James Petras insiste, en Globaloney, en su convicción de que la hegemonía cultural conquistada por el imperialismo entre los intelectuales ha impuesto un lenguaje eufemístico, que oscurece intencionadamente la comprensión del mundo real. Así es como una voz clara y connotante, imperialismo, troca en globalización. Venimos sufriendo el intento de estructurar un mundo de ficción vía neologismos que disfrazan la realidad o engañan sobre la misma.
Ese lenguaje ideológicamente trastocado, es desnudado desde el título: Baloney en inglés significa estupidez o tontería. La novedosa globaloney podría traducirse como "globalización de la estupidez". Puede agregarse que las nuevas formas institucionales autoritarias se llaman transiciones democráticas, las nuevas formas de superexplotación y precarización del trabajo mutan en flexibilización, el desmantelamiento de las conquistas obreras seculares ha sido nombrado ajuste, la intervención activa del Estado para regular el mercado como agente de la banca financiera se bautizó desregulación, los cortesanos del Poder Ejecutivo elevados a nueve miembros de indemne venalidad, constituyen la Solemne Corte Suprema, y la Cámara de Senadores (o la de Diputados) universalmente denunciada por corrupta, lleva adosado casi como prefijo un protocolar Honorable, un plan económico ya no se hace para sustento de una clase o sector social: se lo neutraliza haciéndolo sustentable.
Esto es, digamos, lo nuevo. Contrariamente, en el ámbito de la izquierda, ocurre que continuamos utilizando un viejo léxico para nombrar categorías propias de un desaparecido escenario social: el del siglo XIX. Por mecanismo inverso, el de viejas palabras para nombrar cosas nuevas, pareciera que nos solazamos, también, viviendo en la ficción.