Petruccelli, Ariel

Historiador, investigador, docente de la Facultad de Humanidades de la Universidad del Comahue, Neuquén, Argentina. Ha publicado el libro Ensayo sobre la teoría marxista de la historia, Buenos Aires, Ed. El Cielo por Asalto, 1998, además de artículos en diversas revistas.

Los orígenes perdidos del marxismo argentino.

El pensamiento de izquierdas, en las condiciones en que habitualmente se ha desarrollado, encontró grandes dificultades para avanzar en la elaboración de obras eruditas y ecuánimes, en gran escala, sobre su propia historia. Aislamiento social, disputas ideológicas, persecuciones policiales, urgencias políticas, precariedad material … todo esto y mucho más solía conjugarse para hacer dificultosa, si no inviable, el desarrollo de una historiografía de calidad sobre el propio pasado. Por supuesto, excepciones ha habido. Las obras de Mehring, Deutscher, Haupt, Thompson, Venturi y, en Argentina, José Aricó, son mojones indiscutiblemente valiosos. Pero han sido la excepción; no la regla. Sobresalen como estrellas luminosas en un cielo encapotado. Afortunadamente para sus lectores, la obra de Horacio Tarcus, Marx en la Argentina, se inscribe dentro de este linaje, todavía hoy excepcional.[1] 

Cuadernos de Herramienta Nº 1: Debate: Marxismo y epistemología. Presentación e índice

A partir de la publicación del artículo del filósofo argentino, radicado en México, Enrique Dussel “El programa científico de investigación de Carlos Marx” (Herramienta Nº 9, otoño de 1999), se generó un amplio debate entre los colaboradores y lectores de la revista Herramienta, en torno a las posiciones del escrito, que proponía una valoración diferente a la que tradicionalmente habían tenido la ética y los criterios de la ciencia, tanto sociales como naturales, dentro del marxismo. Una visita relámpago de E. Dussel a Buenos Aires nos permitió acordar con él que, como un plus al Seminario sobre “Globalización y la vigencia de Carlos Marx” que dictaría para nuestra revista en año 2000, dedicaríamos una jornada a discutir exclusivamente los temas del artículo mentado.

Mientras tanto, en el Nº 12 de Herramienta (otoño de 2000) se publicaba una crítica de Ariel Petrucelli titulado “¿Ciencias Sociales Críticas? ¿Un nuevo criterio epistemológico de demarcación?” , que Dussel replicó en una carta sobre “El concepto de ética y ciencia crítica”. Pero el debate estaba mucho más extendido de lo que la regularidad de publicación de la revista nos permitía divulgar.

Fue así que, el 20 de abril de 2000 (jueves santo), se reunieron más de treinta compañeros para participar en la discusión de la que fueron expositores el profesor Enrique Marí (Ciencias Sociales, UBA); el mencionado Ariel Petruccelli (docente y miembro del Consejo de Colaboradores de Herramienta en Neuquén); Zoilo Achával (médico, corresponsal en Bahía Blanca de Herramienta); Alan Rush (profesor de epistemología en Humanidades de Tucumán, miembro del Consejo de Colaboradores de Herramienta); Aldo Andrés Romero y Marcelo Claros (miembros del Consejo de Redacción y colaborador, respectivamente, de Herramienta) y el propio Enrique Dussel.

Lo que aquí publicamos es, por un lado, la desgrabación, corregida por los autores en la mayoría de los casos, de las intervenciones orales efectuadas en esa jornada; por otro, se trata de monografías escritas con anterioridad por los participantes (Rush, Petruccelli y Achával), pero que fueron defendidas oralmente en aquella ocasión. Editamos también el artículo de Jorge Dutra (licenciado en Física y docente) que llegó a nuestra redacción apenas unos días después del debate, del que no pudo participar.

¿Ciencias Sociales críticas? ¿Un nuevo criterio epistemológico de demarcación? Notas en torno a un artículo de Dussel

Este trabajo se publicó en la revista Herramienta Nº 12,
de otoño de 2000, Buenos Aires.[1]

 

En Herramienta 9 Enrique Dussel ha publicado un provocativo y estimulante artículo –“El programa científico de Carlos Marx (ciencia social funcional y crítica)”–, en el que defiende la posibilidad –y la necesidad– de establecer un “tercer criterio epis-temológico de demarcación”; criterio que permitiría diferenciar a las ciencias sociales funcionales de las ciencias sociales críticas. Como es sabido, los criterios de demarcación aceptados por los epistemólogos son dos, a saber: a) aquel que permite distinguir a la ciencia de la pseu-dociencia; b) aquel que deslinda a las ciencias naturales de las ciencias sociales. De entrada nomás expone Dussel sus propósitos: “intentaré mostrar episte-mológicamente que el programa de investigación científica de Carlos Marx responde a las definiciones estándar de ciencia social, si se entiende con claridad la diferencia entre las ciencias sociale ‘funcionales’ –siempre necesarias, en alguna medida– y las ciencias sociales ‘críticas’ [...]”.[2]  Dussel parece creer que el programa de Marx necesita del “tercer criterio de demarcación” para que se le reconozca estatuto científico; aunque la utilización del término estándar cause cierta confusión. Por ejemplo, en el mismo párrafo en el que sostiene que el programa de Marx “responde a las definiciones estándar de ciencia social”, un poco más adelante también reconoce y afirma: “debo aceptar que sólo se habla por el momento de los dos primeros [criterios de demarcación] en la epistemología estándar”.[3]  Hay aquí, evidentemente, algo que no marcha bien: si a) la ciencia estándar no convalida ningún tercer criterio de demarcación, y b) la existencia de tal criterio es necesaria para aceptar la plena cientificidad del programa de Marx; resulta entonces c) que bajo estos presupuestos la obra de Marx no responde a los criterios estándar de ciencia.

Que Dussel considera indispensable establecer un tercer criterio de demarcación para legitimar la validez científica del programa de Marx se ve confirmado en una nota al final de texto (la número 24), donde escribe:

"Por lo general, el psicoanálisis, el marxismo, la pedagogía de la educación de Paulo Freire, y otras ciencias humanas o sociales críticas no son consideradas ciencias por epistemólogos (como Popper), psicólogos o psiquiatras, economistas (neoclásicos) o psicopedagogos (de la tradición de Piaget), etcétera. Quiere decir que de hecho se está usando un cierto ‘criterio de demarcación’ desde el cual puede juzgarse a dichas ‘pretendidas’ ciencias humanas o sociales críticas como pseudociencias.[4] "

Carezco de la formación suficiente en psicoanálisis o pedagogía como para poder juzgar sobre su carácter científico o pseudocientífico; pero conozco lo suficiente de marxismo como para poder afirmar que el programa científico de Marx encaja perfectamente dentro de los parámetros de cualquier epistemología moderna, incluida la de Popper. Para rechazar la tesis popperiana de que el “histo-ricismo marxista” constituye una pseudociencia no es necesario demoler el entero edificio epistemológico de este autor ni, mucho menos, introducir un nuevo criterio de demarcación de base –como veremos– ética: basta con mostrar que Popper no comprende en absoluto los planteos de Marx, y que, en consecuencia, se ensaña con un espantajo de su entera creación. En una obra reciente Ricardo Gómez ha mostrado con minuciosidad los yerros de Popper en este campo, y lo insostenible que resulta (aún aceptando los criterios popperianos) rechazar el carácter científico del programa de Marx[5] . E inclusive un autor como Gregorio Klimovsky, en ocasiones considerado injustamente por algunos compañeros como un simple glosador de la obra de Popper, ha formulado una serie de sólidas objeciones a las críticas de Popper a Marx.[6] 

Enrique Dussel y el tercer criterio epistemológico de demarcación: Contraréplica

¿Qué estamos debatiendo?

 
En mi primer artículo afirmé que Dussel parecía creer que el programa científico de Marx necesita de un nuevo criterio epistemológico de demarcación para que se acepte plenamente su estatuto científico. Enrique Dussell sostiene, en su respuesta («Sobre el concepto de “ética” y de ciencia “crítica”»), que “no es esa la cuestión. De lo que se trata es que se necesita de un tercer criterio para comprender que el programa de Marx no es sólo científico, sino además es científicamente crítico; es decir, ejerce la «cientificidad» de una manera «crítica» y esto incluye momentos prácticos o éticos intrínsecos, que para los epistemólogos standard o meramente funcionales le quita cientificidad”.
Con esta frase Dussel intenta hacer a un lado los argumentos con los que le señalaba que aún siguiendo los criterios de la epistemología standard no existen razones serias para poner en duda la cientificidad del programa de Marx. Dussel ya no dice (porque creo que sí es lo que afirmaba en su artículo inicial) que la cuestión sea que sin el tercer criterio no se puede aceptar el carácter científico del programa de Marx: afirma que sin ese criterio no puede ser comprendido cabalmente este programa. 
Sin embargo sigo pensando que es esa la cuestión. Porque la necesidad de establecer un nuevo criterio de demarcación sólo se justificaría si a) la cientificidad de las tesis de Marx fuera puesta efectivamente en duda, y b) si la defensa de tales tesis requiriera de una metodología incompatible con la ciencia standard. Personalmente creo que el estatuto científico de las tesis de Marx no puede ser seriamente puesto en duda (otra cosa es la veracidad o la adecuación de las mismas a las evidencias actualmente disponibles), y que la defensa de las hipótesis y postulados del marxismo no requieren de ninguna metodología especial.

¿Ciencias sociales criticas? Notas en torno a un articulo de Dussel ¿Un nuevo criterio epistemológico de demarcación?

En Herramienta 9 Enrique Dussel ha publicado un provocativo y estimulante artículo –”El programa científico de Carlos Marx (ciencia social funcional y crítica)”–, en el que defiende la posibilidad –y la necesidad– de establecer un “tercer criterio epistemológico de demarcación”; criterio que permitiría diferenciar a las ciencias sociales funcionales de las ciencias sociales críticas. Como es sabido, los criterios de demarcación aceptados por los epistemólogos son dos, a saber: a) aquel que permite distinguir a la ciencia de la pseudociencia; b) aquel que deslinda a las ciencias naturales de las ciencias sociales.

Algunas consideraciones en torno a la dialéctica y el marxismo a partir de ciertos escritos de Manuel Sacristán.

En Herramienta Nº 7 se publicaron dos cartas en las que se discuten algunos problemas relacionados con la interpretación de la dialéctica por parte de Trotsky. En la primera de tales cartas -y a pesar de su evidente familiaridad con la lógica- Zoilo Achával reconoce con total sinceridad: “puedo confesar que todavía no sé qué es la dialéctica”. No me sorprendería que muchos piensen como don Zoilo sin atreverse a confesarlo. Es que la invocación de la dialéctica suele actuar dentro del marxismo revolucionario como una suerte de conjuro apto para casi todo. La dialéctica es la poción mágica que resuelve todos los problemas, la piedra de toque que distingue al marxista auténtico del falso, la forma superior del pensamiento, incapaz de ser comprendida por los doctrinarios burgueses. Cuando se habla de dialéctica hay que sacarse el sombrero y hacer una reverencia. Y cuanto más oscura resulte su invocación, tanto mejor: la dialéctica es un misterio sólo accesible a los iniciados. ¿Cómo reconocer, entonces, que no se entiende qué cuernos es la dialéctica? Tamaño reconocimiento sería colocarse, en los hechos, por fuera del marxismo revolucionario.

Notas críticas a la Teoría General de la Explotación y de las Clases, de John Roemer.

Introducción 

A finales de los años ’90 el marxismo en general y el materialismo histórico en particular atraviesan una profunda crisis. Luego del auge de las décadas del ’60 y ’70, el marxismo ha dejado de ser el inspirador casi exclusivo de los mas importantes movimientos sociales, especialmente del movimiento obrero. En el terreno estrictamente académico este retroceso también ha sido notorio, aunque menos significativo.
Sin embargo, en el mundo universitario subsisten fuertes reductos de pensamiento marxista o inspirado en Marx. Uno de estos reductos lo constituye el llamado “marxismo analítico”.[1]
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