Cuando comencé a trabajar sobre las “opciones de ocupación”, aproximadamente en 1969, nadie me dijo cuál era el modo para aproximarse a esta temática exitosamente. Los especialistas europeos se remitían a Marx, Durkheim y Weber como tres pensadores de igual importancia y significación (una actitud que, a la luz de la fuerte oposición de los dos últimos contra el primero, resulta inquietante). Los sociólogos norteamericanos, considerados “maestros” de la investigación empírica, sólo rinden tributo a Weber y a Durkheim e ignoran totalmente a Marx (debí darme cuenta de que este conspicuo silencio era un signo seguro de algo interesante).