Dip, Patricia C.

Facultad de Filosofia y Letras, UBA

La crítica de Adorno a la doctrina kierkegaardiana del amor

                                  I

 
La recepción de la obra de Kierkegaard en Alemania presenta un rasgo muy peculiar. A pesar de la cercanía geográfico-lingüística con Dinamarca, los escritos del danés no son traducidos al alemán hasta más de medio siglo después de su muerte. Las primeras traducciones son realizadas por Theodor Haecker en el periódico Der Brenner, sobresaliente por su espíritu satírico frente a las costumbres instauradas por la decadente moral burguesa. En 1913, Haecker escribe “Søren Kierkegaard und die Philosophie der Innerlichkeit”, donde lee a Kierkegaard como espiritualista y crítico del lenguaje. La mayoría de los pensadores alemanes que se acercan a Kierkegaard, excepto Karl Jaspers, lo hacen a partir de esta fuente. Entre ellos: Martin Buber, Martin Heidegger y Theodor Adorno[1].
En la actualidad, cuando la obra del filósofo danés ha sido traducida incluso al japonés, el Kierkegaard de Adorno sigue siendo un escrito de consulta obligada, debido al carácter profundo y penetrante de sus tesis. Probablemente, Adorno haya sido uno de los primeros en indicar –incluso de modo no explícito- el carácter kantiano del “construccionismo” kierkegaardiano al titular su obra “la construcción de lo estético”. Tanto lo estético como lo ético y lo religioso son categorías construidas en diálogo con la tradición idealista alemana, especialmente, aunque no exclusivamente, con Kant y Hegel. Adorno, sin embargo, no es completamente justo con Kierkegaard. Tanto en el capítulo V de su obra, titulado “Para la lógica de las esferas”, como en el apéndice dedicado al concepto kierkegaardiano de amor, hace uso de presupuestos que merecen ser discutidos. Adorno lee a Kierkegaard en clave hegeliana y lo concibe como un idealista que fracasa porque su sistema de la existencia carecería del recurso de la mediación, que le permite a la lógica especulativa hegeliana explicar el tránsito de esfera a esfera. El concepto de “salto” que Kierkegaard colocaría en el lugar del de mediación, es insuficiente. No puede explicar ni la fe ni el amor.                                                       
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