La actual crisis internacional del capital no es una crisis cualquiera. Es, al menos, la crisis más importante desde la Gran Depresión. Como en toda crisis sistémica en ella convergen las principales contradicciones, siendo por ello multidimensional1. Arranca desde el modo de producción: la crisis productiva que se expresa a través de la crisis económico-financiera pero también en la crisis energética; y la crisis de realización, representada en la crisis de pobreza y desigualdad, en la concentración de riqueza, en el consumismo, que son expresiones concretas de la contradicción entre la socialización creciente de la producción y la apropiación que continúa siendo privada. Pero va más allá, hasta el conjunto de relaciones sociales bajo el influjo del capital: desde la esfera política con la crisis de la hegemonía global norteamericana o la crisis político-militar del imperio; la crisis de las concepciones dominantes representada en la quiebra de la ideología neoliberal y su matriz neoclásica; hasta la crisis paradigmática que, atravesando todo lo anterior, se sintetiza con mucha claridad en la crisis del cambio climático. Por ello, desde la perspectiva del sistema internacional como totalidad es evidente que todo apunta hacia la crisis de la civilización del capital.
Primavera- Verano 2002/2003
"Guerra es sinónimo de terrorismo, magnificado cien veces."
(Howard Zinn, historiador estadounidense)
¿Quiénes son los terroristas?
Hay que condenar el terrorismo. Pero todo terrorismo. Tanto el producto de acciones individuales, de fundamentalistas u organizaciones aislados, como el más brutal y masivo, el terrorismo de Estado. Aquél requiere de gente dispuesta a inmolarse convertida en una máquina de asesinar. Éste, más sistemático y atroz, con la bendición del imperio, se enseña, se planifica y se practica desde aparatos estatales o paramilitares (legales o no) transformados en dispositivos diabólicos de muerte.
Humanamente hirió profundo la matanza de más de 3.000 personas, muchas de ellas migrantes de 60 países, incluso ecuatorianos. Como seres humanos nos solidarizamos con los y las trabajadores(as) injustamente asesinados(as), y con el pueblo norteamericano, con los y las bomberos(as) y voluntarios(as) que dieron muestras de entrega ejemplar. Pero cuando se desató la manipulación informativa que creó la histeria patriotera y aupó la sed de venganza; cuando se desplegaron los portaaviones, las fuerzas especiales; cuando se relegitimó la "comunidad de inteligencia" con la CIA y el FBI a la cabeza (pese a su evidente fracaso el 11 de septiembre); cuando se bombardeó a un pueblo inocente, indudablemente "algo huele mal (y muy mal) en Dinamarca". La conflagración emprendida en Afganistán, al contrario de una operación de "Justicia Infinita" o de "Libertad Duradera" (como la bautizó el Pentágono), fue un esfuerzo de guerra destinado a favorecer al capital monopólico (en especial al sector armamentista y al petrolero) y una operación punitiva para reafirmar el hegemonismo norteamericano.