Trabajo

La división sexual del trabajo y de la reproducción: una reflexión teórica

La división sexual del trabajo
 
El trabajo, a lo largo del proceso histórico se presenta de muy diversas formas, respondiendo a las necesidades de cada momento. Se mantiene siempre, sin embargo, como un momento de realización de relaciones sociales, dirigido a la producción social y a la reproducción de la humanidad. Lo que permite afirmar que el trabajo es un poner teleológico del ser social, que lo capacita como ser consciente.

Trabajo concreto y valor de uso ¿Ontología o especificidad histórica?

Este artículo busca explicar las implicaciones teóricas y prácticas de suponer que las categorías de trabajo concreto y valor de uso contienen o involucran la existencia de algún tipo de esencia humana trans-histórica o forma natural con carácter ontológico, esto con la finalidad de superar lo que pudiera entenderse como base ontológica de la dimensión concreta de la sociedad capitalista y reinterpretarla como históricamente específica. Los supuestos que pudieran surgir de ambas interpretaciones son centrales para conocer la naturaleza del trabajo en el capitalismo con implicaciones determinantes en la lucha contra el capital, asimismo niegan o abren la posibilidad de (re)pensar una teoría de la organización revolucionaria.

Comenzaremos analizando la condición necesaria que lleva a pensar que el trabajo concreto y el valor de uso implican algún tipo de esencia con carácter ontológico. El punto de partida de la crítica a la economía política es la mercancía simple, como forma elemental del capital. Marx parece indicar que el trabajo concreto contenido en ella tiene atributos de esencia trans-histórica y supra-étnica[1] y su valor de uso constituye la forma natural de las cosas. Marx (2001) plantea que “los valores de uso forman el contenido material de la riqueza, cualquiera que sea la forma social de esta” (pág. 4) y señala que como trabajo concreto, el trabajo es 
 
condición de vida del hombre y condición independiente de todas las formas de sociedad, una necesidad perenne y natural sin la que no se concebiría el intercambio orgánico entre el hombre y la naturaleza ni por consiguiente la vida humana. (Marx, 2001: 10)
 

Sindicalismo de clase versus Sindicalismo negociador de Estado en el Brasil de la era (pos)Lula

En el contexto de una monumental reorganización del capital –económica, social, política, ideológica y de valores–, ¿cómo viene esbozando respuestas el sindicalismo de clase?
En el caso de Brasil, donde en la década de 1980 había aflorado un nuevo sindicalismo con claro perfil de clase, ¿qué cambios sufrió a lo largo del período de desertificación neoliberal? ¿Qué ha ocurrido durante la última década en el escenario sindical? ¿Cuáles son las experiencias y las posibilidades de un sindicalismo de clase después de los ocho años de gobierno social-liberal de Lula?
 

Clases sociales y trabajo inmaterial

                                                (Versão em português)

El debate sobre la centralidad del trabajo inmaterial y de su fuerza transformadora tomó cuerpo en los últimos decenios e influenció muchas tesis de la economía política y de la sociología del trabajo. El eje central de este debate muestra una línea de raciocinio algo mecanicista: transformaciones en las calificaciones profesionales, en el contenido del trabajo y en la producción habrían alterado la lógica de producción de mercancías, poniendo en jaque a la “ley del valor”, dada la imposibilidad de medición de los productos inmateriales.

A partir de estos presupuestos, un universo de conclusiones derivadas se inserta en el cuadro de este debate. Las dos más contundentes remiten al carácter creativo de la producción inmaterial y a su lógica anticapitalista. En estos términos, la producción inmaterial sería la propia antesala de las fuerzas sociales contrarias a la reproducción social del capital. El debate se concentra en algunos equívocos teóricos. El primero de ellos está en la relación directa entre producción material y producción física. Se toma la contraposición entre material e inmaterial, considerando al primero como materia física y el segundo como no materia. El segundo, es tal vez el equívoco más importante, es el que considera que la materialidad o la inmaterialidad se caracterizan en base a la utilidad del producto, o así mismo, en el contenido de las calificaciones profesionales de los productores involucrados en el proceso de producción. 

Classes sociais e trabalho imaterial

                                        (Versión en español)

O debate sobre a centralidade do trabalho imaterial e de sua força transformadora tomou nos últimos decênios volume e influenciou muitas teses da economia política e da sociologia do trabalho. O eixo central desse debate indica uma linha de raciocínio algo mecanicista: transformações nas qualificações profissionais, no conteúdo do trabalho e na produção teriam alterado a lógica da produção de mercadorias, colocando a “lei do valor” em xeque dada a impossibilidade de mensuração dos produtos imateriais.

A partir dessa pressuposição, um universo de conclusões derivativas é indicado no quadro desse debate. As duas mais contundentes remetem ao caráter criativo da produção imaterial e a sua lógica anticapitalista. Nestes termos, a produção imaterial seria a própria ante-sala das forças sociais contrárias à reprodução social do capital.
O debate concentra-se em alguns equívocos teóricos. O primeiro deles está na relação direta entre produção material e produção física. Toma-se a contraposição entre material e imaterial, considerando o primeiro como matéria física e o segundo como não matéria. O segundo, e talvez mais importante equívoco, é o de que a materialidade ou a imaterialidade caracterizam-se com base na utilidade do produto ou mesmo no conteúdo das qualificações profissionais dos produtores envolvidos.

Reflexiones críticas acerca de la relación entre precariedad laboral y trabajo asalariado

I. Introducción

Las transformaciones de la sociedad argentina durante el último cuarto del siglo XX, enmarcadas en un proceso de auge de las políticas neoconservadoras, expresaron una profunda reestructuración de las relaciones entre y al interior de las clases sociales.
Los estudios acerca de los cambios operados en el mundo del trabajo nos presentan la imagen de una clase trabajadora fragmentada y amenazada por su posible puesta “en disponibilidad”, contrastando con el carácter homogéneo atribuido a la clase trabajadora durante la etapa previa. A su vez, la mayor debilidad derivada de la heterogeneidad en los regímenes de trabajo parece desarrollarse sobre el trasfondo de una mayor homogeneidad estructural, en tanto cada vez más personas dependen de la venta de su fuerza de trabajo para subsistir.

Durante las últimas décadas, la evolución de los indicadores laborales muestra un cuadro de marcada inestabilidad y deterioro de las condiciones laborales. Dicho deterioro se expresó, entre otros aspectos, en la difusión de contrataciones por tiempo determinado, la existencia de diversos mecanismos de intermediación en la contratación de la fuerza de trabajo (como las agencias de trabajo temporario) y el aumento de los trabajadores sin cobertura social ni aportes jubilatorios. A su vez, en la década del noventa se agudizó la tendencia, presente ya en los años ’80, al descenso de los empleos a tiempo completo y el aumento de los empleos a tiempo parcial. Junto con el crecimiento de la subocupación y de la desocupación se manifiesta otra tendencia, dada por el aumento de los trabajadores sobreocupados. 

Los rostros de Sohn Rethel

 

1. Singular. Es sin duda el adjetivo que le cabe a Sohn Rethel en la historia de la teoría marxista en general y, por qué no, en la de la teoría social en general. Vayan dos anécdotas como testimonio.
Se cuenta que Horkheimer y Adorno tuvieron reacciones opuestas sobre el original del texto capital del autor, Trabajo manual y trabajo intelectual. Adorno, que lo conoció primero, lo valoró como admirable. Lo envió él mismo a su amigo, director del Instituto de Frankfurt, y éste lo rechazó casi de plano. Las idas y vueltas de estas apreciaciones opuestas hicieron que la publicación se demorara largamente, y que Sohn Rethel tuviera que hacer no pocas modificaciones para que la edición se concretara.
Por otro lado, en tiempos de exilio tocó al autor de esta nota saber del pensamiento de Sohn Rethel a través de la revista Dialéctica, que se publicaba por entonces (1979) en la Universidad Autónoma de Puebla (que luego ha agregado al inicio de su nombre la cualidad de “Benemérita”, lo cual ha convertido a su sigla en BUAP), donde se sigue hoy publicando. El ya por entonces ex-Partido Comunista Mexicano dirigía esa universidad, y había en ella un conglomerado de pensamiento marxista por vía de diversos investigadores presentes en Facultades e Institutos. Oscar del Barco era uno de ellos; había pertenecido al conocido grupo “Pasado y Presente” en Argentina (junto a Aricó y Portantiero, entre otros), y se interesó por el autor alemán. Valga el señalamiento de que Del Barco abandonó luego el marxismo tras su retorno a Argentina, y en tal condición protagonizó un áspero y sonado debate en torno al tema de la violencia política de los setentas, unos años atrás.

Sobre el tiempo del trabajo abstracto

Marx aborda el tema del trabajo abstracto en el capítulo I de El capital, y apenas se refiere a él en los posteriores. Su concepto de trabajo abstracto es ambivalente. Lo define en términos fisiológicos, sin vincularlo con lo social, e insiste en que es una forma de trabajo específicamente capitalista. Sostiene que el trabajo abstracto es una “realidad puramente social” que sólo puede aparecer en las relaciones sociales “entre mercancías” (Marx, 1983: 54), y lo define también en términos fisiológicos como “el gasto productivo de cerebro, nervios y músculos del hombre” (ibíd.: 51). Las consecuencias políticas de estas definiciones particulares son tremendas. La tradición marxista ortodoxa ‑desde la segunda y la tercera internacionales hasta los intentos actuales por convertir la crítica de la economía política de Marx en una ciencia económica marxista‑ en general acepta la definición fisiológica de trabajo abstracto. En cambio la tradición crítica marxista, que se guía por el redescubrimiento post 1968 de la teoría del valor hecho por Rubinstein, considera que el trabajo abstracto es una forma de trabajo específicamente capitalista. Sostengo que la categoría de trabajo abstracto es histórica. Las conclusiones que se derivan de esta postura tienen implicancias políticas 

Las formas concretas del trabajo abstracto

Autor(es)

 

Hasta el presente, el concepto marxiano de trabajo abstracto ha atraído muy poco la atención de los comentaristas de Marx. Por ejemplo, en el artículo “Trabajo” del Diccionario Crítico del Marxismo, Jaques Bidet le consagra solamente algunas líneas y no menciona de ninguna manera los problemas que el mismo suscita.[1] Sin embargo Marx subraya desde el comienzo en El Capital la importancia de esta noción y su carácter propiamente revolucionario desde el punto de vista de la comprensión de los fenómenos económicos en el marco de las relaciones capitalistas de producción, diciendo:

Nadie, hasta ahora, había puesto de relieve críticamente este doble carácter del trabajo representado por la mercancía. Y como este punto es el eje en torno al cual gira la comprensión de la economía política, hemos de detenernos a examinarlo con cierto cuidado.[2]

 

La dialéctica entre el trabajo concreto y el trabajo abstracto

 

 I
 
Es muy conocido el párrafo decisivo de El capital en el que Marx presenta su concepción de trabajo. Distinguiendo al peor arquitecto o maestro mayor de obras de la mejor abeja, afirma que el constructor obtiene
un resultado que antes de comenzar el proceso existía ya en la mente del obrero; es decir, un resultado que tenía ya existencia ideal. El obrero no se limita a hacer cambiar de forma la materia que le brinda la naturaleza, sino que, al mismo tiempo, realiza en ella su fin, fin que él sabe que rige como una ley las modalidades de su actuación y al que tiene necesariamente que supeditar su voluntad.[1]
Dice también que:
Como creador de valores de uso, es decir como trabajo útil, el trabajo es, por tanto, condición de vida del hombre, y condición independiente de todas las formas de sociedad, una necesidad perenne y natural sin la que no se concebiría el intercambio orgánico entre el hombre y la naturaleza ni, por consiguiente, la vida humana.[2]
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