Por la recuperación del proceso de cambio para el pueblo y con el pueblo
En el marco de las trasformaciones políticas que vivimos actualmente en Bolivia, la caracterización del Estado como colonial es una cuestión que se está extendiendo y profundizando en la discusión política nacional. Sin embargo, otro de los núcleos de desigualdad inherentes a la configuración estatal -y también social-, que persiste en estos momentos, resistiéndose a ser afectado por la fuerza democratizadora de la ola de movilizaciones sociales iniciadas el año 2000, es el problema de la opresión de género, que aún constituyendo un tema igual de substancial y polémico que el colonial, existe desplazado de los debates generales o girando en calidad de aditamento alrededor de ellos. El patriarcado no es problematizado, desde el Estado, con la misma insistencia y seriedad que otras cuestiones, y aún menos impugnado en términos prácticos, más allá de lo teórico o discursivo.
En este artículo analizo los procesos sociales que dan significado al texto de la nueva constitución boliviana aprobada por la Asamblea Constituyente en Oruro en diciembre de 2007 y que luego es sustancialmente modificado en el Parlamento en octubre de 2008. Dicho texto contiene una serie de principios legales que le dan carácter de programa democrático revolucionario que no deben ser analizados en abstracto. Mi argumento es que más allá de las definiciones que contiene el texto y que reflejan la fuerza adquirida por los movimientos indígenas, las nuevas dinámicas que inaugura el actual gobierno le dan a dichas definiciones un carácter paradojal e inesperado. Asimismo diferencio entre la dinámica del proceso hacia la autonomía territorial protagonizado por los pueblos indígenas y las actuales políticas nacionalistas del gobierno de Evo Morales, entendiendo que existe un clivaje importante entre ambos procesos.
Con la guerra del agua de abril de 2000, los pobres de la ciudad y del campo de Cochabamba consiguieron expulsar a la multinacional que pretendía adueñarse del más elemental bien común. Entre 2003 y 2005 los pobres de todo el país acabaron con el modelo neoliberal. La gestión comunitaria del agua es ahora el desafío pendiente.
En: Emília Viotti da Costa (direct.), Revoluçoes do século 20, San Pablo, Editora UNESP, 2007, 184 páginas.
Se sabe que, al comienzo de El dieciocho brumario de Louis Bonaparte, Marx estableció una distinción entre las revoluciones del pasado y aquellas que, a su juicio, habrían de tener lugar en un futuro próximo: "Las revoluciones anteriores", sostiene Marx, "necesitaban evocar la historia universal a fin de insensibilizarse respecto de su propio contenido. La revolución del siglo diecinueve debe dejar que los muertos entierren a sus muertos, a fin de alcanzar su propio contenido. Allí, la expresión rebasa el contenido; aquí, el contenido rebasa la expresión".[1] Las revoluciones burguesas, que tuvieron su punto culminante en el siglo XVIII, se caracterizan por una relativa superficialidad: rutilantes y enérgicas en sus comienzos, rápidamente se aletargan y son sucedidas por una modorra que subyuga a la sociedad, "antes de que esta haya aprendido a apropiarse sobriamente de su período de ímpetu y tormenta".[2] De estas revoluciones se distinguen las proletarias, que, sustraídas a este optimismo anodino, se someten a sí mismas a una crítica permanente. Si el siglo XIX anunció primero la crisis y luego el cierre del período idealista y revolucionario de la clase burguesa -proceso que encuentra, como hitos significativos, la Revolución de Julio de 1830, el Levantamiento de Lyon de 1831, la sublevación parisina de Junio de 1848, con sus repercusiones en el resto de Francia y de Europa, y la Comuna de 1871-, el siglo XX se encuentra atravesado por una serie amplia y significativa de revoluciones socialistas, impulsadas con signos y resultados diversos.
El texto aprobado por la Asamblea Constituyente en Oruro el 9 de diciembre de 2007 es un triunfo importante para los movimientos indígenas, que excede el plano puramente discursivo y de "papel mojado" al que quedan generalmente reducidas las constituciones en América Latina.
Por un lado, lo que plantea el texto del proyecto de Constitución tiene importancia. Pone en cuestión el sistema liberal de control estatal sobre los pueblos oprimidos. Coloca nuevamente en el tablero, no sólo nacional sino mundial, el tema del reconocimiento de los derechos colectivos, el derecho a la autodeterminación de los pueblos oprimidos, y pone en discusión el sistema opresivo y homogeneizante del Estado-nación. Además de esto, establece de la forma más taxativa posible un conjunto de derechos individuales que parece colocar a Bolivia -al menos en el plano de la teoría- en el puesto más avanzado de la civilización humana actual.
En la historia suceden cosas cuando parece que no está sucediendo nada. Como algunas noches. Sí, la historia tiene noches y días, dijo Murat. ¿Y ahora es de noche? Ahora es de noche; hace bastante tiempo que es de noche. ¿Y duermes?, preguntó Sugus. Estoy impaciente, y a veces en la oscuridad mi impaciencia tiene la voz de un ángel.
John Berger, Lila y Flag
I
Hay una estrella de piedra en la fachada de un edificio en la Normal de Warisata. De cinco puntas, el astro está representado en movimiento, un movimiento abstracto que corre en dirección contraria a las manecillas del reloj.
"Ante el acceso al gobierno de alternativas políticas vinculadas al proceso de lucha popular , los movimientos sociales debemos mantener nuestra autonomía política y programática, impulsar la movilización social para avanzar en la consecución de nuestros objetivos y presionar contra cualquier adaptación de estos gobiernos al modelo neoliberal"
Llamamiento de las Asamblea de movimientos sociales. FSM-2006
Los discursos de Evo Morales plantean un mito: los indígenas hemos llegado al poder y ahora se inician 500 años de poder indígena; y un hecho: es el primer indígena que, apoyado en los movimientos sociales, llega a la presidencia por medio de elecciones. Su propuesta de un gobierno de inclusión y la convocatoria de una Asamblea Constituyente para la refundación de Bolivia con la participación de los pueblos indígenas -que fueron excluidos desde la fundación de la República criolla, hace 180 años- será puesta a prueba en el contexto de un pueblo movilizado y confrontado a la alianza que formaron los sectores latifundistas con las compañías petroleras.