Durante las tres últimas semanas se ha dado un fuerte debate sobre la acción del gobierno de Venezuela, en la que de manera expedita e ilegal entregó al periodista Joaquín Pérez Becerra a las autoridades colombianas. Las protestas llegadas del exterior, pero sobre todo de diferentes organizaciones políticas y sociales de Venezuela llevaron al gobierno a tratar de aplacar los ánimos. Primero fueron los ministros de Relaciones Exteriores y Comunicaciones, pero sus declaraciones no convencieron, más bien encendieron aún más los ánimos por el tono pendenciero y desobligante utilizado: “No estamos sometidos ni estaremos sometidos al chantaje de nadie, ni de la ultraizquierda ni de la ultraderecha”. Casi inmediatamente el Presidente Chávez se refirió al hecho, pero, en contra de lo se esperaba de un político de su estatura, su argumentación se basó en la endeble premisa: “Que cada uno asuma su responsabilidad”. Incluso entre quienes lo aplaudían en el acto público donde hacía las declaraciones había caras de desconcierto. ¿De cuándo acá la Revolución Bolivariana, que consideramos un ejemplo para toda Latinoamérica, seguía la política de “cada uno sálvese como pueda”? Creemos que una revolución que se precie de tal debe, por el contrario, basarse en la solidaridad y la coherencia con los principios que la animan. Eso es lo que de manera fraternal pero decidida le piden sus seguidores al presidente Chávez.
Las experiencias de construcción de sociedades socialistas tuvieron en el siglo XX importantes reveses; la caída del supuesto “socialismo real”, dada su aplicación forzosa y exógena, la crisis de un inoportuno modelo extensivo en la economía, el aislamiento de la clase dirigente y la no fidelidad al pensamiento autóctono de las naciones, ha hecho pensar en la obsolescencia del modelo socialista para satisfacer a las necesidades de la humanidad.
El proceso venezolano de transformación social es ampliamente desconocido en el exterior. Los medios se concentran principalmente en la persona de Chávez ignorando los amplios procesos de cambio y los movimientos emprendidos desde abajo. Las interrogantes que provocan dudas son muchas: ¿Hay realmente un proceso de transformación social en Venezuela? ¿Se está copiando el modelo cubano? ¿Como se puede confiar en Chávez que es un militar? ¿No es Chávez un autoritario? Y la mayoría de los que escriben y opinan lo hacen en base de informaciones que sacan de la prensa burguesa y sin averiguar lo que están repitiendo.
Uno de los fenómenos más llamativos y alentadores del proceso revolucionario que vive Venezuela es la emergencia y renovación constante de su base social militante. Por base social militante queremos significar la actividad de cientos de miles de jóvenes, mujeres y hombres que a diario realizan acciones sociales y políticas de diversa índole y maneras. De esa masa, decenas de miles se organizan en forma permanente para la actividad política en diversas agrupaciones de la vida económica, social, política y cultural.
En un artículo publicado en la revista Herramienta, "La tortuosa configuración hegemónica en Venezuela"[1], señalamos que la crisis venezolana era la expresión de la dificultad de constituirse una nueva hegemonía. Advertíamos que el actual proceso al no haber sido resultado de un pacto como otrora lo fuera el de Punto Fijo[2], llevaría en su seno un conjunto de contradicciones determinadas por el carácter de las alianzas que se estaban constituyendo; por la aparición de nuevos actores en la escena política nacional y por el contenido de los cambios que se manifestaban como consecuencia de una ruptura institucional con el pasado.
Resumen
El presente artículo forma parte de un conjunto de reflexiones que hemos venido haciendo en distintos trabajos, foros y congresos internacionales (España 2000, 2002; Estados Unidos y Perú 2001), que han pretendido dar cuenta de la evolución política de Venezuela luego de 1999, con la llegada de Hugo Chávez Frías a la Presidencia de la República. Este nuevo intento busca enmarcar el contexto dentro del cual, en mi opinión, se dan los eventos del 11 de abril de 2002, con el supuesto golpe de Estado. Pido de antemano disculpas por lo que pueda ser una redundancia ante la posibilidad que existan ideas y frases que se repitan.
De la noche a la mañana un golpe militar derrocó al presidente Chávez, un gobernante al que Bussines Week había apodado el “huracán del Caribe”. Y de la noche a la mañana un contragolpe militar con apoyo de masas lo devolvió al gobierno. Parecía una chanza de mal gusto. Todo en cuestión de horas.