Catalunya: ¿Desconcierto permanente o reorientación estratégica?

 Josep Maria Antentas

El pasado octubre supuso el colapso de las diferentes hipótesis de cambio que han recorrido la sociedad y la política catalana desde 2011 y 2012: el horizonte fijado por el 15-M y sus derivadas políticas, Cataluya en Comú-Podem, y la propuesta independentista. Gran parte del éxito de ambas consistió en su capacidad de ofrecer un proyecto de cambio rápido y fácil. Simplificar la realidad a veces puede ser necesario para transmitir ilusión. El problema aparece cuando los hechos muestran crudamente un escenario mucho más agreste que el previsto y/o anunciado. Cuando el largo plazo se impone sobre el corto. El reto entonces es mantener la motivación y la movilización de la propia base a la vez que se complejiza la perspectiva estratégica.

 

Ni la independencia fácil vía una desconexión ley contra ley (PDeCAT, ERC, ANC), ni convertirse en el garante sincero y combativo de la ruptura empujando el movimiento hasta el final (CUP), ni la articulación de una nueva mayoría de cambio en el conjunto del Estado (Catalunya en Comú-Podem) hoy son creíbles como proyectos materializables. Funcionan, eso sí, como legítimas propuestas de afirmación de espacios políticos determinados. Colapsadas internamente, las respectivas hipótesis fundacionales se han transmutado en débiles simulacros.

 

Octubre terminó en una derrota nunca admitida por completo. Derrota quizás temporal, no necesariamente definitiva, pero derrota, después de todo. Una derrota no sólo del independentismo, sino extensible también a los Comunes por motivos inversos: la falta de una política activa en relación al procés. Asumirla y entenderla, por parte de todos, es condición para un relanzamiento estratégico de momento ausente. Un relanzamiento que encaja mal con las urgencias parlamentarias y el clima de competición electoral permanente.

 

El legitimismo de Puigdemont, transmutado a última hora en la designación de Torra, se ha demostrado tan potente simbólicamente como vacío estratégicamente y como un vehículo de consolidación del liderazgo de la derecha dentro del independentismo. Esto implica la reafirmación de unas premisas agotadas y, seguramente, empeoradas por el mismo perfil del recién elegido presidente. ERC intenta explorar nuevos caminos, pero corre el riesgo de caer en una mera capitulación desordenada. La CUP puede quedarse en un honesto voluntarismo que no se interroga por los límites de fondo del independentismo expresados ​​el 21-D, ni se plantea demasiado como interpelar a (la base social de) la izquierda no independentista. Y los Comunes permanecen atrapados en un proceso de “eurocomunización” que los acerca más al legado de los Pactos de la Moncloa y del Tripartido que al del 15-M. Sin duda, pantanoso momento de confusión e incertidumbre.

 

No es fácil esbozar un camino rupturista ajustado a la correlación de fuerzas existente y que corrija tanto las carencias fundacionales del procés como la bifurcación entre la propuesta de futuro dibujada por el independentismo y la trazada por el 15-M. Pero ser conscientes de la necesidad de hacerlo es el primer paso. Encontrar nuevas vías empieza por reconocer el bloqueo de las actuales.

 

18/05/18

Josep Maria Antentas es profesor de Sociología de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB)

 

(Publicado en el diario Jornada, 16/05/2018: https://www.diarijornada.coop/opinio/20180516/desconcert-permanent-reorientacio-estrategica)