La nación no es una estructura eterna, sino propia de determinada fase del desarrollo histórico-social. No hay naciones en el orden esclavista de la Antigüedad, ni en el orden feudal. Las naciones surgen consustanciadas con el orden burgués. Siendo reemplazado este por estructuras socialistas, la nación subsiste por un tiempo, prolongado incluso. Y constituye un error admitir que la identidad nacional desaparece en cuanto la burguesía pierde la hegemonía en la sociedad. Se trata de un error que, como se sabe, fue cometido en un pasado no muy remoto con consecuencias graves. Sin embargo, la transformación socialista implica en principio, desde sus inicios, una marcada tendencia a la superación de las divisiones nacionales y al surgimiento de estructuras de orden superior y más amplias. Previendo eso, el movimiento político que propicia la transformación socialista está impregnado, desde su origen, de una definida orientación internacionalista.
Fue discípulo dilecto de Bertolt Brecht. Y tal vez el único de los epígonos que, como dramaturgo y como poeta lírico, llegó a aproximarse al nivel del maestro. Brecht lo había llevado a la República Democrática Alemana (RDA), y allí surgió, en más de medio siglo, lo sustancial de su obra: más de veinte grandes piezas teatrales, entre ellas adaptaciones creativas de obras clásicas (Aristófanes, Göthe, Meilhac/Halevy, John Gay, Enrique Leopoldo Wagner, Rosvit von Gandersheim, etcétera); muchos poemas líricos en estilo tradicional pero renovadores y rebeldes en su contenido; varios volúmenes de teoría literaria y, -last, but not least!-, una abundante y chispeante literatura infantil. Hacks no dejó de expresar en su producción literaria su identificación con la RDA después de su caída.