Renán Vega Cantor
En estos momentos se desenvuelve otra crisis que, a primera vista, hace parte del recurrente ciclo capitalista que en forma periódica desemboca en una caída drástica en todos los órdenes de la vida económica. Pero si se mira con algún cuidado, la crisis actual tiene unas características diferentes a todas las anteriores ya que hace parte de un quiebre civilizatorio de carácter integral, que incluye factores ambientales, climáticos, energéticos, hídricos y alimenticios. La noción de crisis civilizatoria es importante porque con ella se quiere enfatizar que estamos asistiendo al agotamiento de un modelo de organización económica, productiva y social, con sus respectivas expresiones en el ámbito ideológico, simbólico y cultural. Esta crisis señala las terribles consecuencias de la producción de mercancías, que se ha hecho universal en los últimos 25 años, con el objetivo de acumular ganancias para los capitalistas de todo el mundo y que sólo es posible con el gasto exacerbado de materiales y energía.
Globalización del sistema y globalización de la resistencia. Algunas ideas.
El libro del que nos ocupamos en este comentario es fruto de un tenaz esfuerzo orientado a elaborar una crítica sólida y profunda de las tendencias actuales del capitalismo mundial, de sus contradicciones y de sus aspectos más catastróficos y regresivos. Es también un intento de consolidar y ampliar el potencial crítico del método marxista de análisis de la realidad, sobre la base de fortalecer el diálogo con las otras expresiones del pensamiento crítico y las identidades que se forman a partir de ellas (teología de la liberación), con grupos que luchan contra distintas formas de opresión (feministas, indígenas) y contra las tendencias más regresivas y destructivas del capitalismo finisecular (flexibilización toyotista, xenofobia, destrucción del medio ambiente, etcétera).
Vega Cantor plantea la posibilidad de este diálogo intelectual y político a partir de la fundamentación de una crítica marxista a la idea de progreso. El punto de partida de esta tarea es la revisión de algunos de los esfuerzos más tenaces para despojar al marxismo de sus vestigios racionalistas y sus tendencias a una visión unilineal y eurocentrista de la historia de las sociedades humanas (W. Benjamin, W. Morris, T. Adorno, H. Marcuse, J. Mariátegui). En base a la elaboración crítica de estos aportes y experiencias, el autor de El Caos... intenta aportar algunos elementos para una visión marxista del mundo contemporáneo que no sea tributaria de la idea de progreso. Vega Cantor trabaja alrededor de los siguientes ejes: a) la denuncia de la falsa neutralidad del progreso científico y tecnológico; b) las consecuencias destructivas del progreso industrial sobre la naturaleza y las condiciones de vida; c) el rescate de distintos movimientos sociales opuestos al progreso capitalista; d) la diferenciación entre progreso moral y progreso económico y tecnológico. Sobre la base de estos elementos el historiador colombiano propone colocar en el centro de las propuestas de un nuevo movimiento socialista, la idea de la revolución no como el relevo de la burguesía por el proletariado en la carrera de postas hacia el progreso lineal sino como la lucha del conjunto de los explotados para detener las tendencias destructivas del capitalismo.
"Si nuestra América no ha de ser sino una prolongación de Europa; si lo único que hacemos es ofrecer suelo nuevo a la explotación del hombre por el hombre (y por desgracia esa es hasta ahora nuestra única realidad), si no nos decidimos a que ésta sea la tierra de promisión para la humanidad cansada de buscarla en todos los climas, no tenemos justificación: sería preferible dejar desiertas nuestras altiplanicies y nuestras pampas si sólo hubieran de servir para que en ellas se multiplicaran los dolores humanos, no los dolores que nada alcanzará a evitar nunca, los que son hijos del amor y la muerte, sino los que la codicia y la soberbia infligen al débil y al hambriento. Nuestra América se justificará ante la humanidad del futuro cuando, constituida en magna patria, fuerte y próspera por los dones de la naturaleza y por el trabajo de sus hijos, dé el ejemplo de la sociedad donde se cumple la ‘emancipación del brazo y la inteligencia’".
Pedro Henríquez Ureña[1]
Hace mucho que se habla de la "casa inteligente", que regula por sí sola la calefacción y la ventilación, o de la "nevera inteligente", que encarga al supermercado la leche que se terminó. Nuevas creaciones son el "carrito de compras inteligente", que llama la atención del consumidor sobre las ofertas especiales, o la "raqueta inteligente", que con un sistema electrónico embutido permite al tenista un saque especial, mucho más potente. ¿Será éste el estadio final de la evolución intelectual moderna? ¿Una grotesca imitación de nuestras más triviales acciones cotidianas por las máquinas, conquistando así una consagración intelectual superior? La maravillosa sociedad del conocimiento aparece como sociedad de la información, porque se empeña en reducir el mundo a un cúmulo de informaciones y procesamientos de datos, y en ampliar de modo permanente los campos de aplicación de los mismos.
Robert Kurz *
En los actuales momentos de expansión imperialista hasta el último rincón del planeta, ocurre una acelerada destrucción de los ecosistemas y una drástica reducción de la biodiversidad. Es un resultado directo de la generalización del capitalismo, de la apertura incondicional de los países a las multinacionales, de la conversión en mercancía de los productos de origen natural, de la competencia desaforada entre los países por situarse ventajosamente en el mercado exportador, de la caída de precios de las materias primas procedentes del mundo periférico, de la reprimarización de las economías, en fin, de la lógica inherente al capitalismo de acumular a costa de la destrucción de los seres humanos y de la naturaleza.
"Los verdaderos revolucionarios no proceden como si la historia empezara con ellos. Saben que representan fuerzas históricas cuya realidad no les permite complacerse con la altruista ilusión verbal de inaugurar todas las cosas." José Carlos Mariátegui, "Heterodoxia de la tradición", en Peruanicemos al Perú, Obras Completas, Vol. 11, Lima, 1980, págs. 117-118.
Entre diversos lectores de Cambiar el mundo sin tomar el poder -incluyendo al autor de estas líneas- quedó la sensación de que dicha obra adolece de una reflexión de tipo histórico, que hubiera permitido analizar en perspectiva algunos de los grandes problemas que en la actualidad afrontan los movimientos revolucionarios de todo el mundo, de cara a los grandes desafíos impuestos por el capitalismo.
Hay libros que tienen un título que sobrepasa de lejos a su contenido. Tal es el caso de Cambiar el mundo sin tomar el poder. El significado de la revolución hoy de John Holloway. Su llamativo título no se corresponde en mucho con su contenido, porque cuando se da uno a la tarea de leerlo se lleva una gran decepción con respecto a lo enunciado en la carátula. Enumeremos, de manera rápida, algunas de las razones que explican el desfase entre el título y el contenido de este libro.
En primer término, la idea de su autor de cambiar el mundo sin tomar el poder está todavía bastante cruda, embrionaria. Se puede decir que se apresuró a presentarla en público cuando todavía es demasiado confusa. Ahora bien, la confusión no radica en la postura del autor, expresada directamente en las primeras páginas y en los últimos párrafos sobre la ausencia de certezas que hoy caracterizan a todos aquellos que se puede definir como anticapitalistas. No es ese el problema, porque si ese fuera sería una manera muy simple de resolverlo, diciendo que, como no tenemos ninguna certidumbre, entonces no podemos pensar en elaborar nada consistente y dejarlo todo a la caprichosa interpretación de cada lector. Al respecto es bueno recordar que, como decía Walter Benjamín, una presentación de la confusión no es lo mismo que una presentación confusa.
Hablar de las intervenciones norteamericanas en nuestro continente supone ocuparse de un tema muy amplio. Hoy casi no se habla del asunto y la rica bibliografía que sobre el tópico se generó en las décadas de 1960 y 1970 hoy es casi una curiosidad historiográfica, sepultada en el último lugar de archivos y bibliotecas. Afortunadamente, algunos nos dimos a la tarea de recuperar la historia de ese proceso de invasiones, sin pensar que en el camino eso iba a coincidir con la nueva política de Estados Unidos, cuyo epicentro fundamental en América Latina es Colombia.
Hay que recordar la cantidad impresionante de agresiones externas que ha sufrido nuestro continente, que son tantas que la cuenta prácticamente se ha perdido, incluyendo no sólo las afrentas efectuadas por Estados Unidos sino por todas las potencias europeas. Al respecto, existe un libro de Gregorio Selser, titulado Enciclopedia de las agresiones extranjeras en América Latina, en el que se contabilizan más de 10.000 ocupaciones, agresiones y desembarcos de muy diverso tipo desde comienzos del siglo XIX hasta momentos recientes.