Bonefeld, Werner

Profesor en el Departamento de Ciencias Políticas en la Universidad de York (Reino Unido), se desempeñó como profesor en las Universidades de Edimburgo y Frankfurt, y dictó seminarios de posgrado en la Benemérita Universidad de Puebla y en la Universidad de Buenos Aires. Junto a John Holloway, Richard Gunn y Kosmas Psychopedis coeditó los tres volúmenes de Open Marxism (1992-1995), publicados en español por Ediciones Herramienta (2005-2007). Es coautor junto a Holloway de Global capital, National State and the Politics of Money (1995), traducido en varios idiomas incluidos el coreano y el turco. Con Sergio Tischler coeditó What is to be Done? Leninism, anti-Leninist Marxism and the Question of Revolution Roday (2002), publicado en español con el título A 100 años del ¿Qué hacer? (Ediciones Herramienta, 2003) y en coreano (2004). En colaboración con Michael Heinrich, compiló Kapital & Kritik. Nach der ‘neuen’ Marx-Lektüre (Alemania, 2011). Fue editor de Pisma Rewolucyjne (Polonia, 2012) y autor de State, Capital and Class (2012). Escribió numerosos artículos para revistas especializadas como Capital & Class y Herramienta, entre otras. El pensamiento de Bonefeld ha contribuido al desarrollo y el reconocimiento internacional del Marxismo Abierto.

Acerca de la subversión y los elementos de la razón crítica: notas desde el ayer

 
Subversión y crítica
 
El pensamiento subversivo no es otra cosa que la astucia de la razón confrontada con una realidad social en la cual los pobres y miserables están obligados a subsidiar el sistema financiero en pos de sostener la ilusión de la riqueza abstracta. Sin embargo, este subsidio es necesario en la sociedad actual para asegurar su riqueza y evitar su implosión. Esta racional irracionalidad del modo de reproducción social organizado en forma capitalista está en el centro de la crítica de la economía política. La crítica de la economía política es intransigente con respecto a los modos del mundo existente. Exige “derribar todas las relaciones sociales en que el hombre es un ser rebajado, humillado, abandonado, despreciado”.[i] La desvalorización subsiste en una sociedad que no tiene conciencia de sí misma, en la cual la práctica humana se manifiesta a sí misma, digamos, en la forma del movimiento monetario que se impone objetivamente a través de los sujetos actuantes, como si la ley monetaria fuera un mundo aparte de los sujetos sociales que constituyen la sociedad gobernada por la moneda. En el capitalismo, los individuos son en verdad gobernados por el movimiento de fuerzas económicas, abstractas, que se imponen sobre los individuos sociales a costa de su ruina. Sin embargo, el origen de estas fuerzas económicas es enteramente social. No manifiestan alguna naturaleza económica abstracta. Por el contrario, manifiestan la naturaleza socialmente constituida. El movimiento del mundo se manifiesta a espaldas de los individuos actuantes; y sin embargo, es su propia obra.

La razón corrosiva: una crítica al estado y al capital

 
 
 
Ediciones Herramienta, Buenos Aires, Argentina, mayo de 2013,
ISBN: 978-987-1505-33-3, 320 páginas.

 
Prólogo de Alberto Bonnet
 
Este volumen reúne, por primera vez, una serie de artículos de Wer­ner Bonefeld que antes estaban dispersos, algunos traducidos al espa­ñol, otros sólo en inglés, en distintas publicaciones. Y como sucede con cualquier libro, pero con más razón con una compilación de artículos que respondieron a preocupaciones diversas, se escribieron en diferentes coyunturas y no aspiraron a convertirse en piezas de sistema alguno, puede leerse de muchas maneras. Voy a intentar aquí, sin embargo, di­bujar un breve itinerario para recorrerlos. Si sirve, este itinerario puede ayudarnos a apreciar con mayor facilidad la diversidad y, a la vez, la co­herencia del pensamiento de Bonefeld, como nos ayuda un buen sendero a recorrer más fácilmente un parque. Voy a señalizar además, en notas al pie, algunos senderos secundarios, que puede evitar quien tema perderse pero que también puede tomar quien quiera seguir recorriendo el parque.

La economía libre y un estado fuerte: notas sobre el Estado

 

I
El neoliberalismo llego definitivamente a
su fin cuando estalló la crisis del 2008
(Ceceña, 2009: 33).
 
Tradicionalmente, se considera que el neoliberalismo emergió como secuela de la profunda crisis de principios de la década de 1970. De acuerdo con Altvater, por ejemplo, “comenzó con el fin del sistema de Bretton Woods de tasas de cambio fijas en 1973 y la consecuente liberalización de los mercados financieros en la Gran Bretaña de Margaret Thatcher” (2009: 73). Al neoliberalismo se lo asocia con un régimen específico de acumulación capitalista, caracterizado por el dominio del capital financiero sobre el capital productivo.[1]En general, al neoliberalismo se lo asocia también con un Estado débil que es incapaz de resistirse a las fuerzas del mercado. O sea, el Estado neoliberal funcionaría como un Estado que facilita al mercado.

Sobre el tiempo del trabajo abstracto

Marx aborda el tema del trabajo abstracto en el capítulo I de El capital, y apenas se refiere a él en los posteriores. Su concepto de trabajo abstracto es ambivalente. Lo define en términos fisiológicos, sin vincularlo con lo social, e insiste en que es una forma de trabajo específicamente capitalista. Sostiene que el trabajo abstracto es una “realidad puramente social” que sólo puede aparecer en las relaciones sociales “entre mercancías” (Marx, 1983: 54), y lo define también en términos fisiológicos como “el gasto productivo de cerebro, nervios y músculos del hombre” (ibíd.: 51). Las consecuencias políticas de estas definiciones particulares son tremendas. La tradición marxista ortodoxa ‑desde la segunda y la tercera internacionales hasta los intentos actuales por convertir la crítica de la economía política de Marx en una ciencia económica marxista‑ en general acepta la definición fisiológica de trabajo abstracto. En cambio la tradición crítica marxista, que se guía por el redescubrimiento post 1968 de la teoría del valor hecho por Rubinstein, considera que el trabajo abstracto es una forma de trabajo específicamente capitalista. Sostengo que la categoría de trabajo abstracto es histórica. Las conclusiones que se derivan de esta postura tienen implicancias políticas 

The Principle of Hope in Human Emancipation: On Holloway

I

Truth has not harmed anybody, except the messenger
(Adorno)

Marxists agree amongst themselves that class struggle is the motor of history. Yet, controversy rages over the question about the social constitution of class struggle - should it be derived from the objective laws of capitalist development, presupposing class as a thing in-itself that requires transformation into a class for-itself with the help of the party? Or is the world of capital divided between an already existing revolutionary subject, now reformulated as the bio-power of the life-world of the multitude, and the capitalist system that, like a machine, seeks - and this ever more unsuccessfully - to contain the multitude within the parameters of capitalist command? The former conception belongs to the history of structuralist approaches that Althusser focused and summarised; the latter to the autonomist tradition that Negri represents in ever more distorted forms.

Marxismo Abierto. Una visión europea y latinoamericana, Volumen II. Presentación

Los artículos que integran esta obra no se pueden clasificar como parte de una "escuela" científica o filosófica en los términos académicos tradicionales. Tienen en común la crítica al proceso de reificación que se encuentra en el centro de la elaboración teórica del marxismo ortodoxo y de los marxismos de corte cientificista. Comparten la idea de que el pensamiento de Marx es científico en un sentido nuevo, es decir, crítico de la ciencia positiva: en el centro no está la sociedad entendida como un objeto que la ciencia interpreta de manera neutra e imparcial (objetivamente), sino la lucha de clases. Vale decir, entonces, que las categorías de la sociedad capitalista no pueden ser interpretadas como crítica si se las viera con una lente que las redujese a categorías meramente objetivas, es decir, a categorías que sean el resultado de un proceso social independiente del conflicto y de la lucha. Los ensayos presentados comparten la tesis radical de que no existe objetividad independientemente de la lucha de clases en la sociedad capitalista; son, por lo tanto, elaboraciones, en su mayor parte teóricas, de distintos aspectos de la realidad capitalista desde esa clave. Por esta razón, pueden ser interpretados como parte de una lucha; son, de hecho, una lucha, no una interpretación "objetiva" de la realidad, separada, por lo mismo, de aquélla.

Marxismo Abierto Volumen II. Prólogo de los compiladores

¿Qué se entiende por marxismo abierto? ¿Será otro enfoque más que trata de "poner" sobre nuevas bases científicas el discurso teórico de Marx en un afán objetivista y antidialéctico, como el marxismo estructuralista o el marxismo analítico, para nombrar algunos que, de manera fatal, terminan por deformarlo? ¿Representa una salida a ese círculo vicioso? Y si fuera así, ¿en qué términos? ¿Tiene algo que decir en cuanto a la organización de la esperanza en un mundo aparentemente cada vez más cerrado y represivo hacia cualquier forma de pensar la posibilidad de cambiarlo? ¿Cuál es su importancia en el contexto actual de las luchas en América Latina contra las formas contemporáneas de dominio y explotación del capital, si es que la tiene?

A 100 años del ¿Que Hacer? Leninismo, crítica marxista y la cuestión de la revolución hoy. Presentación

De una cosa podemos estar seguros. Las ideologías del siglo veinte desaparecerán por completo. Este siglo ha sido muy malo. Ha estado lleno de dogmas, dogmas que –uno tras otro– nos han costado tiempo, sufrimiento y mucha injusticia (García Márquez, 1990).

Las contribuciones al presente volumen acuerdan en que lo que mantiene la importancia del ¿Qué hacer? de Lenin, es su pregunta. La teoría y la práctica de la emancipación humana deben liberarse de su sombra leninista, lo que significa ajustar cuentas con su legado. Hay que dejar atrás el dogma y redescubrir la razón emancipadora. Entonces, ¿qué hacer?

La sociedad libre e igualitaria no puede ser decretada por el partido revolucionario ni puede convertirse en realidad gracias a los buenos oficios del Estado, sino que avanza por medio de la crítica práctica al capital y a su Estado. Dicha crítica se vuelve práctica en la autoorganización de las masas dependientes las que, en su lucha contra la sociedad burguesa, anticipan los elementos de una nueva sociedad.

Contra la indiferencia contemporánea al proyecto de emancipación humana, hay que soñar la revolución. Hay que redescubrir el principio de esperanza en la sociedad libre e igualitaria.

Del prólogo de los compiladores

A 100 años del ¿Que Hacer? Leninismo, crítica marxista y la cuestión de la revolución hoy. Prólogo de los compiladores

¿Qué hacer? Nuevos tiempos y el aniversario de una pregunta

I

De una cosa podemos estar seguros. Las ideologías del siglo veinte desaparecerán por completo. Este siglo ha sido muy malo. Ha estado lleno de dogmas, dogmas que –uno tras otro– nos han costado tiempo, sufrimiento y mucha injusticia (García Márquez, 1990).

Es indudable la buena acogida al resurgimiento de movimientos anticapitalistas en todo el mundo. Sin embargo, a diferencia del ¿Qué hacer? de Lenin y del movimiento que inspiró, el anticapitalismo de hoy en día manifiesta, por lo general, poco entusiasmo revolucionario, lo que resulta perturbador, pues ¿qué significa entonces el anticapitalismo en su forma contemporánea de antiglobalización si no representa una crítica práctica del capitalismo?, ¿hacia qué logros apunta si su anticapitalismo no se adhiere al proyecto revolucionario de emancipación humana?

En ese sentido, se podría decir que el centenario del ¿Qué hacer? de Lenin no merece ser celebrado. Cierto es que el leninismo atraviesa tiempos difíciles, dejando el sabor amargo de una revolución cuya heroica lucha se convirtió en una pesadilla. No obstante, su concepción de la organización revolucionaria encarnada por el partido, y su idea del Estado cuyo poder debe ser tomado, como instrumento de la revolución, siguen siendo para muchos los medios de la política revolucionaria [1]. Pareciera que revolución quiere decir leninismo, aunque actualmente en la forma moderada del trotskismo. El marxismo ortodoxo intenta con gran empeño adaptar la dinámica de la lucha de clases a concepciones preconcebidas de organización, buscando hacerlas manejables bajo la dirección de los líderes del partido. Tradicionalmente, el manejo de la lucha de clases ha pertenecido a la burguesía, la que “concentrada en forma de Estado” (Marx, 1973, p. 108) depende de la contención de la lucha de clases y su manejo en forma de una igualdad abstracta. La negación de humanidad que conlleva la subordinación de la desigualdad en la propiedad a las relaciones de igualdad abstracta en la forma de relaciones de intercambio, se ve reflejada en la concepción leninista del Estado proletario donde cada quien recibe un trato igualitario como recurso económico.

Encubiertos tras el dogma, los adeptos al partido como forma de organización de la revolución, achacan la “distorsión” del socialismo a Stalin, expurgando al leninismo para mantener el mito. ¿Realmente dependió la tragedia de la revolución rusa de una cuestión de liderazgo? ¿Fue una tragedia ocasionada por un líder malo que derrocó a un líder bueno? De haber sucedido Trotsky a Lenin, ¿habría sido aquél un líder “bueno” que hubiese rescatado a la revolución de los calabozos de la desesperanza, el Gulag? Independientemente de lo que hubiese pasado con Trotsky, ¿es una revolución sólo una cuestión de personalidades y cualidades de liderazgo? La cuestión fundamental de la Ilustración crítica, qui bono (los beneficiarios)es sustituida por la creencia de que la revolución tiene que hacerse en representación de las masas dependientes, de modo que todo salga conforme a los planes, incluyendo la planificación de la mano de obra como recurso económico por medio de un Estado de trabajadores. La reflexión de Marx de que el comunismo constituye una sociedad sin clases y de que “el hecho de ser un trabajador productivo no significa tener suerte sino mala fortuna” (Marx, 1983, p. 447) se pervierte: la conducción que el partido ejerce sobre el proletariado constituye una fortuna para los desafortunados. Aquellos que toman el proyecto de emancipación humana seriamente no aceptarán de buen grado que sea el partido el que sabe más.

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