Mazzeo, Miguel

Profesor de Historia y Doctor en Ciencias Sociales. Docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y en la Universidad de Lanús (UNLa). Escritor, autor de varios libros publicados en Argentina, Venezuela, Chile y Perú, entre otros: Piqueter@s. Breve historia de un movimiento popular argentino; ¿Qué (no) Hacer? Apuntes para una crítica de los regimenes emancipatorios; Introducción al poder popular (el sueño de una cosa); El socialismo enraizado. Colaborador de la página Contrahegemonía.web. Colaborador habitual de Herramienta; su libro Poder popular y nación. Notas sobre el Bicentenario de la Revolución de Mayo fue publicado conjuntamente por Ediciones Herramienta y El colectivo en 2011.

El obrador de Aldo Casas. Sobre Aldo Casas Karl Marx, nuestro compañero (Buenos Aires: Herramienta, 2016; de próxima aparición)

Autor(es)

 
Desde la muerte de Carlos Marx, hemos asistido al despliegue interminable de una extensa serie de marxismos. Se habló y se habla de un marxismo engelsiano, leninista, trotskista, estalinista, maoísta. También de un marxismo soviético, chino, eurocéntrico, occidental, latinoamericano; o de uno escolástico, mecanicista, legal, funcionalista, estructuralista, historicista o analítico. A lo largo de la historia se identificaron marxismos economicistas o humanistas, productivistas o culturalistas, deterministas o subjetivistas, dogmáticos o heréticos, ortodoxos o heterodoxos, cerrados o abiertos, gélidos y calidos.
C. Wrigth Mills habló de un marxismo “creativo”. Ernst Bloch identificó una corriente cálida del Marxismo. José Carlos Mariátegui propuso una traducción fecunda del marxismo a la realidad de Nuestra América: un “marxismo mestizo”. Pier Paolo Pasolini habló de un “marxismo visceral”, que era un componente básico de su empirismo herético y mágico. Jean Paul Sartre definió al marxismo como “una filosofía hecha mundo” y como el “horizonte insuperable de nuestro tiempo”. Michael Löwy habló de un “marxismo romántico” llamado a corregir los desaciertos de la ilustración y, retomando a Mariátegui (entre otros pensadores marxistas), le adosó a los fundamentos racionales del marxismo los derechos de la tradición y el sentimiento. Más recientemente se planteó una diferenciación entre los marxismos del siglo XIX, el XX y el XXI. Hasta se ha perpetrado el anacronismo que sugiere un “marxismo dieciochesco”, modernizador y cientificista.

Las aporías del progresismo

Autor(es)

 
 
“La libertad, para ser viable, tiene que ser sincera y plena”
José Martí
 
¿Cabe definir como de “izquierda” y/o “populares” a las experiencias políticas que, en Nuestra América y en la última década y media, desplegaron estrategias de gestión del ciclo económico sin cambio estructural y que fueron y son dirigidas por elites tecnocráticas? ¿Qué predisposición crítica y transformadora, qué rasgos de rebeldía se pueden hallar en quienes sólo pretenden administrar la crisis económica, ecológica, energética y financiera del capital sin reconocer el carácter sistémico de esa crisis? ¿No será excesivo considerar como de “izquierda” y/o “populares” a aquellas políticas que no pretenden trascender el horizonte de un capitalismo reformado con dosis diversas de regulación del mercado, cierta redistribución del ingreso y sin ningún cuestionamiento de fondo al Estado liberal?

Requisitos estratégicos

Autor(es)

Los agentes históricos, al conquistar su
auto-emancipación colectiva elegirán los
rumbos y la forma de la nueva sociedad.
Florestan Fernandes
 
Miedo es dejar de sembrar por temor los pájaros.
Henry Miller
 
I
No existe una fórmula general para el socialismo. No existen, ni es necesario ni bueno que existan, formas orgánicas absolutas (o programas) aplicables eficazmente a condiciones de tiempo y lugar distintas. El socialismo tiene tantos rostros como espacios y tiempos en los que germina con autenticidad, es decir: con raigambre, radicalidad y potencia emancipadora. Esta trilogía, a la que consideramos fundante de la autenticidad de todo proceso y proyecto que se asuma como socialista, también incluye una “fe”.

La izquierda independiente argentina frente al desafío electoral

Autor(es)

 
“Solo cuando el hombre real, individual, reabsorba en sí mismo al abstracto ciudadano y,
como hombre individual, ‘exista al nivel de la especie’ en su vida empírica, en su trabajo
individual, en sus relaciones individuales; sólo cuando, habiendo reconocido y organizado sus
‘fuerzas propias’ como ‘fuerzas sociales’, ya no se separe de sí la fuerza social en forma de
fuerza ‘política’, sólo entonces, se habrá cumplido la verdadera emancipación humana…”
Karl Marx, La cuestión judía (1843)
 
“Frente a la vieja sociedad, con sus miserias económicas y su delirio político, está surgiendo
una sociedad nueva.”
Karl Marx, Primer manifiesto de la Internacional sobre la Guerra Franco prusiana (1870)
 
Introducción
Sectores de la denominada izquierda independiente de Argentina, surgida al calor de las luchas populares de los años de la mudanza del siglo y el milenio, porciones del espacio político-identitario que es hijo dilecto de la rebelión popular de 2001, han asumido recientemente la necesidad de incursionar en el terreno electoral. Enhorabuena. La lucha por cambiar el mundo es integral. No se puede renunciar a priori a ningún espacio de confrontación, de activación y de proyección política, de validación de proyectos de cambio social, mucho menos invocando ataduras o repulsas dogmáticas, y apelando a principismos huecos e infundados (como, por ejemplo, la postura que ve en la acción política una desviación del camino de la emancipación, camino en el que sólo considera a la lucha económica y social), o asumiendo la clave del “todo o nada”, que, por lo general, alienta el sectarismo y/o la pasividad.
El reconocimiento por parte de Carlos Marx de la importancia de la lucha política hizo que Mijail Bakunin (entre otros anarquistas) lo calificara de oportunista, moderado y portavoz de la pequeña burguesía (o de la “aristocracia obrera”) de los países más desarrollados de Europa. La postura antipolítica de Bakunin se expresó en sectarismo doctrinario e ideológico y también en un sectarismo corporativo que planteaba el alejamiento de la lucha política como una forma de preservarse de sus contaminaciones. Pero el sectarismo nunca es garante de nada bueno. Existen infinidad de experiencias históricas en las que la indiferencia o el repudio a la política condujeron al inmoralismo absoluto respecto de los medios de lucha o a la apelación al Estado y al gobierno burgués.

Hugo Chávez o el testimonio de una batalla inconclusa

Autor(es)

Hugo Chávez está bienaventuradamente muerto para el imperialismo y sus animales dóciles desparramados por todo el orbe, esos mismos que ya habían escrito su muerte en 2002, esos que nunca se cansaron de prodigarle insultos y odio de clase en sus versiones más descarnadas.
El comandante Hugo Chávez está desoladoramente muerto para el pueblo pobre, para los oprimidos, los luchadores, los soñadores, de Venezuela y Nuestra América. El desamparo se puede leer en sus rostros, en sus ojos empozados de tristeza.   
Sus ampulosidades verbales, sus contradicciones, sus transacciones (algunas inevitables para quien ejercía el gobierno de un Estado periférico en este contexto histórico), las coexistencias pactadas que toleró, los funcionarios y figuras indefendibles que buscaron anular toda praxis antisistémica de los y las de abajo y que él, en ocasiones, arropó equívocamente, no deberían ocultarnos las porciones de Chávez más nuestras: los puntos de fisura en la dominación que él hizo posible, los ejercicios de des-alienación y las experiencias de contra-hegemonía que alentó (directa o indirectamente), las porciones de patria que puso a disposición de hombres y mujeres del pueblo que nunca habían tenido patria, el “nosotros” libertario que ayudó a fundar con cascadas de palabras y de acciones, su histórica contribución a la diversificación y enriquecimiento del campo popular en Venezuela y en Nuestra América.

Apuntes sobre la hermenéutica mariateguiana

Autor(es)

 

Fue leyendo a Mariátegui y después
a Lenin que encontré un orden permanente
de las cosas.
José María Arguedas
 
 
La interpretación mariateguiana es, invariablemente, interpretación-transformación, jamás es una “cosmodicea”. José Carlos Mariátegui no deja de honrar la unidad interna de un método que tiene por objeto revolucionar la sociedad. En Mariátegui, el marxismo (o si se prefiere, el “materialismo histórico”) no se escinde de su aplicación y su historicidad, no se diluye en la acción de enraizarse y hacerse realidad, y se preserva de la disonancia cognitiva, al tiempo, que incrementa su dinamismo epistemológico. Tal como señalara Roberto Armijo:

El fetichismo de la etapa

Autor(es)

 
“La vida es movimiento y el dogma de hoy no corresponde a la vida de mañana”
José Carlos Mariátegui
 
“La vida es más rica que los esquemas, la práctica que cualquier teoría”
Adolfo Sánchez Vázquez
 
 
El concepto de etapa es uno de los más usuales en el análisis político, sobre todo en los espacios de izquierda, aunque no exclusivamente. Se trata de un concepto relacionado con la política en general, dado que remite nada más y nada menos que a una temporalidad histórica específica, por lo general de carácter estructural, y a las formas más adecuadas para afrontarla y para comprender sus ritmos. Una temporalidad que también da cuenta de un espacio. Por lo tanto, no estamos planteando una polémica sobre palabras, sino sobre líneas de acción política.  

Poder popular y nación. Notas sobre el Bicentenario de la Revolución de Mayo, de Miguel Mazzeo

Autor(es)

Editorial El Colectivo y Ediciones Herramienta (Colección Cascotazos). Herramienta: Buenos Aires, 128 págs.
 
Pasado más de un año de los festejos, el Bicentenario comienza a quedar desnudo tras deshacerse de los ropajes que lo cubrían. Ropajes que, lejana la música y ya invisibles los fuegos de artificio, son ante todo políticos. Develado el objeto, Miguel Mazzeo nos invita a reflexionar sobre un festejo patriótico en el que se puso en juego mucho más que la apropiación de un significante a la deriva. Y es que la trama política de los últimos años en la Argentina se mostró en toda su complejidad durante algunas semanas de mayo del año pasado, abriendo el juego para todos los debates que un fenómeno como el kirchnerismo viene planteando para quienes intervienen en la vida política desde el campo popular. Inaugura así una nueva colección encarada por dos de los proyectos editoriales militantes más desarrollados de los últimos años -El Colectivo y Herramienta-, haciendo de su nombre -Cascotazos- un estandarte de batalla. Su libro, impregnado de un espíritu de época, es uno y múltiple a la vez: es político, pero también historiográfico. Es un insumo para el debate, pero no deja de ser una posición firme. Es fruto de un trabajo intelectual, aunque recoge una amplia trayectoria militante. Es, en definitiva, un texto de combate.
Claro que difícil sería no ingresar en un campo de batalla cuando el tema que convoca a la reflexión es el de la nación y el nacionalismo. Visitado por las corrientes de izquierda en incontables oportunidades, los espinosos caminos por los que invita a transitar han suscitado algunas de las polémicas más interesantes y complejas en el campo del marxismo. Pero, ¿con quién combate Mazzeo en este caso? ¿Quiénes son los interpelados explícitos de su obra? A simple vista los invitados al debate son tres, que por disímiles no pierden su interés. Ante todo, el desafío es a quienes se encargaron de montar el espectáculo sobre la 9 de Julio. El kirchnerismo, entonces, entra en escena como el principal adversario. Y no es casualidad, ya que como bien se encarga de apuntar el autor, ha sido desde ese lugar que se ha venido enunciando un nuevo relato histórico que intenta congraciarse con las políticas implementadas a nivel gubernamental. Aquí aparece un punto central de su obra, ya que esta yuxtaposición entre historiografía y política, ofrece una coincidencia en sus formas que Mazzeo acierta en definir. El kirchnerismo, un fenómeno populista sin ser popular, un capitalismo amable pero sin vocación de transformaciones radicales, un proyecto de Estado que dicta desde arriba sin pretender que los de abajo tomen la palabra, ha construido un relato de la historia nacional que es tan endeble como su propia vocación nacional y popular. Revisionismo sin identidad y relato fragmentario y simplista parecen ser las notas altisonantes de un intento por trazar una nueva historia nacional que queda a la deriva.

Intelectuales y praxis emancipadora. Apuntes para un manifiesto

Autor(es)

El elemento popular ‘siente’, pero no siempre comprende o ‘sabe’. El elemento intelectual ‘sabe’ pero no siempre comprende y, especialmente, ‘siente’. Por lo tanto, los dos extremos son, la pedantería y el filisteísmo por una parte, y la pasión ciega y el sectarismo por la otra. […] El error del intelectual consiste en creer que se pueda ‘saber’ sin comprender y, especialmente, sin sentir y ser apasionado. 
Antonio Gramsci

Poder popular y nación. Notas sobre el Bicentenario de la Revolución de Mayo

Autor(es)

Colección Cascotazos,  Editorial El Colectivo y Ediciones Herramienta, Buenos Aires, Argentina,  ISBN: 978-987-1497-36-2, 128 páginas.

Índice
 
Presentación de los editores
Prólogo de Guillermo Cieza
Introducción
 
Capítulo 1
Nación, clase y hegemonía. Los frentes del debate
 
Capítulo 2
Nación y autodeterminación
 
Capítulo 3
Realidades y símbolos del Bicentenario argentino
 
Capítulo 4
Sobre el neorrevisionismo
 
Capítulo 5
Creencias leves, nueva militancia “evolucionaria”… u otro proyecto: una patria libre, soberana y autónoma
 
Epílogo de Aldo Casas
  
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