“Un país tan pequeño como Honduras, no puede permitirse el lujo de tener dignidad”
José Azcona Hoyos, presidente entre 1985-1989.
Una postal sorprendió a no pocos observadores políticos: junto a Hugo Chávez, Raúl Castro, Rafael Correa, Evo Morales y Daniel Ortega, una figura un tanto exótica, luciendo sombrero texano, ofrecía una nota inesperada. José Manuel Zelaya ocupaba un lugar entre quienes conforman “el eje del mal”, en versión latinoamericana. El presidente de Honduras rompía, dos años atrás, la tradición de sus predecesores, sempiternos acólitos y sumisos cómplices de cuanta aventura se propuso la CIA en la región.