Romero, Aldo Andrés

Pseudónimo de Aldo Casas. Antropólogo, miembro de la Asociación Gramsci en Argentina. Integrante del Consejo de Redacción de Herramienta.

La renovada actualidad de la Revolución (y del poder para hacerla)

Las presentaciones del libro de John Holloway Cambiar el mundo sin tomar el poder. El significado de la revolución hoy [1] fueron realmente el inicio de una discusión apasionante. Holloway estuvo una semana en el país, pero la intensa actividad de esos días, su repercusión y los debates esbozados, se prolongarán sin duda por escrito y a diversos niveles.

Cuadernos de Herramienta Nº 1: Debate: Marxismo y epistemología. Presentación e índice

A partir de la publicación del artículo del filósofo argentino, radicado en México, Enrique Dussel “El programa científico de investigación de Carlos Marx” (Herramienta Nº 9, otoño de 1999), se generó un amplio debate entre los colaboradores y lectores de la revista Herramienta, en torno a las posiciones del escrito, que proponía una valoración diferente a la que tradicionalmente habían tenido la ética y los criterios de la ciencia, tanto sociales como naturales, dentro del marxismo. Una visita relámpago de E. Dussel a Buenos Aires nos permitió acordar con él que, como un plus al Seminario sobre “Globalización y la vigencia de Carlos Marx” que dictaría para nuestra revista en año 2000, dedicaríamos una jornada a discutir exclusivamente los temas del artículo mentado.

Mientras tanto, en el Nº 12 de Herramienta (otoño de 2000) se publicaba una crítica de Ariel Petrucelli titulado “¿Ciencias Sociales Críticas? ¿Un nuevo criterio epistemológico de demarcación?” , que Dussel replicó en una carta sobre “El concepto de ética y ciencia crítica”. Pero el debate estaba mucho más extendido de lo que la regularidad de publicación de la revista nos permitía divulgar.

Fue así que, el 20 de abril de 2000 (jueves santo), se reunieron más de treinta compañeros para participar en la discusión de la que fueron expositores el profesor Enrique Marí (Ciencias Sociales, UBA); el mencionado Ariel Petruccelli (docente y miembro del Consejo de Colaboradores de Herramienta en Neuquén); Zoilo Achával (médico, corresponsal en Bahía Blanca de Herramienta); Alan Rush (profesor de epistemología en Humanidades de Tucumán, miembro del Consejo de Colaboradores de Herramienta); Aldo Andrés Romero y Marcelo Claros (miembros del Consejo de Redacción y colaborador, respectivamente, de Herramienta) y el propio Enrique Dussel.

Lo que aquí publicamos es, por un lado, la desgrabación, corregida por los autores en la mayoría de los casos, de las intervenciones orales efectuadas en esa jornada; por otro, se trata de monografías escritas con anterioridad por los participantes (Rush, Petruccelli y Achával), pero que fueron defendidas oralmente en aquella ocasión. Editamos también el artículo de Jorge Dutra (licenciado en Física y docente) que llegó a nuestra redacción apenas unos días después del debate, del que no pudo participar.

Polémica con Enrique Dussel

Presentación del debate realizado el día 20 de abril de 2000 en Buenos Aires

Un poco la historia previa de esta reunión es la publicación en el Nº 9 de Herramienta del artículo de Dussel “El programa científico de investigación de Carlos Marx (Ciencia social funcional y crítica)”, artículo que no pasó inadvertido para los lectores de la revista. Incluso de colaboradores y compañeros de la redacción, de donde surgió rápidamente la idea de no desaprovechar la oportunidad de utilizarlo como disparador para una reflexión sobre diversos problemas que allí se abordaban.        Fue como resultado de eso que una serie de compañeros comenzaron a trabajar en la preparación de uno o algunos textos con observaciones sobre ese artículo. Hubo reuniones e intercambios de opiniones a través del correo electrónico y como primer fruto de esa reflexión surgió el artículo de Ariel, que se publicó en el número 12 de la revista, junto con una respuesta que de una manera muy rápida nos hizo llegar Enrique Dussel. Con ese segundo capítulo y aprovechando la visita de Dussel, digamos que se abre la posibilidad de hacer una confrontación cara a cara de las distintas opiniones, sin la pretensión, es evidente, de resolver los problemas o de llegar a un consenso en un solo intercambio de opiniones, sino de progresar en la clarificación de las posiciones e identificar lo que será necesario seguir reflexionando.

       Quiero destacar la disposición de Dussel de hacer progresar esta discusión. Lo hemos sometido a un verdadero tour de force, porque llegó el domingo prácticamente a fin del día a Buenos Aires y ha estado todos estos días dando a la mañana un seminario sobre ética en Ciencias Sociales, de 9 a 13, y los mismos días, de 6 a 10 –todos los que estuvimos allí sabemos que no se perdió ni un minuto, se usaba hasta las 10– en el seminario que organizamos con Herramienta. Además, a eso hay que agregarle que después de cada reunión del seminario, los almuerzos y las cenas eran un pretexto para seguir exprimiéndolo en cada conversación, de tal manera que ha estado absolutamente absorbido por esto.

Notas (incompletas) para una discusión con Dussel y sus contradictores

Antes de ceder la palabra Dussel, quiero también hacer algunas breves consideraciones sobre parte de los temas en discusión. En su respuesta al trabajo de Ariel Petrucelli, Enrique Dussel decía que el mismo “permite comenzar un debate que espero tenga consecuencias”.[1]

Sobre Cambiar el mundo... de John Holloway. El significado de la revolución hoy

Sobre Cambiar el mundo sin tomar el poder, de John Holloway, Colección Herramienta, Buenos Aires, 2002. 320 págs.

Provocativo libro el de Holloway, que nos enfrenta teóricamente con “la urgente imposibilidad de la revolución”, precisamente cuando el movimiento antiglobalización y en términos aún más dramáticos los luchadores latinoamericanos, debemos resolver prácticamente cómo “cambiar el mundo”. Y oportuno, porque si no nos conformamos con el extremismo verbal que se agota anunciando la inminencia de la lucha final, debemos asumir hasta el final que la revolución no es cosa sencilla.

Texto útil, en definitiva... Siempre y cuando se lea sin perder de vista los concretos desafíos históricos del momento y los imperativos prácticos del combate en que estamos empeñados. Admitamos la provocación socrática del autor, que elige terminar la obra reivindicando el valor de la incertidumbre. Pero no olvidemos que, terminada la desmitificación crítica, lo que sigue se decide en la lucha: allí donde las armas de la crítica no pueden reemplazar la crítica de las armas, donde la teoría se hace práctica y el pensamiento, estrategia.

Un trabajo colectivo de renovación programática

Iniciamos una serie de discusiones encaminadas a precisar las orientaciones generales y prioridades de trabajo de Herramienta, atendiendo a las modificaciones en la situación internacional, a la experiencia de producir la revista y a las relaciones que establecimos con otros compañeros y publicaciones de similares orientaciones.

Presentación de la Asociación Antonio Gramsci.

 

"GRAMSCI Y LA REVOLUCIÓN DEL OCCIDENTE: EUROPA-AMÉRICA"
 
La Asociación Antonio Gramsci[1], filial argentina de la International Gramsci Society[2], hizo su primera actividad pública organizando el Encuentro realizado los días 20 y 21 de octubre con el lema "Gramsci y la Revolución del Occidente: Europa-América", que contó con auspicio del Instituto Italiano de Cultura y de la Cátedra Libre Antonio Gramsci (Fac. Cs. Sociales-UBA). El éxito del encuentro confirma la oportunidad de la iniciativa y la posibilidad de darle continuidad con metas aún más ambiciosas.

Frente al nuevo Gobierno.

El 24 de octubre de 1999, casi 20 millones concurrieron a votar en la Argentina, para elegir un nuevo presidente y renovar la mitad de la Cámara de Diputados. Aún no se habían cerrado los puestos electorales y ya la televisión y las radios adelantaron que la coalición opositora Alianza había triunfado y que el veterano dirigente Fernando de la Rúa iba a ocupar la jefatura del Estado por los próximos cuatro años. El resultado era previsible, ya que hacía meses que las encuestas mostraban una gran distancia entre la Alianza y el entonces gobernante Partido Justicialista. Si hubo algunas novedades, fueron que la ventaja para De la Rúa fue menor a lo que presagiaban los sondeos y que el PJ se impuso en la provincia de Buenos Aires (que tiene el 40% de la población del país).

El Manifiesto Comunista y la Globalización.

Texto de la intervención realizada por el autor en el encuentro organizado para la presentación de Herramienta en la Ciudad de Córdoba, el día 5 de junio de 1998.

En primer lugar, quiero agradecer la posibilidad de presentar la revista Herramienta en Córdoba: a quienes trabajaron en la organización del encuentro, a la “Casa del Trabajador” que facilitó las instalaciones, a la fraternal acogida de la revista contenida en las intervenciones de quienes me acompañan en la mesa, los compañeros Luis Bazán y Eckart Dietrich y, por supuesto, la presencia de todos ustedes.  
Pasando al tema que nos reúne, me voy a permitir comenzar leyendo una cita. Porque es posible que a mucha gente le parezca que hablar del Manifiesto Comunista en estos tiempos de “Globalización”[1] es un anacronismo inútil. A quienes piensan así, sería útil leerles este párrafo:

Reflexiones ante el 80º aniversario de la Revolución Rusa. Recuerdos del futuro.

 

La suerte de la República de los Soviets no puede ser separada de la suerte de la revolución mundial. Nadie puso a nuestra disposición siglos ni décadas para usar sin control. La cuestión se decide por la dinámica de la lucha, en la que el enemigo se aprovecha de cada error, de cada torpeza y ocupa cada centímetro de terreno no defendido (...) No es verdad que podremos construir “el socialismo integral” si la Internacional comunista prosigue la política que se expresó en la capitulación del partido alemán en 1923, en el putch estoniano de 1924, en los errores ultra-izquierdistas de 1924-25, en la vergonzosa comedia del Comité anglo-ruso en 1926, en la cobarde política de la dirección polaca en 1926, en la serie ininterrumpida de faltas que hicieron perecer la revolución china de 1925-27 (...) La Internacional comunista no resistirá otros cinco años de faltas semejantes. Y, si la Internacional comunista se derrumba, tampoco la URSS resistirá mucho tiempo. Los salmos burocráticos proclamando que en nuestro país ya están realizados 9/10 del socialismo (Stalin) se mostrarían entonces como charlatanería estúpida. Ciertamente, incluso en tal caso, al fin de cuentas la revolución proletaria sabría abrir nuevas vías hacia la victoria. ¿Pero cuándo? ¿Y al precio de cuántos sacrificios y cuántas víctimas innumerables? La nueva generación de revolucionarios internacionales debería unir el hilo roto de la herencia y volver a conquistar la confianza de las masas en el mayor acontecimiento de la historia, que puede ser comprometido por un encadenamiento ininterrumpido de faltas, de volteretas y de falsificaciones en el terreno de las ideas.[1] 
 
León Trotsky, 1928.
 
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