La amplitud y la rapidez de las destrucciones de empleos, es una de las características de la recesión mundial presente. Y las marcas distan mucho de alcanzarse. Así a principios del mes de marzo - según New York Times y Wall Street Journal - las grandes y medianas empresas industriales así como las de los servicios que se conectan con ellas, lo mismo que la rama de la construcción, son los sectores que suprimen más empleos.
El sector bancario y financiero contribuye también al aumento de las personas despedidas. Pero, además: escuelas, administraciones públicas y bibliotecas, despiden asalariados/as en este sector público. Son California, Illinois, Pensylvania, Georgia y Massachusetts que están en primera fila. La reducción de los “gastos públicos” es la causa.
En la industria, una empresa tan prestigiosa como United Tecnologías - un conglomerado transnacional, asentado en Connecticut y activo en la aeronáutica (los helicópteros Sikorsky, los motores Pratt & Whitney) o en los ascensores Otis, sistemas antifuego, etc. - anunció, a principios de marzo, 15.000 “reducciones de empleos” en Estados Unidos.
¿Cuándo comenzará la guerra bajo la batuta de los Estados Unidos? Los "observadores" han pasado de preguntar si habrá, a preguntar cuándo... Pero ¿es que la guerra ya no ha comenzado?
Sólo durante el mes de agosto de 2002 los cazabombarderos anglonorteamericanos realizaron diez incursiones sobre territorio iraquí para atacar "centros de comando". A la sombra de los debates públicos –mejor dicho, de la vasta campaña de información tendenciosa–, las fuerzas militares norteamericanas se despliegan en torno del territorio iraquí con un ritmo superior al que se registró durante la operación "Escudo del desierto" (entre el 8 de agosto 1990 y el 15 de enero de 1991), fase preparatoria de la ofensiva "Tormenta del desierto". Un diagrama de los acantonamientos de las tropas norteamericanas (de importancia desigual) en Oriente Medio, Asia Central y el Cuerno de África permite estimar la envergadura del dispositivo: Pakistán, Afganistán, Uzbekistán, Kirguistán, Kazajstán, Tayikistán, Georgia, Azerbaiyán, Turquía, Jordania, Egipto, Kuwait, Arabia Saudita, Qatar, Bahrein, Omán, Yemen, Eritrea y Kenya. A esto se agregan los buques de la flota norteamericana que se pasean por el golfo Pérsico, el mar de Omán, el mar Rojo, el Mediterráneo... Y en este dispositivo también se ubica en forma destacada Israel.
Nautilus, París, 2002, 230 pags.
A finales del 2002, Argentina ya no ocupa el primer plano de los grandes medios. En la prensa económica, sólo se mencionan la intransigencia del FMI y la magnitud de la crisis: "Argentina cerró en junio su 15º trimestre consecutivo de recesión, algo sin precedentes desde comienzos del siglo XX. El nuevo retroceso del 13,6% de la actividad en el segundo trimestre será seguido por cifras igualmente hasta fin de año", y "la clase política argentina es incapaz de elaborar un plan para salir de la crisis" (Le Fígaro, 21-22 de septiembre de 2002)... Y es un hecho que la sociedad argentina, cuya población era en su gran mayoría asalariada, sufre un violento "golpe económico". Pero bajo este impacto, se desarrollan múltiples iniciativas de autoorganización. Las mismas expresan una protesta que se liga con la afirmación de derechos (al trabajo, a la vivienda, a la salud, a la comida, a la educación), con la urgencia de solidaridad para sobrevivir (trueque, comedores y jardines "populares"), y con negociaciónes con las instituciones gubernamentales, partidos e Iglesia, porque se superponen parcialmente con estructuras inscritas en un espacio territorial -barrios y ciudades- donde se entrecruzan negociaciones y luchas.
Guerra del Golfo: una nueva visión
En perspectiva, la Guerra del Golfo (1990-1991) se ve como un momento bisagra en la implementación de la actual política imperialista por las elites dominantes de los Estados Unidos.
Repúblicas independientes
Ya desde principios de 1991, cuando la operación "Tormenta del Desierto" parecía una programación ineluctable, los inútiles intentos mediadoras de Evgeni Primakov eran una prueba de la desaparición de la URSS como "superpotencia". Su desaparición modificaba completamente la configuración internacional de una inmensa región.
Los protagonistas de los actos terroristas del 11 de septiembre de 2001 utilizaron a sus víctimas –pasajeros y pilotos de aviones civiles– para perpetrar un asesinato masivo. Estas acciones no tienen justificación alguna. La masacre, sin ninguna reivindicación política, sólo mató miles de civiles: conserjes, emplead@s de oficina o ejecutivos...
Este asesinato indiscriminado de civiles no tiene nada que ver con las luchas emancipadoras de los asalariados y los millones de explotad@s y oprimid@s del mundo.
Para tener la más mínima posibilidad de éxito, estas luchas deben inscribirse en una perspectiva: la de un combate que fortalezca la confianza de las "masas" en sus capacidades, fuerzas e inteligencia. Los combates deben anticipar –con las limitaciones impuestas por los dominantes, por supuesto– la conducta para una gestión cooperativa y democrática de la sociedad, después de romper el chaleco de fuerza de la apropiación privatizada de la creatividad de los individuos y los diversos medios de producción de la riqueza social. De hecho, la usurpación privada de los recursos –con los golpes de la competencia desenfrenada y la ganancia– sólo puede hacerse con una total desconsideración hacia la mayoría de los seres humanos y su "medio ambiente vital" en el planeta. En este combate, es legítimo el derecho a la violencia colectiva contra los opresores (ya volveremos sobre esto).
Por el contrario, actos criminales como los del 11 de septiembre permiten a los Bush, Blair y compañía condenar en nombre de valores declarados universales a la "violencia", el "terrorismo" y a la acción directa de pueblos enteros frente a las opciones militares, económicas y políticas que afectan a millones de habitantes de la tierra. Tanto ayer como hoy, tales condenas al terrorismo se contradicen con sus propias acciones que masacran decenas de miles de civiles. ¡Y estos emprendimientos se justifican con los mismos valores universales de un Occidente imperial en "cruzada"!
“¿Tiene futuro el movimiento antimundialización?” Este fue el titular de una revista publicada en Francia en el mes de noviembre. No nos detendremos demasiado sobre el término con el que nuestros adversarios etiquetan a un movimiento que en realidad es internacional ( y por lo tanto “mundializador”), pero combate conscientemente un régimen económico internacional que somete la existencia y el futuro de los pueblos al mercado y la ganancia. La respuesta a la pregunta planteada sólo puede ser afirmativa. El movimiento logró al menos dos éxitos de primera línea: el retiro del proyecto de Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI) y haber hecho fracasar en Seattle las Negociaciones del Milenio (el Millenium round). Es preciso agregar la campaña por la instauración de la tasa Tobin que, lanzada hace tres años por ATTAC, ha logrado ya resultados políticos interesantes e instructivos. Merecen que nos detengamos un poco en esto.