Teoría política

Nuevo patrón de legitimidad en América Latina: Aporías y soluciones

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Introducción
 
Además de constituir una relación de dominio, el Estado también es una organización de la comunidad, en donde juega un papel central el proceso por el cual los que obedecen reconocen el derecho de ordenar a los que mandan.
En las últimas tres décadas del siglo XX, América Latina asistió al agotamiento de una relación mando-obediencia en torno a la protección que el Estado ejercía sobre amplios sectores sociales, vía políticas de empleo, beneficios sociales en materia de salud, educación y vivienda, protección laboral y seguridad social. Este remedo en condiciones de dependencia del Estado benefactor, que alcanza forma en las economías centrales, permitió la conformación de amplias alianzas sociales que –bajo el cuadro de una onda cíclica recesiva a nivel del sistema mundial y de recesión en la región– se hicieron onerosas para el capital.
Con la puesta en marcha de nuevas formas de reproducción, en el contexto de una reorganización de la división internacional del trabajo, los sectores dominantes en la región buscaron restablecer la relación mando-obediencia sobre nuevas bases, haciendo de la ciudadanización, el voto, las elecciones y la transición a la democracia, los ejes de un nuevo patrón de legitimidad. La brutal guerra contrainsurgente llevada a cabo bajo formas militares y civiles desde la década de los años sesenta abría –en los cálculos de los sectores dominantes– un amplio espacio para transiciones sin sobresaltos políticos. 

Operatividad de la biopolítica. Ámbito de historicidad

 Agradezco a mi hija Ana Logiudice su orientación en la lectura de Foucault.

 
1. La sospecha
 
Cuando escribí Agamben y el estado de excepción intuí que la expresión biopolítica tenía algo de redundancia. Me preguntaba a qué otra cosa se podía referir la política sino a la vida. Me conducían a ello las lecturas de Negri y de Agamben, donde sospeché cierto abuso. Es decir una utilización de una generalidad tal que todo podía ser biopolítico. De ese modo, en la indistinción, su operatividad determinativa se nulificaba. Tanto desde el ángulo de la especificidad histórica, como de su fecundidad política.
El librito se publicó y allí quedó el asunto. Insatisfecho. Molesto por el estado de sospecha y la imprecisión de lo meramente intuido. En suma, duda e inquietud.
Tal como parece, si no quién acuñó la expresión, al menos quien la hizo célebre fue Foucault. Ineludible, entonces, bucear allí. Al menos en lo que está traducido hasta ahora al castellano. 

La política de la liberación y los alcances de un nuevo paradigma que se anuncia desde los márgenes

La precondición para pensar políticamente a escala global es reconocer la integralidad del sufrimiento innecesario que se vive. Éste es el punto de partida.

John Berger
 
Luego de su monumental obra Ética de la liberación en la edad de la globalización y la exclusión (Dussel, 1998), Enrique Dussel se puso a cuestas la tarea de formular una “Política de la liberación” en la que, en primer lugar, retoma lo ya abordado sobre el tópico en el tomo IV de su ética escrito en la Universidad Nacional de Cuyo (Mendoza, Argentina, 1974), pero publicado en 1979 en Colombia (Dussel, 1979), alcanzando una formulación de carácter sistemático e histórico que apenas aparecía en esbozo (comparada con la formulación actual), pero que ya estaba anunciada y en germen, en aquel trabajo escrito hace ya 35 años.

“La fuerza transformadora del kirchnerismo" Elecciones 2009: el kirchnerismo frente al espejo, la (ir)resolución del 2001

1. Al principio, el final: “Hubo un día en que nos dimos cuenta de que la hegemonía menemista no había terminado”

 
A pocos días de haberse sucedido las elecciones del 28 de junio (28J) de 2009, un militante de una vertiente del peronismo kirchnerista[2] me dijo en una entrevista informal: “Con las elecciones, nos dimos cuenta de que el menemismo[3] es una fuerza cultural, social, económica y política que está presente en todos los sectores sociales. Nosotros pensábamos que después del 2001, y con Néstor[4] después, eso había quedado sepultado. Hoy, gracias a las elecciones, vimos que el menemismo era mucho más fuerte (…) Hubo un día en que nos dimos cuenta de que la hegemonía menemista no había terminado”, ese día fue (¿tardíamente?) el 28 de junio de 2009.

 

Estados Unidos: ¿poder en decadencia o hiperpotencia? Reportaje a Gilbert Achcar

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La bréche: El desastre que caracteriza el fin de la administración republicana de G. W. Bush relanza la discusión sobre el estatus de "hiperpotencia" de los Estados Unidos o de su declinación ¿puedes poner en perspectiva este debate?

Gilbert Achcar: La noción de hiperpotencia, atribuida a Hubert Védrine, antiguo Ministro de Relaciones Exteriores del gobierno francés de Lionel Jospin (1997-2002), describe la imagen con la que aparecían los Estados Unidos después de la primer Guerra de Irak de 1990-91. Esta noción, que hizo escuela, remite a la del surgimiento de un "mundo unipolar" con la parálisis creciente de la Unión Soviética y su posterior desaparición ?o más bien de un "momento unipolar" según la expresión más prudente el editorialista norteamericano neoconservador Charles Krauthammer. El año 1991 es un año bisagra, un año cargado de símbolos que están ligados a reales mutaciones: no solamente el hundimiento de la URSS sino también la primera guerra del Golfo, una guerra decisiva en la configuración de lo que será la post Guerra Fría.

Hegemonía y democracia entre Estado y Sociedad Civil


Con la noción de "Estado integral" Gramsci toca quizás el punto más alto de su genio teórico. ¿Pero esta noción podría ser, al mismo tiempo, la más incierta y aún contradictoria? Cierta imprecisión, particularmente en torno al concepto de sociedad civil ("fluctuante", según Stuart Hall) se mantiene en él, pero sobre todo en sus intérpretes; y más aún, en el uso que actualmente se hace de la expresión. No se equivocaron Simone Chambers y Jefrey Kopstein al sostener, observando sobre todo nuestro presente, que puede haber una bad civil society: lo subraya un estudioso de la Universidad brasileña de Campinas, Álvaro Bianchi[1].

Modernidad y cambio social. Dos hipótesis de revolución y sus consecuencias

Hacer época no es intervenir pasivamente en la cronología, es interrumpir el momento.

Walter Benjamin

Un proyecto emancipatorio puede ser definido de múltiples modos: por el sujeto social que interpela, por su concepción de transformación, por el futuro que proyecta, entre otras cosas. Todos estos elementos constituyen lo que podría denominarse una narrativa. Esta supone un modo de ordenar el mundo que se pretende transformar y una distribución de lugares y roles en dicha tarea. En tal sentido, construye un sujeto[1] a partir de las potencialidades específicas de una fuerza social que es considerada capaz de subvertir la totalidad, postulando una relación determinada entre el sujeto y el todo, otorgando de este modo mayor o menor relevancia política a diferentes actores sociales.

Paro agropecuario y Post-Kirchnerismo

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Mayo de 2008

En la Argentina, el enfrentamiento entre el gobierno de Cristina Kirchner y los productores agropecuarios representados por la Federación Agraria Argentina (FAA), Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), CONINAGRO y la Sociedad Rural Argentina (SRA), ha provocado una crisis política, que mereció y merece distintas interpretaciones.

El Movimiento Agrario Misionero en los años setenta. Protesta, movilización y alternativas de desarrollo rural


Introducción

En la provincia de Misiones, así como en el resto de las provincias del nordeste argentino, asistimos en la primera mitad de los años setenta a la aparición de un movimiento agrario de pequeños y medianos productores que comenzaron a movilizarse en defensa de lo que ellos consideraban sus derechos, en el contexto de un capitalismo argentino en transformación hacia lo que luego se identificó como "política de apertura económica", que implicaba, entre otras cosas, una profundización de la crisis en las economías regionales que recaía sobre la clase obrera pero también sobre los estratos más bajos de la burguesía agraria e industrial. El Movimiento Agrario Misionero, tal el nombre del movimiento principal que emerge en 1971, se constituye en el referente provincial de lo que fueron las Ligas Agrarias del Nordeste[1], que constituyeron, sin lugar a dudas, la máxima expresión de la lucha social en el ámbito rural en esa década en la cual parecía estar muy cerca el camino definitivo hacia la revolución social. Además de las diferencias y particularidades estructurales de la economía misionera en relación con las otras provincias del nordeste, el MAM constituyó el único movimiento agrario regional que aún hoy persiste como tal, siendo además por aquellos años el único integrante de las Ligas Agrarias que tuviera a su vez desprendimientos que dieran lugar a la creación de otros movimientos agrarios dentro del ámbito de una misma provincia.

«A la conquista de la clase obrera. Los comunistas y el mundo del trabajo en la Argentina, 1920-1935», de Hernán Camarero

Buenos Aires, Siglo XXI Editora Iberoamericana, 2007, 397 páginas.

Desde fines del siglo XIX y hasta la llegada del peronismo al poder, el movimiento obrero argentino fue protagonista de luchas trascendentales. En aquellos años, este sector se retroalimentó de diversas corrientes políticas que moldearon su ideología e influyeron en su grado de radicalización. Dentro de ese bagaje de ideas que aportaron el anarquismo, el socialismo y el sindicalismo, están también las que animó el comunismo en la primera mitad del siglo XX. Teniendo presente tal contexto histórico, el historiador Hernán Camarero se propone responder básicamente dos preguntas: ¿cuándo y por qué el Partido Comunista de la Argentina (en adelante, PCA) se convirtió en una corriente con peso en el movimiento obrero local? ¿Cómo logró esa inserción? El autor se aboca al estudio del PCA entre 1920 y 1935 y su inserción en la clase obrera, particularmente en el naciente proletariado industrial. El eje de la investigación se coloca en el denominado mundo del trabajo y, en este caso, busca analizar por un lado, la influencia comunista en las luchas obreras por mejoras materiales y en la construcción de herramientas sindicales y, por otro lado, el rol del PCA en la denominada cultura obrera, es decir, aquellas construcciones que si bien parten de lo político, apuntan a la instrucción, la recreación y la sociabilidad de los trabajadores.

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