El futuro de un pueblo esta en las minas
El 2 de agosto de 2002, en la Patagonia Austral, los mineros de Río Turbio extrajeron de las entrañas de la cordillera de los Andes las primeras 2000 toneladas de carbón bajo una administración estatal. El contexto de esta reestatización es la brutal crisis económica, política y social argentina equivalente a una posguerra La destrucción de medios de producción ha sido masiva: por quiebras -con la consiguiente liquidación de la maquinaria- o lisa y llanamente por abandono de la empresa por parte de los propietarios.
Desde Octubre de 2001, 700.000 personas por mes se reubican socialmente en el nivel de pobres [i] , pero si además pierden el trabajo, tienen sólo dos alternativas: la delincuencia o la marginalidad social y el cirugeo [ii] . Para enfrentar esta avalancha social, los obreros han comenzado a organizarse para impedir la desaparición de las fuentes de trabajo ocupando empresas cerradas o en proceso de quiebra y poniéndolas a producir. En Argentina comienza a haber producción bajo ocupación obrera. Esta decisión es vista con gran simpatía por la población en general, e incluso las Asambleas Barriales y los Movimientos de Desocupados han sido un factor de importancia en la defensa de este accionar. En algunos casos (cerámicos Zanon, de Neuquén) está en funcionamiento bajo ocupación obrera finalmente con autorización judicial. En otros (la alimenticia Ghelco, la gráfica Chilavert), fueron puestas a producir bajo ocupación obrera, para luego ser expropiada por Ley del Gobierno de la ciudad de Buenos Aires y entregada en propiedad cooperativa a los ocupantes. Hoy día existen unas 100 fábricas recuperadas de la parálisis y la desaparición por sus propios trabajadores y dan trabajo, directa o indirectamente, a 10.000 trabajadores. [iii] En torno a este proceso existe un importante debate sobre el control obrero, la estatización, la autogestión, incluso la cogestión y el derecho de propiedad, y la recuperación o no de la economía sobre la base de la reindustrialización cooperativa. En el caso del complejo minero de Río Turbio, por sus dimensiones, requiere de importantes aportes de capitales permanentemente, incluso para lograr su sostenimiento mínimo. Es evidente que, frente a una importante crisis empresaria, sólo cabe el reclamo de reestatización. Pero este planteo enfrenta por el eje la política del imperialismo y los organismos de crédito internacionales como el Banco Mundial y el FMI. En este sentido, la lucha de los mineros fue contra el empresario, los gobiernos provincial y nacional y contra el FMI. Lograron la recuperación de la administración estatal y ahora van por el control obrero para, además de incidir en su funcionamiento desde una perspectiva de clase, poner el complejo industrial al servicio del conjunto de la población de la cuenca. Este texto está pensado como un informe que brinde nuevos elementos de comprensión sobre la realidad social y política argentina.