La revolución de Saint-Domingue es la primera del continente americano que combinó una revolución económico-social que transformó la estructura de clase de la sociedad, la revolución de los esclavos contra las formas no libres de trabajo, y una revolución política de independencia o anticolonial. Esta revolución en dos etapas tomó la forma de revolución republicana en 1794 y de guerra de independencia 1804. Su culminación es el establecimiento de Haití como nación independiente. Dentro del espacio americano la única que puede contrastarse en esta dualidad de sentidos es la revolución norteamericana pero, como afirma Barrington Moore, ésta no puede concebirse consumada sino mediante dos actos separados por un largo período de noventa años. Primero la independencia de la dominación colonial en 1776, que el autor clasifica como una revolución política o anticolonial; luego la guerra civil en la cual se termina con esa “institución particular”, la esclavitud de los afroamericanos, en 1865[1]. No sólo por la separación de casi un siglo sino por la inversión de los acontecimientos, revolución social y revolución de independencia en la primera, por contraposición a revolución de independencia y culminación de una revolución económica social dirigida desde el Estado de la segunda, muestra la complejidad de la recepción de la revolución burguesa en el espacio americano.
La profundidad de la tragedia de Haití parece inconmensurable. Al desastre natural provocado por un poderoso terremoto le siguen ahora las consecuencias, agravadas por factores que no han sido impuestos por la naturaleza. Es imposible obtener una cifra exacta de los muertos, pero superan sin duda los 200 mil. Decenas y decenas de miles de heridos, muchos de ellos todavía apenas atendidos; otros, tan tarde, que la amputación de miembros infectados se convirtió en el único tratamiento posible. Decenas de miles de viviendas en los barrios marginales de Port-au-Prince se derrumbaron y sus escombros se desparramaron por las laderas. Ahora, cientos de miles de personas no sólo quedaron sin hogar, viviendo en las calles a la espera de tiendas de campaña como refugio temporal, sino que cada día precisan de asistencia alimentaria.

Diálogo de Claudia Korol y Liliana Daunes con Camille Chalmers