Mascaro Querido, Fabio.

Maestrando en sociología – UNESP Araraquara, Brasil. Becario del “Conselho Nacional de Desenvolvimento Científico e Tecnológico” (CNPq)

Memoria y utopía en México. Imaginarios en la génesis del neozapatismo, de Fernando Matamoros Ponce

Buenos Aires, Herramienta, 2009, 384 págs.

En Teoría de la novela, György Lukács presentó a la novela como el género literario expresivo de una época –la Modernidad– marcada por la escisión y la ruptura de los lazos entre individuo y comunidad. En el mundo moderno ya no hay una totalidad espontánea del ser. No hay ya un sentido inmanente de la vida, una coincidencia entre esencia y vida empírica. Precisamente por ello, algunos de los movimientos y de las luchas sociales modernas en busca de una genuina comunidad humana del futuro, reconocieron en la memoria de las comunidades del pasado una fuente de inspiración utópica inagotable, cuya rememoración simbólica ayuda a las luchas del presente contra la civilización capitalista. La memoria del pasado emerge, entonces, no como una nostalgia regresiva –que alienta un retorno imposible–, sino como combustible utópico de las luchas pro la emancipación humana futura.

Revolución y (crítica del) progreso: la actualidad ecosocialista de Walter Benjamin

El concepto de progreso debe ser
fundamentado en la idea de catástrofe. Que
“las cosas continúen así” es la catástrofe.
Walter Benjamin
 
El capitalismo y la emergencia de la crisis ecológica
Desde mediados de la década de 1970, la reorganización de los parámetros de acumulación y reproducción ampliada del capital anunció la emergencia de una crisis ecológica sin precedentes, revelando el ímpetu destructivo que preside la lógica capitalista. Desde el crecimiento exponencial de la polución del aire, el agua potable y el medio ambiente a la destrucción vertiginosa de las selvas tropicales y la biodiversidad, desde el agotamiento y la desertificación del suelo a la drástica reducción de la biodiversidad por la extinción de millares de especies, son varios los ejemplos del carácter destructivo del modelo civilizatorio capitalista.
            Desde entonces, “las amenazas contra las condiciones físicas de reproducción de la vida alcanzaron, en numerosos, países y hasta en regiones enteras, una dimensión mucho más trágica que a comienzos del siglo XX”.[1] Si hasta entonces los defensores del “progreso” capitalista aún podían ensalzar su poder de “destrucción productiva”, ahora, más que nunca, el aspecto predominante es el de la “producción destructiva cada vez mayor y más irremediable”, activando la posibilidad de “eliminación de las condiciones de reproducción sociometabólica del capital”.[2]

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