Intervención en el Congreso “Marxism 2009”, organizado por el SWP (Partido Socialista de los Trabajadores) británico en Londres, del 2 al 6 de julio. David Harvey participó en el taller consagrado a la crisis económica junto a Chris Harmann. En su intervención se desarrolla principalmente una idea que parece paradójica hoy con relación al repliegue del movimiento social. Para él, la crisis, lejos de cerrar los horizontes socialistas, abre nuevas perspectivas. Es la hora, según él, para las fuerzas de izquierda, de volver a salir al ataque, armadas de una teoría del cambio social que se inspira en Marx. (Nota de los editores franceses)
La crisis es, a mi juicio, una racionalización irracional de un sistema irracional. La irracionalidad del sistema queda perfectamente clara hoy: masas de capital y trabajo inutilizadas, de costa a costa, en el centro de un mundo pleno de necesidades insatisfechas. ¿Acaso esto no es una estupidez? La racionalización que el capital desea tiene por objeto restablecer las condiciones de extracción de plusvalía, restaurar los beneficios. El medio irracional de lograr este objetivo consiste en suprimir trabajo y capital, condenando inevitablemente al fracaso la racionalización buscada. He aquí lo que entiendo por racionalización irracional de un sistema irracional.
David Harvey
¿Marca esta crisis el final del neoliberalismo? Yo creo que depende de lo que se entienda por neoliberalismo. En mi interpretación, el neoliberalismo ha sido un proyecto de clase camuflado bajo una proteica retórica sobre la libertad individual, el albedrío, la responsabilidad personal, la privatización y el libre mercado. Pero esa retórica no era sino un medio para la restauración y consolidación del poder de clase, y en este sentido, el proyecto neoliberal ha sido todo un éxito.
Uno de los principios básicos que quedaron sentados en los años setenta fue que el poder del Estado tenía que proteger a las instituciones financieras, costara lo que costara. Ese principio fue puesto por obra en la crisis de Nueva York de mediados de los setenta, y fue internacionalmente definido por vez primera cuando se cernía sobre México el espectro de la bancarrota, en 1982. Eso habría destruido los bancos de inversión neoyorquinos, de modo que el Tesoro estadounidense y el FMI actuaron de consuno en rescate de México. Mas, al hacerlo, impusieron un programa de austeridad a la población mexicana. En otras palabras, protegieron a los bancos y destruyeron al pueblo; no otra ha sido la práctica regular del FMI desde entonces. El presente rescate es el mismo viejo cuento, una vez más, sólo que a una escala ciclópea.
Acumulación mediante desposesión
En La acumulación de capital, Luxemburgo centra su atención en los aspectos duales de la acumulación capitalista:
De un lado, tiene lugar en los sitios de producción de la plusvalía -en la fábrica, en la mina, en el fundo agrícola- y en el mercado de mercancías. Considerada así, la acumulación es simplemente un proceso económico, cuya fase más importante se realiza entre los capitalistas y los trabajadores asalariados […]. Paz, propiedad e igualdad reinan aquí como formas, y era menester la dialéctica afilada de un análisis científico para descubrir cómo, en la acumulación, el derecho de propiedad se convierte en apropiación de propiedad ajena, el cambio de mercancías en explotación, la igualdad en dominio de clase.
La dilatada supervivencia del capitalismo, a pesar de las múltiples crisis y reorganizaciones acompañadas siempre de agoreras predicciones sobre su inminente extinción -tanto por parte de la izquierda como de la derecha-, es un misterio que requiere ser estudiado. Lefebvre creyó haber encontrado la clave cuando pronunció su celebre frase de que el capitalismo sobrevive mediante la creación de espacio, aunque no acertó a explicar de qué forma se llevaría esto a cabo. Tanto Lenin como Luxemburgo, por motivos bastante distintos y utilizando argumentos también diversos, consideraron que el imperialismo -una determinada forma de producción de espacio- era el quid de la cuestión, aunque ambos argumentaron que dicha solución sería finita, dadas sus propias contradicciones.
Entrevistado por Araceli Varela Sánchez y Marcos Mariño Beiras
David Harvey es uno de los más conocidos intelectuales de la izquierda norteamericana, y un geógrafo y urbanista de prestigio mundial. Autor de varios trabajos ya clásicos sobre urbanismo y la dinámica espacial del capitalismo, tiene además contribuciones importantes a la teoría económica, y ha escrito una obra de referencia en el campo de la crítica cultural: La condición de la postmodernidad, considerada por el London Independent como uno de los cincuenta libros de no-ficción más importantes publicados desde 1945. A principios de este año, estuvo en Zürich participando en la conferencia El otro Davos, organizada por Attac Suiza como contrapunto altermundialista al encuentro del Foro Económico Mundial. Allí tuvo lugar esta entrevista.