


Este trabajo analiza el proceso de la Revolución Haitiana entre 1791 y 1804 en su significación para el pensamiento y praxis críticos en el momento del bicentenario. El tema será abordado en dos registros. El primero será un recorrido de los principales rasgos de la larga lucha de liberación en lo que hoy se conoce como Haití, en el marco del ciclo revolucionario que siguió a la Revolución Francesa de 1789, pero de rasgos tan propios en la situación colonial. El segundo registro será una reflexión sobre las modalidades de representación histórica habituales en la historiografía de las revoluciones y en la idea filosófica de la historia.
El balance
Este ensayo argumenta que una nueva generación intelectual está naciendo en la Argentina. La desgracia y oportunidad de esa generación es que no puede hacer su matricidio o parricidio, porque antes de su advenimiento, ocurrido entre los fuegos de la crisis del 2001, la vida intelectual en la Argentina había cesado. Hoy tenemos universidades, industria cultural y querellas del pasado irresueltas. Pero no existe el debate por un proyecto que agite el pensamiento y la acción. Las actitudes de la intelectualidad argentina en los últimos años delatan su irremediable crepúsculo.
Es preciso reaccionar ante ese camino sin salida. De otro modo se naturalizaría la medianía intelectual prevaleciente. Es necesario proponer una praxis crítica radical. ¿Cómo hacerlo? Esa incógnita recorre toda la discusión. La salida avizorada consiste en la modulación de una generación intelectual de izquierda, múltiple, politizada, cooperativa, sin liderazgos carismáticos, pero con ideas potentes y prácticas colectivas. Sobre todo, esa nueva generación cuyos brazos ya se agitan insumisos en el panorama cultural actual no pretende ser una élite, ni cree en la promesa de una Argentina capitalista y liberal. Es una generación que se hace latinoamericana. Se torna popular sin resignar su capacidad crítica y su esfuerzo innovador. En ese sentido no es populista. Carece de una vocación de dirección intelectual. Renuncia a ser una intelligentsia consejera de los poderosos. Quiere fundirse críticamente en el pueblo, porque es parte de él. Ese pueblo ya no es la entelequia homogénea del nacionalismo sustancialista, sino la diversidad creativa de las clases y subjetividades oprimidas. La nueva generación pretende ejercer hoy la obra intelectual como se la hará, en el porvenir, en la sociedad libre. Se trata de una alianza crítica de singular factura, que debe mucho a las generaciones predecesoras, pero que hace el balance de dos siglos argentinos de obrar intelectual e interviene en el panorama fosilizado actual para invocar deseos de saber y revolución.
Este artículo está destinado a discutir una dificultad en el marxismo actual, o más exactamente, dentro del complejo, conflictivo e incierto territorio que denominamos marxismo. Su redacción fue estimulada por el contraste entre algunas de sus formas concretas y la distancia que se percibe con los principios de la política de izquierda. En otras palabras, por la evidencia de una colonización derechista del marxismo. Para dar cuenta del fenómeno es necesario explicarlo, fecharlo y describirlo. Aquí sólo podré ofrecer una perspectiva esquemática, anticipatoria de una investigación en curso.
El punto de partida conceptual de este ensayo se legitima en la distinción entre dos términos: marxismo e izquierda. No se trata de sinónimos, porque se puede ser de izquierda sin ser marxista. Por ejemplo, esto es habitual en el anarquismo. O también en algunas versiones del cristianismo de liberación y del feminismo. El campo de la izquierda es más extenso que el marxismo. Pero, ¿se puede ser marxista sin ser de izquierda? Esa es justamente la brecha donde introduzco mi querella: sostengo que sí, que existe un marxismo de derecha.
Un libro reciente nos propone un abordaje historiográfico de los avatares actuales del marxismo, una vez desacreditada la aparente renovación que en la década de 1960 propuso el estructuralismo althusseriano.[1] Elías José Palti estudia algunas propuestas teórico-políticas marxistas contemporáneas, y lo hace desde un enfoque de historiador. Aquí y allá se transparenta la vocación política que el texto entraña, pero podemos dejar de lado esas vacilaciones, que no son lo fundamental. Su tema no es el marxismo, sino las respuestas a la crisis del marxismo en nuestros días.
Buenos Aires, Atuel/Parusía, 2004, 190 páginas.
Slavoj Žižek compone el elenco de la intelectualidad revolucionaria mundial. Sus trabajos son importantes porque contornean un tema de nuestro tiempo: ¿Qué implica hoy una política revolucionaria? Ese interrogante convoca asuntos y tradiciones diversas, que Žižek criba, muele y reorganiza, en un mortero que él quiere lacano-marxista.