet d’austérité budgétaire drastique et de privatisation accélérée: fortes baisses des dépenses sociales ; diminution de traitements des fonctionnaires et réduction de leur nombre ; nouvelles atteintes aux systèmes des retraites, que ceux-ci soient par capitalisation ou par répartition. Les premiers pays, tels la Grèce et le Portugal, à les avoir appliquées ont été pris dans une spirale infernale dont les couches populaires et les jeunes sont les victimes immédiates. Elle concerne de mois en mois un nombre plus important de pays en Europe occidentale et méditerranéenne, après avoir ravagé les pays baltiques et balkaniques. C’est aux travailleurs, à la jeunesse et aux couches populaires les plus vulnérables qu’on impose le coût du sauvetage du système financier européen et partant du système mondial.

 

Respuestas estatales y empresarias al conflicto social en el sector minero post 2002

Durante los años 90, el Estado argentino desarrolló el marco jurídico propicio para la expansión sin precedentes de la inversión extranjera directa en el sector minero, iniciando un acelerado desarrollo de la minería metalífera a gran escala en el país. No obstante, este contexto de estabilidad y crecimiento halló su primer “obstáculo” a mediados de 2002, cuando el profundo proceso de movilización social transcurrido en Esquel (Chubut) culminó con la sanción de una ley provincial que prohibía la minería a cielo abierto con cianuro en determinadas zonas de la jurisdicción, impidiendo la radicación de la empresa minera Meridian Gold/El Desquite, y abriendo un período de incertidumbre que puso en entredicho la legitimidad y continuidad de esta actividad en el país a partir de 2003.

En el presente trabajo analizaremos las respuestas elaboradas por el Estado y las transnacionales mineras frente a la emergencia y proliferación de resistencias sociales en torno a la explotación minera a gran escala en la Argentina, considerando como punto de inflexión el “caso Esquel”, principal referencia de las acciones de protesta que se gestaron en otras regiones desde entonces. En este marco, tanto el Estado como las trasnacionales desarrollaron una serie de resoluciones y estrategias en pos de reconstruir una estabilidad más duradera para el sector. El Estado, a través de la jerarquización administrativa del área minera en 2003 y de la formulación del Plan Nacional Minero en 2004; y, las empresas, profundizando sus políticas de “responsabilidad social empresaria” como forma de construir legitimidad social. De esta manera, nos centraremos en el análisis de cada una de estas respuestas y sus interrelaciones. 

Clases sociales y trabajo inmaterial

                                                (Versão em português)

El debate sobre la centralidad del trabajo inmaterial y de su fuerza transformadora tomó cuerpo en los últimos decenios e influenció muchas tesis de la economía política y de la sociología del trabajo. El eje central de este debate muestra una línea de raciocinio algo mecanicista: transformaciones en las calificaciones profesionales, en el contenido del trabajo y en la producción habrían alterado la lógica de producción de mercancías, poniendo en jaque a la “ley del valor”, dada la imposibilidad de medición de los productos inmateriales.

A partir de estos presupuestos, un universo de conclusiones derivadas se inserta en el cuadro de este debate. Las dos más contundentes remiten al carácter creativo de la producción inmaterial y a su lógica anticapitalista. En estos términos, la producción inmaterial sería la propia antesala de las fuerzas sociales contrarias a la reproducción social del capital. El debate se concentra en algunos equívocos teóricos. El primero de ellos está en la relación directa entre producción material y producción física. Se toma la contraposición entre material e inmaterial, considerando al primero como materia física y el segundo como no materia. El segundo, es tal vez el equívoco más importante, es el que considera que la materialidad o la inmaterialidad se caracterizan en base a la utilidad del producto, o así mismo, en el contenido de las calificaciones profesionales de los productores involucrados en el proceso de producción. 

Classes sociais e trabalho imaterial

                                        (Versión en español)

O debate sobre a centralidade do trabalho imaterial e de sua força transformadora tomou nos últimos decênios volume e influenciou muitas teses da economia política e da sociologia do trabalho. O eixo central desse debate indica uma linha de raciocínio algo mecanicista: transformações nas qualificações profissionais, no conteúdo do trabalho e na produção teriam alterado a lógica da produção de mercadorias, colocando a “lei do valor” em xeque dada a impossibilidade de mensuração dos produtos imateriais.

A partir dessa pressuposição, um universo de conclusões derivativas é indicado no quadro desse debate. As duas mais contundentes remetem ao caráter criativo da produção imaterial e a sua lógica anticapitalista. Nestes termos, a produção imaterial seria a própria ante-sala das forças sociais contrárias à reprodução social do capital.
O debate concentra-se em alguns equívocos teóricos. O primeiro deles está na relação direta entre produção material e produção física. Toma-se a contraposição entre material e imaterial, considerando o primeiro como matéria física e o segundo como não matéria. O segundo, e talvez mais importante equívoco, é o de que a materialidade ou a imaterialidade caracterizam-se com base na utilidade do produto ou mesmo no conteúdo das qualificações profissionais dos produtores envolvidos.

¿Vida en el limbo?

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El presente artículo, publicado en inglés en diciembre de 2009, en Turbulence 5, con el título Life in Limbo?, fue traducido al castellano por Franco Ingrassia para la versión en este idioma de esa edición
 
Estamos atrapados en un limbo, ni lo uno ni lo otro. Por más de dos años el mundo ha sido arruinado por una serie de crisis interrelacionadas que no parecen que vayan a resolverse en el corto plazo. Las certezas incólumes del neoliberalismo, que nos sostuvieron durante tanto tiempo, han colapsado. Y, sin embargo, es como si fuésemos incapaces de pasar a otra cosa. Malestar y protestas han surgido en torno a distintos aspectos de las crisis, pero no hay evidencias de que se haya constituido una respuesta común o consistente. Una sensación general de frustración tiñe los intentos de ruptura con la ciénaga de un mundo en caída.
Hay una crisis de creencia en el futuro, que nos deja con la perspectiva de un infinito presente en decadencia que se sostiene por mera inercia. A pesar de toda esta confusión –una era de “crisis”, cuando parece que todo podría, y debería, cambiarse- tenemos la paradójica sensación de que la historia se ha detenido. Hay una falta de voluntad o una incapacidad para confrontar la escala de la crisis. Tanto las empresas como los gobiernos y los individuos se han puesto de cuclillas, con la esperanza de resistir a la tormenta hasta ver resurgir el viejo mundo en un par de años. Los intentos de ver signos de recuperación por todas partes toman erróneamente a esta crisis epocal como una crisis cíclica; no son más que amplias medidas promocionales. Si bien es cierto que se han utilizado sumas astronómicas de dinero para evitar el colapso completo del sistema financiero, dichos montos de rescate han sido empleados para prevenir el cambio, no para iniciarlo. Estamos atrapados en un limbo.

Los nuevos desequilibrios de la economía argentina

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La política económica reúne actualmente muchos ingredientes de un modelo. Esta calificación puede resultar abusiva en comparación a otras configuraciones de la historia nacional, como el esquema agro-exportador o la sustitución de importaciones. Pero es totalmente pertinente frente a la convertibilidad. Sólo el tiempo zanjará el status histórico de la orientación vigente, pero ya son nítidos sus desequilibrios.
 
Rupturas y continuidades
 
El modelo emergió de una descomunal debacle. Ningún colapso anterior incluyó confiscación de los depósitos, cesación de pagos, masificación del desempleo, explosión de la pobreza y derrumbe industrial, en las proporciones observadas durante el 2001.
Este desmoronamiento puso en tela de juicio al propio capitalismo y fue superado con la reconstitución de este sistema. El esquema actual se asienta en la recomposición de la autoridad estatal y política que logró el gobierno de los Kirchner. Esta restauración permitió convalidar los privilegios de las clases dominantes y asegurar su continuado enriquecimiento a costa de las mayorías populares. El modelo que ha regido desde el 2003 no introduce cambios sustanciales en el perfil productivo tradicional de Argentina. Continúa primando el cimiento agrícola sobre una esfera industrial subordinada. No se vislumbran modificaciones en la inserción internacional, semejantes a las observadas en las economías asiáticas que se industrializaron aceleradamente (Corea del Sur) o se transformaron en potencias exportadoras (China). Pero dentro de estas continuidades el modelo contiene giros significativos en la política económica. El tipo de cambio bajo quedó inicialmente neutralizado con la devaluación, la apertura importadora fue sustituida por el énfasis exportador y las privatizaciones perdieron peso frente a la intervención del estado. Modificaciones de la misma envergadura se verifican en la política fiscal, laboral, monetaria y financiera. 

Las diferentes caras de la crisis

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Las caras de la crisis son efectivamente muchas. Podemos hablar de crisis financiera, de crisis de sobreproducción y sobre acumulación mundial, de crisis alimentaria, crisis energética, crisis geopolítica-militar, crisis tecnológica, crisis del sistema mundial de Estados, crisis ambiental y urbana, crisis civilizatoria...

Por razones de tiempo y mayor claridad, me inclinaré en este caso por agrupar esta multiplicidad de rostros en tres: la crisis económica sistémica, la crisis ecológico-ambiental y la crisis civilizatoria.  Más que tres caras de una sola cosa, conviene pensar en tres procesos de crisis que convergen y se entrelazan: cada una tiene características y ritmos propios, pero al mismo tiempo se potencian y modifican mutuamente. Por eso mismo, también nuestras respuestas deben tratar de enfrentar a cada una de ellas, sin perder de vista que es preciso encontrar una salida verdaderamente efectiva y revolucionaria para el conjunto de la crisis: un cambio social radical, un cambio político, económico y civilizatorio que termine con el capitalismo antes de que el capitalismo termine con la humanidad y con la vida misma. Lo que muchos llamamos “el socialismo del siglo XXI”.
Examinemos en primer lugar la crisis económica. No estamos ahora frente a otra de aquellas crisis cíclicas con que el capitalismo buscaba cada tanto enfrentar sus contradicciones. No para resolverlas, porque no podría hacerlo, sino pateándolas para adelante y desplazándola al extender la explotación a nuevas regiones de la tierra o nuevas áreas de la actividad social. Aunque preparando así nuevas y mas severas sacudidas que, inexorablemente, implicaban mayores sufrimientos y explotación para los de abajo. 
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