Una polémica imprevisible disparó la invitación a Mario Vargas Llosa para inaugurar la Feria del Libro de Buenos Aires. El convite al vigía de las libertades amenazadas, realizado por los organizadores y las empresas editoriales, generó el rechazo de quienes vieron en la decisión una clara maniobra de tinte político, alejada del sentido esencialmente cultural del tradicional evento.Los intelectuales dizque progresistas han eludido una discusión de fondo, a saber: si la política es administración de lo dado o puede ser otra cosa, por ejemplo, transformación radical de lo dado; si el pueblo seguirá siendo objeto de la historia o si las luchas fundamentales pueden hacer de él otra cosa. Sobre-adaptados a lo que “es” y a lo que “está”, no creen que las cosas puedan ser de modo radicalmente distinto. Por consiguiente, y en contra de lo que sostienen, han caído en un profundo desprecio (en los hechos) por las ideas; los proyectos, los principios, las utopías. Los intelectuales dizque progresistas son cada vez más fenomenólogos. La ausencia de un ser crítico se intenta disimular con metáforas o folklore superficial (y proliferación de artificios) y en muchos casos son evidentes los desacoples entre la osamenta conceptual (débil) y una musculatura expresiva bien desarrollada. Es evidente que estos intelectuales han abjurado de toda praxis tendiente a preservarle ámbitos no alienados al lenguaje (una praxis imprescindible para la nueva generación intelectual), y han adoptado una estrategia trituradora de palabras, que busca la desactivación de las imágenes más rebeldes y contestatarias. Lo que explica, en parte, la marcada vocación por los modos estetizantes, la charlatanería y la gesticulación excesiva que exhibe uno de sus espacios emblemáticos recientes: Carta Abierta.
Pocas veces mi tristeza fue compartida por tantos. Murió José Saramago, pero no siento dolor, pues su vida y su obra fueron pura coherencia, compromiso y creatividad; la pena es por su ausencia, no poder contar más con sus lúcidas opiniones, esperar sus novelas y poemas.
Mario Payeras, Los días de la selva
A diferencia de los centros portuarios del país, que fueron objeto de un explosivo crecimiento demográfico determinado por la inmigración, la provincia de Córdoba, como otras mediterráneas, sufrieron este fenómeno pero en virtud de un proceso paulatino. En 1882 aparecía una obra teatral de Alberto Stirner, inmigrante alemán, afincado en las cercanías de Villa Allende. Comedia en dos actos que bajo el título de El orden familiar nos entregaba una pincelada de la sociedad de la época. Allí, en su escena segunda, Alberto, criado de la hacienda, decía a su patrón: “Así están las cosas señor; para algunos la opulencia y la holgazanería y para otros la agitación.” A esto respondía el interlocutor: “Me parece adivinar en tus palabras demasiada tendencia al razonamiento y sobre todo a quejarte de tu suerte”. Este lejano antecedente encuentra marco orgánico en la última década del siglo XIX, cuando comienzan a estructurarse los gremios locales en torno a la seccional de Obreros Tipógrafos de la capital provincial. En un periódico de efímera vida perteneciente al círculo ácrata, “La antorcha”, aparece una pequeña pieza dramática que culminaba en el siguiente monólogo rimado: “Amemos la lucha compañeros / luchemos que la lucha regenera / la vida de su cauce verdadero / se aparta si el dolor no impera.”
Premisa
El estudio de palabras escritas tiene sus ventajas. A diferencia de las personas, el hecho de que sean observadas no las influye.
Morton Schatzman; El asesinato del alma
Cuando el editor me ofreció un lugar en la mesa para presentar este libro (Los poetas y el poder, de Klaas Wellinga), sin decirlo expresamente, me advertía de la selección que todo poder, de cualquier signo, hace con sus creadores.
El Diletante fue un programa de radio que duró tres años. Su última emisora fue la frecuencia de FM Patricios y era conducido por Marcelo Claros acompañado de Eduardo Gómez (más conocido entre sus amigos por el apodo de Gardel). Compusieron una dupla entrañable que generó inmenso placer y orgullo a todos los que tuvimos la oportunidad de seguir sus audiciones.
La ecología es el eco
producido por el estruendo
con que el capitalismo destruye el mundo.
Pues, independientemente de lo que diga la Universidad,
la ecología más que una ciencia es
un discreto velo, un ungüento lubricante y,
en el mejor de los casos.
una aspirina científico-técnica.
Roque Dalton
En el estado actual de la sociedad capitalista, donde los procesos de alienación social y cultural son tan profundos que hasta el propio concepto de alienación ha desaparecido de toda consideración intelectual y aún es calificada como solo una rémora del pasado, pensar y producir conocimiento teórico critico para discutir y debatir también dentro del ámbito académico y científico, constituye una tarea que, claramente, no cuenta con los aplausos de la mayoría.
La nación no es una estructura eterna, sino propia de determinada fase del desarrollo histórico-social. No hay naciones en el orden esclavista de la Antigüedad, ni en el orden feudal. Las naciones surgen consustanciadas con el orden burgués. Siendo reemplazado este por estructuras socialistas, la nación subsiste por un tiempo, prolongado incluso. Y constituye un error admitir que la identidad nacional desaparece en cuanto la burguesía pierde la hegemonía en la sociedad. Se trata de un error que, como se sabe, fue cometido en un pasado no muy remoto con consecuencias graves. Sin embargo, la transformación socialista implica en principio, desde sus inicios, una marcada tendencia a la superación de las divisiones nacionales y al surgimiento de estructuras de orden superior y más amplias. Previendo eso, el movimiento político que propicia la transformación socialista está impregnado, desde su origen, de una definida orientación internacionalista.