Teoría política

La teoría de la revolución de John Holloway y la dialéctica del zapatismo

Resumen

En los primeros apartados (I-VII) de este artículo nos proponemos exponer en forma muy breve las principales ideas expuestas en la teoría de la revolución y emancipación social de John Holloway, entre ellas, las del grito, el hacer, el no-poder ylas grietas. En los subsiguientes apartados (VIII-X) abrimos un espacio para la reflexión de dichos planteamientos, buscando incorporar la idea de destotalización en la discusión como aspecto significativo para el cambio social, al igual que ciertas facetas de la experiencia zapatista.

Una construcción posible de mundos

 
Ángeles Eraña, Instituto de Investigaciones Filosóficas, UNAM
 
 
Introducción
 
El debate acerca de si la transformación de la realidad requiere de la destrucción del sistema que le da forma y la viste, o simplemente precisa el reacomodo de las partes que lo conforman es añejo. Ha llenado muchas páginas de revistas, diarios, etc. En este artículo abordaré la problemática desde otra perspectiva: lo que se necesita para una transformación profunda es construir otro mundo.
Esta edificación precisa trabajo conjunto e imaginación colectiva. Necesita del pensamiento crítico y de la organización. Aquél tendrá que bosquejar uno o muchos mundos nuevos, diferentes del actual, inéditos; esta última tendrá que edificarlos. Pero ni lo uno ni lo otro puede hacerse por separado ni con las reglas o principios del orbe que habitamos hoy día. Cada vez que las usemos actuaremos y pensaremos como se actúa y se piensa en este mundo y, en este sentido, seguiremos siendo quienes en él habitan. Seremos esos contra los que hemos luchado, contra los que bregamos.
Es necesario formular nuevos cuestionamientos, reformular viejos interrogantes de modo que ellos abran camino al pensamiento. Aquí, en concreto, me interesa abordar las siguientes tres preguntas: ¿quiénes somos?, ¿quiénes queremos ser? y ¿quiénes podemos ser en qué mundo? Lo haré desde una perspectiva filosófica que abreva tanto de la psicología cognitiva y social, como de la sociología clásica y, muy en particular, del pensamiento zapatista.

John Holloway y el problema de la revolución

 
El presente artículo se enfoca en la naturaleza de la revolución tal como lo ha planteado John Holloway en su libro Cambiar el mundo sin tomar el poder. Considerando la polémica surgida a raíz de la publicación de éste (publicadas en la Revista Herramienta), así como las reflexiones que el mismo autor continuó en Agrietar el capitalismo y en otros artículos, se intenta poner de relieve un problema implicado en su idea de revolución: se trata del problema de la inocuidad, de la realización de actividades que más se acercan a la indiferencia que a la revolución. De modo que el texto se divide en tres partes: 1) una breve exposición de los argumentos de Holloway, algunos de sus puntos más interesantes y la relación que mantiene con la filosofía, la historia y la teoría política marxista; 2) presentación de la crítica que Hannah Arendt realizó a Marx en La condición humana, que permitirá establecer un criterio para juzgar las actividades propuestas por Holloway respecto de su “revolución”; 3) en base de los argumentos anteriores, se plantea una crítica constructiva con la única intención de profundizar en los intereses que mueven a Holloway, porque son intereses compartidos.

La representación política. De campañas, creencias, mudanzas y migraciones.

 

Non mi far vedere che tortura questa campagna elettorale.
Speriamo che finisca presto…
D´Alema dì una cosa, dì qualcosa.
Nanni Moretti, film Aprile.
 
 
 
1994. El candidato mudo.
 
1994. Según muchos fecha de nacimiento de la apropiación de la política como espectáculo fue el triunfo de Berlusconi en Italia. Quizá también lo fue del alumbramiento del candidato mudo.
Aprile es un film de Nanni Moretti de 1998. Como muchos suyos es casi autobiográfico.

Alteridad y/o gubernamentalidad

 
A Edgardo Lander
  
La tesis de la que partimos para abordar el análisis de los llamados gobiernos progresistas de Sudamérica es la siguiente: los gobiernos progresistas manifiestan y estructuran la forma de gubernamentalidad clientelar (Prada Alcoreza, 2014f). Esta forma de gubernamentalidad es ocasionada por las movilizaciones sociales anti-sistémicas, en su forma de expresión política anti-neoliberal. La gubernamentalidad clientelar o populista ensancha, en principio, los derechos democráticos, adquiriendo extensión, profundización, incluso la condición de nuevas generaciones de derechos, como los derechos colectivos y los derechos de la madre tierra. Estas son concesiones del poder a la potencia social; empero, ahí quedan, pues, después, la gubernamentalidad clientelar busca incorporar las representaciones sociales a la institucionalidad estatal, a las lógicas del poder, incluso a las prácticas perversas del poder. Formar clientelas con asistencias, con paternalismos, con bonos, con muestras afectivas, es la estrategia fundamental de reproducción del poder de esta forma de gubernamentalidad, que reproduce el Estado por medios efusivamente populistas. En una tercera etapa, la forma de gubernamentalidad clientelar se comporta como los encierros disciplinarios para contener la latencia o los desbordes sociales. Esta es su fase represiva, incluso dentro de las propias filas.

El ocaso de un proyecto engañador

 
                                
                               (versão em português) 
 
¿No estará él [el PT] marchando a favor de la corriente interna y mundial que favorece a los partidos ‘neoliberales’ (eufemismo que designa partidos reaccionarios y conservadores) y los partido social-demócratas, que se identifican con un ‘socialismo de cohabitación’, instrumental para la reforma del capitalismo?
                                                                                                                                        (Fernandes, 1991)
 

O ocaso de um projeto enganador

 
               (versión en español)
 
 
Não estará ele [o PT] marchando a favor da corrente interna e mundial que favorece os partidos ‘neoliberais’ (eufemismo para os partidos reacionários e conservadores) e os partidos social-democráticos, que se identificam com um ‘socialismo de coabitação’, instrumental para a reforma do capitalismo?
Florestan Fernandes, O PT em movimento, 1991.
 

La Izquierda: fin de una época. Desde la experiencia francesa y ahora Syriza y Podemos

 
Vivimos el fin de una época. La crisis abierta a finales de 2008 arrastra en una espiral depresiva todas las corrientes de izquierda y del movimiento obrero, incluso cuestionando la existencia de la izquierda tradicional. Pero, ¿de qué izquierda y de qué movimiento obrero hablamos?
La crisis actual del sistema capitalista puede generar luchas y revueltas sociales como demostraron las jornadas de huelga en Grecia, el movimiento de los indignados y las mareas en el estado español, las manifestaciones sindicales en Bélgica, Italia o Gran Bretaña. Las experiencias de Syriza y Podemos, fuera de la izquierda tradicional, expresan igualmente el potencial de reorganización política contra las políticas de austeridad. Pero estas incursiones radicales no consiguen invertir la impresionante curva de las derrotas sociales y políticas: los efectos disgregadores de las políticas de austeridad sobre las condiciones de vida de millones de personas asalariadas, descenso de la combatividad, retroceso de las conciencia socialista, estancamiento de los efectivos sindicales o desindicalización, derrotas electorales cuando no el hundimiento de la socialdemocracia convertida en social-liberal, declive histórico de los partidos posestalinistas, crisis aguda de la izquierda revolucionaria.

Izquierda tradicional y nueva izquierda: algunas aclaraciones

Autor(es)

 
Introducción
 
Me propongo examinar un equívoco subyacente a la distinción entre las formaciones ideológico-políticas que en los últimos años suelen nombrarse como “izquierda tradicional” y “nueva izquierda”. Esa diferenciación entre izquierdas supone una divergencia en el modo de comprender su relación con la historia secular de la izquierda y con su siempre incierto porvenir. Pues si la izquierda tradicional (IT) se ajusta cómodamente con una parte de su pasado, la nueva izquierda (NI) se piensa como un cambio paradigmático, superador de lo agotado que conviene relegar.
Voy a explicar por qué –en nuestra situación histórico-política– la mencionada distinción es injustificable a la luz de un análisis riguroso del concierto conceptual que hermana a sus términos. La distinción entre IT y NI, al menos de acuerdo al modo en que se constituyó en Occidente durante las dos últimas décadas, es inadecuada. Argumentaré que la NI procede a través de una lógica de la inversión, sin inquietar dicotomías básicas compartidas con la IT. Lo dañino es que la tenacidad de tales dicotomías menoscaba las chances de una reconstitución de la izquierda. Por lo tanto el propósito de construir una nueva izquierda no solo persiste como aspiración futura, sino que su consumación –que no puede hacerse sin tramitar de un modo no reactivo su relación con la IT– requiere un desplazamiento de la negativa en la NI a comprender de un modo no meramente negativo la historia de la izquierda en el último siglo. No habrá una nueva izquierda real sin la autosuperación de la vieja izquierda y una revisión del carácter “antiguo” que subyace en la lógica política de la mal llamada “nueva izquierda”.
Por razones de espacio no puedo dialogar con numerosos ensayos dedicados a convalidar nociones como “izquierda independiente”, “nueva izquierda” o “izquierda autónoma”. Espero poder hacerlo en otro ensayo.

Diez tesis sobre la extrema derecha en Europa

Autor(es)

 
Miércoles 4 de junio de 2014
 
I. Las elecciones europeas han confirmado una tendencia que veníamos observando desde hace algunos años en la mayoría de países del continente: el espectacular crecimiento de la extrema derecha. Se trata de un fenómeno sin precedentes desde los años 30 del siglo XX. En varios países, este movimiento obtenía entre el 10 y el 20%; hoy, y en tres países –Francia, Inglaterra, Dinamarca–, ya alcanza entre el 25 y el 30% de los votos. En realidad, su influencia es más vasta que su electorado: contamina con sus ideas la derecha “clásica” e incluso una parte de la izquierda social-liberal. El caso francés es el más grave, el avance del Frente Nacional supera todas las previsiones, incluso las más pesimistas. Tal como decía el sitio “Mediapart” en un editorial reciente, “El tiempo se acabó”.
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