Cuando la crisis de los créditos hipotecarios estalló y la recesión comenzó a perfilarse en las economías desarrolladas, una cantidad de economistas consideraron que las economías emergentes serían poco o nada afectadas. La mejoría de la mayoría de los indicadores de vulnerabilidad, así como el buen nivel de los datos fundamentales (excedentes de la balanza comercial, recuperación del crecimiento y sostenimiento de una tasa de inflación a un nivel poco elevado, disminución más o menos pronunciada de la pobreza) debían preservar las economías latinoamericanas de los efectos nocivos de un posible contagio. Ciertos economistas consideraron que las economías emergentes de manera general, China y la India en particular, podrían constituir una “oportunidad” para las economías desarrolladas y “ayudarlas” a salir de su crisis. Tal era por ejemplo la posición defendida por los economistas de la firma Goldman Sachs: China e India, “motores” del crecimiento mundial, ofrecerían las posibilidades de compra (débouches) suficientes para compensar los efectos negativos de la crisis financiera sobre la rentabilidad de las empresas de los países desarrollados. De esa manera, las economías emergentes, o más “sólidas” que ayer y por ende menos vulnerables, o “motores” del crecimiento, no solamente apenas debían sufrir la crisis financiera, o no sufrirla, sino que podían “ayudar” a los países desarrollados a superar los efectos de la crisis financiera sobre sus tasas de crecimiento. Otros economistas, es verdad que bastante escasos, matizaban esas posiciones: no todos los países estaban exactamente en la misma situación, y para referirnos a América Latina, algunos eran más vulnerables que otros, y para los más prudentes, la amplitud de la crisis financiera en curso constituía una variable importante a tener en cuenta, una crisis financiera “rampante” como la que afectaba a las bolsas occidentales hasta la quiebra de Lehman Brothers (septiembre de 2008) podía no provocar efectos de contagio en tanto que una crisis abierta, prevista por pocos economistas, podía tener un “efecto tsunami” y, transformándose en crisis sistémica, afectar a las economías aparentemente “sanas”.
"La basura resplandece cuando el sol puede brillar".
Goethe, Máximas y reflexiones.
En la actualidad del mundo regido por el capital, algunos consideran que vivimos en plena era cibernética, con el predominio de la ciencia y la tecnología, en la sociedad informática, pos-industrial, pos-moderna, de monumental producción de mercancías, que alcanzamos el apogeo glorioso de un mundo "sin desigualdades", "sin clases sociales", "sin trabajo", de un mundo en definitiva que anuncia -con fondo de trompetas- la "superfluidad de la ideología y de lucha de clases". Ante mundo tan promisorio, tan sintonizado con el sueño iluminista del progreso civilizatorio, causa extrañeza que pueda haber algún antagonista contra tanta "maravilla" junta y, más aún, que ese antagonista sea en muchos casos particularmente amenazador precisamente por plantear la contradicción más primitiva: la expropiación del expropiador por medio de nuevas formas de ocupación de la tierra. Es como si el capital, en el punto más alto de su evolución, con todas las contradicciones que eso implica, evocase su punto de partida. De un modo, sin embargo, significativamente modificado por la historia.[1]
Este libro es parte de mi propio esfuerzo para expulsar al invasor. Pero lo cierto es que de cualquier manera, después de todo esto, cargamos siempre pedazos de muerte en el corazón.
(Koutzii, 1984, página 129).
A principios de 2001, fui a trabajar a la Universidad de Minho, en Braga, al norte de Portugal. Para alguien que vive en Brasil resulta extraño que las distancias en ese país puedan afrontarse con asombrosa rapidez y en pocos minutos se está en otra ciudad, con características distintas. En la pequeña Barcelos, hay un monumento dedicado "A los hijos muertos en Francia, I Grande Guerra Mundial, de Barcelos, ciudades y aldeas vecinas", con la lista de quienes no volvieron a sus casas. En una de sus placas pueden leerse dos emotivos versos de Camões, extraídos de Os Lusíadas:
Para porem as coisas em memória
Que merecem ter eterna glória.
(c. VII/e. LXXXII)
Queridos camaradas:
Tuve el privilegio de asistir a principios de esta semana a la apertura de la Escuela Nacional Florestan Fernández. Había leído sobre el MST y escuchado informes sobre vuestras reuniones, pero (como dice mi compañera Marta Harnecker) una cosa es conocer por la cabeza y otra muy diferente conocer por la cabeza y el corazón. Tuve algunas ideas sobre lo que vi y oí que hubiera deseado haber podido decírselas en ese momento, pero que me gustaría compartirlas ahora.