Bellucci, Mabel

Activista feminista queer. Ensayista y periodista. Integra el colectivo editorial Herramienta. Participa de la Cátedra Libre de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Facultad de Ciencias Sociales-UBA y del Grupo de Estudios sobre Sexualidades (GES) Gino Germani- UBA. También forma parte de la Cátedra Libre Virginia Bolten, Universidad Nacional de La Plata. Autora Historia de una desobediencia. Aborto y Feminismo. Capital Intelectual, 2014

Martín Sagrera Capdevila: una historia del olvido

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Hacia los años sesenta, en la Argentina el tamaño de la población se proponía como un factor primordial de la geopolítica que no podía descuidarse: el número decreciente de habitantes, su tasa de envejecimiento junto con las inmensas extensiones despobladas de nuestro territorio. A la vez, se alertaba en torno a la amenaza de la escasez de alimentos e insumos básicos en otras regiones del planeta a diferencia de la superabundancia de nuestros recursos naturales. Este diagnóstico clamaba con premura a impulsar una política nacional de población. Ello permitiría, por un lado, alcanzar un desarrollo económico a la altura de las potencias centrales y, por el otro, resguardarse contra una eventual agresión extranjera. De ahí, que se contaba con diferentes propuestas que se encaminaban desde un fomento de la inmigración, pero, en especial, un aumento de la tasa de natalidad. Por consiguiente, se combatían aquellos discursos centrados en el control demográfico. De esta manera, se advertía con recelo en relación al uso y difusión de los métodos contraconceptivos, concretamente, de la píldora oral. En efecto, se la entendía como una estrategia de dominio imperialista por parte de Estados Unidos sobre los países del Tercer Mundo. La planificación familiar, que implicaba el empleo intencional de nuevas tecnologías anticonceptivas, comenzó a pensarse en el Norte como la alternativa más rápida y efectiva para un esperable impacto sobre el descenso de la fecundidad en el Sur. Así, las mujeres emprendieron el empleo de la anticoncepción oral, la colocación de dispositivos intrauterinos pero además fueron sometidas a las esterilizaciones quirúrgicas masivas de manera involuntaria.

La mitad invisible de la Historia

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Ciertamente, la labor profesional de Luis Vitale (1927-2010) se definió por su actividad como investigador, escritor y docente. A este historiador argentino- chileno cabe presentarlo, si bien su producción ensayística como su compromiso militante e intelectual con el trotskismo y el feminismo dan créditos de su frondosa trayectoria. Como era su costumbre participó con intensidad en diversos frentes obreros de la región sur. Además, fue autor de innumerables investigaciones en torno a los movimientos obreros, campesinos, estudiantiles, de las mujeres, al marxismo crítico en América Latina y el Caribe. También, se dedicó a la docencia universitaria en Chile, Venezuela, Alemania y Argentina. Tras la horrenda dictadura militar de Augusto Pinochet, en 1973, fue detenido y torturado en campos de concentración. Un año más tarde, se asiló en Hamburgo y tiempo después en Caracas.
Hacia 1986 se instaló, de manera provisoria, en la ciudad de Buenos Aires. Durante los febriles ochentas, Vitale se abocó de lleno a investigar y a escribir sobre el feminismo pero también a activar junto con figuras del movimiento: Mirta Henault, Isabel Larguía y Dora Coledesky. Los primeros grupos y espacios feministas se estaban multiplicando en esas avenidas porteñasque se abrían con la transición democrática y con el clima de las urgencias para reencauzar las instituciones y, a la vez, las demandas de un nuevo compromiso social. Aún, a las feministas les resultaba extraño el interés por parte de un varón a la causa. El expreso deseo de este historiador de abogar por las reivindicaciones de las mujeres estuvo motivado por la estrecha afinidad que mantuvo con las chilenas, argentinas, uruguayas y brasileñas en su prolongado y forzado exilio. Este fue un destino compartido por toda una generación del continente comprometida con los procesos revolucionarios del cono sur. Por cierto, su condición de refugiado provocó fisuras importantes en su concepción del mundo y de la política, como a tantísimos militantes de diferentes estirpes. De esta manera, se familiarizó con las lecturas feministas en países del Norte donde los movimientos disponían de una reputación ascendente. Además esas experiencias lo habilitaron para reflexionar y evaluar sobre sus prácticas políticas anteriores como para dialogar con agrupaciones afines y con otros movimientos.

Lo queer como estrategia de lucha abortista (Buenos Aires: 1993-2003)

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Contra el viejo dictamen de “la biología no es destino”, de propio cuño feminista, se consolidó durante los años noventa, en Buenos Aires: el armado de coaliciones con experiencias tan disímiles como tradiciones e historias diferentes en torno a una demanda justa por su carácter ilegal y clandestino: el aborto voluntario.
Bajo la idée maîtresse del filósofo Georges Sorel “explotados hay en una sola clase y oprimidos hay en todas”, se accionó en consecuencia. No cabía duda que los grupos de las minorías sexuales encarnaban otras formas de politizar sus especificidades, pero de todos modos fueron confluyendo. Desde ya, significó un aprendizaje más que interesante, donde convergieron territorios heterogéneos que con anterioridad habían discutido hacia el interior de sus asociaciones el régimen heterocapitalista, la maternidad compulsiva para luego apuntar a iniciativas micropolíticas. Por un lado, la comunidad Lésbica, Gay, Travesti, Transexual, bisexual, conocida como LGTTB, comenzó a acompañar al activismo feminista en intervenciones callejeras, tanto para el 8 de marzo como para el reclamo por la despenalización del aborto. Todo ello otorgó a ambas corrientes una práctica de convivencia política, sin un anclaje ideológico de fondo, lo que permitía preservar la independencia necesaria de cada una de las partes. Las lecturas de textos de teóricas feministas claves facilitados por muchas de las agrupaciones, hicieron lo suyo. El feminismo simbolizaba el territorio de contención por excelencia acerca de su impulso de dar batalla en cuanto a la liberación sexual, no solo en la teoría sino también en la acción. También, al grueso del movimiento abortero le interesaba la apuesta desafiante de algunas colectivas de la comunidad LGTTB por su lucha decidida contra la discriminación y el machismo dominante.
Así, el activismo queer hizo una de sus primeras apariciones con el Colectivo Universitario Eros (CUE) de lesbianas y gays que se mantuvo desde 1993 hasta 1996. Fue un espacio de producción teórica y política en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y homónimo del grupo liderado por el poeta y activista homosexual Néstor Perlongher en la década de los setenta. Produjo una serie de intervenciones político-culturales con otros colectivos “contra toda forma de discriminación”, entre ellas, la ilegalidad del aborto (Rapisardi, 2008).[1]

Historia de una desobediencia: Aborto y Feminismo, de Mabel Bellucci

 
Editorial Capital Intelectual, Buenos Aires, 2014, 600 páginas
 
¿Cómo se hace para contar una historia de una lucha, de una desobediencia colectiva? ¿Cómo rastrear orígenes, dar cuenta de prácticas, cuando quienes llevaron adelante esas luchas lo hicieron movidas por una urgencia política de reclamo de autonomía de sus cuerpos, de sus vidas, sin ponerse a pensar en la trascendencia de sus estrategias? El libro de Mabel Bellucci Historia de una desobediencia: Aborto y Feminismo, es, en tal sentido, un mapa de ruta, un relato polifónico, des-academizado, que nos guía por distintos tiempos, lugares geográficos, espacios de militancia, trayectorias de vida. Representa una indagación en primera persona, pero en primera persona del plural: la genealogía de la contienda por el aborto que llevaron adelante feministas de distintas procedencias – entre las cuales se cuenta también ella- y las alianzas potentes con otros colectivos desobedientes que dinamizaron esa pugna en diferentes contextos y coyunturas.

Los Feminismos Latinoamericanos

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De una u otra manera, las referentes de los feminismos históricos de la región llegaron a conclusiones convergentes: la coyuntura de los años ochenta les planteaba a las mujeres una necesidad de responder a los nuevos desafíos a lo largo de un período lleno de vicisitudes. Por caso, la paz en Centroamérica, el impacto de las políticas de ajuste del Fondo Monetario Internacional sobre la vida cotidiana y las necesidades básicas, el desarrollo de estrategias de sobrevivencia, las secuelas de las dictaduras militares, las democracias emergentes y el afianzamiento en los órdenes institucionales, entre otras variedades temáticas. En cuanto a la agudización de la crisis económica del continente, las impulsó a la incorporación masiva del mercado trabajo tanto formal como informal. En cambio, las más pobres tomaron bríos para constituir estrategias colectivas en términos de producción, consumo de bienes y servicios. Frente a estas circunstancias económicas de corte neoliberal, otros acontecimientos históricos se abrirían al calor de esta coyuntura: la Revolución Nicaragüense, en 1979, protagonizada por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) generalizó la situación revolucionaria en el resto de Centroamérica, especialmente, en El Salvador.  Un año después, se constituyó la Coordinadora Político Militar, integrada por las Fuerzas Populares de Liberación “Farabundo Martí” (FPL), inspirándose en el sandinismo para obtener la victoria militar.

Revolución social y revolución sexual

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En mayo de 1973, para las elecciones nacionales, se presentó la fórmula presidencial Juan Carlos Coral-Nora Ciapponi por el Partido Socialista de los Trabajadores (PST), resultado de una fusión entre el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), fracción La Verdad (por el nombre de su periódico) y el Partido Socialista Argentino (PSA), Secretaría Coral.
En esos años, el PST tomó relevancia por ser el único partido local empeñado en proponer un programa específico en diversos planos sobre la égida femenina, tanto por los contenidos de sus reivindicaciones como por las formas de lucha contra la opresión de las mujeres. De alguna manera, logró apartarse de la mirada economicista propia del marxismo clásico. Si bien en ciertos enclaves partidarios de la época también hubo intentos de reconocer tanto la subordinación femenina como la trascendencia de las mujeres en el proceso revolucionario, no pudieron dar respuestas a dicha opresión por entenderla únicamente como una consecuencia de la condición de clase más que de la de género. En efecto, los reclamos feministas eran desechados y/o minimizados en el mejor de los casos, por considerarlos fuera del campo estratégico para la toma

Victoria Ocampo, Sur y los primeros debates sobre el aborto en la Argentina

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Durante los años setenta, la Argentina formó parte de esa fiebre revolucionaria que atravesaba océanos y continentes, convulsionada por los propios acontecimientos de esa coyuntura. Eran momentos de notables producciones intelectuales. Por ejemplo, la primera vez que el tema del aborto se plasmó en papel y adquirió visibilidad pública, fue en la primavera de 1970 en Sur, la prestigiosa revista literaria nacional, fundada y dirigida por Victoria Ocampo, en 1931.
Fue tanta la exigencia que se autoimpuso nuestra autora, que los números 326, 327 y 328 fueron fusionados en un solo volumen y salieron como una revista especial denominada “La Mujer”. De este valioso número, se rescata un sondeo de opinión realizado por la misma editora, con el objetivo de dotar un panorama aproximado sobre la situación y pensamiento femenino de esa década.

Con la democracia se come, se cura, se educa, pero no se aborta

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El año 1983 significó el triunfo del presidente Raúl Alfonsín. Conquistas de demandas largamente esperadas y otras urgidas por recuperar, retornaron ante las expectativas de amplios sectores de la sociedad. Desde ya se presentaba un clima político totalmente propicio para la apertura de debates, mientras una agenda feminista impulsó lo viejo y lo nuevo. Así, un número considerable de mujeres acompañaron al gobierno constitucional, estimuladas a democratizar las instituciones en los lugares de administración y gestión y también en las instancias resolutivas.

No pienses que estás sola

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Escribo desde el cuenco de la memoria. Aplazo la inmediatez del día a día, esa enajenación egoísta en el mundo particular. La tendencia de los momentos que corren hace pensar que algo de lo vivido está saldado, impera una postergación de lo postergable. Las marcas operan como una voz que clama instando al recuerdo de que un hecho existió. Eso hace a la memoria. Así, de una manera u otra, las personas transitan sus vidas con esos precintos, a veces un tanto silenciosos y otras, no. Posiblemente, sea esa una de las razones del intento humano a olvidar. A diferencia de Funes, el protagonista de un cuento escrito por Jorge Luis Borges, que afinó su capacidad para evocarlo todo, con preciso detalle y de una manera eterna. Por suerte el abarrotado mundo de tal personaje sólo existe en las páginas de un libro, porque sin un depurador de recuerdos no habría modo posible de existencia.  

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