Palabras de los editores
Un plan
Era una tarde fría de un jueves de septiembre de 2007. Llegamos al departamento donde se alojaba Ana junto a su familia. Esa tarde era la despedida, porque debía volver a Inglaterra. Nos encontramos entre juguetes, mate, facturas, sándwiches, familiares y amistades.
Días antes habíamos empezado el plan. Se nos había ocurrido una idea loca. Había sido en un instante fugaz, de esos que suceden en el éxtasis generado por lecturas irreverentes, por aquellos textos que dejan la planicie de las letras para provocar relieves en nuestras vidas. Puntos de fuga. Salidas al más allá. El plan se ponía en marcha, sólo faltaba una cómplice clave.
En medio de la reunión, nos retiramos unos minutos con Ana para conversar en privado. Allí fue cuando juntos, susurrando, como si estuviéramos armando una bomba, lanzamos nuestro plan.
— Ana, queremos traducir The Labor Debate. Es un texto fascinante y nos interesa que sea parte de las discusiones que circulan de este lado del charco. Por eso este libro tiene que ser editado en castellano. Nosotros nos encargamos de las traducciones.
Ana respondió afirmativamente. El plan se ponía en marcha. Su sorpresa y agradecimiento fue tan motivador como los textos mismos.
El trabajo: sobre la sensualidad perdida, las pasiones alegres y los sueños sociales
En octubre 1997 con Mike Neary asistimos al seminario Modernidad o capitalismo: ¿teoría abstracta o abstracción de la teoría? Era uno de los seis encuentros del Seminario de investigación sobre teoría y transformación social, organizado en Brighton por los Centros de teoría social de las Universidades de Sussex y Warwick, ambos creados durante ese año. En nuestra ponencia, exponíamos la idea de que la noción de modernidad lleva ineludiblemente a una teorización abstracta de la sociedad capitalista, donde la categoría trabajo es arrebatada de su poder crítico, mientras que la de capitalismo posee el potencial para elaborar una teoría de la abstracción a través de la problematización de la categoría trabajo y comprender así los fundamentos de dicha sociedad. Ante una treintena de teóricos sociales sostuvimos que la teoría (de la abstracción) de Marx no era una teoría más, opuesta a la teoría (abstracta) burguesa, sino una crítica a esta última; que el marxismo no era una teoría económica (!), sino un método para revelar los procesos de abstracción que subyacen a las relaciones sociales capitalistas y las categorías que las explican. Cerramos la exposición con la idea de que el marxismo debía estar dispuesto a disolverse a sí mismo para ir más allá de Marx (“todo lo que es sólido se esfuma en el aire”) sin que ello significara abandonar la crítica inmanente que vive en el legado de Marx.
Y mientras por su esófago paseo
voy pensando en que vendrá.
Pero se destruye
cuando llego a su estómago y planteo
con un verso, una verdad
(Silvio Rodríguez, Sueño con Serpientes)
Introducción
La importancia de la participación de los trabajadores desocupados en las luchas contra las políticas neoliberales durante los noventa y el posterior fortalecimiento de sus organizaciones cuestionaron definitivamente la idea de los trabajadores desocupados como una subjetividad residual. Desde el 19 de diciembre 2001 esto parece ser un hecho casi irrefutable. Pero por si quedaba alguna duda, el 26 de junio de 2002 la muerte se irguió ante nosotros una vez más como un recurso poderoso para dar cuenta de la realidad.
‘Oh Dios! ¿Que podía yo hacer? … Me enfurecí, insulté! …pero el ruido inundaba todo y crecía sin parar, más fuerte, más fuerte! Y esos hombres seguían allí, charlando cordialmente, y sonriendo. ¿Era posible que no escucharan?’ (E. A. Poe, El corazón delator, mi traducción)