Argentina

La marginalización de Argentina

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Argentina se está desarticulando desde hace muchos años. Hoy está nuevamente en crisis. El crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) es negativo. La grave crisis, el aumento de la inflación y la errónea política económica que aplica el nuevo presidente buscando salir de la trampa de la estanflación, incrementan las desigualdades y aumentan la pobreza sin lograr recuperar la confianza de los inversores. El diagnóstico de la herencia Kirchner es equivocado. Frenando la demanda interna no puede resolverse la crisis que dejó la presidencia Kirchner ni disminuir la inflación. Los remedios aplicados son ineficaces y agravan la situación. Tal es la tesis expuesta en este artículo.
A pesar de los rebotes, Argentina se desindustrializa. El nivel de productividad del trabajo y su crecimiento son muy bajos, sobre todo en comparación con los países asiáticos emergentes. Peor aún, la dispersión en torno a la media es muy grande, mucho más que la observada en los países avanzados. Lo mismo ocurre con los salarios. A igual calificación, los salarios pagados por las grandes empresas son muy superiores a los que perciben los asalariados en las empresas pequeñas y medianas.
Argentina se desindustrializa y al mismo tiempo se dispara la inflación, entra en crisis y el aumento de los precios se acelera. ¿Existe una relación de causa-efecto entre la desindustrialización y el mayor aumento de precios? ¿Significa esto que la inflación no se origina principalmente ni por un exceso de demanda y/o la oferta de dinero, ni por la mega-devaluación -aunque ésta pueda tener como efecto temporarios un pico inflacionario-, ni por comportamientos oligopólicos -aunque éstos existan-, ni por conflictos distributivos -aunque los mismos favorezcan la inercia de una inflación en un nivel alto-? ¿Se origina, fundamentalmente, por la incapacidad de los sucesivos gobiernos de promover una política industrial a largo plazo, jugando sobre nichos de alta tecnología con el fin de insertarse positivamente en la división internacional del trabajo, tal y como hicieron y hacen Corea del Sur, Taiwán, etcétera, favoreciendo así una mutación en el comportamiento de los inversores que en lugar de una tendencia rentista, optarían por una actitud schumpeteriana?

El ceomacrismo, las Alianzas Público-Privadas y cambios estratégicos del capitalismo

 
El poder político privado
 
El ceomacrismo pretende la legalización de la privatización del poder político.
No se trata ya solamente de la privatización de los bienes y servicios públicos como ocurriera en la época de Menem, conforme a las políticas Thatcher-Reagan de los ochenta y noventa. Parece tratarse ahora, y no sólo en nuestro país, de la transformación legal del Estado en una empresa privada de modo tal que los gobiernos se integren directamente por los directivos del gran capital, los ceo-representantes. Algo más de lo que algunos llaman ceocracia: es el poder político privado. Un Estado como investidura legal del capital. Quizá los griegos llamaran a eso plutocracia.

La cuestión de la ceocracia y la naturaleza del gobierno macrista

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Muchos análisis políticos de los nombramientos del nuevo gobierno de Macri en los medios masivos de comunicación giraron alrededor de la idea de una ceocracia, a raíz de la cantidad de gerentes de grandes empresas (Chief Executive Officers o CEOs) designados como funcionarios, y esta idea habilitó las más osadas hipótesis acerca del carácter de las políticas que adoptaría dicho gobierno.1 El debate generado por tales designaciones se vio enrarecido, en aquella coyuntura de fines de 2015, por el eco de las polémicas suscitadas en el marco del ballotage realizado días antes. En efecto, el eje de la campaña kirchnerista ante la segunda vuelta había sido –recordemos- que sólo el voto por Scioli podía evitar que regresara al gobierno la derecha menemista de la mano de Macri. Los ribetes grotescos de este vulgar chantaje ya habían sido puestos en evidencia mucho antes. “La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero”, dijo alguna vez Antonio Machado. Y la verdad en éste caso ni siquiera había salido de la boca de un porquero, sino del hocico de un simple puerco: Zulemita Menem ya había aclarado meses antes que tanto Macri como Scioli eran “personas que nacieron de la mano de mi padre”.2 Las designaciones de Macri apenas sirvieron en aquellos días para que los alicaídos kirchneristas creyeran corroborados sus oscuros pronósticos. Sin embargo, la caracterización del gobierno de Macri a partir de esa idea de una ceocracia planteó y sigue planteando, a casi un año de distancia de aquella coyuntura, ciertas cuestiones que nos parecen interesantes.

Una fisura en el muro de la impunidad

 
 
 
La Querella Argentina contra los crímenes de la Guerra Civil Española y del Franquismo
 
“La solidaridad es la ternura de los pueblos”
Paqui Maqueda, querellante1
 
El 14 de abril de 2010 sucedió un acontecimiento que pasará a la historia de la justicia argentina y del mundo. Ese día se presentó en los tribunales de nuestro país la que aún es la única causa existente en el mundo que juzga los crímenes cometidos durante la guerra civil española y la dictadura franquista. Lleva el número 4591/2010, tramita en el Juzgado Criminal y Correccional Federal N°1 a cargo de la Dra. María Romilda Servini de Cubría y ya lleva cien cuerpos.
“España necesita un Garzón en la Argentina” fue, palabra más o menos, la frase que Emilio Silva, presidente de la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica, exclamó en una charla entre amigos en Madrid en 2008. En esa reunión se encontraban Raúl Zaffaroni, en uno de sus habituales viajes a España; Matías Bailone, abogado argentino que estaba cursando su doctorado en la Universidad de Castilla/La Mancha; Ariel Jerez, un profesor argentino radicado allá y Joan Garcés, prestigioso abogado español.2 Unas reflexiones en común, un intercambio de ideas, un rápido vistazo mental a la Constitución Nacional de la República Argentina, en la que encontraron la puerta para tratar de ingresar al mundo de la justicia universal, hicieron que este grupo de hombres perseguidores de justicia comenzaran a soñar con la querella para terminar con la impunidad del franquismo. Esa impunidad que, en los momentos en que se escribe esta nota, ya lleva 40 años, 10 meses y 9 días.

El “desarrollo desigual y combinado” de la crisis neoliberal: Argentina como índice de las tendencias generales

 
 
Introducción
Con la llegada de Mauricio Macri al poder, en Argentina se vive un clima de cierre de época y de apertura de otra. Ese contexto nuevo demanda una reevaluación de lo que fue, lo que hay, y lo que puede suceder en el futuro. Pero esto no es el eje de éste artículo, sino más bien cómo Argentina encaja con los procesos de la crisis global.1 Esa percepción epocal ocurre en paralelo a los sombríos –y finalmente alarmantes– pronósticos para la economía mundial en el año 2016.
Apenas tres semanas después de iniciado el nuevo año, una fuerte caída de las bolsas del mercado mundial generó mucha angustia sobre un posible retorno a una crisis mundial al estilo de la del 2008. Los datos económicos anuncian un impulso potente hacia la contracción y mayor inestabilidad en los mercados globales. La fuerte baja del precio del petróleo a menos de US$30 el barril y los esfuerzos frustrados de las intervenciones gubernamentales en estabilizar la bolsa china, ponen en duda el análisis del economista marxista Costas Lapavitsas (2013), quien argumenta que la crisis actual es, al fin y al cabo, la del capitalismo financiero en lugar de una de sobreproducción. Sin embargo, la Agencia Internacional de Energía “advirtió recientemente de una sobreproducción de petróleo de al menos un millón de barriles por día para un tercer año consecutivo en el 2016” (Raval, 2015). Se trata de un producto que sigue siendo una mercancía clave en la cadena de producción capitalista y que motoriza la economía mundial a la vez que dirige la política bélica del capital. El mercado financiero refleja la sobreproducción y la tendencia a la caída de la tasa de ganancia la impulsa a través de la competencia capitalista.2

Cuando habitar la tierra es “delito”: la criminalización de las luchas por la tierra en ciudades del Alto Valle de Río Negro

 
 
 
 
 
 
I
Al reconstruir la historicidad de las formas en las que los sectores desposeídos acceden a la vida urbana de las ciudades latinoamericanas, podemos observar que priman mecanismos y prácticas de autourbanización frente a una lógica general de urbanización excluyente. Las tomas de tierras son expresiones claras de las contradicciones de acumulación por desposesión (Harvey, 2004) de la urbanización capitalista, y es el Estado a través de diferentes mecanismos de intervención el que va dispersando los conflictos (De Sousa Santos, 1982) generados por la oposición entre la lógica de acumulación ilimitada del capital y la lógica de la lucha por el derecho a la ciudad.
Luchar por la ciudad implica por parte de los sectores desposeídos un proceso dialéctico cuyos momentos simultáneos incluyen: la impugnación de una lógica de producción y distribución urbana anclada en la obtención de ganancias por parte de la clase capitalista, la disputa por los recursos y los sentidos de las políticas estatales orientadas a dispersar –y no solucionar- los conflictos sociales urbanos, y la creación política de formas de organización, resistencia y lucha colectiva capaces de radicalizar las prácticas democráticas.
 

Del kirchnerismo al macrismo: continuidades y rupturas en la política represiva

 
Históricamente, cada una de las administraciones del estado capitalista ha garantizado sus intereses políticos, económicos y sociales mediante la implementación de un plan represivo adecuado a su etapa y a cada sector de la sociedad.
En Argentina, cada gobierno, desde 1983 hasta la fecha, ha desplegado su política de “seguridad” sobre las mayorías populares con el objetivo de garantizar el control social: a través del gatillo fácil, la muerte y tortura en cárceles y comisarías, la desaparición de personas, las causas armadas, las detenciones arbitrarias y la militarización de los barrios a lo largo y ancho del país, con sus consecuentes resultados: la administración o connivencia con el narcotráfico, el robo organizado, el contrabando, las redes de trata, la prostitución y las zonas liberadas. Al mismo tiempo, cada vez que el pueblo trabajador se organiza y confronta, la respuesta es la persecución política e ideológica, la represión directa, la tercerización de la represión con patotas o grupos de choque, el espionaje y la criminalización de la protesta social en todas sus formas.

Argentina: cambió el gobierno, ¿cambió el proyecto hegemónico?

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Han pasado cinco meses del inicio de un nuevo ciclo político en Argentina. El apretado triunfo de Cambiemos en la segunda vuelta electoral de 2015 aceleró la crisis transicional del proyecto de neodesarrollo, abriendo un período de mayor ajuste macroeconómico y de reacomodamiento de las fuerzas políticas y sociales.
En el ocaso de la (¿primera?) era kirchnerista llega al gobierno nacional la alianza política “Cambiemos”, expresión de una derecha empresarial y hegemonizada por el PRO del presidente Mauricio Macri (y secundado por la histórica Unión Cívica Radical y otras fuerzas menores). Esta fuerza política no ha venido a desarmar el proyecto neodesarrollista –apuntalado por el kirchnerismo– sino a radicalizarlo, transformando sus límites en barreras superables dialécticamente, pero sin alterar sus fundamentos estructurales. La aceleración del ajuste macroeconómico iniciada el 10 de diciembre del año pasado es el primer paso en un programa integral que buscará intensificar la extranjerización y el extractivismo, con miras a proyectar un proceso de acumulación de capital liderado por las exportaciones, la inversión transnacional y el endeudamiento externo.

Argentina: nueva etapa política, nuevas y viejas tareas para la izquierda

 
El macrismo en el gobierno: shock neoliberal y pragmatismo de derecha
Con el triunfo de Cambiemos en las últimas elecciones presidenciales, sumado a su inesperada victoria en la Provincia de Buenos Aires, se cristaliza un cambio de etapa en la política argentina. Escribimos unas incipientes líneas, a título estrictamente hipotético, tratando de echar luz sobre los nuevos fenómenos. Advertimos, sin embargo, que el proceso apenas está iniciando su curso y es difícil todavía comprender su sentido de totalidad. Entre otras razones, porque la misma nueva gestión gubernamental parece proceder con un criterio experimental, de ensayo y error, midiendo relaciones de fuerza, verificando su capacidad de acción e iniciativa. Este aporte tiene, por lo tanto, un carácter provisorio. Las elaboraciones que aquí compartimos intentan clarificar hacia dónde parece estar moviéndose la nueva etapa política, sin que sea posible hacer afirmaciones taxativas sobre su dinámica global.
Hemos analizado en otras instancias las condiciones que llevaron hasta acá. Por un lado, el propio kirchnerismo socavó las capacidades de movilización e intervención independiente de la clase trabajadora y los sectores populares, generando una correlación de fuerzas favorable a la clase dominante. Al integrar y disciplinar parcialmente el conflicto social, el kirchnerismo hizo retroceder los niveles de organización y combatividad de los sectores subalternos, generando las condiciones para una contra-ofensiva conservadora. Por otro lado, hoy la dinámica del capital impone sobre la política argentina sus históricos ciclos de alzas y bajas, que afectan de manera periódica al globo y en forma más virulenta a las economías periféricas. Combinados estos factores, se pusieron de manifiesto los límites del modelo de “desarrollo con inclusión”, que no cuestionó los pilares del capitalismo o significativamente del neoliberalismo y que se basó más en la verticalidad de la decisión estatal que en la lucha popular.

El PRO y la derecha latinoamericana

 

 
Una serie de resultados electorales favorables a las fuerzas políticas de la derecha latinoamericana, para muchos imprevisible, ha torcido una tendencia que por más de una década se visualizaba equívocamente como una trayectoria lineal ascendente que dejaba atrás el tiempo del neoliberalismo económico y su hegemonía cultural.
No todo lo que se considera post-neoliberal, necesariamente, debe sumarse al universo de lo popular, aunque en sus gobiernos participen elementos progresistas e incluso de izquierda.  Del mismo modo existe una derecha que se tuvo que desprender obligadamente de varias de las recetas que llevaron al colapso de las políticas económicas y sociales de cuño neoliberal. Ante el default era necesario recomponer el mercado para generar recursos y poder afrontar los pagos externos y garantizar la gobernabilidad.
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