Marx aborda el tema del trabajo abstracto en el capítulo I de El capital, y apenas se refiere a él en los posteriores. Su concepto de trabajo abstracto es ambivalente. Lo define en términos fisiológicos, sin vincularlo con lo social, e insiste en que es una forma de trabajo específicamente capitalista. Sostiene que el trabajo abstracto es una “realidad puramente social” que sólo puede aparecer en las relaciones sociales “entre mercancías” (Marx, 1983: 54), y lo define también en términos fisiológicos como “el gasto productivo de cerebro, nervios y músculos del hombre” (ibíd.: 51). Las consecuencias políticas de estas definiciones particulares son tremendas. La tradición marxista ortodoxa ‑desde la segunda y la tercera internacionales hasta los intentos actuales por convertir la crítica de la economía política de Marx en una ciencia económica marxista‑ en general acepta la definición fisiológica de trabajo abstracto. En cambio la tradición crítica marxista, que se guía por el redescubrimiento post 1968 de la teoría del valor hecho por Rubinstein, considera que el trabajo abstracto es una forma de trabajo específicamente capitalista. Sostengo que la categoría de trabajo abstracto es histórica. Las conclusiones que se derivan de esta postura tienen implicancias políticas
Los artículos que integran esta obra no se pueden clasificar como parte de una "escuela" científica o filosófica en los términos académicos tradicionales. Tienen en común la crítica al proceso de reificación que se encuentra en el centro de la elaboración teórica del marxismo ortodoxo y de los marxismos de corte cientificista. Comparten la idea de que el pensamiento de Marx es científico en un sentido nuevo, es decir, crítico de la ciencia positiva: en el centro no está la sociedad entendida como un objeto que la ciencia interpreta de manera neutra e imparcial (objetivamente), sino la lucha de clases. Vale decir, entonces, que las categorías de la sociedad capitalista no pueden ser interpretadas como crítica si se las viera con una lente que las redujese a categorías meramente objetivas, es decir, a categorías que sean el resultado de un proceso social independiente del conflicto y de la lucha. Los ensayos presentados comparten la tesis radical de que no existe objetividad independientemente de la lucha de clases en la sociedad capitalista; son, por lo tanto, elaboraciones, en su mayor parte teóricas, de distintos aspectos de la realidad capitalista desde esa clave. Por esta razón, pueden ser interpretados como parte de una lucha; son, de hecho, una lucha, no una interpretación "objetiva" de la realidad, separada, por lo mismo, de aquélla.
¿Qué se entiende por marxismo abierto? ¿Será otro enfoque más que trata de "poner" sobre nuevas bases científicas el discurso teórico de Marx en un afán objetivista y antidialéctico, como el marxismo estructuralista o el marxismo analítico, para nombrar algunos que, de manera fatal, terminan por deformarlo? ¿Representa una salida a ese círculo vicioso? Y si fuera así, ¿en qué términos? ¿Tiene algo que decir en cuanto a la organización de la esperanza en un mundo aparentemente cada vez más cerrado y represivo hacia cualquier forma de pensar la posibilidad de cambiarlo? ¿Cuál es su importancia en el contexto actual de las luchas en América Latina contra las formas contemporáneas de dominio y explotación del capital, si es que la tiene?
I
Truth has not harmed anybody, except the messenger
(Adorno)
Marxists agree amongst themselves that class struggle is the motor of history. Yet, controversy rages over the question about the social constitution of class struggle - should it be derived from the objective laws of capitalist development, presupposing class as a thing in-itself that requires transformation into a class for-itself with the help of the party? Or is the world of capital divided between an already existing revolutionary subject, now reformulated as the bio-power of the life-world of the multitude, and the capitalist system that, like a machine, seeks - and this ever more unsuccessfully - to contain the multitude within the parameters of capitalist command? The former conception belongs to the history of structuralist approaches that Althusser focused and summarised; the latter to the autonomist tradition that Negri represents in ever more distorted forms.
De una cosa podemos estar seguros. Las ideologías del siglo veinte desaparecerán por completo. Este siglo ha sido muy malo. Ha estado lleno de dogmas, dogmas que –uno tras otro– nos han costado tiempo, sufrimiento y mucha injusticia (García Márquez, 1990).
Las contribuciones al presente volumen acuerdan en que lo que mantiene la importancia del ¿Qué hacer? de Lenin, es su pregunta. La teoría y la práctica de la emancipación humana deben liberarse de su sombra leninista, lo que significa ajustar cuentas con su legado. Hay que dejar atrás el dogma y redescubrir la razón emancipadora. Entonces, ¿qué hacer?
La sociedad libre e igualitaria no puede ser decretada por el partido revolucionario ni puede convertirse en realidad gracias a los buenos oficios del Estado, sino que avanza por medio de la crítica práctica al capital y a su Estado. Dicha crítica se vuelve práctica en la autoorganización de las masas dependientes las que, en su lucha contra la sociedad burguesa, anticipan los elementos de una nueva sociedad.
Contra la indiferencia contemporánea al proyecto de emancipación humana, hay que soñar la revolución. Hay que redescubrir el principio de esperanza en la sociedad libre e igualitaria.
Del prólogo de los compiladores
¿Qué hacer? Nuevos tiempos y el aniversario de una pregunta
I
De una cosa podemos estar seguros. Las ideologías del siglo veinte desaparecerán por completo. Este siglo ha sido muy malo. Ha estado lleno de dogmas, dogmas que –uno tras otro– nos han costado tiempo, sufrimiento y mucha injusticia (García Márquez, 1990).
Es indudable la buena acogida al resurgimiento de movimientos anticapitalistas en todo el mundo. Sin embargo, a diferencia del ¿Qué hacer? de Lenin y del movimiento que inspiró, el anticapitalismo de hoy en día manifiesta, por lo general, poco entusiasmo revolucionario, lo que resulta perturbador, pues ¿qué significa entonces el anticapitalismo en su forma contemporánea de antiglobalización si no representa una crítica práctica del capitalismo?, ¿hacia qué logros apunta si su anticapitalismo no se adhiere al proyecto revolucionario de emancipación humana?
En ese sentido, se podría decir que el centenario del ¿Qué hacer? de Lenin no merece ser celebrado. Cierto es que el leninismo atraviesa tiempos difíciles, dejando el sabor amargo de una revolución cuya heroica lucha se convirtió en una pesadilla. No obstante, su concepción de la organización revolucionaria encarnada por el partido, y su idea del Estado cuyo poder debe ser tomado, como instrumento de la revolución, siguen siendo para muchos los medios de la política revolucionaria [1]. Pareciera que revolución quiere decir leninismo, aunque actualmente en la forma moderada del trotskismo. El marxismo ortodoxo intenta con gran empeño adaptar la dinámica de la lucha de clases a concepciones preconcebidas de organización, buscando hacerlas manejables bajo la dirección de los líderes del partido. Tradicionalmente, el manejo de la lucha de clases ha pertenecido a la burguesía, la que “concentrada en forma de Estado” (Marx, 1973, p. 108) depende de la contención de la lucha de clases y su manejo en forma de una igualdad abstracta. La negación de humanidad que conlleva la subordinación de la desigualdad en la propiedad a las relaciones de igualdad abstracta en la forma de relaciones de intercambio, se ve reflejada en la concepción leninista del Estado proletario donde cada quien recibe un trato igualitario como recurso económico.
Encubiertos tras el dogma, los adeptos al partido como forma de organización de la revolución, achacan la “distorsión” del socialismo a Stalin, expurgando al leninismo para mantener el mito. ¿Realmente dependió la tragedia de la revolución rusa de una cuestión de liderazgo? ¿Fue una tragedia ocasionada por un líder malo que derrocó a un líder bueno? De haber sucedido Trotsky a Lenin, ¿habría sido aquél un líder “bueno” que hubiese rescatado a la revolución de los calabozos de la desesperanza, el Gulag? Independientemente de lo que hubiese pasado con Trotsky, ¿es una revolución sólo una cuestión de personalidades y cualidades de liderazgo? La cuestión fundamental de la Ilustración crítica, qui bono (los beneficiarios)es sustituida por la creencia de que la revolución tiene que hacerse en representación de las masas dependientes, de modo que todo salga conforme a los planes, incluyendo la planificación de la mano de obra como recurso económico por medio de un Estado de trabajadores. La reflexión de Marx de que el comunismo constituye una sociedad sin clases y de que “el hecho de ser un trabajador productivo no significa tener suerte sino mala fortuna” (Marx, 1983, p. 447) se pervierte: la conducción que el partido ejerce sobre el proletariado constituye una fortuna para los desafortunados. Aquellos que toman el proyecto de emancipación humana seriamente no aceptarán de buen grado que sea el partido el que sabe más.
I. “Se trata de cambiar todas las circunstancias en las que un ser humano sea degradado, avasallado, menospreciado” (Marx)
“Clase” no es una categoría afirmativa sino un concepto crítico. La crítica de la sociedad de clases encuentra lo positivo solamente en la sociedad sin clases, en el comunismo. Comunismo no significa el socialismo realmente existente. Significa “comunis” : la comuna, o asociación de los productores directos, en la que cada uno contribuye de acuerdo a sus habilidades, y donde cada uno recibe de acuerdo con sus necesidades. De esto se trata entonces la sociedad de los libres e iguales: una comuna de individuos comunistas que han abolido el dominio del capital sobre el hombre y de esa forma ejercitan su propio poder social directamente (Marx, vol.I, 1983: 43). En lugar de contraponer sociedad al individuo como una abstracción, los individuos comunistas reconocen y organizan la sociedad como su propio producto social. El comunismo es el movimiento de y para la autonomía social.
I
El propósito del "gobierno militar es proteger el bienestar de los gobernados" - está "inspirado por consideraciones humanitarias" (Friedrich, 1968, Pág. 547).
Hacia fines del siglo XIX, el coautor del Manifiesto Comunista de Marx, Friedrich Engels, pareció distanciarse de la idea memorable del Manifiesto de que el estado capitalista es el comité ejecutivo de la burguesía En su Prefacio a la edición inglesa del volumen I de El capital, Engels (1886/|1983, pág. 17) observaba que en Inglaterra las condiciones eran tales que "la revolución social podría hacerse por ... medios legales".
IV
Durante los últimos decenios hubo movimientos repentinos de vastas sumas de dinero que desencadenaron una serie de grandes crisis sobre la estabilidad económica y política. La inestabilidad de la moneda, las especulaciones con divisas y la fuga de capitales han sido descritas como nuevas formas de crisis de políticas exteriores al país que las sufre (Holloway, 2003).