Herramienta ediciones/ Editorial El Colectivo (Buenos Aires, 2011)
A modo de introducción
Como en la historieta de Héctor Germán Oesterheld, El Eternauta, para quienes nos sentimos parte de la Nueva Izquierda Autónoma, las jornadas insurreccionales del 19 y 20 de diciembre de 2001 funcionan como símbolo insoslayable de un héroe que es colectivo. Tanto las experiencias que surgieron entonces como las que se venían desarrollando y se fortalecieron con la rebelión dan cuenta de un proceso de insubordinación al modelo neoliberal y de revisión de las apuestas revolucionarias de transformación social. La revuelta permitió volver a entender la política en una clave creativa y no subordinada a los poderes hegemónicos. Puso en cuestión la lógica estatal, pero también las visiones vanguardistas, partidocéntricas e intelectualistas a las que tan apegadamente se encontraron siempre ligadas las experiencias de la izquierda tradicional.
del mundo, ya que permanecen en el subsuelo de la Historia.
A las 13.52 del miércoles 16 de septiembre una formación se detuvo en los andenes de la Estación Federico Lacroze de la Línea B del subterráneo. Un delegado, megáfono en mano, anuncia a los usuarios que esa es la última formación que sale antes de que comience el paro. Mira a la conductora y le dice que a las dos en punto, en la estación en la que se encuentre, corte el servicio. La chica le devuelve la mirada como diciendo “¿Con quien te pensás que estas hablando?”. Arroja una sonrisa, toca bocina y parte. Hace ya media hora que las puertas están liberadas para que los pasajeros puedan viajar sin pagar. Minutos más tarde, otra formación se detiene justo delante del cartel rojo que en letras blancas advierte: “Este tren se detiene aquí”. El reloj marca las 14 horas, horario estipulado para el inicio del paro que durará tres horas. Un grupo de muchachos grandotes, vestidos con trajes, intentan impedir en vano que los delegados tomen posición adentro de la formación. “Este tren continua su viaje”, dicen. “Dale, subí a manejarlo”, responde desafiante uno de los delegados. Sobre el andén, unos 25 trabajadores aplauden y comienzan a cantar: “Unidad, de los trabajadores, y al que no le guste, se jode, se jode”. Una situación similar se repite en el andén de enfrente. Episodios parecidos, a esa altura, deben estar sucediéndose en las estaciones Medrano y Carlos Pellegrini, también de la B, y en varias estaciones más de las otras cinco líneas y el Premetro, totalmente paralizadas.
A las 13.52 del miércoles 16 de septiembre una formación se detuvo en los andenes de la Estación Federico Lacroze de la Línea B del subterráneo. Un delegado, megáfono en mano, anuncia a los usuarios que esa es la última formación que sale antes de que comience el paro. Mira a la conductora y le dice que a las dos en punto, en la estación en la que se encuentre, corte el servicio. La chica le devuelve la mirada como diciendo “¿Con quien te pensás que estas hablando?”. Arroja una sonrisa, toca bocina y parte. Hace ya media hora que las puertas están liberadas para que los pasajeros puedan viajar sin pagar. Minutos más tarde, otra formación se detiene justo delante del cartel rojo que en letras blancas advierte: “Este tren se detiene aquí”. El reloj marca las 14 horas, horario estipulado para el inicio del paro que durará tres horas. Un grupo de muchachos grandotes, vestidos con trajes, intentan impedir en vano que los delegados tomen posición adentro de la formación. “Este tren continua su viaje”, dicen. “Dale, subí a manejarlo”, responde desafiante uno de los delegados. Sobre el andén, unos 25 trabajadores aplauden y comienzan a cantar: “Unidad, de los trabajadores, y al que no le guste, se jode, se jode”. Una situación similar se repite en el andén de enfrente. Episodios parecidos, a esa altura, deben estar sucediéndose en las estaciones Medrano y Carlos Pellegrini, también de la B, y en varias estaciones más de las otras cinco líneas y el Premetro, totalmente paralizadas.La Plata, Editorial de la Universidad de La Plata, 2007, 343 páginas.
Uno
Hay un proverbio chino que dice: "conocer y no actuar es como no conocer". La frase se completa y complica con las palabras que Morfeo dedica a Neo en Matrix: "Tarde o temprano te darás cuenta de que una cosa es conocer el camino y otra recorrerlo". Son estas las líneas con las que Rodríguez comienza su último libro, en el que aborda de lleno en la categoría de lumpen proletariado. "Ya no como calificativo despectivo", nos dice, "sino como herramienta teórica que contribuye con más preguntas que las que puede aportar el propio proletariado".
Buenos Aires, Editorial El Colectivo, 2007, 220 páginas
Miguel Mazzeo se mete en este libro con conceptos y prácticas que vincula al Poder Popular. En la actualidad y en el pasado. De Karl Marx al Ejercito Zapatista de Liberación Nacional. de Rosa Luxemburgo a nuestro filósofo Carlos Astrada, el autor desmenuza los conceptos y palabras. Desde los distintos usos del término hasta el análisis de la dialéctica sujeto-poder, o por qué es poder y popular el poder popular. En sus páginas podemos encontrarnos con citas de Trotsky, Lenin, Gramsci, Lukács pero también de Bloch y Passolini, Holloway y Negri. Y no están ausentes argentinos como Santucho o Rubén Dri, Thwaites Rey o Raúl Cerdeiras.
"Nacimos desorientados y nos educaron como tarados"
Andrés Calamaro, No Tan Buenos Aires, en Honestidad Brutal II.
"Corte de ruta y asamblea, que en todos lados se vea el poder de la clase obrera"
Las manos de Filippi, Los métodos piqueteros, en Hasta las manos.
"El infierno ya es ahora y es el que habitamos todos los días..."
"Buscar y saber quién y qué, en medio del infierno, no es infierno y hacer que dure, y dejarle espacio"
Ítalo Calvino, en Las ciudades invisibles
Uno
En su célebre novela Respiración Artificial, Ricardo Piglia pone en boca de uno de sus personajes la siguiente frase:
El profesor, por ejemplo, era un hombre que reflexionaba sobre los principios. Mejor dicho, le digo, era un hombre de principios. Especie también rara en estos tiempos. ¿Qué tenemos sino los principios para sostenernos en medio de toda esta mierda?[1]