Los temas de género se encuentran en un relativo aislamiento dentro del amplio espectro de las ciencias sociales, circunstancia ésta que nos ha llevado a plantear la necesidad de incorporarlos de una manera orgánica y sistemática.
Muchas investigaciones describen muy bien las distintas formas de exclusión y marginación basadas en la raza, la etnia, el nivel económico, etcétera, pero obvian las relaciones de género, por considerarlas circunscriptas al ámbito privado.
La cuestión de las relaciones de género apenas es planteada teóricamente. Se la maneja operativamente como si esas relaciones fueran un ente colocado fuera del proceso sociohistórico y de sus leyes. El examen del género deja de ser crítico y riguroso en la medida en que se colocan entre paréntesis el contexto sociopolítico y las modalidades a través de las cuales los seres humanos producen y se reproducen socialmente. Se le da un contenido folklórico, cuyo sentido mismo, disociado, permanece sin explicar.
La emergencia del concepto de género constituyó, en cierta medida, un viraje epistemológico al interior de las ciencias sociales, en el sentido de que se comienza a analizar la construcción social de las categorías de género, en un desarrollo que introdujo la noción de construcción social de la subjetividad.
Los géneros son una construcción sociocultural que ordena a la sociedad en un sistema de relaciones, utilizando como punto de partida las diferencias entre varones y mujeres. Marca espacios, jerarquías, valoraciones y prestigios diferentes para ambos, y de este modo, con las variantes propias de cada cultura y momento histórico, los géneros constituyen un factor de desigualdad social.