La Autoconvocatoria No al ALCA y las negociaciones gubernamentales por el ALCA
Entre 2001 y 2011 la política exterior argentina ha dado muestras de cambio. De las relaciones carnales con los Estados Unidos al conflicto – argentino estadounidense – por cargamento no declarado en un avión militar norteamericano, ha habido un giro que no puede comprenderse sino es a través del desarrollo de la lucha de clases de la década del noventa condensada en el símbolo “19 y 20”.
Los repertorios de lucha que siguieron a las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001 permitieron hacer visible tanto la potencialidad como las limitaciones del ciclo de luchas antineoliberales en la Argentina. La imagen de un estado asambleario permanente, que inundara las calles de grandes conglomerados urbanos, como la Ciudad de Buenos Aires, Rosario, Santa Fe, Córdoba y municipios del conurbano bonaerense, denotaba el modo en que se había esparcido territorialmente la insurrección del 19 y 20. En las postrimerías de las asambleas, e incluso en el momento de mayor auge, se discutió tanto el alcance territorial como la capacidad de extenderse en el tiempo. Ambas cuestiones se presentaban como de importancia vital en relación a la capacidad de movilización social y transformación de los sujetos en lucha. Sin embargo, esas perspectivas no permitían ver la profundidad del ciclo de luchas antineoliberales condensado en la insurrección social de diciembre de 2001, en tanto que el valor de medida era la efectividad.
[1] En ese sentido, tal vez, su potencialidad estaba determinada por su límite (y viceversa): el ser un ciclo de lucha contra el capitalismo neoliberal. Es en esa perspectiva dual, en la que el límite es su potencialidad y su potencialidad un límite, que debemos explorar lo que aquel ciclo de luchas nos ha dejado.