La intelectualidad ha sido objeto de estudio permanente en nuestro continente, identificándosele con el segmento profesional que engloba aquellos creadores de sentidos, capaces de reformular y difundir los conocimientos más avanzados del arte y las ciencias sociales. Dentro del gremio, la rama de los llamados “intelectuales públicos” ha sido reconocida por su tendencia a desplegar la crítica social y asumir roles de representación de intereses o identidades colectivos, preservación de la memoria y ejercicio e invocación de la responsabilidad cívica. Vocación que desencadena en sus miembros una pasión vital por las grandes ideas, valores, temas, encarnados en verdadera constelación de símbolos y alegorías que (re)crean y evalúan de forma regular y sistemática ante auditorios más o menos amplios.