Contrariamente a la mayor parte de las predicciones, el levantamiento egipcio ha sido iniciado y dirigido por coaliciones –con partidos políticos, asociaciones y redes internet- dominadas por fuerzas laicas y democráticas. Las organizaciones islámicas o sus miembros individuales han participado en pie de igualdad con grupos que no tenían más que una importancia marginal antes del levantamiento y grupos más cercanos a los disidentes de Europa del Este de 1989 que de los partidos de masas o las “élites revolucionarias habituales” en las revoluciones sociales.
La discreción de la que ha dado pruebas el movimiento islámico tunecino se explica en gran parte por la dureza de la represión que sufrió bajo Ben Ali, que ha dificultado la capacidad de acción del partido islámico Ennahda. Los Hermanos Musulmanes en Egipto también se han mostrado discretos, pero por razones inversas, puesto que su partido era tolerado por el régimen militar (incluso si no estaba legalizado).
Contrariamente a la mayor parte de las predicciones, el levantamiento egipcio ha sido iniciado y dirigido por coaliciones –con partidos políticos, asociaciones y redes internet- dominadas por fuerzas laicas y democráticas. Las organizaciones islámicas o sus miembros individuales han participado en pie de igualdad con grupos que no tenían más que una importancia marginal antes del levantamiento y grupos más cercanos a los disidentes de Europa del Este de 1989 que de los partidos de masas o las “élites revolucionarias habituales” en las revoluciones sociales.
La bréche: El desastre que caracteriza el fin de la administración republicana de G. W. Bush relanza la discusión sobre el estatus de "hiperpotencia" de los Estados Unidos o de su declinación ¿puedes poner en perspectiva este debate?
Gilbert Achcar: La noción de hiperpotencia, atribuida a Hubert Védrine, antiguo Ministro de Relaciones Exteriores del gobierno francés de Lionel Jospin (1997-2002), describe la imagen con la que aparecían los Estados Unidos después de la primer Guerra de Irak de 1990-91. Esta noción, que hizo escuela, remite a la del surgimiento de un "mundo unipolar" con la parálisis creciente de la Unión Soviética y su posterior desaparición ?o más bien de un "momento unipolar" según la expresión más prudente el editorialista norteamericano neoconservador Charles Krauthammer. El año 1991 es un año bisagra, un año cargado de símbolos que están ligados a reales mutaciones: no solamente el hundimiento de la URSS sino también la primera guerra del Golfo, una guerra decisiva en la configuración de lo que será la post Guerra Fría.
El Hezbolá nació a partir de una radicalización en el seno de los chiítas libaneses, el medio más receptivo a la influencia de la revolución iraní por su afinidad confesional. Entre los chiítas, ya había otro movimiento comunitario, el Movimiento de los desheredados o Amal, que no era integrista aunque también había sido fundado por una personalidad religiosa, Moussa Sadr, "desaparecido" en el año 1978 durante una visita a Libia.
La invasión israelí de 1982 precipitó una radicalización en el seno de Amal y el surgimiento de un ala que se reivindicaba partidaria de la revolución iraní. Este sector se construyó con la ayuda directa de Teherán y ocupando el terreno de lucha en contra de la ocupación. Los recursos iraníes, utilizados con inteligencia, sirvieron al Hezbolá para conformar una red de asistencia social y construirse así una base de masas en el seno de la comunidad chiíta.
La resolución adoptada por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas el 11 de agosto de 2006 no ha satisfecho ni a Israel ni a Washington ni a Hezbollah. Esto no significa que sea "justa y equilibrada", sino sólo que es la expresión temporal de un impasse militar. Hezbollah no ha logrado infligir una derrota militar mayor a Israel, posibilidad excluida de todas formas por la desproporción de las fuerzas en presencia, igual que había sido imposible a la resistencia vietnamita infligir una derrota militar decisiva a los Estados Unidos.
Reportaje a Gilbert Achcar
La Brecha: A principios de mayo del 2003, el presidente Bush organizó una puesta en escena triunfal sobre un portaviones de la marina de los Estados Unidos, para anunciar oficialmente el cese de los combates en el Iraq. Un año después, ¿cómo caracterizar la situación en este país?
Gilbert Achcar: Lo que sucede confirma lo que decíamos al principio de la invasión al Iraq: "las dificultades para Washington y Londres no hacen más que comenzar. Era sabido de antemano que el derrocamiento de Saddam Hussein y la ocupación militar del país no plantearía problemas para el ejército de los Estados Unidos, teniendo en cuenta la desproporción enorme de las fuerzas en juego. Pero otra cosa es controlar un país como el Iraq. El avance tecnológico aplastante del ejército de los Estados Unidos, ya no es tan determinante.En primer lugar, hace falta un número de soldados mucho más importante del que se necesita para una simple victoria militar. Ahora bien, la administración Bush creyó poder ocupar el Iraq con un número muy limitado de soldados, es uno de los talones de Aquiles de la potencia de los Estados Unidos: el factor humano, rápidamente considerado como superado, luego de la revolución tecnológica que ha transformado el "arte de la guerra". En segundo lugar, hay que tener frente a sí una población controlable, es decir que manifieste un cierto grado de resignación, o de aceptación, de la ocupación. Esto está muy lejos de ser el caso, la mayoría de la población iraquí ha recibido al ejército de los Estados Unidos con un sentimiento que podríamos resumir de esta manera: ‘Ustedes derrocaron a Saddam Hussein, muchas gracias, ahora váyanse de aquí, no los queremos como fuerza de ocupación’."
Entrevista realizada a Gilbert Achcar por Anthony Bégrand
–¿Qué piensas del argumento de Bush de que Irak posee armas de destrucción masiva para justificar la guerra?
–Es claramente un pretexto y no un argumento, en el sentido que la acusación ha sido hecha desde el comienzo sin pruebas. Desde el inicio de las inspecciones de la ONU, numerosos responsables estadounidenses (Donald Rumsfeld en particular) han afirmado en varias ocasiones que las inspecciones no servían para nada y que no podrían aportar la demostración de la inexistencia de armas de destrucción masiva. Esto se añade a una lógica totalmente sorprendente según la cual es Irak quien tiene que demostrar que no posee esas armas. Pero es evidentemente imposible demostrar que no se posee algo. Toda la operación de las inspecciones de la ONU estaba pues destinada a ganar tiempo porque el despliegue de las tropas y del material debe seguir su propio ritmo, y a dar la impresión a la opinión pública, estadounidense en particular, de que los EE.UU. se habían tomado el trabajo de pasar por un procedimiento legal, desde el punto de vista del derecho internacional, antes de entrar en guerra.
La tesis predominante sobre el enfrentamiento militar -extremadamente desigual y cuyo escenario es desde hace varias semanas Jerusalén y los territorios palestinos de Gaza y Cisjordania- afirma que los "extremistas de ambos bandos" pudieron más que los "acuerdos" de Oslo y de Washington de 1993 y remataron el "proceso de paz" que resueltos y sabios dirigentes palestinos e israelíes habrían intentado llevar valientemente a buen término bajo los benévolos auspicios del presidente Clinton. La verdad es muy distinta. La provocación calculada del general Sharon forma parte de una división del trabajo bien sincronizada entre halcones y palomas, cuyo fin ha sido atenazar con más fuerza a las masas palestinas. Es la continuación de múltiples nuevas colonias y de la anexión progresiva de Jerusalén Este. A principios de octubre se levantaron los palestinos de Gaza y Cisjordania, y también los palestinos que son ciudadanos, de segunda fila, del Estado de Israel. Este levantamiento no estaba en el programa y terminó por destruir definitivamente esta inicua "paz de los gobernantes", con la que concluye el artículo de Gilbert Achcar que ofrecemos a continuación.