Pascual, Rodrigo F.

Licenciado en Ciencia Política (UBA), doctorando en Ciencias Sociales (UBA) becario de doctorado de CONICET, docente de la UBA y de la USAL. Coautor de El libre comercio en lucha. Más allá de la forma ALCA. Buenos Aires, Ediciones del Centro Cultural de la Cooperación, 2007. Compilador de Zapatismo, reflexión teórica y subjetividades emergentes, Buenos Aires, Herramienta y Universidad de Puebla, 2008.

La revolución contra el trabajo. Entrevista a John Holloway

 

Introducción
 
Podrían decirse muchas cosas acerca de los libros de John Holloway. Pero si hay algo que no puede dejar de decirse de ellos es que dan que hablar. Y si bien es cierto que sus trabajos vienen publicándose desde hace bastante tiempo (desde la década de los ´70 en inglés y desde la de los ´80 en español y en varios otros idiomas –véase al respecto la larga lista detallada en su página web: www.johnholloway.com.mx- ), no menos cierto es que dos de sus últimas obras: Cambiar el mundo sin tomar el poder y Agrietar el capitalismo. El hacer contra el trabajo (ambas publicadas por ediciones Herramienta en 2002 y en 2011 respectivamente), han suscitado encendidos debates.
 
Quienes hemos tenido la oportunidad de entablar un contacto cara a cara con Holloway o participar en la cocina de su escritura (como fuera el caso, por ejemplo, de un seminario intensivo de posgrado realizado en la Universidad de Rosario en el que se discutió un versión preliminar de Cambiar el mundo…), podemos dar fe de que algo con lo que este autor se siente cómodo es con el debate y con la crítica. Lejos de pretender establecer escuela (o de fundar iglesia), para Holloway lo esencial es el hacer: hacer que no implica institución sino movimiento, hacer que implica revolución de lo dado, generación de otra realidad posible, hacer que implica diálogo. Un hacer juntos a partir de la discusión, por ejemplo, de sus trabajos.
 
Muchos de los diálogos entablados a partir de Cambiar el mundo han tenido eco en Agrietar. En este último podemos encontrar respuestas a inquietudes surgidas en diferentes ámbitos a partir de aquel texto. Pero a pesar de esto, sería erróneo considerar que esta última producción viene a cerrar las brechas abiertas en 2002 y a constituir un todo completo y acabado. Más bien, haciendo honor a su título, Agrietar abre nuevos frentes de debate, da lugar a nuevos intersticios. Son esos intersticios los que están en el origen de las preguntas que componen la entrevista que mantuvimos con Holloway, de manera virtual, en diciembre de 2011 y que reproducimos a continuación.

 

Subjetividad y trabajo. Una lectura foucaultiana del management, de Marcela Zangaro

Herramienta, Buenos Aires, 2011, 216 págs.
 
En su opera prima, Marcela Zangaro nos invita a comprender al sujeto de trabajo como una construcción histórica, un emergente de la modernidad. Identifica en las categorías de sujeto y de trabajo a dos a priori de esa modernidad capitalista que, en términos de Foucault, implican creaciones sociales en tanto modos de subjetivación. Muestra el modo a través del cual se construye ese sujeto de trabajo y lo hace partiendo de un arsenal teórico foucaultiano altamente complejo que, lejos de aturdir al lector, está presentado de manera clara y precisa permitiendo comprender su perspectiva sin dejar hilos sueltos. 

La política exterior argentina post 19 y 20 de diciembre

La Autoconvocatoria No al ALCA y las negociaciones gubernamentales por el ALCA

Entre 2001 y 2011 la política exterior argentina ha dado muestras de cambio. De las relaciones carnales con los Estados Unidos al conflicto – argentino estadounidense – por cargamento no declarado en un avión militar norteamericano, ha habido un giro que no puede comprenderse sino es a través del desarrollo de la lucha de clases de la década del noventa condensada en el símbolo “19 y 20”.
Los repertorios de lucha que siguieron a las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001 permitieron hacer visible tanto la potencialidad como las limitaciones del ciclo de luchas antineoliberales en la Argentina. La imagen de un estado asambleario permanente, que inundara las calles de grandes conglomerados urbanos, como la Ciudad de Buenos Aires, Rosario, Santa Fe, Córdoba y municipios del conurbano bonaerense, denotaba el modo en que se había esparcido territorialmente la insurrección del 19 y 20. En las postrimerías de las asambleas, e incluso en el momento de mayor auge, se discutió tanto el alcance territorial como la capacidad de extenderse en el tiempo. Ambas cuestiones se presentaban como de importancia vital en relación a la capacidad de movilización social y transformación de los sujetos en lucha. Sin embargo, esas perspectivas no permitían ver la profundidad del ciclo de luchas antineoliberales condensado en la insurrección social de diciembre de 2001, en tanto que el valor de medida era la efectividad.[1] En ese sentido, tal vez, su potencialidad estaba determinada por su límite (y viceversa): el ser un ciclo de lucha contra el capitalismo neoliberal. Es en esa perspectiva dual, en la que el límite es su potencialidad y su potencialidad un límite, que debemos explorar lo que aquel ciclo de luchas nos ha dejado. 

Trabajo decente versus trabajo digno: acerca de una nueva concepción del trabajo

Hablar hoy de trabajo no implica necesariamente preguntarnos acerca de su existencia y continuidad. Atrás parecen haber quedado las tesis acerca del fin del trabajo. En el nuevo rumbo del debate se habla de cómo debería ser hoy el trabajo. En ese marco, en 1999 la Organización Internacional del Trabajo (OIT) resurgió de sus propias cenizas trayendo una nueva noción: el trabajo decente. La labor de la OIT se unificó detrás de cuatro objetivos estratégicos: derechos en el trabajo, empleo, protección social, perseguido todo por medio del diálogo social. Estos dieron el contenido sustantivo al Programa de Trabajo Decente a partir de 2008.

 
Por otra parte, desde otras latitudes pero también en los años noventa (del siglo pasado), surgió otra noción de trabajo: el trabajo digno. Impulsado desde algunos movimientos sociales latinoamericanos, este concepto se centra en una comprensión de la actividad laborativa humana como no-mercantil y no-individual, sino basada en el bienestar de la comunidad. La noción de dignidad aparece aquí como disruptiva y anticapitalista. El empleo (igual a salario) no es lo relevante, sino la forma de organización que se da el colectivo, orientada hacia el interés general.

“La fuerza transformadora del kirchnerismo" Elecciones 2009: el kirchnerismo frente al espejo, la (ir)resolución del 2001

1. Al principio, el final: “Hubo un día en que nos dimos cuenta de que la hegemonía menemista no había terminado”

 
A pocos días de haberse sucedido las elecciones del 28 de junio (28J) de 2009, un militante de una vertiente del peronismo kirchnerista[2] me dijo en una entrevista informal: “Con las elecciones, nos dimos cuenta de que el menemismo[3] es una fuerza cultural, social, económica y política que está presente en todos los sectores sociales. Nosotros pensábamos que después del 2001, y con Néstor[4] después, eso había quedado sepultado. Hoy, gracias a las elecciones, vimos que el menemismo era mucho más fuerte (…) Hubo un día en que nos dimos cuenta de que la hegemonía menemista no había terminado”, ese día fue (¿tardíamente?) el 28 de junio de 2009.

 

Ciencias sociales y teología. Un adorno epistemológico

La urgencia de un debate: el mi(ni)sterio de la ciencia (y técnica)
 
Enero de 2008 fue un mes que presenció la reapertura de un viejo debate: la lógica de las ciencias sociales. El problema que nos incumbe, como en toda discusión sobre lógica de la ciencia, es la relación sujeto – objeto (Adorno, 2003). Este problema no es tan sólo de carácter gnoseológico, o al menos eso es lo que está aquí en discusión (Adorno, 1973a, 2003 y 2005). El Ministro de Ciencia y Técnica de la Nación, Dr. Lino Barañao, lo ha dejado claramente expreso[1]. Es un problema que delimita entre lo que es y lo que no es ciencia: teología (metafísica) versus ciencia. Esta separación, como lo han demostrado Nietzsche, Adorno y Foucault, es un problema de poder. De modo que nos enfrentamos a un problema de carácter dual: el modo en que producimos conocimiento, sus efectos sociales y políticos (poder) (Foucault, 1992; Adorno, 2005). Y fue este tema el que nuevamente se puso sobre el tapete en enero de 2008, a partir de las propias palabras de Barañao.

Dos sentidos de la crisis del trabajo abstracto. Entrevista a John Holloway

John Holloway visitó nuestro país en octubre pasado, invitado por la Facultad de Ciencias de la Salud y Servicio Social de la Universidad Nacional de Mar del Plata, para dictar un curso de posgrado sobre "Pensamiento crítico, entre la violencia y el cambio social", en el marco de la II Feria del Libro local y abierto a estudiantes y público en general. Además, presentó en el Hotel Bauen de Buenos Aires su nuevo libro Contra y más allá del capital coeditado por Ediciones Herramienta y la Universidad Autónoma de Puebla (México).

A pesar de su corta estadía en Mar del Plata pudo participar también en un cálido encuentro con diversos movimientos asamblearios y juveniles que se dieron cita en la sede del Centro Cultural y Social Tinta Roja, en ese momento bajo la amenaza de desalojo judicial y finalizar su visita con una muy concurrida conferencia-debate celebrada en el Teatro Colón de dicha ciudad.

En este marco se llevó a cabo la entrevista que hoy editamos.

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