Brasil

Sindicalismo de clase versus Sindicalismo negociador de Estado en el Brasil de la era (pos)Lula

En el contexto de una monumental reorganización del capital –económica, social, política, ideológica y de valores–, ¿cómo viene esbozando respuestas el sindicalismo de clase?
En el caso de Brasil, donde en la década de 1980 había aflorado un nuevo sindicalismo con claro perfil de clase, ¿qué cambios sufrió a lo largo del período de desertificación neoliberal? ¿Qué ha ocurrido durante la última década en el escenario sindical? ¿Cuáles son las experiencias y las posibilidades de un sindicalismo de clase después de los ocho años de gobierno social-liberal de Lula?
 

Notas para una interpretación histórica de la trayectoria del Partido de los Trabajadores (PT)*

                                    (Versão em português)

 
Hubo algo de formidable y emocionante, pero también algo de terrible en la historia del PT. Utilizando vocabulario acuñado por los clásicos griegos, tuvimos el momento epopeya, el momento tragedia y hasta un poco de comedia en la trayectoria a lo largo de la cual el petismo se transformó en el lulismo.
El PT fue el mayor partido en la historia de la clase trabajadora brasileña en el siglo XX. En los años 80, Lula y la dirección del PT (que organizaron la corriente interna Articulación) fueron capaces de aferrarse a un partido que, en diez años, evolucionó de una organización de unos pocos miles a otra con cientos de miles de activistas. Y que pasó de obtener el 10% de los votos en 1982 para gobernador en San Pablo (y en promedio menos de 3% en los otros estados), a librar una pelea muy cerrada en el segundo turno de las elecciones presidenciales de 1989, contando sólo con aportes voluntarios.
El PT de 2011 es, evidentemente, otro partido, aunque la fracción dirigente sea esencialmente la misma. En tres décadas, el PT eligió muchos miles de concejales, algunos centenares de diputados estaduales y federales, alcanzó el gobierno de más de mil intendencias, muchos estados y está por tercera vez a cargo de la presidencia. El PT de 2011 es la máquina electoral más profesional de Brasil, integrada evidentemente a las instituciones del régimen y asociada, estrechamente, a algunos de los más poderosos grupos empresariales. Paradójicamente, la autoridad de Lula no disminuyó. 

Notas para uma interpretação histórica da trajetória do PT

                                         (Versión en español) 
    

Houve algo de formidável e emocionante, mas, também, algo de terrível na história do PT. Para remeter ao vocabulário cunhado pelos clássicos gregos, tivemos o momento epopéia, o momento tragédia e, até, um pouco de comédia na trajetória em que o petismo se transformou em lulismo.
O PT foi o maior partido da história da classe trabalhadora brasileira no século XX. Nos anos oitenta, Lula e a direção do PT (que organizou a corrente Articulação) foram capazes de empolgar um partido que, em dez anos, evoluiu de uma organização de uns poucos milhares, para centenas de milhares de ativistas. E que saiu dos 10% dos votos em 1982 para governador em São Paulo (e menos de 3% na média nos outros Estados), para uma disputa muito apertada do segundo turno nas eleições presidenciais de 1989, contando apenas com contribuições voluntárias.
O PT de 2011 é, evidentemente, outro partido, embora a fração dirigente seja, essencialmente, a mesma. Em três décadas, o PT elegeu muitos milhares de vereadores, algumas centenas de deputados estaduais e federais, chegou ao governo de mais de mil prefeituras, muitos Estados e está pela terceira vez à frente da presidência. O PT de 2011 é a máquina eleitoral mais profissional do Brasil, portanto, integrada às instituições do regime e associada, estreitamente, a alguns dos mais poderosos grupos empresariais. Paradoxalmente, a autoridade de Lula não diminuiu.

El lulismo, los movimientos sociales en Brasil y el lugar social de la política

 (Versão em português)

  
Breve introducción teórica[1]
En 1844, Marx afirmaba que la revolución en general –el derrocamiento del poder existente y la disolución de las viejas relaciones– es un acto político (Marx, 2010). Años después, al formular su Crítica de la economía política, dejó más claras aún las implicaciones históricas de este acto. Para él, los impulsos irrefrenables del capital, desde sus más remotos orígenes, son la expansión –su internacionalismo innato, basado en la lógica del desarrollo desigual y combinado– y la acumulación de riquezas socialmente producidas. Estas características propias son las que lo hacen dinámico y a largo plazo incontrolable. Pero, siempre según Marx, el fundamento principal de ese proceso reside en la permanente y atenta subsunción a la que somete el trabajo mediante relaciones sociales crecientemente complejas y contradictorias. Ese es el rasgo distintivo del capital, una relación social que tiene en el trabajo de la fuente irreemplazable del valor que produce.
El resultado más concreto de la dominación burguesa, desde la acumulación primitiva hasta nuestros días, es la concentración del capital –hoy más vertical que nunca–, y la consecuente agudización de la desigualdad social. Eso quiere decir que la sociedad en la cual la abundancia de riquezas producidas por el trabajo social es apropiada por una clase tendencialmente reducida en términos numéricos y, al mismo tiempo, más poderosa, sólo puede efectivizarse con un simultáneo proceso de empobrecimiento de las cada vez mayores masas productoras en el ámbito planetario.
Es lo que de hecho se deduce de las incorregibles formas de funcionamiento del capital actualmente vigentes, que vienen imponiendo una severa generalización de las más abusivas prácticas de explotación. Las consecuencias de tales prácticas terminan por constituir una situación de universalidad que, a pesar de ser inmediatamente muy negativa para la clase, pueden –¿por qué no?– generar condiciones favorables para la explosión revolucionaria.
Ante esto, el desafío que se plantea a la clase sigue siendo enfrentar las adversidades más profundas de una cotidianidad que, cada vez con más recursos, trata de eternizar la condena de los trabajadores al infierno del trabajo social alienado, cada vez más degradado. El problema es el de cómo convertir aquella universalidad negativa del sistema en una negatividad universal para el sistema

O lulismo, os movimentos sociais no Brasil e o lugar social da política

 
Em 1844, Marx afirmava que a “revolução em geral – a derrocada do poder existente e a dissolução das velhas relações – é um ato político”. [1] Anos mais tarde, ao formular sua Crítica da Economia Política, deixou ainda mais claras as implicações históricas deste ato. Para ele, o impulso irrefreável do capital, desde suas mais remotas origens, se constitui na expansão – seu internacionalismo inato, baseado na lógica do desenvolvimento desigual e combinado – e na acumulação de riquezas socialmente produzidas. Essas suas características é que o tornam dinâmico e incontrolável em prazo largo. Mas, ainda segundo Marx, o fundamento maior desse processo reside na permanente e vigilante subsunção a que submete o trabalho mediante relações sociais crescentemente complexas e contraditórias. Esse é o traço distintivo do capital, uma relação social que tem no trabalho a fonte ineliminável do valor que produz.
O resultado mais concreto da dominação burguesa, desde a acumulação primitiva até nossos dias, é a concentração do capital – hoje mais verticalizada do que nunca -, e a conseqüente agudização da desigualdade social. Isso quer dizer que a sociedade na qual a abundância de riquezas produzidas pelo trabalho social é apropriada por uma classe tendencialmente reduzida em termos numéricos e, ao mesmo tempo, mais poderosa, só pode se efetivar no simultâneo processo de empobrecimento das crescentes massas produtoras em âmbito planetário.
É o que de fato se conclui das incorrigíveis formas de funcionamento do capital atualmente em vigor que vêm impondo uma severa generalização das práticas mais abusivas de exploração. As conseqüências dessas práticas acabam por constituir uma situação de universalidade que, apesar de imediatamente muito negativa para a classe, podem – por que não? – criar condições favoráveis à explosão revolucionária. 

Las mujeres, el MST y los desafíos de la acción revolucionaria

Si tuviéramos que estudiar todas las leyes no
tendríamos tiempo para transgredirlas.
Goethe
 
1. Los hechos
 
El 8 de marzo de 2006, el telediario de mayor audiencia en Brasil sorprendía al país con imágenes, reproducidas hasta el cansancio, de mujeres en actos de “vandalismo” y “ensuciando” el día que convencionalmente exalta su inserción en la restringida esfera del derecho formal.[1] El tenor de la noticia era, obviamente, acusatorio contra las 2000 mujeres, militantes de los diversos movimientos[2] de Via Campesina en Brasil, que ocuparan durante algunas horas la Huerta Florestal de la Aracruz Celulose, en Barra do Ribeiro, Rio Grande do Sul.
El episodio era la culminación de una serie de luchas realizadas entre 2000 y 2005 que no sólo expresaban la denuncia de discriminaciones y malos tratos infringidos a las mujeres, sino que también osaban trascender la dimensión específica de su causa, dirigiéndola contra el gran capital.
El acto de enfrentar una transnacional tan poderosa, de violar sus dominios y dañar, dentro de su laboratorio una considerable cantidad de plantines transgénicos listos para ser plantados, fue el modo extremo que encontraron para protestar contra las graves consecuencias socioambientales provocadas por la categórica especialidad de la empresa escogida: el monocultivo de eucalipto para la producción de celulosa en gran escala, una actividad que, por sobre todo, desmonta y desertifica tierras potencialmente destinadas a la reforma agraria y a la producción de alimentos orgánicos. Por su osadía, la acción operó como una divisoria de aguas y transformó la fecha en una jornada internacional de lucha de las mujeres contra toda y cualquier forma de explotación. O sea: esa lucha constituye un vigoroso manifiesto contra el orden del capital, transgrediendo la legalidad burguesa que sólo puede garantizarles una igualdad formal, abstracta.[3]

Argentina, Brasil y México frente a la crisis internacional

Autor(es)

Cuando la crisis de los créditos hipotecarios estalló y la recesión comenzó a perfilarse en las economías desarrolladas, una cantidad de economistas consideraron que las economías emergentes serían poco o nada afectadas. La mejoría de la mayoría de los indicadores de vulnerabilidad, así como el buen nivel de los datos fundamentales (excedentes de la balanza comercial, recuperación del crecimiento y sostenimiento de una tasa de inflación a un nivel poco elevado, disminución más o menos pronunciada de la pobreza) debían preservar las economías latinoamericanas de los efectos nocivos de un posible contagio. Ciertos economistas consideraron que las economías emergentes de manera general, China y la India en particular, podrían constituir una “oportunidad” para las economías desarrolladas y “ayudarlas” a salir de su crisis. Tal era por ejemplo la posición defendida por los economistas de la firma Goldman Sachs: China e India, “motores” del crecimiento mundial, ofrecerían las posibilidades de compra (débouches) suficientes para compensar los efectos negativos de la crisis financiera sobre la rentabilidad de las empresas de los países desarrollados. De esa manera, las economías emergentes, o más “sólidas” que ayer y por ende menos vulnerables, o “motores” del crecimiento, no solamente apenas debían sufrir la crisis financiera, o no sufrirla, sino que podían “ayudar” a los países desarrollados a superar los efectos de la crisis financiera sobre sus tasas de crecimiento. Otros economistas, es verdad que bastante escasos, matizaban esas posiciones: no todos los países estaban exactamente en la misma situación, y para referirnos a América Latina, algunos eran más vulnerables que otros, y para los más prudentes, la amplitud de la crisis financiera en curso constituía una variable importante a tener en cuenta, una crisis financiera “rampante” como la que afectaba a las bolsas occidentales hasta la quiebra de Lehman Brothers (septiembre de 2008) podía no provocar efectos de contagio en tanto que una crisis abierta, prevista por pocos economistas, podía tener un “efecto tsunami” y, transformándose en crisis sistémica, afectar a las economías aparentemente “sanas”.

El MST y la completa destructividad del capital

"La basura resplandece cuando el sol puede brillar".

Goethe, Máximas y reflexiones.

En la actualidad del mundo regido por el capital, algunos consideran que vivimos en plena era cibernética, con el predominio de la ciencia y la tecnología, en la sociedad informática, pos-industrial, pos-moderna, de monumental producción de mercancías, que alcanzamos el apogeo glorioso de un mundo "sin desigualdades", "sin clases sociales", "sin trabajo", de un mundo en definitiva que anuncia -con fondo de trompetas- la "superfluidad de la ideología y de lucha de clases". Ante mundo tan promisorio, tan sintonizado con el sueño iluminista del progreso civilizatorio, causa extrañeza que pueda haber algún antagonista contra tanta "maravilla" junta y, más aún, que ese antagonista sea en muchos casos particularmente amenazador precisamente por plantear la contradicción más primitiva: la expropiación del expropiador por medio de nuevas formas de ocupación de la tierra. Es como si el capital, en el punto más alto de su evolución, con todas las contradicciones que eso implica, evocase su punto de partida. De un modo, sin embargo, significativamente modificado por la historia.[1]

Dos me­mo­rias de pre­sos po­lí­ti­cos. Ar­gen­ti­na y Bra­sil, años 70

Este libro es parte de mi propio esfuerzo para expulsar al invasor. Pero lo cierto es que de cualquier manera, después de todo esto, cargamos siempre pedazos de muerte en el corazón.

(Koutzii, 1984, página 129).

A principios de 2001, fui a trabajar a la Universidad de Minho, en Braga, al norte de Portugal. Para alguien que vive en Brasil resulta extraño que las distancias en ese país puedan afrontarse con asombrosa rapidez y en pocos minutos se está en otra ciudad, con características distintas. En la pequeña Barcelos, hay un monumento dedicado "A los hijos muertos en Francia, I Grande Guerra Mundial, de Barcelos, ciudades y aldeas vecinas", con la lista de quienes no volvieron a sus casas. En una de sus placas pueden leerse dos emotivos versos de Camões, extraídos de Os Lusíadas:

Para porem as coisas em memória

Que merecem ter eterna glória.

(c. VII/e. LXXXII)

A los camaradas del Movimiento Sin Tierra: Ustedes están cultivando las semillas apropiadas

Queridos camaradas:

Tuve el privilegio de asistir a principios de esta semana a la apertura de la Escuela Nacional Florestan Fernández. Había leído sobre el MST y escuchado informes sobre vuestras reuniones, pero (como dice mi compañera Marta Harnecker) una cosa es conocer por la cabeza y otra muy diferente conocer por la cabeza y el corazón. Tuve algunas ideas sobre lo que vi y oí que hubiera deseado haber podido decírselas en ese momento, pero que me gustaría compartirlas ahora.

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