Cuba

Intelectuales públicos y política en Cuba: continuidades y emergencias

La intelectualidad ha sido objeto de estudio permanente en nuestro continente, identificándosele con el segmento profesional que engloba aquellos creadores de sentidos, capaces de reformular y difundir los conocimientos más avanzados del arte y las ciencias sociales. Dentro del gremio, la rama de los llamados “intelectuales públicos” ha sido reconocida por su tendencia a desplegar la crítica social y asumir roles de representación de intereses o identidades colectivos, preservación de la memoria y ejercicio e invocación de la responsabilidad cívica. Vocación que desencadena en sus miembros una pasión vital por las grandes ideas, valores, temas, encarnados en verdadera constelación de símbolos y alegorías que (re)crean y evalúan de forma regular y sistemática ante auditorios más o menos amplios.

Lo que define a los intelectuales públicos es la perenne preocupación por la articulación y circulación de ideas, la vocación para intervenir en la esfera pública acerca de temas considerados relevantes (aunque ellos rebasan, en ocasiones, el área de especialización) y la pretensión de ejercer alguna influencia en ciertos segmentos de las élites y los públicos, en soporte u oposición de agendas políticas o fenómenos sociales específicos. De ahí que la amenaza de convertirse en todólogos esté siempre latente. Por lo cual, la autoridad del intelectual público se sustentará en una mixtura – no siempre proporcional– entre competencia académica, coherencia ética y sensibilidad social, expresada en capacidad de comunicación e incidencia públicas. 

Raúl Castro en una hora de opciones.

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Singular historia la cubana. Luego de cuatro siglos de dominación colonial española, más de cincuenta años de República marcados por dos dictaduras, y medio siglo de Revolución, la isla está de nuevo ante un viraje de su historia. Redefinir un proyecto de desarrollo viable en condiciones históricas y geopolíticas nuevas, garantizar la estabilidad del país, organizar el traspaso del timón de los viejos cuadros históricos a las nuevas generaciones, entablar negociaciones con la administración de Obama: esta es la misión de Raul Castro. “Todo es negociable, salvo la soberanía”, ha declarado el nuevo presidente cubano.  

Cuba. La lucha continúa

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Desde la caída de la Unión Soviética en 1991, los cubanos han vivido un "periodo especial". Este eufemismo significó no sólo la drástica caída del nivel de vida, sino también una violenta alteración de los valores sociales. Desapareció la ayuda soviética, así como el comercio ventajoso con el bloque soviético. A medida que declinaba la economía cubana, el estado rompió su parte en el contrato social: dejó de cubrir las necesidades materiales básicas de los cubanos, en alimentos y ropas. La salud y la educación públicas básicas se mantuvieron, aunque sufrieron recortes. El gobierno recortó más de la mitad de las raciones alimenticias que existían, y desapareció la comida barata. Para sobrevivir, cada cubano tuvo que mutar de los valores del comunismo (el compartir) a los valores del individualismo (el sálvese quien pueda).

Cuba, después de Fidel

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La renuncia oficial de Fidel Castro al puesto de jefe del Estado cubano, aunque esperada, ha sido un momento crucial que ha planteado grandes interrogantes sobre el futuro de Cuba. Su hermano menor Raúl, que ahora oficialmente asumió el mayor puesto oficial del país, ya había sustituido "temporalmente" al comandante en jefe el 31 de julio de 2006, después de que Fidel Castro se retirara debido a una grave enfermedad, cuya naturaleza ha sido declarada secreto de Estado.

Debate: Presente y futuro de Cuba

Saul Landau:

Estoy de acuerdo con Farber en que la izquierda debería dejar de engañarse y hacerse ilusiones sobre la naturaleza del régimen cubano. Cuba no sirve como modelo para otros países del Tercer Mundo. Pero tampoco lo son China ni Vietnam, a menos que el capitalismo salvaje aplicado por partidos comunistas sea de alguna manera preferible al sistema de socialismo de Estado existente en Cuba. Farber no ofrece otros modelos como alternativa, porque éstos no existen.

Cuba: ¿transición o continuidad?

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Al comenzar el año 2007, el sistema político cubano ofrece la confusa imagen de un orden que al mismo tiempo que se recompone, niega fervorosamente que lo esté haciendo. Pero también, paradójicamente, hace lo opuesto, es decir, afirma que avanza justamente donde más patente es su inmovilismo. Una situación que Gramsci hubiera denominado, con sobradas razones, como morbosa.

Cuba: la probable transición y sus políticas

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Si las actuales tendencias mundiales económicas y políticas siguen prevaleciendo, la muerte de Fidel Castro será seguida, quizás tras un corto periodo continuista que dé tranquilidad a cubanos y extranjeros sobre la estabilidad del sistema, por un significativo cambio institucional en la vida económica, social y política cubana. Importantes líderes cubanos han expresado en varias ocasiones su seria preocupación ante la posibilidad de un cambio brusco del curso de la revolución tras la muerte de Fidel Castro.

Cuba: tres premisas para salvar la Revolución, a la muerte de Fidel

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Fidel plantea la tarea: 17 de noviembre, 2005

El 17 de noviembre de 2005, Fidel advierte en la Universidad de La Habana sobre el peligro de que la Revolución Cubana termine como la soviética. Para impedirlo deja una tarea: "¿Cuáles serían las ideas o el grado de conciencia que harían imposible la reversión de un proceso revolucionario?". Se trata de una invitación al debate mundial, una convocatoria a la solidaridad de la razón. Pero la solidaridad mundial no lo entiende así. Entra en una fase de shock, cuando el Comandante que durante casi cincuenta años ha aseverado que la revolución es invencible, que "el socialismo es inmortal y el Partido eterno", de golpe afirma públicamente lo contrario.

Cuba: ¿socialismo de mercado o planificación socialista?

Introducción

La sociedad cubana mantenía una estructura económica, política, y social que buscaba avanzar y desarrollar la producción y la apropiación con un carácter cada vez más social[1] tratando de apuntar a un grado de desarrollo de la sociedad en el cual cada uno contribuiría de acuerdo con su capacidad y recibiría de acuerdo con sus necesidades.[2] La grave crisis del período 1989-1993 exigió profundas transformaciones económicas, pese a lo cual Cuba intenta mantener el principio distributivo socialista "de cada uno según su capacidad, para cada uno según su trabajo"[3] de la fase de transición al comunismo. La propuesta de "resistir y superar la crisis al menor costo social posible"[4] llevó la crisis a un escenario de intercambios protegidos por el racionamiento, en el cual las ventas son realizadas a través de las libretas.[5]

Reflexiones sobre socialismo y democracia: el caso Cuba.

La siguiente es una ponencia presentada en el VI Encuentro Latinoamericano de Revistas Marxistas, realizado en septiembre de 2000. El autor analiza el proceso de institucionalización posrevolucionario de los órganos de gobierno cubanos. En este marco, una lectura crítica de los contenidos democráticos vigentes en la constitución cubana, incluida su reforma posterior, y las prácticas reales del ejercicio del poder popular, ponen en evidencia las contradicciones del sistema. De allí la necesidad de discutir la diferenciación entre socialismo y democracia y una reformulación acerca de la función que cumplió el Estado en las llamadas experiencias socialistas del siglo XX.[1]

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