Argentina

El Bicentenario y las incertidumbres político-culturales de la izquierda

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La performance ante la conmemoración del Bicentenario de la Revolución de Mayo (1810-2010) es un termómetro de precisión útil para medir la energía cultural y política de la izquierda en la Argentina de hoy. Y lo que ese termómetro nos muestra es poco halagador. No quiero sembrar desesperanza. Sólo me anima la voluntad de despejar los velos que abrigan nuestra incomunicación con el enigma de regresar a la disputa por la hegemonía, esto es, la producción de un discurso de alcance “nacional” entendiendo así un relato que interese a amplios sectores de la población y no las perspectivas minoritarias con que se hartan los grupos pequeños. Porque la incapacidad para ofrecer un relato propio y alternativo de la historia nacional es la expresión de la insolvencia para plantear una política convincente desde la izquierda. Es innecesario oponer un “pesimismo de la inteligencia”, que nos mostraría impiadosamente lo que hay, a un “optimismo de la voluntad” por el cuál seguiríamos luchando a pesar de todo.
Notas anticipatorias de estas líneas, leídas por aquí o allá, me revelaron el rechazo de la izquierda por unas pocas ideas que parecen aguafiestas. Se me reprochó que cuestionaban “temas importantes”. Pero hay cosas que deben ser dichas aunque disgusten al conformismo. Reconocer la desnudez de nuestros pies en el desierto quizá ayude a calzar las suelas que nos permitan dar los primeros pasos en el reverdecer de la esperanza. 
 

Los nuevos desequilibrios de la economía argentina

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La política económica reúne actualmente muchos ingredientes de un modelo. Esta calificación puede resultar abusiva en comparación a otras configuraciones de la historia nacional, como el esquema agro-exportador o la sustitución de importaciones. Pero es totalmente pertinente frente a la convertibilidad. Sólo el tiempo zanjará el status histórico de la orientación vigente, pero ya son nítidos sus desequilibrios.
 
Rupturas y continuidades
 
El modelo emergió de una descomunal debacle. Ningún colapso anterior incluyó confiscación de los depósitos, cesación de pagos, masificación del desempleo, explosión de la pobreza y derrumbe industrial, en las proporciones observadas durante el 2001.
Este desmoronamiento puso en tela de juicio al propio capitalismo y fue superado con la reconstitución de este sistema. El esquema actual se asienta en la recomposición de la autoridad estatal y política que logró el gobierno de los Kirchner. Esta restauración permitió convalidar los privilegios de las clases dominantes y asegurar su continuado enriquecimiento a costa de las mayorías populares. El modelo que ha regido desde el 2003 no introduce cambios sustanciales en el perfil productivo tradicional de Argentina. Continúa primando el cimiento agrícola sobre una esfera industrial subordinada. No se vislumbran modificaciones en la inserción internacional, semejantes a las observadas en las economías asiáticas que se industrializaron aceleradamente (Corea del Sur) o se transformaron en potencias exportadoras (China). Pero dentro de estas continuidades el modelo contiene giros significativos en la política económica. El tipo de cambio bajo quedó inicialmente neutralizado con la devaluación, la apertura importadora fue sustituida por el énfasis exportador y las privatizaciones perdieron peso frente a la intervención del estado. Modificaciones de la misma envergadura se verifican en la política fiscal, laboral, monetaria y financiera. 

El lock-out agrario y la crisis política del kirchnerismo

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Introducción
 
El lock-out capitalista agrario y el prolongado conflicto que se desató a partir de la modificación del régimen de retenciones a las exportaciones agrarias por parte de la administración de la presidenta Kirchner pusieron en escena las limitaciones políticas del kirchnerismo. Pero estas limitaciones políticas existían de antemano. Los mencionados lock-out y conflicto agrarios fueron, en realidad, el primer desafío político importante que enfrentó el kirchnerismo desde su ascenso al poder. Y alcanzó ese primer desafío para poner en escena crudamente esas limitaciones preexistentes. Este artículo retoma nuestro análisis previo del kirchnerismo abordando esa crisis política, sus características y perspectivas. Y discute asimismo algunas de las muy variadas interpretaciones de dicha crisis realizadas en el seno de las organizaciones de la izquierda social y política.  

 

El caso subterráneos de Buenos Aires. Notas sobre el nuevo sindicalismo en la Argentina

Los combates que más importan –me dijo Megafón– nunca salen a la luz

 del mundo, ya que permanecen en el subsuelo de la Historia.

Leopoldo Marechal, Megafón o la guerra
 
El trabajo de los pobres es la mina de los ricos.
Karl Marx, El capital
 
A modo de introducción
 
La actual composición de la clase obrera argentina, producto de las transformaciones estructurales impuestas tras la ofensiva neoliberal, es heterogénea y está signada por la precarización laboral, la subocupación y sobreocupación masivas y un amplio margen de desempleados.[1] Es en este contexto que va a desarrollarse la experiencia antiburocrática del subterráneo, en una década en la que el protagonismo de la resistencia popular antineoliberal recae en sectores periféricos al movimiento obrero organizado.[2] Esto no es de extrañar, si tenemos en cuenta que la represión de la dictadura se concentró en esta clase (80% de los 30.000 detenidos-desaparecidos eran asalariados y el 30%, obreros industriales) y que las cúpulas sindicales fueron cómplices y parte de la ofensiva conservadora (el devenir empresario de los dirigentes sindicales no es más que una consecuencia de este proceso).[3] De allí que la reconstitución de experiencias combativas y antiburocráticas al interior del movimiento obrero aparezca, en los últimos años, como una novedad. Por más que retomen y recuperen el largo historial que cuenta en el haber de nuestra clase. 

Pensar la Nación: a propósito del Bicentenario de la Revolución de Mayo

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Es común advertir en la militancia de izquierda dificultades un tanto desmedidas a la hora concebir una nación no liberal y no burguesa. Por cierto, después de la última dictadura y de más de un siglo de relatos militaristas y reaccionarios sobre la nación, se ha tornado difícil formular una idea de nación no emparentada con lo más abyecto. Existe, además, toda una cultura política en sectores de la izquierda argentina reacia a la idea de nación. A algunos de los militantes más veteranos muchas veces la dialéctica les quedó trunca y les resultó complicado conjugar lo general con lo concreto, lo internacional con lo nacional, más allá de que el mismísimo Trotski rescatara el patriotismo de los oprimidos. 

En los militantes más jóvenes, el rechazo de lo nacional puede reflejar no sólo la impronta de viejas tradiciones, sino también el impacto de la experiencia neoliberal: el economicismo, la falta de referentes históricos, el culto a la técnica, la reivindicación de una condición desterritorializada y el desprecio por la política. También, en el caso de los jóvenes, el rechazo de lo nacional suele ir acompañado por el repudio de los grandes relatos históricos.

El Bicentenario y las incertidumbres culturales de la izquierda

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Ni reír ni llorar, comprender.
Spinoza
 
 
El Bicentenario es un termómetro de precisión útil para medir la energía cultural y política de la izquierda en la Argentina. Y lo que ese termómetro nos muestra es poco halagador. No quiero sembrar desesperanza. Sólo me anima la voluntad de despejar los velos que abrigan nuestra incomunicación con lo real. Es innecesario oponer un “pesimismo de la inteligencia”, que nos mostraría lo que hay, a un “optimismo de la voluntad” por el cuál seguiríamos luchando a pesar de todo. Notas anticipatorias de estas líneas, leídas por aquí o allá, me revelaron el rechazo de la izquierda por unas pocas ideas que parecen aguafiestas. Se me reprochó que cuestionaban “temas importantes”. Pero hay cosas que deben ser dichas aunque disgusten al conformismo. Reconocer la desnudez de nuestros pies en el desierto quizá ayude a calzar las suelas que nos permitan dar los primeros pasos en el reverdecer de la esperanza.
 

La izquierda por venir y la nueva generación intelectual argentina

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“No vale la idea perfecta, absoluta, abstracta, indiferente a los hechos, a la realidad cambiante y móvil; vale la idea germinal, concreta, dialéctica, operante, rica en potencia y capaz de movimiento”
José Carlos Mariátegui

 
“Yo tengo fe en nuestro propio escepticismo, en nuestra propia desesperación”
Walter Benjamín
 
“Conocer […] no es una mera composición de conceptos: es un acto vital, un desgaste y, en consecuencia, un asunto peligroso, un acto organizativo"
René Zavaleta Mercado
 
 
La nueva nueva izquierda o izquierda por venir
 
En un trabajo publicado en 2007[1], identificamos y ensayamos unos pocos pasos en pos de la caracterización de una nueva izquierda (en sentido estricto una nueva nueva izquierda) o una izquierda por venir. La primera designación, aunque se inspiraba en indicios concretos, sin dudas, puede parecer exagerada. La segunda, por la carga desiderativa que pone en juego, puede resultar más exacta que la primera, aunque indefectiblemente depende de ella. En efecto, sin el desarrollo de un conjunto de experiencias y prácticas significativas de las clases subalternas, que adquirieron visibilidad pública, que se convirtieron en potentes atractores sociales por sus potencialidades contrahegemónicas y que se multiplicaron en los años 2001 y 2002, sería imposible pensar en una izquierda por venir, incluso sería difícil desearla y ver, en términos de Ernst Bloch, las tendencias en las latencias. Cabe aclarar, de todos modos, que antes de la insurgencia hubo un proceso de maduración, una gestación silenciosa que había arrancado unos años atrás. 

¿Qué significa el socialismo hoy?

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Recapitulación crítica

 
“Estamos frente a un proceso social y político diferente, frente al cual no se puede repetir más lo sabido.”
 (“Reformismo social y disputa de hegemonía” de Francisco Hidalgo Flor, Herramienta Nº 41)
 
La cita demarca la frontera teórico-política ante la que nos hallamos. Y aún no podemos desprendernos de los contrapesos del bagaje conceptual anterior que no responde a los desafíos actuales, sea por repetición de libretos ya “vencidos” o por proclamar lo nuevo como si bastara con invocarlo. Desde luego existen aportes de ideas valiosas, pero lo más rico de lo que está naciendo surge de experiencias concretas con diversas características sin que las construcciones teóricas estén a su altura.
No es de extrañar entonces que la situación que se presenta en Argentina y en Latinoamérica dispare fuertes polémicas y divisiones, producto de interpretaciones sostenidas desde discursos parcializados cuando no precarios. Así, quienes apoyan las políticas de los gobiernos “progresistas”, cualquiera sea su grado de adhesión, apuntan a morigerar los efectos depredadores del orden capitalista pero sin cuestionar la naturaleza del sistema que origina dichos efectos. En cuanto a los que sí cuestionamos al capitalismo, ubicados al margen de los cánones clásicos y de la reproducción de cursos agotados, constituimos una franja donde el momento que vivimos también provoca valoraciones disímiles y no pocas fricciones. Este entramado de divergencias muestra lo difícil que supone el reto: “no se puede repetir más lo sabido” y mayor aún, el de lograr bases comunes para que vaya surgiendo una inteligencia colectiva capaz de inducir cambios sustanciales, comenzando por los propios. 

Constelación austral. Walter Benjamin en la Argentina

No se trata de presentar las obras literarias en conexión con su
tiempo, sino más bien de hacer evidente, en el tiempo que las
vio nacer, el tiempo que las conoce y juzga, o sea, el nuestro.
Walter Benjamin
 
 Se ha citado reiteradamente el famoso pasaje de las tesis “Sobre el concepto de historia” en el que Walter Benjamin enuncia su diagnóstico de una dialéctica entre cultura y barbarie. Sin embargo, pocas veces se recuerda el pasaje completo, en el que esa dramática dialéctica que rige la cultura es atribuida específicamente al proceso de transmisión cultural. En la séptima tesis se lee: “Jamás se da un documento de cultura sin que lo sea a la vez de la barbarie. E igual que él mismo no está libre de barbarie, tampoco lo está el proceso de transmisión en el que pasa de unas manos a otras”.[1] El problema de la transmisión cultural, de la supervivencia de una obra, el problema de la recepción de un autor; en una palabra, el problema de la tradición, era para Benjamin un problema eminentemente político, tanto porque se ponen allí en juego relaciones de dominación sedimentadas, cuanto porque la memoria histórica afecta decisivamente la colectiva voluntad política de transformación. En el citado trabajo, la tesis 6 dice: “El peligro amenaza tanto al patrimonio de la tradición como a los que lo reciben. En ambos casos es uno y el mismo: prestarse a ser instrumento de la clase dominante. En toda época ha de intentarse arrancar la tradición al respectivo conformismo que está a punto de subyugarla”.[2] Benjamin pensaba que los procesos de transmisión cultural eran ámbitos privilegiados de la lucha de clases. Consideraba que interrumpir el “cortejo triunfal” de la cultura era el objetivo clave de una pedagogía materialista, y que rescatar los materiales olvidados que se alojan desde “la lejanía de los tiempos”, “como confianza, como coraje, como humor, como astucia, como denuedo” para “construir” la tradición de los oprimidos, era la meta capital del “materialista histórico”.[3]

ARCHIVO 2009-CORREPI. Recopilación de personas asesinadas por el aparato represivo del estado 1983-2009

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Desde 1996, CORREPI presenta, a fin de año, el Archivo de Casos de Personas Asesinadas por la Fuerzas de Seguridad del Estado. La elaboración del Archivo surgió de la necesidad de mostrar, desde los datos concretos, el alcance y la extensión de la represión dirigida por los gobiernos que administran el estado argentino. Por eso, este documento es un relevamiento de todos los casos que conocemos en los que el aparato represivo mata, a través de sus distintas agencias y usando diversas modalidades.

Este Archivo no es un pulido trabajo estadístico por muchos motivos. El fundamental es que, a pesar de que perfeccionamos cada año los mecanismos de búsqueda y procesamiento de datos, la creciente invisibilización de los episodios represivos, especialmente los que afectan a los sectores sociales más vulnerables, hace que no lleguemos a conocer infinidad de casos. Es imposible calcular la “cifra negra” del gatillo fácil y de las muertes en cárceles y comisarías o por la tortura. Sólo podemos afirmar que permanentemente incorporamos, además de los casos ocurridos en el año en curso, otros de años anteriores, comprobando, en la práctica, que muchos homicidios perpetrados desde el estado no trascienden siquiera en esta humilde base de datos. 
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