Siguiendo a Marx en los Manuscritos de 1844, Bloch sostiene que el ser humano es el único que puede imaginar una realidad aún no advenida y operar prácticamente para que lo soñado se conforme.
Esta era la distinción fundamental que Marx establecía entre la animalidad y la humanidad, al sostener que una abeja puede superar a un obrero en la perfección de su hacer instintivo, pero que, hasta el peor obrero puede, a diferencia de la abeja, proyectar en su mente lo que posteriormente configurará en la realidad.
El comunismo como superación positiva de la propiedad privada, como autoalienación humana, y, por ello, como verdadera apropiación de la esencia humana por y para el hombre. Por ello, como retorno del hombre para sí en cuanto hombre social, es decir, humano; retorno pleno que, en cuanto tal, es consciente y tiene lugar en el marco de toda la riqueza de la evolución precedente. Este comunismo es en cuanto naturalismo pleno=humanismo; en cuanto humanismo pleno=naturalismo; es la verdadera solución del conflicto que el hombre sostiene con la naturaleza y con el propio hombre; la verdadera solución de la pugna entre existencia y esencia, entre objetivación y autoconfirmación, entre libertad y necesidad, entre individuo y género.[1]
Karl Marx