Estimado John:
Aunque tenga una apariencia un poco ritual, me parece importante empezar estas líneas con un reconocimiento de la importancia de tu trabajo y de la audacia con que planteás los problemas más agudos de la revolución en este período. Algunas de las objeciones que se hacen a tus ideas son, más que un producto de una reflexión seria, hijas del dogmatismo y la superficialidad. Otras, como las de mi amigo Romero, son valiosas y fundadas. Lamentablemente, las de Aufheben no he tenido tiempo de leerlas con atención. Parecen interesantes, pero la prudencia me aconseja reservar el juicio hasta que pueda hacerlo.
El presidente Kirchner y el ministro de Economìa Lavagna tuvieron su momento de gloria el jueves 3 de marzo, cuando anunciaron que la oferta de renegociación de la deuda externa argentina había alcanzado una aceptación del 76,07% del monto total, que fueron refinanciados por bonos a plazos de entre 30 y 42 años.
A la memoria de Emilio Corbière, quien me hizo útiles y valiosas observaciones sobre el primer borrador de este trabajo.
Una de las incongruencias más llamativas con que nos encontramos en cierto tipo de discurso político consiste en decir que tal o cual medida del Gobierno sólo se explica porque hubo un 19 y 20 de diciembre[1] y, simultáneamente, afirmar que hay una completa continuidad política y económica entre este gobierno y sus antecesores. La incongruencia consiste en otorgar al levantamiento de aquellos días un lugar central y condicionante, al mismo tiempo que se afirma que nada ha cambiado con él.
Un irlandés de hablar pausado agregó un poco más de convulsión al ya revuelto mundo de los marxistas. Desde el propio título de su último libro, Cambiar el mundo sin tomar el poder. El significado de la revolución hoy , John Holloway lanza un provocativo desafío. Y, para colmo, lo hace profundizando en las relaciones capitalistas, la índole del trabajo enajenado y la omnipresencia del fetichismo de la mercancía en las sociedades actuales. Sus tesis se pueden compartir o no, pero no se pueden ignorar, porque se refieren a los problemas que están planteados para los protagonistas de todos los movimientos sociales del mundo de hoy.
La convulsiva situación de las finanzas argentinas en los últimos meses puso de manifiesto las dudas del capital financiero sobre la posibilidad de que el país retomara la senda de crecimiento de su Producto Interno Bruto. Los usureros internacionales no están solos en esa percepción, que los argentinos sufren en carne propia, después de una prolongada recesión de tres años.
El 24 de octubre de 1999, casi 20 millones concurrieron a votar en la Argentina, para elegir un nuevo presidente y renovar la mitad de la Cámara de Diputados. Aún no se habían cerrado los puestos electorales y ya la televisión y las radios adelantaron que la coalición opositora Alianza había triunfado y que el veterano dirigente Fernando de la Rúa iba a ocupar la jefatura del Estado por los próximos cuatro años. El resultado era previsible, ya que hacía meses que las encuestas mostraban una gran distancia entre la Alianza y el entonces gobernante Partido Justicialista. Si hubo algunas novedades, fueron que la ventaja para De la Rúa fue menor a lo que presagiaban los sondeos y que el PJ se impuso en la provincia de Buenos Aires (que tiene el 40% de la población del país).
Yugoslavia: la desintegración permanente