Teoría política

Izquierda tradicional y nueva izquierda: algunas aclaraciones

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Introducción
 
Me propongo examinar un equívoco subyacente a la distinción entre las formaciones ideológico-políticas que en los últimos años suelen nombrarse como “izquierda tradicional” y “nueva izquierda”. Esa diferenciación entre izquierdas supone una divergencia en el modo de comprender su relación con la historia secular de la izquierda y con su siempre incierto porvenir. Pues si la izquierda tradicional (IT) se ajusta cómodamente con una parte de su pasado, la nueva izquierda (NI) se piensa como un cambio paradigmático, superador de lo agotado que conviene relegar.
Voy a explicar por qué –en nuestra situación histórico-política– la mencionada distinción es injustificable a la luz de un análisis riguroso del concierto conceptual que hermana a sus términos. La distinción entre IT y NI, al menos de acuerdo al modo en que se constituyó en Occidente durante las dos últimas décadas, es inadecuada. Argumentaré que la NI procede a través de una lógica de la inversión, sin inquietar dicotomías básicas compartidas con la IT. Lo dañino es que la tenacidad de tales dicotomías menoscaba las chances de una reconstitución de la izquierda. Por lo tanto el propósito de construir una nueva izquierda no solo persiste como aspiración futura, sino que su consumación –que no puede hacerse sin tramitar de un modo no reactivo su relación con la IT– requiere un desplazamiento de la negativa en la NI a comprender de un modo no meramente negativo la historia de la izquierda en el último siglo. No habrá una nueva izquierda real sin la autosuperación de la vieja izquierda y una revisión del carácter “antiguo” que subyace en la lógica política de la mal llamada “nueva izquierda”.
Por razones de espacio no puedo dialogar con numerosos ensayos dedicados a convalidar nociones como “izquierda independiente”, “nueva izquierda” o “izquierda autónoma”. Espero poder hacerlo en otro ensayo.

Diez tesis sobre la extrema derecha en Europa

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Miércoles 4 de junio de 2014
 
I. Las elecciones europeas han confirmado una tendencia que veníamos observando desde hace algunos años en la mayoría de países del continente: el espectacular crecimiento de la extrema derecha. Se trata de un fenómeno sin precedentes desde los años 30 del siglo XX. En varios países, este movimiento obtenía entre el 10 y el 20%; hoy, y en tres países –Francia, Inglaterra, Dinamarca–, ya alcanza entre el 25 y el 30% de los votos. En realidad, su influencia es más vasta que su electorado: contamina con sus ideas la derecha “clásica” e incluso una parte de la izquierda social-liberal. El caso francés es el más grave, el avance del Frente Nacional supera todas las previsiones, incluso las más pesimistas. Tal como decía el sitio “Mediapart” en un editorial reciente, “El tiempo se acabó”.

A propósito de la sobre-población y del proletariado

Una mañana de 1930, en la ciudad industrial de Osaka, Koh Joon-Sok se despierta en su pequeña pieza individual de obrero coreano. Desde hace más de un mes, endeudado con el propietario, sin éxito, busca un empleo. Al igual que muchos coreanos dejó su lugar de nacimiento a raíz de la imposición a gran escala de la cultura del arroz bajo la colonización japonesa. Esto provocó no sólo numerosas expropiaciones sino también un gran éxodo rural hacia las ciudades japonesas. Esta población coreana “excedente”, que aumenta y no encuentra trabajo en las grandes unidades de producción se limita esencialmente al trabajo de la jornada o al empleo que jamás está garantizado. Koh, uno de ellos, espera poder encontrar trabajo en Osaka para poder ayudar a su familia coreana. Pero, después de haber sido despedido de su primer empleo tuvo que renunciar al segundo, por causa de los incesantes insultos racistas y, posteriormente, fue dado de baja de un tercer empleo por una falta menor con lo que ya no pudo más subsidiar a su familia. Mientras tanto, se desarrolla un discurso político que concierne a lo que el gobierno japonés califica de “problema coreano”. La incapacidad de la economía japonesa –entonces en crisis – de absorber esta mano de obra “sobre-poblada” precaria y casi exclusivamente coreana, permitió la emergencia de un discurso contra la migración y por el reforzamiento del control de esta “sobre-población” en el sistema de desempleo y de asistencia social. Las políticas públicas acentuaron la racialización de los problemas económicos a los que se tuvieron que enfrentar las poblaciones coreanas. En realidad, la situación de Koh es ilustrativa respecto de la manera en que, por lo general, se superponen el aumento del desempleo o la precariedad bajo el capitalismo y la fragmentación del proletariado a través de sus dimensión étnicas y de género. El ejemplo de Koh –nos dice Kawashima– esclarece tanto en los debates teóricos como políticos referentes a las “sobre-poblaciones”, la contingencia en la relación entre trabajo y capital, la pobreza y la segmentación del asalariado.

¡Comunicemos!

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Tiene que ser un verbo, ¿o no? Un sustantivo no puede expresar el tipo de sociedad que queremos. Un organizar social autodeterminante no puede ser contenido en un sustantivo. La noción de comunismo como sustantivo es un sinsentido peligrosamente autocontradictorio. Un sustantivo sugiere cierta fijación que sería incompatible con la constante autocreación colectiva. Un sustantivo excluye el sujeto activo, mientras que la razón de ser del mundo que queremos es que el sujeto social activo esté en el centro.
La nuestra es la revuelta de los verbos contra los sustantivos. Ésta es la revuelta del ser capaz de en contra del poder. El movimiento de la autodeterminación (o del comunizar) contra la determinación alienada difícilmente pueda existir de otra manera. La determinación alienada es la reclusión de nuestras vidas en coagulaciones, barreras, reglamentaciones, fronteras, hábitos. En otras palabras, dentro de formas sociales, que son los moldes en los que se rigidiza la acción humana.

Requisitos estratégicos

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Los agentes históricos, al conquistar su
auto-emancipación colectiva elegirán los
rumbos y la forma de la nueva sociedad.
Florestan Fernandes
 
Miedo es dejar de sembrar por temor los pájaros.
Henry Miller
 
I
No existe una fórmula general para el socialismo. No existen, ni es necesario ni bueno que existan, formas orgánicas absolutas (o programas) aplicables eficazmente a condiciones de tiempo y lugar distintas. El socialismo tiene tantos rostros como espacios y tiempos en los que germina con autenticidad, es decir: con raigambre, radicalidad y potencia emancipadora. Esta trilogía, a la que consideramos fundante de la autenticidad de todo proceso y proyecto que se asuma como socialista, también incluye una “fe”.

Desde abajo, desde arriba y a la izquierda. Cambiar el mundo transformando el poder y... la sociedad

Una reflexión sobre este laboratorio latinoamericano en términos de experiencias democráticas, autogestionarias, participativas, y potencialmente emancipadoras, como las que aquí se presentan, se muestra rica en pistas sobre toda una serie de cuestiones: relación entre autonomías sociales y Estado, relación entre movimientos, partidos e instituciones, formas de organización de las clases populares y relaciones entre lo local, lo nacional y lo global, relación con el mercado así como con otros sectores sociales subalternos, etcétera. Desde hace algunos años, están muy presentes en América Latina los debates en torno a cómo “cambiar el mundo” (Whitaker, 2006), pero también sobre la relación que las diversas modalidades de transformación social entablan con el Poder.
Algunos analistas y militantes han sido seducidos por la idea de construir un “antipoder”, o un contra-poder, basado únicamente en la autonomía de los movimientos sociales, de las “multitudes” y de espacios comunitarios autogestionados. Podemos encontrar estas ideas, con sensibilidades diferentes, en Toni Negri, Miguel Benasayang y, sobre todo, John Holloway.

La revolución hoy implica ser anticapitalista y anti-Estado

 
Los pensamientos que pretenden llevar
a nuestro mundo en nombre de la
revolución se han convertido en realidad
en ideologías de consentimiento, no de
rebelión. He allí por qué nuestro tiempo
es el de las técnicas privadas y públicas de
aniquilamiento... la revolución, obediente
al nihilismo, se ha vuelto, en efecto,
contra sus orígenes rebeldes.
Albert Camus, a cien años de su natalicio

Indignados

 
                              (versione italiana)
 
La actual crisis del sistema capitalista está abriendo panoramas imprevisibles hasta hace algunos años, porque parece una crisis definitiva del sistema dominante o, por lo menos, una crisis que empujará a una reestructuración del mismo sistema. El movimiento global de los Indignados nació, imprevisiblemente, a consecuencia de esta crisis y se desarrolló en situaciones extremadamente distintas y en lugares diferentes del globo. Indignados no son sólo los jóvenes españoles que han ocupado las plazas de las principales ciudades españolas o los jóvenes israelíes que acamparon en el centro de Tel Aviv o el movimiento Occupy Wall Street en Nueva York, sino que también son los jóvenes egipcios, tunecinos y libios que se han levantado contra sus regímenes dictatoriales. Podremos, entonces, considerar Indignados también a los jóvenes sirios que luchan contra un sistema dictatorial brutal y sanguinario, así como a los rusos que protestan contra un régimen que es democrático sólo en apariencia y que en realidad es autoritario y se está transformando en una verdadera dictadura, e incluso a los húngaros democráticos que se enfrentan a un gobierno fascista, racista, nacionalista y etnocéntrico. Ser Indignado significa hoy estar contra el capitalismo globalizado, por motivos muy diversos, pero substancialmente porque no se puede proyectar ningún futuro. Ser Indignado significa negociar los derechos mínimos vitales que se han vuelto totalmente incompatibles con la reproducción del capital, del sistema político y económico dominante. En este punto de nuestra lucha política, los Indignados han expresado al tiempo un rechazo completo de la sociedad de consumo y una profunda atención respecto de la cuestión ambientalista, con lo que han puesto en discusión dos de los principios de la reproducción del sistema dominante. Quisieran poder integrarse al sistema económico dominante pero, en tanto excluidos del mismo, ponen en discusión sus rasgos más esenciales, aunque aún no tienen un proyecto económico alternativo.
Su protesta parte de una toma de posición individual, inspirada por un comportamiento conveniente (καθεκοντος, que sería lo que el sujeto individual llega a concebir de sí mismo) para alcanzar sus objetivos de protesta. Es un comportamiento inspirado en el decoro (decorum, que es una máscara pero que también significa “dignidad”), que se une a un comportamiento análogo de otros sujetos que también se encuentran en estado de rebelión, hasta el punto de transformarse en un comportamiento colectivo. Todo estos sujetos, en estado de rebelión, tienden a la búsqueda de lo que es justo hacer (officium) en las condiciones y situaciones en las que se encuentran, lo que es un deber social; por lo tanto también lo que es apropiado (decorum) para los fines de la lucha, un comportamiento subjetivo comunitario. Nos encontramos ante la elaboración de un nuevo modo de comportamiento individual y colectivo, un comportamiento individual que se exhibe en público y se transforma en modelo de comportamiento difundido, como sucedió en el caso de las protestas juveniles de 1968.

Indignados

 
                              (versión en español)     
 
L’attuale crisi del sistema capitalistico sta aprendo panorami imprevedibili fino a qualche anno fa, perché pare una crisi definitiva del sistema dominante, o quanto meno una crisi che costringerà a una ristrutturazione del sistema stesso. Il movimento globale degli Indignados è nato, imprevedibilmente, in conseguenza di questa crisi e si è sviluppato in situazioni estremamente diverse e in luoghi diversi del globo. Indignados non sono soltanto i giovani spagnoli che hanno occupato le piazze principali delle città spagnole o i giovani israeliani che si sono accampati nel centro di Tel Aviv o il movimento Occupy Wall Street a New York, ma anche i giovani egiziani, tunisini, libici che hanno rovesciato i loro regimi dittatoriali. Potremmo, quindi, considerare Indignados anche i giovani siriani che lottano contro un sistema dittatoriale brutale e sanguinario; o ancora potremmo considerare Indignados i russi che protestano contro un regime, solo apparentemente democratico, in realtà autoritario, che si sta evolvendo verso una vera e propria dittatura; o ancora gli ungheresi democratici che contestano un governo fascista, razzista, nazionalista ed etnocentrico. Essere indignado significa oggi essere contro il capitalismo globalizzato per motivi diversissimi, ma sostanzialmente perché non si può più progettare alcun futuro. Essere indignado significa negoziare i diritti minimi alla vita che sono diventate totalmente incompatibili con la riproduzione del capitale, del sistema dominante politico ed economico. A questo punto della loro lotta politica gli Indignados hanno espresso, allo stesso tempo, un rifiuto completo della società di consumo e una profonda attenzione verso la questione ambientalista; hanno messo in discussione due principi della riproduzione del sistema dominante. Vorrebbero poter essere integrati nel sistema economico dominante, ma essendo nella condizione di esclusi dal sistema, ne mettono in discussione i tratti più essenziali, ma non hanno ancora un progetto economico alternativo a quello del sistema dominante.

Cuando “la política pasa al frente de la historia”: Gramsci y Benjamin en el pensamiento de Daniel Bensaïd

                                     (versão em português)
 
 
“A todo momento, ustedes suponen otro momento siguiente que no es aquel que acontece: a todo
presente imaginario en que se colocan, imaginan otro futuro que no es aquel que se realizó”
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