Pacheco, Mariano

Ensayista y periodista. Autor de De Cutral Có a Puente Pueyrredón, una genealogía de los Movimientos de Trabajadores Desocupados (El Colectivo, 2010) y Darío Santillán, un militante que le puso el cuerpo (Planeta, 2012). Estudiante en la Facultad de Filosofía y Letras en la Universidad de Buenos Aires. Miembro del colectivo editorial de Herramienta, revista de debate y crítica marxista. Colaborador de la Revista Sudestada y del sitio web www.marcha.org.ar. 

Notas sobre Marx de vuelta, de Facundo Nahuel Martín

 
 
Licenciado en filosofía por la Universidad de Buenos Aires y militante de una fracción de la izquierda argentina, Facundo Nahuel Martín emprende en este libro la tarea de traer nuevamente el pensamiento de Marx para enfrentar las preguntas de la política revolucionaria. Un intento por gestar una lectura que, a la vez, permita recuperar un Marx “clasista” y de los “nuevos movimientos sociales”.

La izquierda y Malvinas. Ayer y hoy

El desembarco de las tropas argentinas en las Islas Malvinas, en 1982, provocó una serie de posicionamientos para nada coincidentes al interior de las izquierdas, en un contexto donde la dictadura militar golpeaba hacía seis años a diversas expresiones populares.
 
Como en tantos otras cuestiones, el tema Malvinas generó diversas posturas al interior de las izquierdas, por entonces duramente golpeadas por el accionar represivo de una dictadura que  llevaba seis años gobernando, con un saldo de miles de militantes detenidos-desaparecidos, asesinados, presos, exiliados internos y externos y un repliegue gigantesco del movimiento de masas, más allá de las resistencias que tanto el movimiento obrero, como los organismos de derechos humanos y otras expresiones populares, nunca dejaron delibrar contra ese verdadero Proceso de Reorganización Nacional que encarnó la Junta de Comandantes. Un repaso por algunos de aquellos debates, y sus ecos en los posicionamientos de las izquierdas en la actualidad. 

Los desafíos de la transición. Socialismo desde abajo y poder popular, Aldo Casas

Herramienta ediciones/ Editorial El Colectivo (Buenos Aires, 2011)

Partiendo de una afirmación de Iván Mézsáros (“en su despliegue, el capital amenaza las posibilidades de supervivencia de la humanidad”), Aldo Casas sostiene en este segundo libro de la Colección Cascotazos (iniciativa conjunta de ambas editoriales), que nos encontramos ante una crisis que no es una más de las tantas que tuvo el capitalismo a lo largo de su historia. Esta “crisis sistémica”, por el contrario, afecta todos los niveles del orden del capital y, por primera vez, se produce a una escala efectivamente planetaria. Así, la crisis es simultáneamente económica, ecológica-ambiental y civilizatoria.
Ante esta situación, Casas sostiene que se hace necesario librar una batalla no sólo contra el capital, sino también contra las “ortodoxias anacrónicas” y el “conformismo posmoderno”. De allí que, desde la nueva izquierda desde la cual escribe el autor –“independizada de los moldes partidocráticos”– sea fundamental atreverse a desarrollar un pensamiento crítico, que ayude a construir, a fabricar nuevas respuestas ante los nuevos interrogantes planteados para las izquierdas, tanto en el país como en Nuestra América y el mundo. Pensamiento que sea capaz de dar continuidad al audaz e inconcluso proyecto crítico iniciado por Karl Marx (de allí que Casas reivindique un marxismo situado, libertario y abierto), situándose junto y no por fuera y por arriba de las experiencias del movimiento real que vienen pugnando por revolucionar la sociedad (“no puede haber procesos de liberación y emancipación sin la construcción de relaciones sociales que en sí mismas los contengan y debemos ayudar a la forja de instrumentos intelectuales para una práctica que contribuya a que este tipo de nuevas relaciones emerja o se desarrolle”).
Como podemos apreciar, el libro de Casas se sitúa lejos, muy lejos del ridículo lugar de quienes “se creen dueños de la verdad porque son capaces de citar El capital”. Libro, por otra parte, que el autor conoce muy bien.

Notas sobre la emergencia de una Nueva Generación Intelectual en la Argentina

A modo de introducción

Como en la historieta de Héctor Germán Oesterheld, El Eternauta, para quienes nos sentimos parte de la Nueva Izquierda Autónoma, las jornadas insurreccionales del 19 y 20 de diciembre de 2001 funcionan como símbolo insoslayable de un héroe que es colectivo. Tanto las experiencias que surgieron entonces como las que se venían desarrollando y se fortalecieron con la rebelión dan cuenta de un proceso de insubordinación al modelo neoliberal y de revisión de las apuestas revolucionarias de transformación social. La revuelta permitió volver a entender la política en una clave creativa y no subordinada a los poderes hegemónicos. Puso en cuestión la lógica estatal, pero también las visiones vanguardistas, partidocéntricas e intelectualistas a las que tan apegadamente se encontraron siempre ligadas las experiencias de la izquierda tradicional.

El caso subterráneos de Buenos Aires. Notas sobre el nuevo sindicalismo en la Argentina

Los combates que más importan –me dijo Megafón– nunca salen a la luz

 del mundo, ya que permanecen en el subsuelo de la Historia.

Leopoldo Marechal, Megafón o la guerra
 
El trabajo de los pobres es la mina de los ricos.
Karl Marx, El capital
 
A modo de introducción
 
La actual composición de la clase obrera argentina, producto de las transformaciones estructurales impuestas tras la ofensiva neoliberal, es heterogénea y está signada por la precarización laboral, la subocupación y sobreocupación masivas y un amplio margen de desempleados.[1] Es en este contexto que va a desarrollarse la experiencia antiburocrática del subterráneo, en una década en la que el protagonismo de la resistencia popular antineoliberal recae en sectores periféricos al movimiento obrero organizado.[2] Esto no es de extrañar, si tenemos en cuenta que la represión de la dictadura se concentró en esta clase (80% de los 30.000 detenidos-desaparecidos eran asalariados y el 30%, obreros industriales) y que las cúpulas sindicales fueron cómplices y parte de la ofensiva conservadora (el devenir empresario de los dirigentes sindicales no es más que una consecuencia de este proceso).[3] De allí que la reconstitución de experiencias combativas y antiburocráticas al interior del movimiento obrero aparezca, en los últimos años, como una novedad. Por más que retomen y recuperen el largo historial que cuenta en el haber de nuestra clase. 

En lucha por un nuevo sindicato. Crónica de la lucha por un sindicato de los trabajadores del subte

A las 13.52 del miércoles 16 de septiembre una formación se detuvo en los andenes de la Estación Federico Lacroze de la Línea B del subterráneo. Un delegado, megáfono en mano, anuncia a los usuarios que esa es la última formación que sale antes de que comience el paro. Mira a la conductora y le dice que a las dos en punto, en la estación en la que se encuentre, corte el servicio. La chica le devuelve la mirada como diciendo “¿Con quien te pensás que estas hablando?”. Arroja una sonrisa, toca bocina y parte. Hace ya media hora que las puertas están liberadas para que los pasajeros puedan viajar sin pagar. Minutos más tarde, otra formación se detiene justo delante del cartel rojo que en letras blancas advierte: “Este tren se detiene aquí”. El reloj marca las 14 horas, horario estipulado para el inicio del paro que durará tres horas. Un grupo de muchachos grandotes, vestidos con trajes, intentan impedir en vano que los delegados tomen posición adentro de la formación. “Este tren continua su viaje”, dicen. “Dale, subí a manejarlo”, responde desafiante uno de los delegados. Sobre el andén, unos 25 trabajadores aplauden y comienzan a cantar: “Unidad, de los trabajadores, y al que no le guste, se jode, se jode”. Una situación similar se repite en el andén de enfrente. Episodios parecidos, a esa altura, deben estar sucediéndose en las estaciones Medrano y Carlos Pellegrini, también de la B, y en varias estaciones más de las otras cinco líneas y el Premetro, totalmente paralizadas.

En lucha por un nuevo sindicato. Crónica de la lucha por un sindicato de los trabajadores del subte

A las 13.52 del miércoles 16 de septiembre una formación se detuvo en los andenes de la Estación Federico Lacroze de la Línea B del subterráneo. Un delegado, megáfono en mano, anuncia a los usuarios que esa es la última formación que sale antes de que comience el paro. Mira a la conductora y le dice que a las dos en punto, en la estación en la que se encuentre, corte el servicio. La chica le devuelve la mirada como diciendo “¿Con quien te pensás que estas hablando?”. Arroja una sonrisa, toca bocina y parte. Hace ya media hora que las puertas están liberadas para que los pasajeros puedan viajar sin pagar. Minutos más tarde, otra formación se detiene justo delante del cartel rojo que en letras blancas advierte: “Este tren se detiene aquí”. El reloj marca las 14 horas, horario estipulado para el inicio del paro que durará tres horas. Un grupo de muchachos grandotes, vestidos con trajes, intentan impedir en vano que los delegados tomen posición adentro de la formación. “Este tren continua su viaje”, dicen. “Dale, subí a manejarlo”, responde desafiante uno de los delegados. Sobre el andén, unos 25 trabajadores aplauden y comienzan a cantar: “Unidad, de los trabajadores, y al que no le guste, se jode, se jode”. Una situación similar se repite en el andén de enfrente. Episodios parecidos, a esa altura, deben estar sucediéndose en las estaciones Medrano y Carlos Pellegrini, también de la B, y en varias estaciones más de las otras cinco líneas y el Premetro, totalmente paralizadas.

«Vida lumpen, Bestiario de la multitud», de Esteban Rodríguez

La Plata, Editorial de la Universidad de La Plata, 2007, 343 páginas.

Uno

Hay un proverbio chino que dice: "conocer y no actuar es como no conocer". La frase se completa y complica con las palabras que Morfeo dedica a Neo en Matrix: "Tarde o temprano te darás cuenta de que una cosa es conocer el camino y otra recorrerlo". Son estas las líneas con las que Rodríguez comienza su último libro, en el que aborda de lleno en la categoría de lumpen proletariado. "Ya no como calificativo despectivo", nos dice, "sino como herramienta teórica que contribuye con más preguntas que las que puede aportar el propio proletariado".

«El sueño de una cosa (introducción al poder popular)» de Miguel Mazzeo

Buenos Aires, Editorial El Colectivo, 2007, 220 páginas

Miguel Mazzeo se mete en este libro con conceptos y prácticas que vincula al Poder Popular. En la actualidad y en el pasado. De Karl Marx al Ejercito Zapatista de Liberación Nacional. de Rosa Luxemburgo a nuestro filósofo Carlos Astrada, el autor desmenuza los conceptos y palabras. Desde los distintos usos del término hasta el análisis de la dialéctica sujeto-poder, o por qué es poder y popular el poder popular. En sus páginas podemos encontrarnos con citas de Trotsky, Lenin, Gramsci, Lukács pero también de Bloch y Passolini, Holloway y Negri. Y no están ausentes argentinos como Santucho o Rubén Dri, Thwaites Rey o Raúl Cerdeiras.

Retrospectiva y perspectiva. Diez años de movimientos sociales en Argentina

* 

"Nacimos desorientados y nos educaron como tarados"
Andrés Calamaro, No Tan Buenos Aires, en Honestidad Brutal II.

"Corte de ruta y asamblea, que en todos lados se vea el poder de la clase obrera"

Las manos de Filippi, Los métodos piqueteros, en Hasta las manos.

"El infierno ya es ahora y es el que habitamos todos los días..."
"Buscar y saber quién y qué, en medio del infierno, no es infierno y hacer que dure, y dejarle espacio"
Ítalo Calvino, en Las ciudades invisibles

Uno

En su célebre novela Respiración Artificial, Ricardo Piglia pone en boca de uno de sus personajes la siguiente frase:

El profesor, por ejemplo, era un hombre que reflexionaba sobre los principios. Mejor dicho, le digo, era un hombre de principios. Especie también rara en estos tiempos. ¿Qué tenemos sino los principios para sostenernos en medio de toda esta mierda?[1]

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