El 22 de septiembre del 2011 con traje oscuro, corbata violeta y camisa celeste, el presidente Sebastián Piñera sube a la tribuna de la asamblea general de la ONU. El jefe del gobierno chileno y exitoso empresario multimillonario muestra una amplia sonrisa. En estos tiempos de crisis del capitalismo, él reivindica una economía floreciente, con una tasa de crecimiento de más de un 6% del PIB (principios de 2011). Durante su breve discurso ante los principales jefes de Estado del planeta insiste, también, en el conflicto social relacionado con la educación que atraviesa su país desde hace varios meses: “la carrera por el desarrollo y la batalla por el futuro, debemos ganarla en las aulas”, afirmaba. Aseguró que su gobierno pretende “garantizar una educación para todos y una educación gratuita para todos los que la necesitan”. Y el hecho de que los jóvenes de Chile luchen valientemente incluso es una prueba de la buena salud de la democracia chilena, todos movilizados por “una noble causa, grande, bella que es la de dar una educación de calidad” al pueblo. Magia del verbo propia de un político… quién podría pensar que está escuchando al representante de una derecha dura, de regreso a la cabeza del Estado 20 años después del final de la dictadura militar (1989) y comprometida, a cualquier precio, en la continuidad de esta revolución capitalista impuesta a sangre y fuego sobre las cenizas de la Unidad Popular y el cadáver de Salvador Allende.1 En lo más recóndito de los barrios populares, en el corazón de las innumerables marchas que agitan las ciudades del país, entre las decenas de colegios, liceos y universidades ocupadas, este discurso se recibe como una provocación más. El poder no comprende lo que subyace en la sociedad, o más bien intenta aparentar que no comprende. El día de esa intervención en la ONU, manifestaciones y coloridos desfiles mostraron a la Moneda.2que el movimiento por una educación “gratuita pública y de calidad” no está muerto. En la tarde del 23 de septiembre Camila Vallejo, una de las dirigentes de la Confederación de Estudiantes de Chile (Confech) subrayaba, con un cierto dejo de ironía, que el discurso del presidente estaba lleno de “contradicción, incoherencia e inconsistencia”, en el mismo momento en que Piñera se negaba a cualquier negociación seria y seguía desplegando todo un arsenal represivo
Entrevista realizada por Manuel Martínez, de la Revista Herramienta, a Ignacio Kostzer, presidente de la Federación Universitaria de Buenos Aires, militante de la Corriente Julio Antonio Mella (Juventud Rebelde 20 de Diciembre).
Una polémica imprevisible disparó la invitación a Mario Vargas Llosa para inaugurar la Feria del Libro de Buenos Aires. El convite al vigía de las libertades amenazadas, realizado por los organizadores y las empresas editoriales, generó el rechazo de quienes vieron en la decisión una clara maniobra de tinte político, alejada del sentido esencialmente cultural del tradicional evento.La crisis de hegemonía del régimen neoliberal en la Argentina a fines de 2001 hubo de tener un profundo impacto a nivel regional e internacional. Tras haber sido bendecido como ejemplo de la exitosa aplicación del recetario del “Consenso de Washington”, la estrepitosa debacle económica y política de dicho régimen proyectó luego la imagen de su fracaso a nivel global.
Sin embargo, la experiencia argentina –más allá de sus particularidades, de su importancia relativa en el contexto internacional y de las propias vanidades– estaba lejos de resultar un solitario rayo en cielo sereno. Desde finales de los ´90 la conjunción de un ciclo de luchas y emergencia de movimientos populares en –crecimiento desde mediados de dicha década– con el impacto de un nuevo episodio de recesión y crisis económica a nivel regional, dio inicio a un período de crisis de legitimidad del modelo neoliberal en Nuestra América.
¿Desde dónde y cuándo viene la denominación de “indio e indígena”? ¿En qué contexto histórico y político apareció? ¿Qué prácticas y qué intereses políticos, económicos, culturales e ideológicos estuvieron detrás de este calificativo? ¿Qué significado político y social tuvo en la colonia?
Por ello, no podemos asumir aquel equívoco histórico del “descubrimiento” como un simple hecho de fe; al contrario debemos recontextualizarlo y reexaminarlo como un hecho histórico colonial, con un claro protagonismo de las élites políticas y religiosas de la corona española y del Vaticano que construyeron una estrategia en conjunto, para emprender un proceso de dominación del mundo andino.