Martínez, Manuel

Miembro del consejo de redacción de la revista Herramienta y militante socialista de dilatada trayectoria en la Argentina y Perú. Es autor de numerosas contribuciones en distintas publicaciones de izquierda. Integra el Movimiento Popular Patria Grande.

“La figura de Milagro desafía las características de una sociedad altamente conservadora, patriarcal y oligárquica”

 

Entrevista a Elizabeth Gómez Alcorta

Por Manuel Martínez
 
Al comenzar esta entrevista, Elizabeth Gómez Alcorta nos subraya con singularidad sus señas de identidad: “Soy mujer, soy militante y trabajo como abogada”. Con 43 años de edad y 20 en el ejercicio de su profesión, nuestra entrevistada es actualmente presidenta del Movimiento de Profesionales para los Pueblos, una asociación de profesionales y estudiantes de diversas disciplinas que interviene en conflictos con un fuerte contenido social y defendiendo los derechos humanos. Participa en la red de abogadas y abogados querellantes en causas de lesa humanidad, una red de intercambio y colaboración profesional que ha realizado cuatro encuentros a nivel nacional hasta el presente año. Integra también la Asociación de Abogados/as de Derecho Indígena, de la cual forma parte de su mesa directiva.
Gómez Alcorta es docente adjunta del Departamento de Derecho Penal de la Universidad de Buenos Aires, donde dicta clases de grado y posgrado desde 1997. Autora de diversos artículos de doctrina, ponente en conferencias y congresos dentro y fuera del país, es litigante en juicios de lesa humanidad e integra la defensa de la dirigenta social Milagro Sala. Este último caso, impuesto por una facción del poder político, ha cobrado especial resonancia en el presente año y en gran medida expresa –con su carga de irregularidades y arbitrariedades– el carácter instrumental del Poder Judicial. “Cuando uno piensa dos conceptos como los de justicia y derechos humanos, la lógica sería que, a esta altura de la historia de la humanidad, ninguno de los dos conceptos pudiera pensarse sin el otro. No es posible pensar a los derechos humanos sin justicia, y mucho menos una justicia que no implique a la vez a los derechos humanos, de hecho, en términos dialécticos, de ambos conceptos debería surgir uno solo a modo de síntesis”, nos dice nuestra entrevistada. Señala además que si bien “lo político no es sólo violencia, es importante entender que la violencia es constitutiva de lo político, y en las condiciones históricas en las que vivimos, mucho más en estas democracias formales del sistema capitalista liberal, la violencia ocupa un lugar central, en el que el propio sistema expulsa a una parte de la sociedad a abismos de desesperanza, de hambre y miseria”.

Eduardo Galeano. Caminante tallador de palabras, militante tejedor de utopías

 
 
 
 
“El mundo se divide, sobre todo, entre indignos e indignados, y ya sabrá cada quien de qué lado quiere o puede estar….”
 
 
 
 
Algún día de 1983, Eduardo Galeano estuvo contemplando un lienzo de la Escuela Cusqueña en uno de los salones del famoso Hotel de Turistas del Cusco. Fue entonces cuando el poeta Luis Nieto –aquel del Romancero del pueblo en armas– me dijo: “Es Galeano, lo estoy acompañando, le interesa nuestra pintura…”. Ciertamente, ese apasionado por descubrir los pliegues de la historia de Nuestra América, horadando nuestra cultura, estaba buscando algo más, algo escondido en los lienzos pintados por nuestros indios y mestizos en los siglos XVII y XVIII. No era un observador común, no era un simple turista: era el buscador incansable de Las venas abiertas de América Latina (1971). Inmenso título, aunque 40 años después de su publicación –y de su traducción a veinte idiomas– él, nada menos que él, declaró que “no sería capaz de leerlo de nuevo”. Sin embargo, y Galeano lo sabía muy bien, ese libro invitó a la insubordinación a varias camadas de jóvenes que luego militarían en la izquierda; fue –y es–un compendio de tantas laceraciones sufridas desde la invasión europea a nuestro continente y también de la explotación-opresión de nuestros pueblos durante la época republicana. No por casualidad fue proscripto por las dictaduras de Uruguay, Argentina y Chile.

Venezuela 2014: una mirada dentro de la revolución

 
El presente artículo, que ha sido entregado por el autor para su publicación en Herramienta, aborda de manera resumida el significado de 15 años de la revolución bolivariana, así como una interpretación del proceso luego de la desaparición física de Hugo Chávez. En una próxima entrega tratará el debate sobre el poder popular y la transición al socialismo.
 
El debate sobre la revolución bolivariana que está en curso en Venezuela, más aún teniendo en cuenta el carácter vertiginoso de los acontecimientos políticos que se suceden en ese país, corre el riesgo de quedar encapsulado en tal o cual coyuntura. Sin embargo, sin dejar de considerar que las coyunturas provocan cambios, incluso en algunos casos cualitativos, hemos considerado necesario, en la medida de nuestras posibilidades, hacer una reflexión más orgánica sobre diferentes aspectos de ese extraordinario proceso de singulares transformaciones que ya lleva 15 años, algo más de lo que va del siglo XXI.

A 39 años de la Masacre de La Plata

 
 
 
 
El aroma de los tilos de aquella hermosa ciudad que supo ser La Plata en los años 70, seguramente está por volver con el inicio de la primavera. Vuelve también, sin embargo, el recuerdo amargo de lo que ocurrió aquel 5 de septiembre de 1975, cuando la militancia del Partido Socialista de los Trabajadores (PST) sufrió un tremendo golpe, uno de los más duros entre los primeros que antecedieron al genocidio.

Venezuela: debate sobre el poder popular y la transición al socialismo

 
 
El presente artículo es la continuación del publicado en Herramienta 55 bajo el título de “Venezuela 2014: una mirada dentro de la revolución”. Abordamos entonces, de manera resumida, algunas características fundamentales de la revolución bolivariana, así como una interpretación del proceso luego de la desaparición física de su líder y pedagogo, Hugo Chávez. Ahora, asumiendo el desafío de introducirnos en algo que no es nada fácil, trataremos de analizar dos cuestiones íntimamente relacionadas: el desarrollo del poder popular y la posibilidad de la transición al socialismo.

Un nuevo ensayo de interpretación de la realidad peruana

Perú, país emblemático de la cultura de Nuestra América, acumula una milenaria historia civilizatoria que no solo es subyacente a este siglo XXI: sus trazos emergen recreados desde la sociedad profunda, aquella que José María Arguedas supo interpretar en su magistral literatura.[1] Sin embargo, y es preciso subrayarlo para encontrar parangones y diferencias con otros países de la región, el Perú moderno, que surgiera como Estado en el siglo XIX, sigue siendo un país fragmentado no solo desde el punto de vista económico-social sino, particularmente, desde el punto de vista étnico y cultural. Esta fragmentación no es rígida o estática; no podría serlo en medio de los avatares del capitalismo realmente existente en este país y en Nuestra América: contiene movimientos intempestivos de diferentes sectores, ya sea del campesinado indígena tantas veces insurgente en la sierra, luchando por la tierra arrebatada; ya de los grandes fenómenos migratorios del campo a las ciudades más importantes, en especial a Lima, la vieja ciudad de blancos y criollos hoy plagada de mestizaje y de indígenas serranos que la invadieron en los últimos 40 o 50 años convirtiéndola en una “metrópoli caótica”; ya de los movimientos regionales populares, que luchan desde hace décadas contra el centralismo avasallador y al mismo tiempo excluyente de “las provincias”, y ahora, concretamente, contra la minería a cielo abierto, por la defensa del agua, del medio ambiente y de la vida en distintos puntos de la accidentada geografía peruana.

Alejandro Cánepa (1958-2010), ¡hasta el socialismo, siempre!

Alejandro Cánepa  (1958-2010)

 
Nuestro querido compañero Alejandro Cánepa se nos fue recientemente, el 8 de junio, luego de luchar por su vida durante varias semanas desde que sufriera un derrame cerebral. Ese “nos” es inmenso, contiene su compromiso militante indoblegable, la causa de la revolución y del socialismo que abrazó desde fines de los años ochenta, la satisfacción de luchar cotidianamente por un mundo mejor, su alegría siempre compartida…
Alejandro fue psicólogo y docente universitario. Pudo desarrollarse en la docencia por sus capacidades, sin duda, pero eligió enfocar su profesión a nivel social, trabajando con jóvenes adolescentes excluidos y judicializados por el sistema. Lo hizo con toda pasión, primero en Buenos Aires, luego en Rosario. Supo encontrar en ese trabajo una proyección de sus convicciones éticas y políticas. No fue uno más, no fue “normal”, era “el psicólogo” que los chicos y las chicas querían y buscaban. El que se disfrazaba de abuela para un video o el que jugaba al fútbol con ellos, aunque terminara rompiéndose el tendón de Aquiles. Su pasión nunca estuvo desdoblada, era la misma que nos transmitía en las luchas, en la militancia cotidiana, en las reuniones y en tantos momentos compartidos.
Desde que iniciamos la publicación de Herramienta, allá por 1996, Alejandro fue un entusiasta difusor de la revista. Luego, acarreando vicisitudes políticas y errores, él y quienes fundamos Socialismo Libertario nos alejamos por un tiempo. Volvimos, sin embargo, aprendiendo a reencontrarnos solidariamente, reiniciando un camino común, afirmando en la amplitud de pensamiento la búsqueda de la liberación. Volvimos, felizmente. Y Alejandro fue uno de los que volvió con gran satisfacción al espacio que siempre había sentido como suyo. Volvió a sentirse parte de Herramienta, no sólo difundiéndola, sintiéndose feliz de reencontrar a Aldo Casas, a Chiche Vázquez, a Néstor López... Se nos fue, es cierto, pero su bonhomía y su ternura, tantas veces demostrada, nunca podrá irse de nuestro colectivo.
Hermano nuestro, ¡hasta el socialismo, siempre!
 
Manuel Martínez
Por el Consejo de redacción
Junio de 2010

 

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