En la Voluntad de saber, Michel Foucault muestra que la aparición de los modernos dispositivos disciplinarios presupone una modificación sensible, o mayúscula, de las relaciones patriarcales caracterizadas, entre otras cosas, por el derecho del padre de familia sobre la vida y la muerte de los hijos, las mujeres y los esclavos. Este derecho, en principio absoluto, es reemplazado lentamente, en el transcurso de procesos históricos complejos, por un derecho ampliamente despersonalizado y ejercido por mecanismos de poder para controlar la vida. El poder ya no funciona para cobrar tributos o para apoderarse de las riquezas de otros, sino para que la vida de los individuos esté al servicio del incremento de bienes y riquezas. Se trata de controlar la vida y el cuerpo, su utilización y su reproducción, con el fin de tenerlos disponibles para la producción y no para la destrucción. No desaparece el derecho a dar muerte, pero está sin embargo relacionado a condiciones muy precisas de ejercicio y se lo interpreta como un medio de proteger la vida. El poder de dominar ya no se manifiesta esencialmente por ritos y rituales de sumisión a autoridades sacralizadas por la tradición, sino más bien en la captación, gracias a dispositivos disciplinarios, del poder de acción de los individuos. El poder dominar se dispersa y difunde en el espacio social como un bio-poder, es decir, como un poder que disciplina el cuerpo y sanciona las transgresiones a las reglas disciplinarias instauradas para asegurar la buena gestión de las vidas humanas.