Trabajo

Desbordando la categoría trabajo desde los movimientos sociales

Para nosotros el tema del trabajo siempre fue un punto más de discusión, y siempre fue esta intención que lleva a decir: no queremos volver al sistema […]. No puede haber trabajo digno habiendo esa explotación; en todo caso es trabajo que te sirve para cubrir algunas necesidades básicas, y no la realización como ser humano. […] para nosotros es un ensayo, un espacio de experimentación de un nuevo tipo de relación, un espacio donde las relaciones de dominante y dominado se van poniendo en cuestión. […] lo común es que la gente entre sin estar acostumbrada a tomar iniciativas, a actuar sin órdenes, y ahora de repente hay que opinar y tomar la iniciativa. Ésta es otra de las conclusiones que sacamos: la terrible mutilación al ser humano que hace el trabajo capitalista al quitarnos la capacidad de iniciativa. Nos mutila en un aspecto central de nuestra organización que es la creación a través del hacer.

Alberto Spagnuolo[1] 

Expropiar Zanón

Ahora nomás, un miércoles 12 de agosto de 2009, la Legislatura de la Provincia de Neuquén (norpatagonia argentina) aprobó (con 26 votos a favor y 9 en contra) la expropiación de Cerámica Zanón, también conocida como Fábrica Sin Patrones (FASINPAT), un vigoroso y actual ejemplo de lucha obrera que, por unas cuantas razones, se ha convertido en un símbolo de autogestión que supo traspasar fronteras territoriales y temporales.

En lucha por un nuevo sindicato. Crónica de la lucha por un sindicato de los trabajadores del subte

A las 13.52 del miércoles 16 de septiembre una formación se detuvo en los andenes de la Estación Federico Lacroze de la Línea B del subterráneo. Un delegado, megáfono en mano, anuncia a los usuarios que esa es la última formación que sale antes de que comience el paro. Mira a la conductora y le dice que a las dos en punto, en la estación en la que se encuentre, corte el servicio. La chica le devuelve la mirada como diciendo “¿Con quien te pensás que estas hablando?”. Arroja una sonrisa, toca bocina y parte. Hace ya media hora que las puertas están liberadas para que los pasajeros puedan viajar sin pagar. Minutos más tarde, otra formación se detiene justo delante del cartel rojo que en letras blancas advierte: “Este tren se detiene aquí”. El reloj marca las 14 horas, horario estipulado para el inicio del paro que durará tres horas. Un grupo de muchachos grandotes, vestidos con trajes, intentan impedir en vano que los delegados tomen posición adentro de la formación. “Este tren continua su viaje”, dicen. “Dale, subí a manejarlo”, responde desafiante uno de los delegados. Sobre el andén, unos 25 trabajadores aplauden y comienzan a cantar: “Unidad, de los trabajadores, y al que no le guste, se jode, se jode”. Una situación similar se repite en el andén de enfrente. Episodios parecidos, a esa altura, deben estar sucediéndose en las estaciones Medrano y Carlos Pellegrini, también de la B, y en varias estaciones más de las otras cinco líneas y el Premetro, totalmente paralizadas.

Mayo 1968 y la crisis del trabajo abstracto

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¿1968? ¿Por qué hablar de 1968? Hay tantas cosas urgentes que están pasando. Hablemos mejor de Oaxaca y Chiapas y el peligro de una guerra civil en México. Hablemos de la guerra en el Iraq y la destrucción rápida de las precondiciones naturales de la existencia humana. ¿Es realmente un buen momento para que los viejos se sienten a recordar el pasado?

Marx y la cuestión del despojo. Claves teóricas para iluminar un cambio de época

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Despojar. (Del latín despoliāre). Privar a alguien de lo que goza y tiene, desposeerlo de ello con violencia.

Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.

En el verano de 1850, en suelo londinense, Marx emprendió un monumental proyecto de investigación teórica al que dedicaría el resto de su vida: la llamada crítica de la economía política. Se trataba, según los diversos planes de investigación proyectados, de un ambicioso proyecto de análisis teórico de la sociedad moderna cuya exposición ordenada comprendería seis libros: capital, renta de la tierra, trabajo asalariado, Estado, comercio internacional y mercado mundial.[1] La inquietud intelectual y los resortes morales de esa empresa teórica venían de lejos: desde aquellos días en que el joven Marx, indignado, escribía sus artículos periodísticos defendiendo el derecho consuetudinario de los campesinos pobres del Mosela, habituados a recolectar para su uso la leña seca de los bosques, frente a la promulgación de una ley que castigaba como "robo" esas costumbres. En aquellos años había arrancado un itinerario político-intelectual en el que, persiguiendo las huellas que le permitieran descifrar la naturaleza del poder estatal, Marx había transitado de la crítica a la filosofía política de Hegel y del problema del Estado al tema de la "sociedad civil" y a los terrenos de la economía clásica.

Transformaciones del trabajo en la era de la "modernidad líquida" y el trabajo "inmaterial"

El presente trabajo está relacionado con el proyecto de investigación "Transformaciones del trabajo y la subjetividad de los actores en la era de la modernidad líquida y el trabajo inmaterial" que se está desarrollando en la Universidad de Buenos Aires. El mismo se propone abordar dimensiones relativas a la constitución de subjetividad -y, por tanto de sujetos- en relación con el trabajo, asumiendo como punto de partida la centralidad del "nuevo" trabajo "inmaterial" [1] en la era de la "modernidad líquida"[2], post-industrial o como se prefiera denominar. En este artículo se intentará profundizar en los aspectos teórico-conceptuales que suponen esta situación y cuáles son las características del trabajo inmaterial y la tendencia predominante.

El caracol y su concha: Ensayo sobre la nueva morfología del trabajo

Desde el mundo antiguo y su filosofía, el trabajo ha sido comprendido como expresión de vida y degradación, creación e infelicidad, actividad vital y esclavitud, felicidad social y servidumbre. Érgon y pónos, trabajo y fatiga. Momento de catarsis y vivencia de martirio.

El trabajo vivo fuente creadora del plusvalor (Dialogando con Christopher Arthur)

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Es con suma atención, y no menor gusto, que he leído las páginas del comentario que Christopher Arthur (en adelante CA) ha escrito sobre mi obra traducida al inglés en 2001 (publicada en la edición española hace ya dieciséis años[2]). Deseo no entablar un debate, como efectúan los sofistas (que intentan meramente defender su posición teórica en cuanto tal), sino comenzar un diálogo, porque acepto plenamente muchas de sus sugerencias contrarias a mi interpretación, cuando sea necesario, aunque explicaré más claramente mis posiciones cuando opino que no han sido entendidas (como honestamente lo expresa en algunos casos, y es explicable, dado que el contenido de muchas categorías usadas por mí corresponden a las explicadas en el primer tomo que dediqué a los comentarios de las cuatro redacciones de El capital[3], y que se desarrollan más acabadamente en el tercer tomo[4]). De todas maneras mis aclaraciones, seguramente, darán motivo a nuevas distinciones de su parte, y por ello intento un diálogo y no meramente un debate académico, diálogo que, además, interesa para el desarrollo actual del pensamiento de Marx en las actuales circunstancias mundiales, donde el capital ha alcanzado un grado de explotación salvaje del trabajo vivo, en especial en el Sur del planeta.

Flexibilidad del trabajo y plasticidad humana.

En la Voluntad de saber, Michel Foucault muestra que la aparición de los modernos dispositivos disciplinarios presupone una modificación sensible, o mayúscula, de las relaciones patriarcales caracterizadas, entre otras cosas, por el derecho del padre de familia sobre la vida y la muerte de los hijos, las mujeres y los esclavos. Este derecho, en principio absoluto, es reemplazado lentamente, en el transcurso de procesos históricos complejos, por un derecho ampliamente despersonalizado y ejercido por mecanismos de poder para controlar la vida. El poder ya no funciona para cobrar tributos o para apoderarse de las riquezas de otros, sino para que la vida de los individuos esté al servicio del incremento de bienes y riquezas. Se trata de controlar la vida y el cuerpo, su utilización y su reproducción, con el fin de tenerlos disponibles para la producción y no para la destrucción. No desaparece el derecho a dar muerte, pero está sin embargo relacionado a condiciones muy precisas de ejercicio y se lo interpreta como un medio de proteger la vida. El poder de dominar ya no se manifiesta esencialmente por ritos y rituales de sumisión a autoridades sacralizadas por la tradición, sino más bien en la captación, gracias a dispositivos disciplinarios, del poder de acción de los individuos. El poder dominar se dispersa y difunde en el espacio social como un bio-poder, es decir, como un poder que disciplina el cuerpo y sanciona las transgresiones a las reglas disciplinarias instauradas para asegurar la buena gestión de las vidas humanas.

Centralidad y no centralidad del trabajo o la pasión de los hombres superfluos.

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Los señalamientos que siguen tienen un objetivo polémico: tratan de desarticular las pseudoevidencias del nuevo sentido común posmoderno según el cual viviríamos el fin del trabajo y el comienzo de una nueva época marcada por el advenimiento del no trabajo impuesto por el proceso de desconexión de las formas de socialización y del trabajo. Al mismo tiempo tienen un objetivo positivo: afirmar la actualidad de la inseparabilidad del trabajo y del no trabajo, entendiendo a este último como el tiempo libre de las actividades de acción ético-política y de formación estético-teórica.
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