Pensar el Comunismo, el Socialismo, hoy. Intervención de Aldo Casas

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Autor(es): Casas, Aldo Andrés

Casas, Aldo AndrésCasas, Aldo Andrés. Nació en Córdoba, en 1944. Integra el Consejo de redacción de Herramienta. Revista de debate y crítica marxista y aporta a los Portales ContrahegemoníaWeb y Darío Vive. Antropólogo, colaboró en el Seminario "Poder, política y procesos de resistencia: problemas y enfoques en Antropología Social" (FFyL-UBA) y participó de diversas cátedras libres en facultades de Buenos Aires, La Plata, Rosario y Mar del Plata. Miembro del Consejo Asesor Académico de la Escuela de formación política José Carlos Mariátegui (2012). Es autor de Los desafíos de la transición. Socialismo desde abajo y poder popular (2011) y colaboraciones en libros de reciente publicación como Socialismo desde abajo (2013), Cuadernos de Estudio Nuestroamericano (2013), La otra campaña. El país que queremos, el país que soñamos (2011), Poder popular y nación (2011), Pensamiento crítico, organización y cambio social (2010), Primer Foro Nacional de Educación para el Cambio Social (2010), Reflexiones sobre poder popular (2007). Es autor también de Drogadicción, salud y política (2002) y, anteriormente, Después del estalinismo. Los Estados burocráticos y la revolución socialista (1995). Fue compilador de Escritos sobre revolución política, de Nahuel Moreno (1990), de Un siglo de luchas. Historia del movimiento obrero argentino (1988) y redactor del Programa del MAS (1985). Activista estudiantil, social y político desde comienzos de la década 1960, ingresó en 1965 al Partido Revolucionario de los Trabajadores y militó sucesivamente en el PRT-La Verdad, el Partido Socialista de los Trabajadores (PST) y el Movimiento Al Socialismo (MAS). Como periodista e internacionalista, residió en Venezuela, Portugal, España, Francia y Polonia. En diversos períodos participó en el Comité Ejecutivo de la IV Internacional (SU), en el Secretariado de la Cuarta Internacional (C.I.) y en los organismos de conducción de la Liga Internacional de los Trabajadores (Cuarta Internacional). Durante más de tres décadas escribió regularmente en diversas publicaciones del movimiento trotskista. En 2002 confluyó junto a compañeros de diversas tradiciones políticas en el colectivo Cimientos y luego, como parte del mismo, ingresó al Frente Popular Darío Santillán en 2007. Actualmente mantiene relaciones de colaboración con el FPDS-Corriente Nacional.


"El ad-venir del socialismo…"

Intervención de Aldo Casas (17 de septiembre de 2006)

Quiero exponer mi punto de vista apoyándome en discusiones anteriores, porque uno de los desafíos que enfrentamos es el de ser capaces de sostener discusiones reales, tener en cuenta lo que dice el otro para, sobre eso, ir agregando opiniones coincidentes, argumentos complementarios, refutaciones o lo que sea. Así, traigo a la discusión algunas cuestiones que muy brevemente abordé hace algún tiempo con Claudio Katz, cuando publicamos su libro llamado El porvenir del Socialismo. Quiero recordar que ese libro salió hará poco más de un año, y que hace apenas unos meses obtuvo un premio en Venezuela, lo que no deja de ser otra confirmación de que están recomenzando las discusiones sobre el socialismo, su realidad y su relación con los problemas presentes.

En alguna de las presentaciones del libro, yo le decía a Claudio que, encontrando muchos puntos de coincidencia con su trabajo - en primer lugar la coincidencia decisiva de afirmar que frente al capitalismo lo imprescindible es la lucha por un sistema radicalmente distinto, no cambios o mejoras, sino una revolución de la sociedad, la emancipación de los trabajadores -, a partir de ese gran punto de coincidencia y del común acuerdo en que las experiencias del llamado "socialismo real" no habían sido efectivamente socialistas, pensaba que en lugar de hablar del porvenir del Socialismo, era mucho más útil encarar la discusión poniéndole otro título, o mejor dicho, otra perspectiva: debemos prestar atención al ad-venir del socialismo. Es decir, ver cómo "en la lucha contra el actual estado de cosas", para retomar una frase de Marx, se van sentando elementos, bases o puntos de apoyo de una sociedad distinta… Lo que debemos tomar como punto de referencia, no es lo que está por-venir en algún indeterminado momento futuro, sino lo que está ocurriendo hoy, lo que hoy mismo está incorporándose a la realidad con las luchas y reclamos de la gente. Pensar en el ad-venir del socialismo cambia bastante la perspectiva de lo que se reconoce como adquisiciones y de lo que se considera problemas…

Por ejemplo, el libro de Claudio Katz lleva la crítica al "Socialismo real" bastante más allá de lo que hacían generalmente los trotskistas. Porque dice que eso no era socialismo, y precisa que tampoco eran Estados "obreros", porque había un Estado de opresión que consagraba un cierto tipo de explotación. Trotsky, que había sido en su tiempo el más agudo crítico del estalinismo, en La Revolución Traicionada, su libro más importante sobre el tema había sido ambiguo; describió crudamente las condiciones que se le imponían a los trabajadores, y utilizó incluso la palabra "explotación", pero ponía el acento en la "desigualdad en la esfera del consumo", la burocracia como "parasitismo", etcétera. El decía: "hay degeneración política, pero subsisten las conquistas y las relaciones productivas surgidas de la Revolución de Octubre". Hoy es evidente que en esto estaba equivocado Trotsky, y es un progreso teórico que Katz advierta que no eran "Estados obreros" y que los trabajadores fueron explotados… Pero inmediatamente aparece un problema, porque la explicación que ofrece Claudio es que "hubo explotación porque había una casta burocrática"… Es un razonamiento que nos mete en un círculo vicioso, porque la existencia de una casta burocrática lejos de explicar la existencia de la explotación, es algo que debe ser explicado: ¿por qué hubo una casta burocrática? ¿porqué y con qué mecanismos hubo explotación en esos países en los que capitalistas y terratenientes habían sido expropiados? Esto es lo que Claudio Katz no lo logra explicar, porque deja fuera del análisis un punto decisivo: ¿esas experiencias mal llamadas socialistas lograron cambiar las condiciones reales de la actividad productiva de la gente? ¿Quiénes y como tuvieron el control jerárquico sobre las fuerzas productivas? ¿Cómo fueron las relaciones que los hombres establecieron en función del metabolismo social que operó en la URSS y las restantes economías de su tipo? En realidad, la explicación de la relativa consolidación de una casta burocrática y de un inesperado tipo de explotación, es que esto ocurrió porque en la Unión Soviética y demás Estados de su tipo, los obreros siguieron produciendo de la misma manera que antes, sino peor

No ignoramos el atraso de Rusia, la guerra civil y la agresión externa. Sabemos que los revolucionarios debieron enfrentar problemas terribles. Pero con la ventaja que da la distancia, lo menos que debemos decir es que resolvieron mal esos problemas, o creyeron resolverlos con medidas que aparejaron nuevos problemas… Lenin llegó a proponer incorporar el taylorismo para asegurar la productividad, diciendo algo así como "taylorismo dentro de las fábricas, y soviet afuera"… Pero esa combinación no sirve, porque si hay taylorismo en las fábricas necesariamente hay jefes, administradores y burócratas, si los obreros siguen produciendo como antes necesariamente debía aparecer una nueva "personificación del capital". Porque el capital esencialmente es una relación social, es lo simétrico a la subordinación del trabajo: si el trabajo sigue subordinado a un comando externo a los productores mismos, si hay una fuerza externa que se impone sobre el trabajo, significa que subsiste el antagonismo básico que es característico del orden del capital. Por eso mismo, la expropiación de los capitalistas sólo puede ser vista como un paso, un paso relativamente pequeño en esta transformación verdaderamente revolucionaria de las condiciones en que los hombres producen y se relacionan entre sí. Y precisamente porque las experiencias orientadas por el estalinismo no avanzaron por ese camino, se mantuvo y se reforzó bajo otras formas un comando externo sobre el trabajo. ¡Por eso la casta burocrática, por eso la explotación, por eso terminamos volviendo al capitalismo!.

Yo creo que se trata de un punto muy importante. Y no es una cuestión de mero interés histórico. Tiene relación directa con la forma en que debemos pensar el ad-venir del socialismo. Porque nuestro cuestionamiento y oposición al orden del capital y la subordinación del trabajo no son algo por venir: está en la agenda de hoy, debe estar en la práctica revolucionaria

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Un segundo punto interesante de debate surge en la cuestión de la transición. Claudio Katz arranca diciendo que la revolución no se va a dar al mismo tiempo en todos los países del mundo y que lo mas probable será que las próximas revoluciones triunfantes ocurran en los países periféricos, donde mayores son las contradicciones y tensiones acumuladas. Hasta aquí, podríamos coincidir. Pero Katz agrega algo mucho más discutible, porque viene a decirnos que cualquier poder revolucionario en un país atrasado deberá atravesar una "etapa" de transición muy larga, que no será de 40 o 50 años sino de muchas generaciones. Y no se trata sólo de una cuestión de tiempo, sino también de "contenido", porque se dice que el objetivo de esta etapa de transición será aumentar la productividad y el consumo, preparando las condiciones para iniciar la etapa socialista. Claudio dice que si la revolución triunfara en Norteamérica, el mundo entero podría cambiar muy rápidamente y todo sería más sencillo, pero como lo mas probable es que ello no ocurra, debemos ser realistas y prepararnos para el peor de los escenarios, que es una "etapa" de 400 ó 500 años de transición en un país atrasado, para entrar después en la "etapa socialista"... ¡Pero semejante prospectiva en realidad no tiene nada de realista! Creo que lo realista es advertir que si hay 500 años más de dominio capitalista de la economía mundial, no sólo no habrá socialismo, sino que ya no existirá una sociedad como la que conocemos ¡y es dudoso incluso que haya vida!

Esto nos lleva a otra cuestión decisiva: ¿qué tipo de crisis enfrentamos? ¿qué problemas enfrenta hoy la humanidad, mientras busca a tientas su emancipación? Creo equivocado considerar la actual crisis como una crisis más del capitalismo… Hay una crisis del capitalismo que, en una de sus dimensiones, es una crisis económica que se puede estudiar con los instrumentos más o menos clásicos que nos dio el marxismo. Pero el texto "Pensar el comunismo…" y recientes trabajos de Chesnais apuntan más allá, advirtiendo que entramos en una fase en la cual lo que entra en crisis es la posibilidad misma de que la humanidad se siga reproduciendo. Hace ya un tiempo István Mészáros caracterizó que estábamos ante una inédita crisis estructural del capitalismo. Y otros estudiosos y militantes, para subrayar la especificidad de esta crisis, dicen que la mundialización del capital nos enfrenta con una crisis civilizatoria… Este es un marco conceptual útil para interpretar, a nivel mundial, reacciones de muy diversos signos que evidencian que hay sectores de la humanidad, sectores explotados, oprimidos, "superfluos", que comienzan a decir "no se puede vivir más de esta manera, y si no nos dejan vivir más… busquemos pues otra manera de vivir". El compañero Pablo Regalsky nos contaba como, en plena ofensiva neoliberal y reconfiguración del Estado boliviano, los sindicatos de trabajadores campesinos y las comunidades indígenas con las que están consustanciados dijeron "no queremos este modelo que nos imponen" y tras decirlo o incluso antes de decirlo expresamente, comenzaron a funcionar según otra lógica social, la que a tientas y rescatando usos y costumbres ancestrales se daban ellos mismos… Este es el sustrato de las muchas cosas que están ocurriendo en Bolivia, y exceden al hecho de que Evo Morales llegara a la presidencia: por debajo, lo que hay es esa decisión y esa práctica del sindicalismo indígena y campesino, de los comunitarios, afirmando la necesidad y la posibilidad de una construcción social en términos radicalmente distintos a los instituidos por "la República de los blancos" que les impusieron hace casi 500 años… Bueno, yo digo que también eso es el ad-venir del socialismo, están preparando y en cierto sentido instituyendo ya algo distinto…

Entender esto cambia mucho los términos del debate y ayudaría a evitar discusiones inútiles. Estamos ante una crisis de nuevo tipo, en la cual confluyen un sinnúmero de problemas, y las respuestas parciales que van dando "los de abajo", son el sustrato primero del cual parten las reflexiones políticas y aún teóricas que pueden contribuir a "cambiar el actual estado de cosas". En este proceso vivo está el ad-venimiento del socialismo. Atender y aprender con las múltiples experiencias y diversas formas de insumisión no excluye un empeño específico de reflexión teórica, no es sentarse a esperar y ver hacia dónde van las cosas. Por el contrario, se trata de participar activamente, pero participar activamente sabiendo que esas experiencias de los de abajo no son meramente reactivas, porque el ser humano no es puramente reactivo: cuando hay una huelga, no es porque nada más haya explotación, es porque -además de la explotación como hecho económico- hay una parte de la clase trabajadora que fue capaz de identificar que esa experiencia de explotado que vive tiene determinados responsables, y que puede enfrentar y modificar la situación planteando tal o cual reivindicación, organizándose, haciendo una huelga. Insisto: las luchas y procesos no son puramente "reacciones" frente a la miseria y la opresión, en todo ellos y sobre todo cuando tienen cierta continuidad, hay proyectos o al menos elementos emancipatorios en acción y el revolucionario incapaz de reconocerlos será incapaz de ayudar a construir, integrando esa riqueza y potencialidad, una política o, mas en general, un proyecto alternativo. Para mí, este es el desafío, y en América Latina es particularmente decisivo comprenderlo así.

Y ahora, sobre la base de las consideraciones que acabo de hacer, puedo volver a la experiencia de ese socialismo que no fue, en la antigua Unión soviética y en todo el llamado "campo socialista". El socialismo de matriz estalinista-estatalista fracasó porque fue incapaz de resolver problemas tan concretos y complejos como la subsistencia del trabajo asalariado, porque quiso desarrollar la economía intensificando procesos productivos que mantenían el trabajo vivo sometido al trabajo muerto, la dominación del dinero y valor de cambio operando incluso a través de la planificación burocrática, etcétera. Esquivaron los problemas, como si cambiando el nombre de las cosas se transformara la realidad. Decían: "el trabajo asalariado ya no existe: ahora tenemos trabajo socialista y salario socialista"; o también: "la dominación del trabajo muerto sobre el trabajo vivo no existe más, porque lo que antes era el capital ahora es fondo de acumulación"… Cambiaban los nombres, pero la realidad del trabajo generador de una plusvalía, sometido y sufrido como una condena siguió siendo la base del sistema, y justificadamente los trabajadores se divorciaron de ese régimen.

Pero debemos preguntarnos si el problema que los bolcheviques tuvieron que afrontar en 1917, ese problema que intentaron resolver de distintas maneras, sin lograrlo y que con la deriva estalinista cristalizó en un sistema sui generis de explotación ¿Es acaso un problema que se va a plantear solamente después de la conformación de un nuevo poder revolucionario? ¿Por qué? ¿No está planteado desde hoy, concretamente, en diversos lugares y circunstancias? ¿Quién estableció esa distancia, ese muro insalvable entre un programa mínimo reivindicativo y un programa máximo relegado para una futura "etapa socialista"? ¿No es momento de terminar con esa división de tareas con que se construyó (y se deformó) históricamente el movimiento obrero, con sindicatos que planteaban reivindicaciones "económicas" y partidos que pregonaban las bondades de un socialismo futuro, mientras contribuían a la "gobernabilidad"? Hay que romper decididamente con esa tradición conceptual y organizativa, porque las condiciones concretas de la vida contemporánea imponen quebrarlo y porque es posible hacerlo, dentro de límites que no están dados de una vez y para siempre, sino que surgen de luchas y relaciones de fuerza cambiantes.

Quiero decir que la tarea de pensar formas de lucha y de organización, maneras de producir y de establecer relaciones sociales radicalmente distintas, surge de la profundidad y características que adopta la crisis en las condiciones de mundialización del capital y crisis civilizatoria. En Latinoamérica esto se presenta de manera particularmente aguda. Estuvo planteado en la Argentina del 2001 al 2003 (y de manera ciertamente diferente sigue estándolo): se intentaron respuestas parciales, hubo experiencias que tropezaron con diverso tipo de límites, pero por parciales y limitadas que hayan sido, sirvieron al menos para recordarnos que el camino revolucionario no depende de lo que nosotros digamos en nuestro programa, sino de que aprendamos a formular un programa desde las múltiples dimensiones y experiencias que expresan la rebelión de los de abajo. En Bolivia, o en Venezuela, estas cuestiones están presentes de manera aguda. Así pues ¿Qué significa discutir el socialismo del siglo XXI? ¿Como se concreta? No se trata de discutir cómo podría ser el socialismo dentro de 100 años o más, sino de pensar y actuar en sintonía con el impulso profundo de quienes buscan, con sus propias experiencias y expectativas, cambiar las condiciones insoportables en que viven. Este es el debate del siglo XXI, y creo que podemos aportar a la elaboración colectiva que nos proponen desde Europa, porque el siglo latinoamericano que vivimos está caracterizado por una tumultuosa y riquísima experiencia de luchas sociales y políticas que pugnan por ponerse a la altura del desafío histórico y presente: socialismo o barbarie.