Argentina

Argentina: Claves para interpretar un momento de cambios

 
Aquel interminable “año electoral” que fuera 2013 quedó ya muy atrás. La derrota del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner reveló, reconfiguró y agudizó viejos problemas,[1] de modo tal que el país ingresó en una vorágine de incertidumbres y tensiones que anticipa y condiciona el recambio presidencial previsto para 2015. El gobierno imaginaba un diciembre de festiva conmemoración por los “30 años de democracia”, pero resultó ser un mes de crispación y angustias: motines policiales que arrancaron fuertes aumentos salariales, ciudades con “saqueos” primero instigados y luego reprimidos por las “fuerzas de seguridad”  que dejaron un saldo de 13 muertos, millones de habitantes sin luz y sin agua durante semanas…

Del 2001 al nuevo conflicto social: una genealogía de la gubernamentalidad actual

 
La crisis de 2001 en Argentina es una fecha actual. Vuelve una y otra vez cada diciembre desde hace más de una década. Como una imagen que evoca algo muy sencillo y muy poderoso a la vez: la crisis como momento constitutivo y locus privilegiado de nuestra actualidad.
Neoliberalismo y crisis siguen siendo, a pesar de todo –es decir, a pesar de la destitución de la legitimidad de las políticas neoliberales después de la reacción popular del 2001 y de la tentativa de un reformismo estatal simultáneo en buena parte de la región– las variables que mejor iluminan no sólo nuestra actualidad, sino también el recorrido a contrapelo de la década larga que nos separa de y nos con aquella fecha. En este sentido, se puede decir al mismo tiempo: transcurrieron doce años de 2001 y del 2001. El 2001 es, en este sentido, no sólo una fecha marcada sino la marca de la inminencia de la crisis, la crisis como virtualidad a la mano.
Nuestra hipótesis es que 2001 no fue, como suele decirse, el fin de una etapa signada por las resistencias contra el neoliberalismo, sino el inicio de otra en la cual el juego político (y, por supuesto, el de las instituciones políticas) tomó como dinámica central la producción de gubernamentalidad. Esa inflexión se debió al modo en que los movimientos sociales y la ocupación de la calle en general se apoderaron de la escena pública.  

Sobre la década kirchnerista

 
1. Frente a la crisis de dominación del capitalismo en la Argentina de principios de siglo –cuyos momentos más destacados se ubican en los años de la insumisión social de 2001 y 2002–, el kirchnerismo fue, en primer lugar y esencialmente, la respuesta estatal-capitalista más eficaz y exitosa para el retorno al encauzamiento institucional y para la neutralización de la rebeldía y los espacios de autodeterminación social que se expresaban multitudinariamente en el grito ¡Que se vayan todos!

El litio en Argentina: de insumo estratégico a commodity

Introducción: el litio como objeto social

 
Es común que, cuando el precio de una materia prima poco conocida crece repentinamente, impulse una serie de abordajes (primero periodísticos, luego académicos) que automáticamente encuentran la explicación del fenómeno en la forma puramente física con que se presenta el nuevo recurso natural. De esta forma, desde hace unos años leemos en Argentina que el litio es el “metal más liviano del mundo”, que sus propiedades físico-químicas son utilizadas en la producción de baterías eléctricas, que a su vez son demandadas no sólo por la industria electrónica sino sobre todo por la industria automotriz para el desarrollo de una nueva generación de vehículos eléctricos. Esto último sería –afirman– lo que otorga a nuestras reservas de litio un nuevo carácter estratégico.[1]
Sin embargo, ni la forma mineral (espodumeno, petalita)ni la forma química(carbonato, cloruro, hidróxido)con que el producto litio se presenta en el mercado, nos revelan la dimensión histórica y social de su emergencia como nuevo valor de uso.

El bloque de poder en la Argentina y el proceso inflacionario

Con posterioridad al derrumbe económico y social acaecido en la Argentina a fines de 2001 y como resultado de la rebelión popular que cuestionó severamente los principios neoliberales vigentes desde 1976, se abrió en el país una etapa política de nuevo tipo. La fracción política que se hizo cargo del estado en el 2003 trató de construir sobre las ruinas del capitalismo neoliberal, una identidad propia que llamó “capitalismo normal o serio”.

Populismo y nueva izquierda. Algunas ideas

Autor(es)

 
Quisiera proponer en estas páginas algunas ideas sobre una serie de problemas de la dinámica política argentina y latinoamericana de los últimos tiempos que considero centrales para la construcción de una nueva izquierda anticapitalista. Estos problemas son los siguientes: ¿cómo caracterizar los procesos políticos desencadenados en varios países latinoamericanos por los ciclos de ascenso de las luchas sociales y de crisis del neoliberalismo?; ¿dónde radican las principales potencias e impotencias de estos procesos, desde una perspectiva anticapitalista?; ¿cómo se ubica y cuál es la naturaleza del kirchnerismo en el marco de estos procesos?; y ¿cuáles son las principales limitaciones que enfrenta nuestra izquierda ante el kirchnerismo? Dedicaré un apartado de los siguientes a cada una de estas preguntas.

Gobernando para el mercado y en contra del mercado: La gubernamentalización del Estado, en la Argentina actual (2003-2012)

 
A modo de introducción
 
El presente artículo tiene por objetivo analizar la singularidad que cobra el proceso de gubernamentalización del Estado[1], en la Argentina actual (2003-2012). El hilo conductor se encuentra en cómo se reconstruye el rol del Estado, a partir de la reconfiguración de elementos propios de la economía, bajo el propósito de poner ciertos límites políticos y morales al mercado y, a su vez, posibilitar un marco para que el juego del mercado sea posible. Esto implica la puesta en juego de prácticas[2] y lógicas de gobierno[3] “para el mercado y en contra del mercado”.[4]
Lo propuesto se realiza siguiendo la línea de investigaciones, que desde la perspectiva foucaultiana, procuran apropiarse de las herramientas teóricas y metodológicas que se desprenden de los estudios sobre gubernamentalidad[5].Se trata de un análisis de dispositivos de poder y no de ideologías y/o estructuras de clases, por lo cual excede a los sujetos colectivos y a las voluntades individuales. En tanto existen heterogéneas configuraciones de relaciones de poder, que imprimen diferentes sentidos a elementos que tenían una procedencia y que es preciso reconstruir.

Economía política para la transición. Más allá del neodesarrollismo

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1. El proyecto hegemónico: consolidación y radicalización
 
Han pasado poco más de 10 años del turbulento fin del proyecto neoliberal en Argentina (cf.: Féliz, 2011) y de la constitución de un nuevo proyecto de desarrollo hegemónico de capitalismo posible en la periferia (cf.: Féliz y López, 2012). La trayectoria histórica evidencia que la estrategia neodesarrollista bloquea las posibilidades de encarar un proyecto de acumulación de capital consistente e inclusivo aun en términos capitalistas, sin romper con la herencia neoliberal, que proyecta sus trazos al conjunto del proceso de metabolismo social y cuyas barreras se constituyen en límites cada vez más insostenibles (cf.: Féliz, 2013). Se pone nuevamente sobre el tapete el proyecto inconcluso de transformación social radical que las luchas contra el neoliberalismo habían proyectado pero que la reconfiguración hegemónica de la última década consiguió reconducir productivamente para el capital.

Neodesarrollismo: ¿cuánto hay de nuevo?

El contexto socio-político de América Latina en el advenir del nuevo siglo ha provocado múltiples reacciones. La literatura de ciencias políticas ha denominado el proceso como “giro a la izquierda”, aludiendo a la emergencia de gobiernos populares o progresistas.[1] Al interior de este espacio político, sedistingue entre orientaciones neodesarrollistas y estrategias más radicales –“buen vivir”, socialismo del siglo XXI (Katz, 2013). En este marco, el período kirchnerista parece ubicarsedentro del primer modelo. La denominación de la etapa kirchnerista como neodesarrollista se ha generalizado en la literatura (Basualdo, 2011; Féliz, 2012; Katz, 2013; Rinesi, 2011; Sanmartino, 2010).
 
Sin embargo, en algunos casos, parece haber una superposición de planos en la discusión, confundiendo las intenciones del gobierno con el proceso real concreto, asumiendo que un proceso social responde exclusivamente a una planificación o un modelo. En todo caso, se entiende que el objetivo es distinguir el modo de desarrollo en la etapa actual de momentos previos. En este respecto, es necesario insistir en que nuevas etapas o incluso ciclos económicos no definen por sí mismos nuevos patrones de acumulación. Como veremos, sin desmerecer algunas diferencias, no parece que exista un cambio estructural.
 

Buenos Aires, una metrópoli sin ciudad

 
 
La cuestión de qué ciudad queremos no puede estar disociada de qué tipo de personas queremos ser, qué tipo de relaciones sociales buscamos, qué relaciones con la naturaleza queremos, qué estilo de vida, y qué valores estéticos consideramos.”[1]
 
La producción y reproducción del espacio urbano es uno de los mecanismos por el cual el capitalismo enfrenta su crisis de sobreacumulación, que es absorbida por medio de su reestructuración constante. En su expansión efectúa un redefinición de la ciudad y de lo urbano, de su demografía, de su dimensión, creando una nueva relación centro-periferia.
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